Crónica y fotos del concierto de Carach Angren + Wolfheart + Thy Antichrist + Nevalra - Sala Razzmatazz 2 (Barcelona), 20 de junio de 2019

Carach Angren lideran una gran noche de black metal (y Wolfheart) en un Razz 2 casi en familia

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Datos del Concierto

Bandas:
Carach Angren + Wolfheart + Thy Antichrist + Nevalra
 
Fecha: 20 de junio de 2019
Lugar: Sala Razzmatazz 2 (Barcelona)
Promotora: Rock 'n Rock
Asistencia aproximada: 230 personas

Fotos

Fotos por Noelia Perez

Aprovechando su presencia en múltiples festivales europeos, los holandeses Carach Angren se han embarcado en la gira más larga de su carrera para unir todos esos grandes eventos al aire libre mediante multitud de conciertos en sala con los que decirles a todos los que quieran oírlo que su magnética teatralidad les sitúa en un plano distinto a todas las bandas de black metal y de metal sinfónico que corren por esos escenarios de dios. Para dar enjundia a la gira han enlistado a unos infalibles Wolfheart que se apuntan a un bombardeo (y me encantan, pero parece que tengan ya un piso por aquí), así como a un dueto de bandas americanas totalmente desconocidas para mí y que acabaron resultando la mar de interesantes tanto en lo musical como en lo visual como fueron Thy Antichrist y Nevalra.

De todas maneras, y por mucho que el cartel resultara atractivo sobre el papel, las perspectivas a pocas horas del concierto no eran demasiado halagüeñas: con tres de sus cinco fechas en la península canceladas (presumiblemente por baja venta de entradas), con festivales los fines de semana antes y después (y al siguiente, y al otro), siendo noche entre semana y bandas que vienen a menudo…. la cosa no apuntaba nada bien, y al doblar la calle donde se encuentra la entrada del Razzmatazz 2 la cosa apuntaba aún peor: el Pepe cerrado, dos personas en la terraza del Kebab de al lado, y absolutamente nadie en las escaleras de acceso a la sala. La última vez que vi a Carach Angren abriendo para Fleshgod Apocalypse (un bolazo fue eso) ya pincharon bastante a nivel de asistencia, y hoy, sinceramente, me esperaba lo peor.

Nevalra

A medida que subía las escaleras con dirección a la puerta de acceso pude oír como los americanos habían empezado su concierto con unos minutos de adelanto. Y cuando entré en la sala convencido de que ahí estarían los del grupo, los camareros y tres despistados, me sorprendí al encontrarme una setentena de personas repartidas por la pista, en su mayor parte apelotonadas ante el escenario donde el trío de Missouri (qué poco metalero que suena ese estado, ¿no?) descargaba su potente y buen blackened death metal con un sonido más que aceptable. Personalmente, tuve la oportunidad de conocerlos tan solo en las semanas previas al concierto, pero su reciente Conjure the Storm, publicado este mismo mes de junio y protagonista principal de su repertorio de hoy, me parece un trabajo mucho más que digno. No inventan demasiado, eso es cierto, pero suena la mar de bien.

Flanqueados por dos plafones con la portada del disco (de un estilo entre Hypocrisy y SepticFlesh), tanto Cody Sprock como Scott Eames no pararon de moverse de un lado para otro mientras el muy solvente Zach Lindsey se parapetaba tras el armatoste de tamaño considerable que iban a compartir los cuatro grupos de hoy (y que iba a permitir que todas las bandas pudieran disfrutar del escenario al completo). Curiosamente (algo que íbamos a entender en un rato, pero que entonces pareció raro), solo el cantante / guitarrista de la banda llevaba corpse paint, mientras que sus dos compañeros iban vestidos totalmente de calle. Su black metal es accesible, afilado y más o menos melódico, lo ejecutaron bien y no necesitaron de artificios para arrancar la aprobación de un público que, lejos de apasionarse, sí que se los miró con atención y asentimiento. Su descarga duró unos escasos treinta minutos y acabó de forma extrañamente abrupta, pero por lo demás, Nevalra dieron un concierto notable y fueron una agradable sorpresa.

Setlist Nevalra:

Terror Throne
… Of Ruination
Amidst the Ivory Towers
It Dies in Vain
Conjure the Storm
Prophet for Prophit

Thy Antichrist

Difícilmente he visto un cambio de bandas más rápido que éste en mi vida, ya que exactamente ocho minutos después de que Nevalra se bajaran del escenario empezaba la descarga de Thy Antichrist. Telón de fondo desplegado, plafones laterales retirados, platos cambiados, y ale, a tocar. Al ver a la banda al completo sobre el escenario entendimos el corpse paint del cantante de Nevalra durante el concierto anterior: Scott iba a doblar hoy tocando también la guitarra en Thy Antichrist, y aquí sus compañeros sí que le iban acompañar en sus pintas. Por lo que no estábamos quizás preparados si no conocíamos a la banda (yo no la conocía demasiado tampoco) es para la imponente figura de Andrés Vargas, que apareció sobre las tablas con un maquillaje poco menos que impresionante: cara, cuello, torso, brazos, manos, espalda e incluso pelo blanquecino estaban cuidados al máximo, y gracias a ello y a una actitud brutal el tío se erigió en el gran protagonista del concierto y, con permiso de Andrés, en el frontman estrella de la noche.

Durante su actuación se sirvió de una capucha, de un abrigo y de un cayado con cabeza de chivo para representar las diversas facetas de su personaje. A medida que pasan los minutos, el incansable Andrés (también llamado «Antichrist 666«) bebe y escupe sangre, coge el micrófono haciendo cuernos y se contorsiona sin cesar. La música, un black metal primigenio, veloz y feroz que sonó, para mí, mejor que lo que me pareció en disco, fue en gran parte una banda sonora al espectáculo que se estaba marcando el impresionante frontman, siempre metido en su papel. El resto de componentes de la banda se mantuvieron en un completo segundo plano, e incluso los focos los evitaron mientras un doble frontal blanco apuntaba constantemente al vocalista colombiano (que, por cierto, no dijo casi ni una palabra en español). Cabe decir que, realmente, esta banda la fundó Andrés en su Colombia natal allá por 1998, y al mudarse a Estados Unidos (concretamente a Dallas) en 2011 cambió su formación al completo.

Durante su larga pero quizás irregular carrera han grabado dos discos, el último de ellos titulado Wrath of the Beast y publicado en 2018. El repertorio fue bastante equilibrado entre ambos y, también, entre algunos singles y splits que han ido rellenando el largo periodo de tiempo entre uno y el otro. La ejecución de la banda fue también muy buena, con especial mención para el bajista Benjamin Shanks, que con su instrumento de seis cuerdas y sus constantes tappings y acordes, le dio mucho cuerpo a la ya de por sí brutal y viciosa música de la banda. En cuanto al sonido, hubo momentos en los que no pudimos dejar la cabeza quieta con lo contundente que sonaba eso, y otros en los que todo se convirtió en una bola ininteligible. Aún así, nunca llegó a ser un desastre (que con este tipo de música pasa a menudo) y, al contrario, consiguieron enganchar a un público que respondió y los despidió con gritos y puños al viento.

En cuanto a mí, y aunque musicalmente me gustaron más de lo que me esperaba, el gran activo de la banda me sigue pareciendo su propuesta escénica y, en particular, el currazo espectacular que se mete Andrés en atrezzo personal y en la encarnación de su imponente y maléfico personaje para tocar exactamente 34 minutos. Una bestia del escenario sin la cual, posiblemente, esta banda no sería lo mismo. En todo caso, me convencieron plenamente y, por lo que pude intercambiar con otros asistentes que les conocían tan poco como yo, no fui en absoluto el único que se los apunta en su libretita de bandas a seguir.

Setlist Thy Antichrist:

Intro
Between God and the Devil
The Great Beast
Where is your God?
Destruction Times
Metal to the Bone
Desolation

Wolfheart

Los finlandeses Wolfheart son una banda que me flipa. Bien, no solo eso, sino que casi todos los proyectos en los que ha metido la zarpa el señor Tuomas Saukkonen me parecen maravillosos. Supongo que al igual que casi todo el mundo, conocí por primera vez su trabajo gracias a Before the Down, y a medida que he ido descubriendo bandas como RoutaSielu, Down of Solace, Black Sun Aeon y otras, más me he convencido de que el chaval es un puto genio. En 2014 dio carpetazo a todos estos múltiples proyectos para formar su banda definitiva, Wolfheart, y desde entonces su incansable actividad se centra en lo que él mismo ha llamado Winter Metal. Cuatro discos y múltiples giras en estos cuatro años hablan por sí solas de la capacidad de trabajo de Tuomas y sus compañeros, y seguramente no mentiría si digo que se encuentran en el momento más brillante de una carrera en constante crecimiento.

Gracias a tanta actividad, en cosa de un par de años y medio los debo haber visto hasta cinco veces: vinieron de cabezas de cartel junto a Eternal Storm, luego los vi en el Iberian Warriors de 2017, en el Rock Fest de 2018 y abriendo para Omnium Gatherum este pasado noviembre en la Sala Boveda. Y a pesar de que se trata de una banda cuyos discos me encantan, sus directos han sido más bien irregulares: el primero y el tercero fueron la leche, el segundo fue un desastre y el cuarto se quedó un poco a medias. Así que, lejos de ser previsibles, parece que nunca sabes exactamente qué te vas a encontrar. Aún y todo, su adictiva presencia fue el mayor reclamo para que yo estuviera hoy en la Razzamatazz 2. Pero… ¿con qué Wolfheart nos vamos a encontrar hoy?

Antes de desvelar la respuesta a esta pregunta, dejadme que os diga un par de cosas que me revientan de los conciertos de la banda finlandesa. El primero es que, repetidamente, ignoren por completo los temas de Tyhjyys, que es el disco que más me gusta de los cuatro que han publicado hasta el momento. Tuomas dijo en esta entrevista que es porque se acabaron convirtiendo en temas muy personales para él, pero joder. La otra es que todas las guitarras acústicas sean grabadas. Siempre. Sin excepción. Con lo que molan las guitarras acústicas de esta gente, ¿no se podría hacer un pequeño esfuerzo? Por eso mismo, los primeros minutos de su actuación transcurrieron enteramente vía altavoces, ya que la intro de esa ya icónica «Everlasting Fall» que abre su último disco está trufada que guitarras acústicas que una vez tras otra se niegan en redondo a trasladar al directo.

Aunque el sonido empezó siendo terrible y ya me temía que hoy nos tocaba comernos de nuevo una de arena, allá por la mitad del primer tema la cosa mejoró notablemente. No os creáis tampoco que pudimos cantar victoria, ya que la irregularidad en la calidad sónica fue una constante durante toda su descarga: hubo momentos en que todo estaba a sitio y sonaba atronador, pero en otros era absolutamente imposible entender nada ni identificar qué canción estaban tocando. Muchos, o al menos yo, se preguntaron qué hacía una banda como Wolfheart en una gira de black metal como ésta. Los finlandeses pueden ser duros, oscuros y extremos, pero nadie diría que hacen black metal. Y no lo hacen, pero este último Constallation of the Black Light tiene más elementos del estilo que nunca, y esta inicial «Everlasting Fall» (que es un temazo épico de cojones) se lleva la palma entre todas, con blast beats a tutiplén alternando con su tradicional y áspera melancolía.

Después de la merecida ovación que mereció este primer corte, engancharon con el evocador piano (también grabado, claro) que abre la preciosa, brutal y ya icónica «Aeon of Cold», perteneciente a su segundo álbum y uno de los máximos exponente de la dicotomía dureza / belleza que caracteriza el sonido de la banda. Siguieron con una potente, melódica y quizás poco habitual «Strength and Valour», un tema que no se distinguió demasiado bien y con el que empezaron a dejar claro que, como siempre, iban a dar mucha más importancia a sus primeros trabajos que a los últimos (seis temas en total de los dos primeros discos por dos de los dos últimos). Eso es algo que no me parece ni bien ni mal pero que no acabo de entender, sobretodo teniendo en cuenta que el público ha abrazado cada disco, nuevo o viejo, con total unanimidad. De hecho, y por curiosidad, acabo de mirar en Spotify y veo que solo tocaron cuatro de sus diez temas más populares, algo poco habitual en una banda con solo cuatro discos en el mercado.

La celebrada «Breakwater» fue la segunda y última representación de su último disco, y ésta sí que sonó, sin reservas, brutal. Como siempre, el bajista Lauri fue el encargado de dirigirse al público (aunque esta vez tampoco lo hizo demasiado), mientras que el gran líder se mantenía en un segundo plano, plantado en medio del escenario con su imponente figura y con los ojos muchas veces cerrados mientras siente cada una de las notas que está tocando. Pocas bandas tan agresivas contienen tanta melancolía y tanta sensibilidad en su interior, y creo que esa definición se puede aplicar probablemente también a Tuomas, un tío cachas, rapado y tatuado hasta las orejas que de encontrarte en un callejón oscuro saldrías por patas, pero que por dentro es un hombre sensible y muy humano.

La segunda mitad del set fue un reguero de clásicos, con la maravillosa «Zero Gravity» brillando quizás por encima de todas, aunque tanto la larga y culebrera «Veri» como la genial «The Hunt» con la que se dieron a conocer y la trallera «Ghost of Karelia» que cerró su corto set (y generó un mosh pit que puso de manifiesto que estábamos bastante en familia) son temazos realmente excepcionales que me pusieron a sacudir la cabeza cerca de las primeras filas. Una vez más, y al igual que ocurrió después de su concierto junto a Omnium Gatherum, más de uno me comentó cuan genial les había parecido el bolo. Me alegro de oírlo, sin ninguna duda, pero joder, a mí no me lo pareció tanto ni mucho menos, con lo que empiezo a creer que soy yo y no ellos. Wolfheart tienen un cancionero espectacular y son gente encantadora, pero esta vez tampoco me volaron la cabeza más allá de momentos muy concretos. Sea como fuera, estoy seguro que la próxima vez que vengan volveré a estar ahí como un clavo.

Setlist Wolfheart:

Everlasting Fall
Aeon of Cold
Strength and Valour
Breakwater
Veri
Zero Gravity
The Hunt
Ghost of Karelia

Carach Angren

No me interesé por la música de los holandeses Carach Angren hasta que los vi teloneando a Fleshgod Apocalypse en esta misma sala hace cosa de dos años y medio. De hecho, solía confundir su nombre con el de Cephalic Carnage (mira, cosas) y siempre que me daba cuenta que no eran ellos me frustraba un poquito. Pero ese día de enero de 2017 que me encontré cara a cara con ellos en el foso me flipó su puesta en escena, su dinamismo, sus artilugios e, incluso, lo contundente que sonaba de su música. Hasta el punto que los puse totalmente en mi radar y cuando al cabo de poco sacaron un nuevo disco, el irregular Dance and Laugh Among the Rotten, me lo escuché con atención y, aunque no me apasionó en ese momento, se hizo totalmente merecedor de una reseña en nuestras páginas.

Unos meses más tarde volvieron junto a Rotting Christ, un concierto al que no pude ir (creo, de hecho, que se solapaba con la visita de Metallica al Sant Jordi), así que cuando los anunciaron junto a mis adorados Wolfheart en esta larga gira que les trae a la mitad de festivales europeos no dudé ni un segundo en apuntarme y esperar disfrutar de nuevo de su excelente espectáculo. Además, en una interesante charla que pude mantener hace unos días con su teclista Ardek, me prometieron sorpresas y la mayor producción (o eso entendí) de toda su carrera, así que ahí veníamos con todas las ganas.

Y bien, tan pronto se subieron al escenario pudimos ver que esa parte de la promesa no la iban a cumplir: ni había un triste telón de fondeo, ni Seregor llevaba su amenazadora guadaña como soporte de micrófono, ni (lo que es peor) llevaban el fascinante brazo hidráulico que aguantaba y sacudía el teclado de Ardek en todas direcciones. No puedo negar que darme cuenta de eso me supuso una decepción bastante seria, sobretodo si venía esperando que, como cabezas de cartel, se lo iban a currar más que nunca en este sentido. Claro que es una decepción algo injusta, y a todos los que no venían con tales expectativas supongo que les dio igual. En todo caso, espero que esa ausencia sea una cuestión circunstancial de esta gira, ya que esos gadgets les daban un punto diferencial y sorpresivo realmente interesante.

Así que tocaba centrarnos totalmente en la música, que ya está bien. La banda como tal la forman los hermanos Wijers (Namtar tras los parches y Ardek a los teclados), mientras que teatral Seregor se encarga de la voz. Si la última vez fue una personalidad del nivel de Jack Owen, ex de Cannibal Corpse y de Deicide, en esta ocasión fue un chico desconocido que se llama Baastian Boh pero al que llaman «The Butcher» el que se puso a rasgar las seis cuerdas, aunque su imagen y su maquillaje fueron muy similares a los que llevaba el americano entonces. Ardek es el gran mastermind de la banda, escondido tras la inmensa risa sardónica que abandonó al cabo de unas canciones. mientras que la actuación del vocalista Seregor es sencillamente espectacular, ya no solo a la voz sino también con su vestimenta y su actitud terrorífica. Ambos llevan las riendas de la banda a nivel escénico con máxima teatralidad, y si lo pensamos bien, la verdad es que no necesitaron de muchos más artificios para convencer tanto musical como escénicamente a todos los que vinieron a disfrutar de su descarga.

El repertorio estuvo bastante equilibrado entre el total de su discografía, exceptuando el sorprendente desdén hacia This is No Fairy Tale…, que fue entera y vilmente ignorado por la banda. Personalmente, tampoco diré que soy un gran experto en su catálogo, porque no lo soy, pero los conozco y aprecio lo suficiente como para flipar con temas que me encantan como la pegadiza, veloz y orientaloide «The Carriage Wheel Murder», la épica y muy sinfónica «The Funerary Dirge of a Violinist» o los cuatro temas (seguidos) que tocaron de su último disco, con la genial y bailonga «In De Naam Van De Duivel» y la bombástica «Pitch Black Box» al frente de todas ellas. Fue éste el momento en el que Seregor (que es un frontman que te cagas) apareció con una florida corona y una máscara de esqueleto de boca movible, dándole una imagen aún más espectacular de lo habitual. Poco después destapó un maniquí que hasta el momento se había mantenido escondido, al que hizo sangrar profusamente después de clavarle un cuchillo en el cuello (un truquito algo cutre, si me permitís que lo diga, sobretodo comparado con el puñetero brazo hidráulico que llevaban antes)

Acabaron sus sesenta minutos largos de actuación con dos de sus grandes temas, en este caso «Bloodstains on the Captain’s Log» y la enloquecida «Bitte Tötet Mich», un tema casi cercano al death metal. Aunque musicalmente hubo momentos en los que se hicieron un poquito lineales y a mí me dio rabia que su atrezzo fuera tan limitado y que llevaran tantas capas grabadas (hubo un momento durante la interpretación de «Spectral Infantry Battalions» en el que sobre el escenario solo había cantante y batería, pero ahí sonaba de todo), se despidieron bajo una ovación de gala y la sensación general que su concierto fue un exitazo. Y la verdad es que lo fue, ya que los holandeses fueron capaces de sonar misteriosos y contundentes y de animar a todos con su terrorífica pero accesible puesta en escena. Carach Angren son, a pesar de llevar ya unos años en esto, una de las bandas más prometedoras de la escena black metal más teatral. Esperemos que la próxima vez que vengan haya más público para comprobarlo.

Setlist Carach Angren:

The Sighting is a Portent of Doom
General Nightmare
The Carriage Wheel Murder
Spectral Infantry Battalions
In De Naam Van De Duivel
Blood Queen
Charlie
Pitch Black Box
A Strange Presence Near the Woods
Heretic Poltergeist Phenomena
The Funerary Dirge of a Violinist
Bloodstains on the Captain’s Log
Bitte Tötet Mich

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Sobre Albert Vila 842 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.