Metallica – Metallica (The Black Album): Especial 30º Aniversario – Parte III: Las canciones

Aquí os dejamos con la última parte de las tres entregas de la serie especial 30º Aniversario del disco que a much@s de nosotr@s nos cambió la vida. La redacción ha hecho un repaso, uno a uno, de los temas que se incluyen en el Black Album y este es el resultado.

Las canciones

«Enter Sandman» por Jordi Tàrrega

Para llevar el thrash metal a la primera línea y empezar a dominar el mundo se necesitaba adecuar el estilo a otros círculos de público alejados del heavy metal, y para ello se debía buscar ese híbrido imposible entre comercialidad manifiesta y de una contundencia capaz de seguir convenciendo a los fans que llevaban años y discos de fidelidad manifiesta. Es ese imposible llamado evolución: llegar a más público y mantener al que tienes. En el fondo, todas las bandas saben que «la evolución son los padres»…

¡Y Metallica lo consiguieron! El disco negro es la perfección en si misma de lo que se puede llegar a llamar «evolución». Obviamente miles de veteranos fans renegaron del disco nada más salir, pero… es una obra colosal y la demostración de que puedes acercar el thrash metal a las masas, seguir llamándolo thrash metal, pero… salirte de la definición. Tampoco nos engañemos…

Si he elegido el «Enter Sandman» no es porque sea mi canción favorita del disco, simplemente llegué tarde, pero me apetece hablar un poco sobre una de esas canciones que van más allá de lo musical y que seguirá sonando el día que sus integrantes ya no estén. «Enter Sandman» es una de las grandes canciones del heavy metal y del rock en general. Metallica entraba en los 90 en lo más alto y sin rival capaz de hacerles sombra (vale, Guns N’ Roses estaban allí y explotaban Pearl Jam y Nirvana, pero es otra cosa -de la que también os hablaremos en su debido tiempo-).

En esta canción tienes todas las virtudes de Metallica y un productor que fue la auténtica clave de que todo llegase a ser legendario. Con Bob Rock se llevaron realmente mal durante el proceso de creación del disco y se cachondeaban de él en la cara, pero luego le agradecieron todo cuando vieron: primero cómo quedaba el disco, y segundo cuando el platino y la dominación mundial llamó a su puerta.

La gracia del tema es el todo, pues gran parte de la culpa la lleva el antológico riff, la intro, también el videoclip, la composición, la producción, el sonido, la letra… TODO. Otro logro es que Metallica suena bastante más simple y directa que en anteriores discos. Recordemos que venimos del tremendamente técnico …And Justice for All.

Legendaria introducción, imponente voz de Hetfield y una base rítmica atronadora y con una pegada a plomo por parte de Lars Ulrich. Realmente cuando la gente se dedica a criticar al danés como mal batería me suelo llevar las manos a la cabeza… «Enter Sandman» no es su gran logro ni un hito tras los timbales, pero intenta tocar este tema sin acelerarte… A él le debemos algunos de los mejores breaks de la historia del rock y me parece un tipo tremendamente imaginativo y versátil. Otra cosa es Lars como personaje, pero una cosa no debería influenciarte en la otra. Como músico es muy, muy grande.

«Enter Sandman» es algo para todos los públicos y eso lo consigue especialmente el inmortal riff. Todo parece sencillo, pero está tremendamente pensado y trabajado al milímetro. Las rítmicas caen en los tiempos y bombo y caja van con extra de reverb, pero huyendo del sonido de los 80. Todo el concepto del disco está condensado en este tema. Metallica saluda a la nueva década con una actualización de sonido que sigue siendo copiada a día de hoy (Hola Volbeat). Podría estar horas hablando de este tema (y repito, no es ni por asomo uno de mis temas favoritos del grupo), pues es perfecta y merecería otro especial de «Canciones perfectas».

Para dominar el plantea rock necesitabas dos temas: uno fue «Nothing Else Matters» y el otro fue «Enter Sandman». Obviamente me quedo con los cuatro anteriores, pero negar la relevancia y calidad de esta obra es absurdo. Para llegar a los estadios se necesita un «Enter Sandman».

«Sad but True» por Jonathan Pernía

«Sad but True» tuvo el honor (léase mi ironía, por favor) de ser uno de los singles a modo de videoclip que lanzó Metallica para este Black Album. De aquel clip, todavía guardo el recuerdo a nivel visual de la inconsistencia entre las imágenes a cámara super rápida del inicio de la canción junto al compás de los (lentísimos) golpes rítmicos de Lars Ulrich a los parches. Dicho recurso audiovisual, simplemente no encaja, no ha encajado nunca y nunca encajará. Así de simple.

Las comparaciones son odiosas, lo sé. Pero también son inevitables y hemos de pensar de dónde venía Metallica. …And Justice for All (1988). Creo que las palabras sobran. El éxito desmesurado de dicho álbum quizás expuso a una presión mediática nunca jamás vista a los americanos y quizás por las prisas o por optar a un público más mainstream, hizo que se cascasen un álbum de estas dimensiones, con el objetivo claro de despegar al estrellato mundial del rock. Algunos temas han sido catalogados como himnos dentro de su extensa discografía (según el criterio de cada uno), otros no lo son tanto, otros de simple relleno. ¿Y dónde queda «Sad but True»?

Si tuviera que usar una única palabra para describir «Sad but True», sería la de soporífera, pero con matices. Riffs extremadamente monótonos, las baterías de Lars Ulrich, en su alarde de poca o clásica nula creatividad creo que hablan por sí solas y la dinámica de la canción como tal, es simplemente pobre. Sí que es cierto que, si uno desgrana a nivel estructural la canción, cumple a la perfección para encajar en los cánones y estándares de la radio-fórmula, de riff-estribillo-riff-estribillo-solo. He ahí el matiz. La canción, en dicho contexto funcionó a la perfección y fue la puerta de entrada para adherir nuevas legiones de fans y abrirse al gran público. El resto de los acontecimientos, por todos ya nos es conocida, es ya simplemente historia.

«Holier than Thou» por Joan Calderon

Un riff y un inicio de batería acompañado de los efectos de talkbox (como si de una canción de Bon Jovi se tratara…) son las señas de identidad más claras de la canción más rápida y agresiva del álbum. 

Se dice que inicialmente estaba pensada como primer single, pero Lars pidió (os lo traduzco: impuso) que fuera «Enter Sandman». 

Sigue la estructura de la mayoría de temas del disco, efectivo, resultón y carne de radiofórmulas mainstream. En este caso llama la atención la duración (corta) y ese juego de dobles punteos de guitarra. La fase final fruto de un parón y un bajo omnipresente, le dan una potencia final que recuerda a los Metallica enérgicos de los inicios.

«The Unforgiven» por Xavi Prat

Si hablásemos de cualquier otro disco de Metallica hubiese sabido, muy rápidamente, qué tema escoger. Pero, amigos, hablamos del denominado Black Album (tercero en mi lista de preferidos del grupo), y aquí la homogeneidad es tan alta que, fácilmente, podría haber escogido cuatro o cinco temas. Finalmente me decidí por «The Unforgiven» por dos razones:

  1. Creí que se lo dejaría más fácil a mis compañeros.
  2. Es una canción tremenda, alejada de lo que Metallica solía hacer, y tremendamente superior a la otra balada del disco, la ultra sobrevalorada «Nothing Else Matters».

El grupo ya había compuesto algún tema de tempo lento de caerse de culo. «Fade to Black» es abrumadora, como canción y como balada», y «One» es, en mi opinión, la mejor canción de Metallica. La protagonista de este breve espacio les puede ir a la par, creando melodías inmortales, suaves pero con una fuerza tremenda. Con origen en el western, la voz de Hetfield es especialmente potente, y el solo muy marca de la casa. Sin duda, de esas canciones de tempo pausado que denominaba, «The Unforgiven» está entre las tres o cuatro mejores que ha compuesto el grupo.

«Wherever I May Roam» por Albert Vila

Siempre me ha parecido curioso que Metallica se llevaran los palos que se llevaron a raíz de la publicación de Load y Reload en 1996 y 1997. La gente les juzgó sin piedad arduciendo haberse vendido, traicionando así al verdadero metal de alguna manera imperdonable (lo del pelo y las pintas tuvo más que ver que la música, me temo), pero creo que la perspectiva del tiempo no deja dudas ante la evidencia de que el cambio de verdad llegó con este venerado y exitoso Black Album.

Un cambio que, por otra parte, no debería haber sorprendido a nadie. De hecho, hasta que se volvieron auto-complacientes y se conformaron con limitarse a ofrecer lo que sus fans esperaban con Death Magnetic (2008) y Hardwired… to Self-Destruct (2016), Metallica siempre ha forzado la máquina del riesgo notablemente de un disco a otro. Durante su época clásica en los ochenta, la evolución que experimentaron en el camino que va desde de la crudeza y la velocidad de Kill ‘Em All (1983) hasta la complejidad y la lírica de …And Justice for All es innegable, y cada disco es un ente rebosante de personalidad por sí mismo. También en los noventa y dosmiles, lejos de apalancarse en el éxito fácil e imagino que tentador a la estela arrasadora de este disco negro, siguieron creciendo y mutando tanto estéticamente como musicalmente con valentía intacta pero éxito moderado en un camino que alcanzó su punto más bajo con el atrevido y personalmente indefendible St. Anger (2003).

Tras ese fracaso (¡y ya hace casi 20 años de ello!), creo que los americanos asumieron con más o menos resignación que, al igual que la inmensa mayoría de sus coetáneos, les quedaba poco que ofrecer a nivel musical. Sus mejores discos ya llegaron décadas atrás y su legendaria contundencia en directo se ha ido diluyendo con los años, pero al revés de lo que han hecho esa mayoría de coetáneos, y con la ayuda inestimable de la ingente cantidad de dinero que han acumulado en su carrera, Metallica se han atrevido siempre a hacer cosas nuevas sin miedo al qué dirán. Se lanzaron a ese Lulu junto a Lou Reed, se embarcaron en su propio Orion Festival, se liaron con la película Through the Never (una gran idea con un pésimo desarrollo), se metieron a tocar en todos los continentes, a hacer conciertos en salas minúsculas, a colaborar con Lady Gaga o a sacar un disco tributo al álbum negro con artistas de todos los palos posibles. Cosas que ninguna otra banda de metal ha hecho y que demuestra que, a pesar de todo, Metallica sigue rebosando valentía y fuerza.

Pero, volviendo a lo que nos ocupa, el mayor punto de inflexión de su carrera llegó sin duda con este Black Album. Tras la bacanal de minutaje y enrevesamiento que supuso el magnífico Justice, los californianos decidieron ponerse en las manos de un tío como Bob Rock, redujeron la duración de las canciones a la mitad, se aferraron a un sonido nítido y potente que ha servido de referente hasta ahora, duplicaron el número de baladas y trufaron todo de estribillos pegadizos para arrasar con el mainstream como, quizás, ninguna banda de puro metal había conseguido hasta entonces (ni desde entonces). Pero claro, como mantuvieron sus greñas intactas y continuaron vistiendo más que nunca de riguroso negro, la mayoría de sus aficionados presentes y futuros siguieron montados en su carro con la pasión que se muestra en todos los vídeos de la época.

Y es que en su momento, en mi mundo y en el mundo en general, Metallica eran la hostia. Hubo casi un año entero de mi vida (en 1993 y 1º de B.U.P., recién cumplidos los catorce) en el que no escuché prácticamente nada mas que los cinco primeros discos, en bucle, de los cuatro jinetes. Arrastrado por su música, amplié mi colección con un par de libros, múltiples vídeos y un montón de bootlegs de sonido insoportable que no hicieron sino amplificar mi obsesión por una banda que llevó mi pasión por el metal un paso más adelante. Su influencia y su presencia en la época no tiene parangón, y me atrevo a decir que, sin ellos y sin este disco, ni el metal ni la música dura en general serían nada remotamente parecido a lo que son ahora.

Pero antes de llegar a obsesionarme irremediablemente con ellos, me resulta curioso recordar que, a pesar de ser el mastodonte de popularidad que eran, no fueron ni mucho menos una de las primeras bandas que descubrí. Antes que ellos llegaron a mis manos varios discos de Iron Maiden, de Motörhead o de Megadeth (por no hablar, claro, de Nirvana o Guns N’ Roses), pero las menciones cada vez más frecuentes al nombre de Metallica venían siempre acompañada de una cierta reverencia y de la reputación de ser la banda mas grande de un heavy metal que empezaba a sentir como algo verdaderamente mío.

Como todos los cuarentones del lugar recordaréis, en esa época las únicas maneras de conocer nueva música eran comprándola, copiándola de alguien que te la dejara o a través de los medios que se dignaran a ofrecerla (bastantes más que ahora). Por ello, cuando en no sé qué emisora de radio que estaba escuchando anunciaron que iban a poner una de Metallica, rápidamente preparé mi dedo sobre el botón del REC para inmortalizar esas notas en mi pequeña colección. La canción empezaba con un punteo orientaloide y continuaba con excepcional fluidez. Mentiría si dijera que me impactó de la misma manera que mi primera escucha a «The Trooper» o a «Angel of Death» (dos momentos que recuerdo como lo más parecido a una revelación divina), pero no hay duda que esa canción que yo anoté como «Anywhere» en mi cinta y que resultó ser «Wherever I May Roam» puso la semilla para meterme de lleno en todo el universo Metallica.

Supongo que por una mezcla de nostalgia, tozudez e innegable calidad, el corte número cinco del Black Album sigue siendo mi indudable favorita de este disco. Es aún mi elegida en cualquier karaoke rockero privado o público y me motiva como ya hace tiempo que no hacen las exageradamente trilladas «Enter Sandman» o «Sad but True». Acercándose a los siete minutos de duración (aunque da la sensación que sean muchos menos), su inicio oriental, majestuoso e inquietante, su riff sencillo y afilado y su genial cambio de ritmo desembocan en una estrofa misteriosa y llena de delicados arreglos y, eventualmente, en un estribillo engrescador y memorable que es imposible no recordar y corear con el puño en alto. Twin guitars, solos llenos de wah-wah marca de la casa y algún que otro vaivén alrededor de una estructura dinámica y bien definida acompañan a una letra nómada sobre la vida en la carretera que la convierten (a pesar de acabar con uno de mis notoriamente denostados fade outs) en una de las canciones estrella de la trayectoria de la que es, probablemente, la banda más grande de la historia del heavy metal.

«Don’t Tread on Me» por Álex Añez

Tengo un especial cariño al Black Album de los americanos. No es mi favorito ni de lejos, pero cuando es un amor platónico adolescente quien te graba el cassette y te lo descubre sonaba todo mucho mejor. Lo mismo por eso mi favorita era «The Unforgiven»… pero lo platónico quedó en la cueva y 30 años después aquí estamos para hablar de lo mal que me dejó esa chica, digo… de otro tema de uno de los álbumes que cambiaron la historia del rock.

«America» de la obra de teatro y film musical West Side Story es el riff que nos abre la que comentamos a continuación. Dicen que cuando James escribió la letra de este tema quería dar la visión más patriótica de Metallica. De hecho, la portada de su quinto álbum de estudio solo muestra como pequeño detalle sobre el predominante negro una serpiente enroscada en la esquina inferior, la cual para quien no lo conozca forma parte de la bandera de Gandsden, la cual era considerada símbolo de los revolucionarios que lucharon por la independencia de los Estados Unidos. En alguna ocasión el mismo Lars ha comentado que con este tema se han querido redimir de las críticas hacia su sistema que se imponían en Master of Puppets y …And Justice for All para hacer destacar los valores positivos de vivir en un país como es los Estados Unidos de América.

 «Que así sea, no más amenazas, para asegurar la paz hay que prepararse para la guerra, que así sea, ajustar las cuentas, tócame de nuevo para decirte una vez más, no pases sobre mí.»

La controversia estaba servida, una interpretación por parte de la población más radical podría dar a entender un alzamiento a las armas. Para la banda, mucho más lejos de esta realidad, solo querían destacar las bondades de su país.

Desde el punto de vista compositivo se trata de un tema interpretado con contundencia, pero con la bajada de revoluciones que hizo destacar la nueva vuelta de los de San Francisco. Melódica y accesible, más cercana al rock de lo que nos tenían acostumbrados. Desde el inicio de Ulrich con el juego de caja y bombo hasta el riff de Hammett se vislumbra que Metallica ha cambiado para siempre. Para mejor o peor es polémica que nos llega hasta día de hoy, pero qué sería de la música sin apostar fuerte, evolucionar y dejar que el tiempo hable de ello. Y es este artículo mastodóntico lo que ha demostrado que no pasó para ninguno de nosotros desapercibido.

«Through the Never» por Aleix Besolí

En séptimo lugar tenemos el que para mí es el tema más cañero de este black album. «Through the Never» empieza con un riff machacón que bien podría haber encajado en alguno de los anteriores trabajos de Metallica. Hetfield nos demuestra que con solo tres notas puede componer partes con gancho y fuerza al mismo tiempo. Se le une Ulrich con una batería que lo complementa acentuando las notas clave con golpes de caja y llenando los contratiempos con el bombo. Alejándose de la monotonía, combinan estas partes rápidas con una estrofa con mucho groove y un estribillo contundente.

La voz de Hetfield suena impresionante, posiblemente este fuera el mejor momento de su carrera vocalmente. Su técnica es muy superior a los anteriores álbumes, pero sin perder la agresividad y la aspereza que tenía hasta entonces. La letra también es muy interesante, trata algunos temas filosóficos como el inicio del universo, las ansias de conocimiento y significado o los límites del entendimiento humano.

«In the dark, see past our eyes
Pursuit of truth no matter where it lies
Gazing up to the breeze of the heavens
On a quest, meaning, reason
Came to be, how it begun
All alone in the family of the sun
Curiosity teasing everyone
On our home, third stone from the sun, yeah.»

A media canción tenemos un tremendo solo de Kirk Hammett. No es de lo más complicado que le hemos visto, pero contiene muchos fraseos memorables y funciona de maravilla. Seguidamente tenemos un breakdown que puede recordar al de canciones clásicas como «Creeping Death», pero con este toque de groove que cogieron en el black album.

Through the Never es una canción muy sólida y completa que por otra parte pasa un poco desapercibida cuando se habla de este trabajo, sin duda una de las joyas infravaloradas en la discografía de Metallica junto a cortes como «The Shortest Straw» o «Trapped Under Ice». Curiosamente comparte nombre con la película que estrenaron en 2013, aunque la canción no aparece en ningún momento.

«Nothing Else Matters» por Beto Lagarda

Tras presentaros la historia del Black Album en el artículo especial “La gestación” y comentar las diversas giras y cifras en la segunda parte del artículo especial, hoy os ofrecemos un artículo colaborativo en el que, junto a varios de mis compañeros, desgranamos canción a canción el álbum negro.

No me costó nada escoger mi canción preferida del disco, pues mi relación personal con «Nothing Else Matters» trasciende los límites de la lógica. Corría 1998 cuando descubrí Metallica, fue con el S&M. Si, posiblemente soy uno de los únicos en el mundo que arrancan su vida en el metal a través de un disco de este estilo… Evidentemente, las baladas fueron las primeras piezas que entraron en mi reproductor siendo la versión de «Nothing Else Matters» la más perfecta canción que jamás había escuchado.

También descubrí en aquel momento el ReLoad y con él, otro amor a primera vista con «The Unforgiven II». Estas dos canciones forman parte de mi vida, de mi banda sonora. Podríamos decir que forjaron una faceta en mí.

Y bueno, si vamos a comentar cosas sobre el disco Metallica, no voy a viajar por los cerros de Úbeda. «Nothing Else Matters» es mucho más que una canción, mucho más que una balada. Para mi es una canción única que eriza la piel cada vez que la escucho. Una canción con la que he llorado e incluso con la que he ligado. Una canción ideal para poner en mi funeral.

Cuenta la leyenda que James cogió su guitarra y a pie de cama formalizó sus ideas. Según parece, el guitarrista compuso la canción inspirado en las últimas palabras de su abuelo y se rumorea que el cantante empezó a idearla mientras hablaba con su ex novia por teléfono, componiendo la canción con una sola mano. El propio James consideró que era demasiado lenta y personal para incluirla en el álbum negro, pero cuando Kirk la escuchó, la banda decidió sin ninguna duda publicarla en el disco.

Y a modo curiosidad friki, es una de las pocas canciones de Metallica en la que James se encarga del solo de guitarra. Lo habitual es que Hammett sea el que ejecuta los solos. La canción está incluida en todos los discos en directo de la banda y, según el portal last.fm, ha sido interpretada en directo 1.236 veces, siendo la octava pieza más vista en sus directos.

«Of Wolf and Man» por Toni López

No pretendo aburriros en demasía con los detalles, pues estoy seguro de que mis compañeros ya estarán abusando de eso a base de bien, así que voy a encarar este tema desde un punto de vista muy personal.

En el año 91 yo era un adolescente que iba quemando etapas en el Metal, y justo me encontraba en ese trasvase del heavy al thrash; los gigantes del estilo estaban sacando sus obras maestras, y Metallica se convirtió, sin darme cuenta, en mi banda favorita justo en esa época, abrigada por grandes lanzamientos de otros grandes del género como Megadeth, Slayer o Testament.

Lo cierto es que les descubrí en el 88, cuando pregunté al dependiente de la tienda de discos del pueblo por qué disco de los californianos comenzar a gastar mis escasos ahorros, y coincidió que acababa de salir …And Justice for All, así que ese me llevé, y no fue un amor a primera escucha, la verdad; eso sí, fue calando, y sumado a la paulatina adquisición del resto de títulos, acabó siendo, como os decía, mi banda favorita en ese momento.

Verano del 91, a punto de irnos de vacaciones familiares; solo tenía en mente un doble objetivo; salir después de las 10 de la mañana, hora a la que abría la tienda de discos, y convencer a mi padre para que mi regalo de cumpleaños fuera la entrada del Monsters of Rock de septiembre, donde los iba a ver por primera y penúltima vez.

La historia tiene un montón de derivas y detalles que ya os dije que os ahorraría, así que me meto en el tema; primera escucha del disco. Ya sabéis lo que es la primera escucha de lo nuevo de tu banda favorita. En mi caso, decepción, lo cual no era malo porque con casi cualquiera de sus discos la primera impresión había sido tirando a mala. A decir verdad, de la cara A solo me llamó la atención «Sad but True». Por fortuna, al girar la cinta, «Through the Never» me devolvió la fe, esos eran los Metallica que esperaba.

Del subidón a la caída, mi grupo no podía grabar algo tan penoso como «Nothing Else Matters», esos no eran Metallica, me niego (a estas alturas ya habréis leído los halagos que le dedica Joan, así que yo puedo rajar a gusto de la mierda más grande parida por estos californianos hasta esa fecha, luego la superaron con creces pero eso es otra historia). No podía creerlo, no pintaba nada esa canción; por fortuna, tras ella vienen los que son para mi gusto los mejores temas del disco. No, no son «Blackened» ni «Fight Fire With Fire», pero «Of Wolf and Man» tiene algo que me gustó desde el primer momento, igual que «The God that Failed», la otra genialidad del disco.

Es cierto que de alguna manera, la posición que ocupa en el disco beneficia considerablemente a «Of Wolf and Man», porque lo primero que agradeces es que haya terminado la predecesora, insisto, una canción que jamás pensé que escucharía de una banda así y que aborrezco absolutamente; pero hay más, la canción arranca con un potente riff que también la cierra, algo que me encanta, temas que si no son simétricos, si que quedan compactados en una especie de círculo que se cierra con la misma nota o el mismo riff del inicio.

La letra es la típica historia del hombre lobo, nada que no hayamos escuchado mil veces, pero estas cosas siempre funcionan en el metal, así que a tope con ella, el lobo como criatura poderosa y el hombre que al sufrir la transformación descubre el sentido de su vida, su cualidad de ser primario.

Un buen estribillo apoyado en la melodía de la voz de Hetfield sobre notas alargadas, marca de la casa, aunque una marca más controlada, más pausada, pero muy efectiva. Una de las canciones que rescato aún 30 años después del disco que supuso un punto de inflexión en la banda, y en mi relación como fan con ellos, porque aunque el concierto de septiembre fue brutal, se basó en los discos anteriores sobre todo, fue al año siguiente cuando lo presentaron a lo grande, cuando muchos de estos temas, como «Of Wolf and Man», tomaron una dimensión mayor, aunque ya nunca volveríamos a tener a aquellos Metallica que un día fueron mi grupo favorito.

«The God That Failed» por Joan Calderon

Mi tema favorito del disco a lo largo de los años. La base rítmica con un bajo protagonista y una batería marcada y segura nos conduce hasta uno de los mejores riffs del álbum. 

Es uno de los temas más personales del disco, pues James intenta ahuyentar sus fantasmas interiores causados por el trauma de perder a su madre de cáncer que no dejó tratarse por sus creencias religiosas. Un tema personal muy duro que le añade emoción a una canción muy en la onda de todo el disco, con una estructura muy marcada, en la que destacan Jason y Lars manteniendo la pulsión rítmica de manera magistral, los solos ejecutados por Kirk son de lo mejor del disco y James, como siempre, baña de personalidad y carisma el tema.

El final con ese cambio de ritmo también te volverá loc@ Si no le has prestado atención a este tema, hazlo, lo merece, te estás perdiendo una joya.

«My Friend of Misery» por Irene Vernedas

La undécima y penúltima pista del álbum es «My Friend of Misery», que aún ser una canción bastante conocida de la banda, nada tiene que ver con los famosísimos «Nothing Else Matters» o «Enter Sandman», por ejemplo. De todas formas, es un tema profundo y sereno, que concuerda estupendamente con el rollo oscuro del Black Album en general.

Realmente no hay nada más melancólico que la miseria, y así lo plantean en los 6:50 minutos que dura la canción. La letra es significativamente triste, el tempo es lento y calmado, las guitarras suenan desoladas y el conjunto parece sacado de un período de desánimo de la banda.

La intro de bajo escrita por Jason Newsted es quizás una de mis partes favoritas de todo el Black Album, y es que crea una atmósfera tan palpable que casi te podrías meter dentro a llorar. Lars no suena demasiado atronador, aunque sí marca un tempo muy claro con el que se resaltan los momentos más álgidos de la canción al grito de «Misery!». En la segunda mitad del tema cada instrumento encuentra su lugar mientras los solos de Hammett resuenan portentosos. Un dato destacable es que este tema estaba inicialmente pensado para ser instrumental, y de hecho lo grabaron como tal. Finalmente, pero, decidieron añadirle la voz, cosa que no creo que quede mal ni nada, pero tampoco pienso que le hiciera falta especialmente.

Si habéis tenido la oportunidad de escuchar esta canción en directo sabréis que los hábiles músicos de Metallica tienen la maña de hacerla sonar la mitad de depresiva de lo que suena en la grabación. Y por si, como yo, aún no habéis tenido esa suerte, aquí os dejo un ejemplo en forma de vídeo:

«The Struggle Within» por Joan Calderon

Debe ser esa batería marcial… o ese inicio que me parece reciclado de las sesiones de ...And Justice for All  pero a mi este tema me parece menor e intenta adaptar lo que habían hecho con «Damage, Inc.» en el Master of Puppets o con «Dyers Eve» en el …And Justice for All, un tema rápido final.

«The Struggle Within» acaba siendo un híbrido de su nuevo estilo con esas canciones rápidas y rabiosas de sus dos anteriores discos. Un experimento un poco fallido.

Los coros no me gustan, muy glammys para mi gusto. Quizás deberían haber intentado meter algo de la vieja escuela thrash, pero bueno este disco era otra cosa.

Hay que reconocer el riffaco es brutal, que Lars le mete una marcha más y que está muy en la onda de «Holier Than Thou», uno de los temas menores del álbum.

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