La reseña improbable: Metallica – Metallica (The Black Album)

Ficha técnica

Publicado el 12 de agosto de 1991
Discográfica: Elektra Records
 
Componentes:
James Hetfield - Voz, guitarra
Kirk Hammett - Guitarra
Jason Newsted - Bajo
Lars Ulrich - Batería

Temas

1. Enter Sandman (5:32)
2. Sad but True (5:25)
3. Holier than Thou (3:48)
4. The Unforgiven (6:27)
5. Wherever I May Roam (6:44)
6. Don't Tread on Me (4:00)
7. Through the Never (4:04)
8. Nothing Else Matters (6:29)
9. Of Wolf and Man (4:17)
10. The God That Failed (5:09)
11. My Friend of Misery (6:50)
12. The Struggle Within (3:54)

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Soy ateo. Pero esta vez voy a hacer una excepción y voy a rezar al Cristo de los Faroles, la Virgen de la Regla y San Francisco de Sales, patrón de periodistas y escritores. Voy a hacer la improbable del mítico, emblemático, grandioso disco homónimo de Metallica, más conocido por Black Album (1991). Aquí tenéis al loco que ha cogido el testigo para este especial 30º Aniversario en favor de este disco, y yo bailo con la más “fea”. Nadie en la revista estaba por la labor de rajar de este álbum, ya que a todos les gusta Metallica, pero yo, al ser al que menos le van, por no decir que me importan una mierda, pues aquí me tenéis, que en una semana he escuchando este disco negro más veces que en toda mi vida.

No voy a taladrar por enésima vez sobre cómo fueron mis inicios metaleros. En alguna que otra reseña ya os lo he explicado, como en el artículo que habla sobre el 25º Aniversario del Far Beyond Driven (1994) de Pantera o en otra improbable de un disco de Ángeles del Infierno. Sí que puedo decir, a modo de resumen, que como millones de personas en el mundo, mis inicios heavys fueron con Iron Maiden, y de ahí rápidamente pasé a escuchar otros grupos como Obituary, Manowar, Sepultura o At the Gates, y sí, también entre muchos otros estaba Metallica. Pero todo cambió cuando mi cuerpo se abrió a un mundo nuevo cuando escuché por primera vez a Pantera. Era justo lo que buscaba: un grupo muy pesado pero ágil y con mucho punch, y encima con una voz como la de Anselmo, más grave y potente que la típica de las bandas de thrash metal.

Os explico esto para que entendáis que, de entrada, ya no me gustaba mucho lo ochentero. Yo, a mis 14 años, era más fan de un sonido actual… para esos años, claro. Eran mediados de los 90 y me decantaba más por, encima de todo, el groove, después el melodeath, incluso un poco lo alternativo o lo hardcore, el punk… bueno, bien pensado, en el fondo de todo un poco. El heavy, quitando cuatro grupos, y el thrash, pues como que no entraba, y los del Big 4, pues los escuchaba si los ponían otros amigos o en algún sitio, pero es que no me acababan de convencer.

Pero vayamos a por Metallica y dejémonos de tonterías. Dejando de lado que hay cuatro temazos que me encantan, realmente, en general no puedo decir que me gusten. Igual que tampoco puedo decir que no me gusten. En el fondo creo que, desde siempre, me han dado un poco igual. Ni soy un fan de poster triple pajillero escuchando el Lulu (2011); en la revista ya tenemos a dos de estos. Ni tampoco soy un ex fan hater de la su época más thrasher. Sí, de esos que vienen rajando de Metallica desde mediados de los 90, pero que continúan yendo a sus espectáculos, a sabiendas de llevarse un chasco, concierto tras concierto, para así tener más excusas para vomitar más y más bilis sobre los norteamericanos.

Uno de los motivos de mi “insensibilidad” con Metallica puede ser que no he sido nunca de ir con el “x” de moda o el caballo ganador. Por ejemplo, odiaba, cuando en mi época de “jugador” de baloncesto, por el mero hecho de jugar a este deporte, me decían: «Oye, a ti te debe de gustar Michael Jordan«. Y yo respondía: «No, a mí me gusta Shaquille O’Neal«. Y me miraban raro. Importante concretar que con decir que no me gustaba, no significaba que no reconociera su talento y que era un megacrack, pero no me atraía, punto. Pues lo mismo con Metallica: odiaba que, por el simple hecho de ser heavy, tenía que ser fan de ellos a la fuerza. Qué gente más pesada. Otra cosa que puede influir en todo esto es que el Load (1996) salió al cabo de poco de estar empapándome de metal y más metal. Unos vendidos y tal, sí, pero yo tenía grabados en cassette el Ride the Lighting (1984) y el Master of Puppets (1986), y no es que fuesen discos que me ponía regularmente. Creo que solo puedo nombrar cinco temas que me gustan de verdad de entre toda su discografía: «One», «Fade to Black», «For Whom to Bell Tolls» y «The Unforgiven». «Master of Puppets» está guay, pero sin pasarse, y también incluyo «Nothing Else Matters», por eso de tener «algo diferente».

Otra cosa que no me ha entrado nunca, pero nunca, nunca, es la voz de James. Más que la voz en sí, hablo de esos «Eah!» «Weah! «Yeah!»‘s. Los encuentro totalmente insufribles. Lo siento, pero no puedo; solo de pensar en ellos me vienen arcadas. Aunque debo reconocer que es un frontman excelente y mejor guitarrista, si cabe. Y quién no ha imitado esa forma de ponerse a tocar, con las piernas un poco abiertas y la guitarra bajada. Es un icono a nivel mundial, eso hay que reconocerlo. Y tampoco me gusta Lars, quien creo que es un pésimo batería. Le falta un plus de groove, un plus de técnica y un plus de agilidad. Pienso que las canciones de Metallica ganarían con otro músico. Aunque se debe reconocer que Lars es un excelente compositor, por lo que sin él, pues seguramente hubieran perdido más de lo que podrían ganar con otra persona mejor tras la percusión. A todo esto debo reconocer que, dejando de lado mis gustos musicales, son una gran banda y saben perfectamente sus roles, aplicándolos a la perfección.

Así pues vayamos a destripar este Black Album, el cual no me ha gustado nunca, ¿no lo he dicho ya? Lo encuentro, por así decirlo, escuchable, sin más. Y sin querer entrar en el tema de Bob Rock ni en el del cambio sufrido, sí que diré que a mí, personalmente, este álbum no me gusta. Y no me gusta porque, aunque se arriesgaron -y creo que para bien- a modificar el estilo para pasarse a un lado más pesado, que es lo que empezaba a mandar en los 90, se quedaron un poco a medias. Pierde una marcha (o dos) de velocidad y agresividad, para ganar en pesadez y contundencia, pero sin gancho; mucho ruido y pocas nueces. El álbum marca el inicio de pérdida de sus seguidores más extremos, a la vez que empezaron a ganar nuevos adeptos musicalmente más blandos u oyentes medios, por así decirlo.

Justamente, la primera vez que escuché este disco entero, fue en casa de un amigo. Lo tenía en vinilo y lo puso mientras hablábamos de todo y alababa a Metallica y a este Black Album. Yo me quedé indiferente, y a excepción de un par o tres de canciones que me habían gustado, justamente baladas, lo otro, yo pensaba: «¿Esta es la mejor banda de metal?» En fin. Debo reconocer que este disco, hasta hace un mes, lo había escuchado entero dos, quizá tres veces. Pensaba que me pasaría como el Reinventing the Steel (2000), el último disco de mis amados Pantera. Dicho álbum, cuando salió, lo escuché y me decepcionó, ya que me esperaba otra burrada como su anterior disco. Pero, pasado bastante tiempo, al final le encontré su punto y ahora creo que es un excelente álbum. Pero con el Black Album, después de bastantes escuchas recientes, me deja igual que antes…

¡Por fin empezamos! Voy a rajar de «Enter Sandman» y su insufrible y mundialmente reconocido como uno de los mejores riffs de la historia del metal. ¡Por Darrell si es simplón! Pero eso sí, pegadizo y azucarado. Su primer tema ya es de pop metal. Si les encantaba a mis colegas más alternativos, por algo era. Creo que podéis juzgar vosotros mismos. Vale, el inicio va de menos a más, y aunque me parece demasiado largo, justo cuando esperas un giro bestial, se quedan en una canción de medio tiempo y en una batería bastante cutrilla. A destacar el muy efectivo y eficaz solo de Kirk Hammett.

«Sad but True» tiene una parte que me puede gustar más, por ser más densa y con un toque más groovie, pero la encuentro repetitiva y cansina, aunque debo decir que por la letra le pega. La siguiente, «Holier Than Thou», te hace mover la cabeza a un ritmo trotante hasta los diez segundos, pero después estoy otros 20 esperando que hagan EL PUTO CAMBIO DE UNA VEZ POR TODAS. Y, después de 34 segundos, se dignan a meterse de lleno en una canción soporífera que quizá la salvan los estribillos. Kirk, empiezas a cansienar con el tema del wah-wah…

«The Unforgiven» es para quitarse el sombrero. Esa lentitud, esa guitarra acompañada por la voz de James. Pura magia, de verdad lo digo. Junto con «Fade to Black», son las que me ponen la gallina de piel. Seguimos con «Wherever I May Roam» y su sitar de inicio. Dejando de la lado esta originalidad, la encuentro demasiado alargada; con dos minutos menos habría ganado bastante.

La siguiente, «Don’t Tread on Me», la encuentro soporífera. Por cierto, ¿no os da la sensación de que Lars Ulrich tiene el mismo ritmo base en todas la canciones? Debo decir a su favor que en el único momento que mi corazón siente algo es durante los coros y sus redobles. Con «Through the Never» me encuentro con otra intro super alargadísima que se supone que te tiene que preparar para algo grandioso, un cambio brutal, y nada más lejos que la realidad. Un medio tiempo cansado, que por estilo puede recordar un poco a los Metallica de anteriores discos, y aunque teniendo cierto ritmo, no me acaba de convencer.

«Nothing Else Matters»… vale sí, baladón. Pero tan escuchado y manido… estoy hastiado de este tema. Aún así, me quedo con «The Unforgiven», pues si bien «Nothing Else Matters» tiene otro tipo de magia, me gusta más la primera. Seguimos con «Of Wolf and Man»… vale, sí, resultona, pero es que Lars sigue con su puto ritmo que no hace más que empobrecer esta canción y muchas más. De acuerdo, cuantas menos florituras, más adeptos rockeros pero, ¿hace falta quedarse tan corto? No lo creo. En «The God that Failed» nos encontramos con otro corte con un aire más groove, pesado y pegajoso, pero le encuentro correcta, sin más.

Y por fin acabo el disco con las dos últimas. «My Friend of Misery», salvable, para ser benevolente, y «The Struggle Within», otro tema con un inicio demasiado largo, aunque esta vez, con sorpresa, pues no se queda en medio tiempo y te mete un tema con cierto ritmo, ágil, y… ¡oh, sorpresa! corto, pero que continúa sin decirme ni transmitirme nada.

Debo confesar que últimamente este Black Album lo he escuchado varias veces, demasiadas, y he llegado a sufrir. Me ha provocado dolores de cabeza y ansiedad. He tenido que ponerme discos de grupos más contemporáneos como Within the Ruins para recuperarme y de Pantera para acabar de ser el mismo. Volviendo al Black Album, dejando de lado las dos baladas, no encuentro nada para ser el mejor y el disco más vendido de la historia del metal. Eso sí, debemos reconocer que es el mejor grupo, y que hacen, por encima de todo, lo que quieren, cuando quieren y donde quieren. No importa si bien o mal, la cuestión es que hablen de ti, y Metallica siempre lo consigue… siempre. Esto significa muchísimo. Por lo que guste o no, es la mayor y mejor banda de metal del planeta. De hecho, sobrepasa el calificativo de grupo de metal, es mucho más, abarca mucho más. Repito, guste o no guste.

Dídac Olivé
Sobre Dídac Olivé 132 Artículos
Soy de esa generación que la “post-pubertad” lo pilló entre el metal primigenio (lo que llamamos ahora old school) y la nueva ola que fue el Nu metal, es decir, pasado mediados de los 90. Me encantan muchos estilos pero sobretodo el rock clásico y evidentemente el metal, este último es una forma de vida y encima me gusta desgranar y reconocer la riqueza de todos sus subgéneros. Uno ya tiene su edad (los mechones blancos en la barba no están por que sí) pero no me cierro para nada a grupos nuevos, eso sí, mientras haya fuerza y calidad, aunque hoy en día hay mucha. Como nacido justo entrados los ochenta también se incluye que soy un friki de cuidado (rol, videojuegos, Star Wars, pelis Gore, literatura fantástica y un largo etc.) vaya que toco de todo un poco. En resumen, espero contagiaros mi pasión metalhead a la vez que disfrutáis de mis aberrantes destripes.