Crónica y fotos del Fem d'Aquí - Sala Nau B1 (Granollers), 29 de febrero de 2020

Los siempre infalibles Crim lideran otro exitoso Fem d’Aquí en Granollers

Datos del Concierto

Fem d'Aquí

Bandas:
Crim + Blowfuse + La Inquisición + Deadyard
 
Fecha: 29 de febrero de 2020
Lugar: Sala Nau B1 (Granollers)
Promotora: Sala NAU B1
Asistencia aproximada: 400 personas

Fotos

Fotos por Irene Vernedas

El otro día lo estaba comprobando, y tal y como ya sospechaba certifiqué que Crim es la banda de la que hemos cubierto más conciertos en la historia de nuestra revista. Evidentemente, el hecho de que toquen mucho y en todos sitios es un detalle decisivo para que así sea, pero yo apuntaría un hecho aún más importante: los tarraconenses nos gustan a casi todos. Porque aunque los hemos visto en sitios tan diversos como Girona, Mataró, Ullastrell, L’Hospitalet, Barcelona, Granollers, Zaragoza, Vitoria o Vic (y quizás me dejo alguno), rara vez se ha dado el caso que hayamos repetido redactor. Y eso, y más aún teniendo en cuenta que aquí somos un nido de metaleros, creo que explica muchas cosas de su éxito.

En cada una de estas crónicas me cuesta un mundo no mencionar lo fascinante que me parece que el cuarteto de Tarragona logre arrastrar de tal manera a las masas con su protestona e irredenta propuesta. Pero claro, si eso podía resultar sorprendente en algún momento del pasado, a estas alturas ya suena hasta absurdo recurrir y expresar ese sentimiento. Ya hace años que Crim lo petan muchísimo, más que ninguna otra banda de punk rock en catalán en la historia, y si lo miramos bien no debería ser ninguna sorpresa: suenan como los ángeles, curran como nadie y, sobre todo y ante todo, tienen una colección de temazos e himnos pegadizos para parar un tren. Con unas letras que llegan fácilmente a todos los públicos afines y unas melodías que no te puedes sacar de la cabeza, los tarraconenses siguen creciendo imparablemente a cada concierto. Y yo, sinceramente, me alegro mucho por ello.

En la ocasión que nos ocupa, esta nueva visita de Crim vino envuelta en este «Fem d’Aqui Fest» que se ha sacado últimamente de la manga la gente de HFMN Crew. Una vez más, la promotora / discográfica / agencia de management por excelencia de la escena punk y hardcore patria ha tenido una idea brillante agarrando a cuatro de sus bandas más destacadas y metiéndolas en un cartel conjunto que no hace otra cosa que multiplicar su atractivo y su habilidad de convocar a las masas. Si no me equivoco, desde principios de año (o quizás un poco antes) ya los hemos visto tanto en Vic como en Lleida, y tan bien les está saliendo la cosa que no tan solo ya tienen otras fechas programadas en Catalunya bajo este formato sino que en pocas semanas saldrán incluso de gira por la península. Lo cierto es que las cuatro bandas aquí presentes exploran vertientes del punk rock muy distintas entre ellas, pero no es menos verdad que hay un algo que hace que encajen perfectamente en un evento de esta naturaleza.

Ya sabéis que la gente de la Nau B1 de Granollers, con buen criterio, sigue empeñada y convencida que el rock, el punk, el metal y todas sus vertientes allegadas pueden tener un sitio en la programación habitual de la gran sala municipal situada en plena Roca Umbert, pasto habitual de Manels, Catarres y compañía. Y por suerte, de momento los hechos les están dando la razón. Hace cosa de un año la reventaron absolutamente con Soziedad Alkoholika, poco antes de navidad el Granollers Metal Meltdown que co-organizamos junto a Science of Noise fue notablemente bien y hoy consiguieron congregar a cuatro centenares de personas con ansias de punk rock. En un par de semanas, por cierto, pasaremos la prueba de fuego definitiva con la visita de un grupo tan molón pero tan sibarita como es Toundra, así que aprovecho estas líneas para animaros a venir también.

Deadyard

De las cuatro bandas que nos iban a entretener durante la noche de hoy, Deadyard eran los únicos a los que todavía no había tenido la oportunidad de ver. Y creedme que les tenía ganas, porque todas las referencias que me habían llegado desde todos sitios sobre su directo eran verdaderamente entusiastas. Cuando entré en la sala tras haberme despistado absurdamente con la hora ya debían llevar un par de temas, y a pesar de que la cantidad de público en esos primeros compases aún era escasa, sobre el escenario los cinco miembros del quinteto barcelonés se sacudían, berreaban y lo daban todo como si no hubiera mañana al ritmo de su punk rock gamberro, barriobajero y sudoroso, contagiando rápida e irremediablemente a todos los que poco a poco empezábamos a llenar la zona central de la inmensa Nau B1.

Después de solo un par de años de carrera y de un buen puñado de conciertos y locuras a sus espaldas, Deadyard han publicado su esperado primer disco hace pocas semanas, un Armageddon It! que, cómo no, tomó protagonismo casi absoluto en el repertorio de esta noche y brilló especialmente en canciones como la vacilona «Machinery for Sharks», la pubera «Old & Angry» o el propio tema título. Con un rollo que desde el punto de vista de un profano del punk rock como yo me recordó a veces a los Stooges y otras a los primeros Guns N’ Roses, a los barceloneses les costó bien poco meterse en el bolsillo a un público que se pasó la mayor parte de su descarga sacudiendo hombros y caderas. La contundente, versátil y enérgica voz de Pablito Migraña lidera una propuesta muy sólida y rebosante de actitud que tuvo su momento algido cuando su guitarrista acabó lanzando su instrumento con violencia contra el suelo, revolcándose inmediatamente en su flanco.

Me habían dicho que me gustarían y…¿sabéis qué?. Me gustaron incluso más. Con cuarenta minutillos largos de actuación se bastaron y se sobraron para demostrar que lo tienen ante una sala que se los miraba con caras sonrientes y, ahora sí, ya empezaba a presentar un muy buen aspecto. Yo solo digo que con esas canciones, esa actitud y estando donde están, no tengo ninguna duda de que oiremos hablar bastante de ellos en un futuro no muy lejano.

La Inquisición

De las cuatro propuestas de hoy, la de La Inquisición es la que podríamos catalogar como más beligerante. Porque Deadyard protestan desde la barra del bar, Blowfuse son alegres, juveniles y festivos y CRIM se cagan en todo pero lo hacen con cara de niños buenos, pero la actitud ruda y desafiante de La Inquisición es tan creíble y tan verdadera que intimida y atrae a partes iguales. Por ello son capaces de generar una auténtica hermandad a su alrededor, y al igual que ocurrió cuando les vi hace unos meses en Can Masferrer, durante toda su actuación recibieron el calor de un nutrido grupo de fans comprometidos y entregados que no se movieron de delante del escenario y que bailaron, cantaron, gritaron y levantaron los brazos ante los morros de Rubén en todas y cada una de las canciones que tocaron. Entiendo que para un grupo como éste tener una claca así es algo que no tiene precio, pero evidentemente si la tienen es porque su música, su personalidad y su actitud así se lo merecen.

Los barceloneses quizás no sonaron tan nítidos como lo había hecho Deadyard, pero para mi gusto rayaron un nivel de pesadez y contundencia muy apropiado para que su actuación contara con momentos memorables. Con una base de punk / hardcore con cierto componente Oi! (recordad que soy profano en materia de etiquetaje punk, así que perdonadme si no es del todo exacto lo que digo), y aún en pleno ciclo de presentación de su álbum LVX, la música y la propuesta de La Inquisición tiene la particularidad que generar hermandad y abrazos a la vez que roza el caos en todo momento tanto abajo como arriba del escenario. Porque mientras su bajista Cirro se despojó de su camiseta antes de empezar ni tan siquiera a sudar para mostrarnos su torso tatuado, Rubén se revolcaba y contorsionaba mientras escupía su rabia encima de las primeras filas.

Más allá de unos Crim que ya venían con la victoria en el bolsillo, La Inquisición fue la banda que recibió (o generó) mejor respuesta de las que vimos hoy aquí. Y es que no tengo claro que lo que hacen sea del todo lo mío, pero de lo que sí que no albergo ninguna duda es de que lo que hicieron hoy aquí tiene una palabra muy clara para describirlo. Y se llama bolazo.

Blowfuse

No sé si es porque musicalmente son los más divergentes de los cuatro o porque me miré su concierto desde la mitad posterior de la sala (algo que también hice con Crim, así que dudo que sea eso), pero me dio la sensación que Blowfuse no acabaron de conectar con el público al nivel que lo hicieron las otras tres bandas que pudimos ver esta noche. Y no lo entiendo, en serio, porque ya la última vez que los vi sobre este mismo escenario en motivo del Fusiònica de 2018 (y entonces había menos de un tercio de la gente que había hoy) noté una cierta distancia que no intuyo que sea en absoluto real. Al contrario, la música de los barceloneses es desenfadada, festiva y alegre, su actitud es de compadreo constante y los tíos no paran quietos ni un segundo. Así que no sé. Quizás soy yo.

Durante el último año, Blowfuse no han parado de tocar y tocar y tocar para presentar su último disco, un Daily Ritual cuyos excelentes «Bad Thoughts», «Angry John» o «Grand Golden Boy» se mezclaron hoy con «clásicos» como «Ripping Out» o «Radioland» para generar una bacanal de noventerismo exacerbado que nos devolvió a todos a nuestra adolescencia (o para algunos, un poco antes). Es verdad que muchos de los temas de este nuevo trabajo se acercan algo más al rock alternativo que el punk rock melódico más directo al que nos tenían acostumbrados hasta ahora, pero sobre un escenario no se nota ninguna diferencia y todo encaja perfectamente. Los constantes saltos de Oscar Puig (sobre sí mismo y sobre el público, aunque hoy no se atrevió con uno de sus famosos y fotogénicos mortales) son flanqueados por la actividad frenética de Victor y de Sergi, completando así un concierto muy entretenido que se hizo algo corto y que, sorpresivamente, terminó de forma un poco abrupta.

No tengo del todo claro si la ligereza y el despiporren de Blowfuse encajó del todo con el resto del cartel, de una forma u otra algo más homogéneo. En lo personal, y a pesar de que me gustaron objetivamente, también debo confesar que me costó un poco conectar con ellos. Y viendo los aplausos algo tímidos que recibieron tema tras tema, me temo que no fui el único. Ya veo que los tendré que enganchar en algún festival de punk rock melódico para poder vivir la experiencia completa y la locura que parecen transmitir en algunos de sus vídeos.

Crim

A pesar de haber tocado en todos los rincones de Catalunya en los últimos tiempos, Granollers aún era tierra virgen para Crim hasta hace bien poco. Y como suele pasar en tantos otros casos, ahora en algo más de medio año hemos tenido la oportunidad de verlos en hasta dos ocasiones. La primera de ellas fue en el festival Musik N Viu del pasado verano, y aunque había muchas ganas y se reunió un montón de gente para verlos, la verdad es que nos quedamos (o al menos yo me quedé) con sensaciones un poco encontradas por culpa de haber tenido que recortar su repertorio de forma bastante drástica al retrasarse los horarios de todo y echársele el tiempo del cierre encima.

Hoy, en cambio, me atrevería a decir que asistí al mejor de los cinco o seis conciertos que yo les he visto, ya que los de Tarragona se pegaron un bolo impecable, preciso, contundente, energético y con un sonido más que notable (de la B1 no suelo tener quejas, en este sentido). Ante ellos, como siempre, una mezcla de aficionados genuinos al punk rock, de heavies, de independentistas atraídos por su uso del catalán, de gente de clase alta, mediana y baja, de veteranos con los cojones pelados de ir a mil conciertos y de jóvenes que empiezan a descubrir de qué va todo eso. Porque Crim, señores, tienen ese no sé qué que hace que gusten a todo el mundo.

Y a mi también me gustan y mucho, claro (y «ese no sé qué», por cierto, se llama canciones brutales una tras otra), pero si por lo que fuera no me gustaran, creo que caería rendido a sus pies de todas maneras tan pronto me diera cuenta de que te meten un inesperadísimo «Genesis» de Ghost para abrir sus descargas. Es probable que la mayoría de los presentes ni tan siquiera la conozcan, claro, ni la banda ni mucho menos el tema, pero para mí se trata de un detalle verdaderamente exquisito que me engorila aún más de lo que lo habrían hecho ya de por sí con el atronador inicio formado por «Potser no hi ha final», «La Puta Copa del Rei» y «Caiguda Lliure», este último el primer gran temazo de los muchos que fueron cayendo a lo largo de la noche.

Porque con tres disquitos de nada es increíble ver el cancionero que han conseguido acumular estos chicos. En particular, creo que sus dos últimos trabajos  (Blau Sang, Vermell Cel y Pare Nostre que Esteu a l’Infern) rozan la perfección y son una fábrica de himnos bastante impresionante. De todos ellos, quizás «Hivern Etern» (que cayó bastante temprano) es el que más me flipa, sobretodo si me tengo que basar en la facilidad con la que se me pega en el cerebro, pero otros como «Benvingut Enemic», «Una Cançó i una Promesa», «Verí Caducat» o «Maneres de Viure» tampoco son mancos a la hora de hacer sudar y reventar las cuerdas vocales de la gente que se amontonó ante el escenario (y que ocupó gran parte de la sala) absolutamente entregada a todas sus gracias. Incluso su vocalista Adri, tan contundente vocal e instrumentalmente como tímido a la hora de interactuar con el público, se mostró hoy un poco más suelto en ese sentido.

Para la recta final del concierto, tres himnos absolutamente incontestables que acabaron de ponerlo todo patas arriba como son la inevitable «Castells de Sorra», la épica «Blau Sang, Vermell Cel» y la ya clásica «Pare Nostre que Esteu a l’Infern». Tres temas que pasarán a la historia del rock hecho en catalán y que resumen perfectamente todo lo que hace grande a esta banda: rabia, inocencia, melodía, letras atractivas y bien pensadas, punteos maravillosos de ascendencia heavy y estribillos casi perfectos. Al acabar, ovaciones, aplausos y un montón de tertulias evaluando las opciones que se le presentan a este Granollers que últimamente, por fin, parece abrazar el rock. Y conciertazos como el de hoy, más allá de certificar la evidencia de que la música feta d’aquí es tan buena como cualquier otra, no hacen sino animarnos a todos un poco más a ponernos en el mapa.

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Sobre Albert Vila 843 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.