Crónica y fotos del concierto de Leprous + The Ocean + Port Noir - Sala Apolo (Barcelona), 16 de noviembre de 2019

Barcelona abraza otra vez a unos impecables y emotivos nuevos Leprous

Datos del Concierto

Bandas:
Leprous + The Ocean + Port Noir
 
Fecha: 16 de noviembre de 2019
Lugar: Sala Apolo (Barcelona)
Promotora: Madness Live!
Asistencia aproximada: 800 personas

Fotos

Fotos por Manuel Damea

Que a estas alturas Leprous son una de las bandas más excitantes del nuevo milenio es algo que no admite mucha discusión. Disco tras disco y concierto tras concierto, los de Einar Solberg han estado reinventándose sin miedo a mirar atrás, y gracias a su talento, su confianza y su capacidad trabajo, cada uno de esos cambios han sido recibidos con los brazos abiertos por una cantidad cada día más grande de fans que los adoran. Su relación con Barcelona ya ha superado la infatuación primeriza de esos años en los que venían a menudo a consumar encuentros apasionados y fugaces para convertirse en un amor mutuo y sólido, una segunda casa que han visitado ya incontables veces y que cada vez les demuestra más calidez y es capaz de llenar salas más y más grandes.

Y mira que al cambio que ha supuesto Pitfalls es difícil de abrazar si lo que tenías en mente son los Leprous que muchos conocimos a través de discos como Bilateral, Coal o The Congregation. Pero como leí en un sentido y sincero comentario al vídeo de Youtube de «Alleviate», «Leprous han llegado a ese punto en el que si graban un pedo, me va a encantar«. Con eso no quiero comparar su último disco con el sonido de una flatulencia, obviamente, pero tal afirmación viene a ejemplificar la confianza ciega que los noruegos se han ganado entre el personal a base de discazos y de una carrera valiente y rebosante de originalidad. La gente se mira a Leprous con buenos ojos, y eso se traduce, una vez más, en la necesidad de una sala aún más grande que la anterior para albergar un público que casi hizo que Apolo se quedara pequeño.

Por si una nueva visita de Einar, Toro, Baard y compañía no fuera atractivo suficiente, el cartel de esta gira resultaba especialmente excitante, sobre todo, para la sección más metalera de su fanbase (¡Hola!). Es verdad que la propuesta de Port Noir puede resultar algo más inclasificable (aunque gustaron bastante… creo), pero contar con la presencia de The Ocean hoy aquí es todo un regalo. Los alemanes son, a mi juicio, una de las mejores puñeteras bandas de la actualidad, cuentan sus discos por auténticas maravillas sónicas y su directo es bastante impactante, por decirlo de forma suave. Quizás aquellos fans que se han enganchado a Leprous gracias a Pitfalls encontrarán que los de Münster son insportablemente agresivos y ruidosos, pero a mí me pareció un telonero prácticamente inmejorable.

Por último antes de meternos en situación, apuntar que este sábado de mediados de noviembre, como es habitual en esta época, contaba con una competencia feroz a nivel de conciertos. Por un lado teníamos la segunda jornada del Damask Metal Fest, que por lo que parece no acabó de funcionar tan bien como les hubiera gustado a nivel de asistencia a pesar de contar con todo un cartelón. En Boveda estaban Vhäldemar y Muro, y ya os aseguro que había unas cuantas propuestas interesantes más que nosotros no llegamos a cubrir. Por si fuera poco, en la planta baja de la propia sala Apolo también hubo otro bolo que colgó el cartel de sold out, con unos Thrice que, según los que fueron, lo petaron lo que no está escrito. Y aún así, el aspecto que presentó la grande de las Apolos fue maravilloso. Así que me reafirmo en lo que digo a menudo: ¿no os parece que últimamente hay más gente en los conciertos, en general? Yo lo tengo bastante claro.

Port Noir

Si vienes en coche como hice yo, un sábado por la tarde en Apolo es, probablemente, de lo peor que te puede pasar. Tienes que entrar hasta el puñetero centro de Barcelona, compartir calzada con centenares de otros vehículos que han pensado lo mismo y repartirte el escaso espacio para aparcamiento que se encuentra en las estrechas calles aledañas entre toda la borregada que ha decidido entretener su tarde en uno de los múltiples teatros del Paral·lel. Ojo, que ya está bien que la gente vaya al teatro, faltaría más, pero el resultado es que acabas dando un montón de vueltas frustrantes, refunfuñadas y a trompicones para resignarte a meterte en un parking si no quieres llegar más tarde aún de lo que ya llegas. El pan de cada día, y el de hoy también.

La razón por la que invierto un párrafo entero explicando mis dificultades para llegar y aparcar es, básicamente, porque por culpa de eso no vi casi nada del concierto de Port Noir. Sí, ya sé que podía haber salido antes y todo lo que queráis, pero el hecho es que no lo hice (¿qué pasa?). Cuando por fin llegué, subiendo el último escalón de acceso a la sala principal de Apolo (ya casi llena) a las 19:18, el trío sueco justo empezaba con «13», un tema entre alternativo y popero que me dio bastante el pego y que combinaba muy bien con sus pintas ultra modernas (no los recordaba yo así, la verdad) y los muy resultones cartelones luminosos colocados en el suelo anunciando el nombre de la banda y llenando el resto del escenario de penumbra. Pero cuando me empezaba a quitar el jersey y me preparaba para disfrutar del principio de lo que prometía ser una noche de las grandes, acabaron el tema, se descolgaron los instrumentos, dijeron muchas gracias y se fueron rápidamente por donde habían venido, dejándome con un palmo de narices tras haber visto siete tristes minutos de su concierto.

Así que vamos, poco tengo que decir de su descarga, pero no parecía que fueran a estar mal.

Setlist Port Noir:

Young Bloods
Flawless
Blow
Champagne
Old Fashioned
13

The Ocean

En todo caso, y a pesar de sentir cierta contrariedad ante ello, aún puedo rezar que lo que me perdí fue el bolo de Port Noir y no el de The Ocean, porque ahí sí que me habría cabreado de verdad. Los alemanes son la pu-ñe-te-ra-le-che, y no os engaño si os digo que tenía casi tantas ganas de verlos a ellos como a los cabezas de cartel de hoy. Mira que Leprous son mucho Leprous (a pesar de que, como ya hablaremos largo y tendido unos párrafos más abajo, su último disco me deja con sensaciones algo agridulces), pero The Ocean me parecen una de las bandas más excitantes y con más garra del panorama europeo contemporáneo, y todos y cada uno de sus trabajos recientes como son Heliocentric, Pelagial o Phanerozoic I: Paleozoic (que iban a ser los únicos que iban a sonar hoy, y también mis favoritos de su discografía) se cuentan por sobresalientes altísimos.

Durante la gira de Pelagial (que a mí me parece un disco sencillamente espectacular, y por eso lo coloqué en un sobrado y convencido número 1 de mi lista de lo mejor de ese 2013) tuve la oportunidad de verlos en dos ocasiones: en el Resurrection Fest, donde dieron un bolo más que notable, y en esta misma sala Apolo en aquel ambicioso y tristemente inexitoso Madness Day que consiguió reunir, en una misma tarde, a Riverside, MONO, The Ocean y Solstafir. Ese día su bolo fue una auténtica locura, con Loïc Rosetti subiéndose a la galería superior del Apolo (que está a unos cuantos metros de altura) para saltar encima del público y, de paso, cargarse parte de las bonitas luces que la decoran. Entre los que estuvimos allí había ciertas esperanzas de que la volviera a liar, pero aunque su concierto siguió siendo tremendo, la cosa estuvo bastante más calmada y no tuvimos que lamentar (o celebrar, según como se mire) daños materiales.

Tan pronto empezaron a sonar las primeras notas de «Permian: A Great Dying» entre humo abundante y penumbrosas luces verdes, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo y sentí la imperiosa necesidad de acercarme a las primeras filas, donde un montón de gente se amontonaba ante el escenario junto a los pobres fotógrafos (qué feliz que soy de no tener que hacer ya fotos en según qué circunstancias, no os lo podéis ni imaginar), esperando en gran parte, y como si una banda grande se tratara, a que salieran los grandes protagonistas de la noche. Pero desde el pequeño lateral en el que me coloqué (y que, por cierto, estaba justo al lado del espectacular batería que es Paul Seidel, situado en una esquina porque el inmenso y aún cubierto instrumento que iba a usar Baard Kolstad en unos minutos ocupaba toda la parte central del escenario), lo cierto es que pude sentir tanto física como espiritualmente la energía que desborda esta brutal banda sobre el escenario. Porque os lo aviso desde ya: lo de The Ocean fue un bolazo de principio a fin.

Aunque el sonido empezó siendo algo apagado y su normalmente sobreexcitado vocalista se mantuvo en segunda línea con un foco que lo hacía destacar entre la oscuridad generalizada, rápidamente la banda alemana puso el pie en el pedal del gas, nos agarró de las pelotas (o de los ovarios) con el puño cerrado y ya no nos soltó hasta al cabo de unos 50 minutos que se hicieron absurdamente cortos y en los que se sucedieron canciones de sus dos últimos discos (pocas, claro, porque son bastante largas). «Mesopelagic: Into the Uncanny», para empezar, es un temarraco memorable, uno de los mejores de su carrera y de la década en general, y hoy sonó absolutamente como tal, solo echando en falta la presencia de un celista que le diera el tamiz de realidad y calidez que nos acostumbra en disco. La energía que llega a acumular un pepinazo así es casi indescriptible, y personalmente creo que perdí un poco los papeles en mi pequeña y reservada esquina.

«Silurian» y las dos partes de «Bathyalpelagic» no hicieron más que poner un poco más en peligro mis cervicales, y mientras las primeras filas enloquecían ante el puñetazo sónico que estaban recibiendo, encima del escenario todos los miembros de la banda se encontraban ya on fire, subiéndose continuamente a las plataformas centrales y laterales y sacudiendo sus columnas verticales como si no hubiera mañana tanto en las partes más violentas como en las más evocadoras. Aunque nadie se guardó ni una sola gota de sudor, estos tíos son buenísimos y un concierto suyo es una catarsis colectiva bastante seria, desde mi posición no pude más me que quedarme absolutamente atrapado ante la maravillosa actuación del señor Seidel, un batería que puede pasar desapercibido pero que se tira todo el concierto construyendo ritmos inseguibles y haciendo verdadera magia tras los parches.

Después de una última visita a Paleozoic con «Devonian: Nascent» (un tema cuya versión en estudio cuenta con la participación de Jonas Renkse de Katatonia), cerraron con la única concesión a su también genial Heliocentric. En otros conciertos sé que habían tocado la brutal «The Origin of God», pero aquí se soltaron algo sorpresivamente con «Firmament», otro temarrazo que, a pesar de no sonar quizás tan potente y compacto como todo lo que habíamos podido escuchar hasta ahora, me enloqueció exactamente igual. A falta de subirse a la galería (una pequeña decepción, para qué mentir), Loïc decidió lanzarse con fuerza y sin avisar encima del público, y la verdad es que por culpa de tal impulsividad le vino de un pelo que no se estrella de bruces contra el suelo, porque la gente no estaba en absoluto preparada. El concierto acabó bien poco después, dejando a la gente extasiada y pidiendo voluntariosamente un bis que todo el mundo sabía imposible. The Ocean son una banda espectacular, y hoy lo demostraron de nuevo. Espero que tengamos la oportunidad de verlos pronto en show propio, porque yo no me lo perdería por nada del mundo.

Setlist The Ocean:

Permian: The Great Dying
Mesopelagic: Into the Uncanny
Silurian: Age of Sea Scorpions
Bathyalpelagic I: Impasses
Bathyalpelagic II: The Wish in Dreams
Devonian: Nascent
Firmament

Leprous

Bueno, bueno, bueno. ¿Qué decir de Leprous a éstas alturas que no hayamos dicho ya? Einar y compañía se han ido convirtiendo de forma firme pero creciente en un fenómeno que, como su propia música, empieza a trascender el rock, el prog y el metal para convertirse en un género y un nombre por si mismo. Su talento innato y la valentía que demuestran en cada nuevo disco y en cada nueva reinvención les ha grangeado un aura de respeto y admiración unánime que se traduce en mayores audiencias y más apasionadas devociones a cada paso que dan. A algunos nos pueden gustar más o menos los derroteros que está tomando su música últimamente (a mí personalmente me están gustando menos, y a pesar de que considero que Pitfalls es un disco magnífico, lo pongo sin duda entre mis menos favoritos de la banda), pero negarles la valía y la calidad sería algo que solo un necio podría hacer.

Hablando de mí, me considero fan locaza de Leprous desde que les descubrí con los últimos coletazos de Bilateral y, sobre todo, a raíz de la publicación de Coal. Tanto este como The Congregation me mantuvieron obsesionado durante algún tiempo (este último, en mi mundo, es uno de los diez – o cinco – mejores discos de la década tranquilamente), y también Malina me gustó lo suyo (tanto, que llevado por mi amor ciego a la banda le casqué un exageradísimo 10 cuando lo reseñé – una nota que hoy bajaría sin duda -). En cada uno de ellos se produce una evolución y un cambio evidente, así que encontrarnos de bruces con algo tan complicado de asimilar como es Pitfalls no debería sorprender demasiado a nadie. Aún así, a mí sí me sorprendió mucho y me costó hacerme a él, pero la sensación que tengo es que los aficionados a la banda lo han abrazado sin ningún tipo de esfuerzo, y en todos los corrillos en los que participé durante el concierto no pude escuchar más que elogios hacia él.

Durante todos estos años como mesías incondicional de la banda en los que los he introducido a incontables víctimas y los he loado hasta ser cansino, también he tenido la oportunidad de verlos unas cuantas veces (además que los tíos han venido mucho, mucho), y en casi todas ellas he salido con una sacudida de espíritu y una sonrisa de oreja a oreja. Y eso que no estuve en esas ya casi míticas primeras visitas abriendo para Therion o para Amorphis de las que más de uno habla con el orgullo ese de «yo estuve allí«, ni tampoco en la gira de presentación de Coal. De hecho, la primera vez que les vi fue en ese extraño e improvisado matchembrado entre su gira y la de Annihilator, en una noche rarísima de 2015 en la que creo que el público de Razz 2 acabó con una sensación de confusión y cerrazón de mente aún mayor que antes.

Pero ese bolazo fue espectacular, y lo que vino después, también: el mágico AMFest de 2016 en esta misma Sala Apolo, la apertura para Devin Townsend y Between the Buried and Me en Razz y la presentación de Malina en Bikini junto a Agent Fresco (sí, no los vi en ninguno de los dos Be Progs). Todos ellos fueron bolazos espectaculares (a mi juicio, el último quizás un poco menos) que cimentaron mi vínculo irrompible con los chicos de Einar Solberg, cuyos directos son garantía de excelencia, energía, entrega y emotividad. Mi amor por ellos, al igual que sienten tantos otros, es a día de hoy incondicional, así que me guste más o menos su último disco o cualquiera de ellos, la noche prometía ser de nuevo genial.

Y eso que, de buenas a primeras, hoy las cosas no pintaban demasiado bien. Poco antes de abrir puertas la gente de Madness Live! publicaba un comunicado en Facebook diciendo que Einar tenía un gripote de consideración y que no cancelaban por respeto a los fans. Durante el cambio de bandas, Juan Antonio Muñoz, director de la promotora murciana (una promotora que, por cierto, apostó fuerte por la banda desde el primer día y me atrevo a afirmar que son parte activa de su éxito en España), se subió un momento al escenario para volver a comentar lo mismo: que el vocalista de la banda estaba que se caía por los suelos y que de no ser gente maja, profesional y entregada habrían cancelado el concierto seguro. Suspiros y caras de circunstancias en la sala.

Pero a la hora de la verdad, lo que ocurrió fue algo parecido al concierto de The Haunted de hace como año y medio: entonces su guitarrista Patrick Jensen estaba que tenían que arrastralo literalmente para ir de un sitio a otro, y una vez en escena se pegaron un bolazo que dejó el suelo de Boveda encharcado de sudor. Eso fue brutal, pero quizás lo de Einar hoy es aún más admirable, porque la exigencia vocal de una banda como Leprous es inmensa, y creo que tan solo los más observadores y delicados fueron capaces de detectar ningún tipo de imperfección en su actuación. Y no solo eso, sino que creo que casi todos estaremos más o menos de acuerdo que su performance tanto a nivel de voz como de actitud, simpatía y dinamismo fue absolutamente top.

No sé si la venta de entradas se animó aún más a última hora, pero poco antes de que los noruegos se subieran al escenario, y un poco por sorpresa, también acabaron por abrir la galería superior de Apolo, cosa que indica que estuvimos muy al borde del sold out. En cuanto a producción, el peso visual del concierto lo llevaron unas resultonas proyecciones sobre el telón posterior del escenario, con la batería de Baard tomando por fin una posición central y elevada en vez de estar relegada a una esquina como en los conciertos que les había visto en el pasado (cosa que tampoco estaba mal, ya que así podías observar mejor sus increíbles evoluciones). Después de una intro bastante larga a base de ruiditos atmosféricos, a las nueve en punto los seis miembros de la banda, tan elegantes como siempre, saltaron al escenario dispuestos a darlo todo, con el ya imprescindible violoncelista Raphael Weinroth-Browne ocupando de nuevo una posición protagonista tanto visual como, sobre todo, musical.

Como era de esperar, a la que se lanzaron con las primeras notas de «Below» el público enloqueció de inmediato. El tema que abre Pitfalls es muy resultón y tiene un estribillo previsiblemente épico en directo, aunque a mí me da un poco de reparo ver a Baard tan desaprovechado a la batería, forzado a seguir ritmos bastante básicos y otorgando todo el lucimiento a un Einar que se olvidó momentáneamente de su sintetizador y que nadie diría, ya desde ese momento, que tenía ningún tipo de problema físico. «I Lose Hope» es el acercamiento de los noruegos a bandas como Muse, y fue igualmente recibida con «oohs» y «aaahs». Desde tan temprano ya se venía a venir que el sonido iba a ser perfecto, y lo cierto es que los noruegos estaban sonando tan pristinos, nítidos y precisos como si hubieran puesto el disco por los altavoces.

Sin duda un muy buen inicio, pero yo insisto en que aunque estas canciones nuevas son magníficas, en lo personal no me enloquecen como lo hacían los temas antiguos. Y es curioso, porque si la última vez que les vi en Bikini pensé que los temas de Malina no me flipaban tanto como los más antiguos, a la que se animaron hoy con «Stuck» (de Malina), me costó poco engorilarme. Quizás es porque ya tengo ese disco mucho más asimilado (o porque sus canciones también me motivan más que las de Pitfalls), pero me pareció todo un temazo verdaderamente disfrutable. Pero cuando enloquecí de verdad fue cuando atacaron el motivante y acelerado ritmo matemático de «Third Law», un temarraco que me puso a mil y cuyo estribillo épico dejó mis cuerdas vocales para el arrastre. Cuando digo que mi reacción animal con estos temas versus los nuevos no tiene ni punto de comparación no lo digo por decir.

Leí que en Madrid hubo algunos problemas con los clásicos lerdos que se dedican a parlotear y molestar en los momentos más calmados y atmosféricos, pero aquí a la que alguien hacía el mínimo ademán de abrir la boca se veía silenciado por la masa. Un buen ejemplo es el casi canto gregoriano que se alargó más de lo habitual para dar pie a una preciosa «The Cloak» que sonó sencillamente espectacular y que la siguió su no menos maravillosa versión del «Angel» de Massive Attack. Un tema que siempre me ha encantado y que les viene con anillo al dedo. Yo para esos entonces ya estaba en perfecto éxtasis, y no me podía creer mi suerte cuando lo que vino después fue ni más ni menos que «The Price». Hasta entonces, un setlist absolutamente perfecto que recordaba mis mejores momentos con esta banda.

Ya se sabe que Leprous acostumbran a cambiar buena parte del repertorio y del orden de las canciones cada noche, así que nunca se acaba de saber qué vendrá después. Hoy, para mi desgracia, la segunda parte del concierto tuvo una intensidad mucho menor que la primera, alternando temas de Pitfalls como las preciosas «Observe the Train» y el gran y controvertido nuevo hit «Alleviate» (al que todo el mundo gustó). Y sí, sí, que son temazos, los tocan de la leche y suenan verdaderamente brutales en directo, pero ni ellos ni «Bonneville» (uno de los cortes que menos me gusta de Malina) me motivan ni remotamente igual que lo que habíamos vivido solo unos minutos antes.

La coreadísima y ovacionada «Distant Bells» dio paso a un pequeño solo de violoncelo que, a su vez, sirvió para abrir «From the Flame». El primer single de Malina fue a buen seguro uno de los temas más celebrados de la noche, y la verdad es que sonó impresionante y puso la sala patas arriba. Para terminar, y al igual que Pitfalls, la elegida fue «The Sky is Red», en la que unas luces evidentemente rojas tiñieron el escenario y la sala para crear una ambientación magnífica hasta acabar con ese final brutal y apoteósico a base de coros (hoy grabados, claro) y ritmos potentes e hipnóticos. Como resultado, por supuesto, delirio entre el público, aplausos, ovaciones y demás muestras de amor para cerrar un concierto impecable que gustó a todo el mundo.

A mí la verdad es que me pasó un poco como en Bikini. Claro que fue un bolazo excelente, claro que son insultantemente buenísimos y claro que tienen un carisma innegable, pero yo estaba acostumbrado a ir a ver a esta peña y acabar el concierto (perdonadme que sea tan explícito) bañándome en un charco de babas y semen. Y ahora eso no me pasa salvo momentos muy concretos (hoy, por ejemplo, solo en el periodo que fue de «Stuck» a «The Price»). Pero bueno, mea culpa. Está claro que soy de los pocos a los que les ocurre, porque todos los comentarios post concierto eran abrumadoramente exhultantes, así no me toca otra que resignarme. Aún así, un concierto de Leprous a este nivel es una experiencia mucho más realizadora que la mayoría de conciertos a los que uno pueda asistir. Los noruegos son grandiosos, y delante suyo solo está el cielo.

Setlist Leprous:

Below
I Lose Hope
Stuck
Thrid Law
The Cloak
Angel
The Price
Observe the Train
Alleviate
Bonneville
Distant Bells
From the Flame
The Sky is Red

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Sobre Albert Vila 745 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.