Radiohead – Pablo Honey: 30 años del decepcionante debut de los de Thom Yorke

Ficha técnica

Publicado el 22 de febrero de 1993
Discográfica: Parlophone Records / Capitol Records
 
Componentes:
Thom Yorke – Voz, guitarra
Jonny Greenwood – Guitarra, piano, órgano
Ed O'Brien – Guitarra, coros
Colin Greenwood – Bajo
Philip Selway – Batería

Temas

1. You (3:29)
2. Creep (3:56)
3. How Do You (2:12)
4. Stop Whispering (5:26)
5. Thinking About You (2:41)
6. Anyone Can Play Guitar (3:38)
7. Ripcord (3:10)
8. Vegetable (3:13)
9. Prove Yourself (2:25)
10. I Can't (4:13)
11. Lurgee (3:08)
12. Blow Out (4:40)

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Pocas veces había habido tanta unanimidad a la hora de definir el álbum debut de una de las bandas de rock que más y mejor desafió la idea misma de lo que tenía que ser precisamente eso, una banda de rock. Me refiero a Pablo Honey (1993), el debut discográfico de Radiohead, un trabajo que para la inmensa mayoría de los humanos no tiene nada de especial. ¿Quizá porqué veía la luz en una época en la que la gente estaba demasiado por otras cosas?

A inicios de los 90, la banda liderada por Thom Yorke decidió asaltar las listas al mismo tiempo que lo hicieron casi todos los demás álbumes revolucionarios de principios de los 90. No hace mucho, mi amado compañero Beto analizaba aquí mismo Where You Been (1993) de Dinosaur Jr., publicado solo dos semanas antes de este que aquí nos ocupa. También es la época inmediatamente posterior a la publicación de Wish (1992) de The Cure, que a su vez coincide con los inicios de la consolidación en el estrellato de Bono y los suyos tras la publicación de Achtung Baby (1991) y Zooropa (1993). Es la era de otras bandas más minoritarias como Belly o Lemonheads y decenas de otras bandas que alguna vez gobernaron las listas de éxitos alternativas, bandas de las que sentimos más o menos nostalgia pero en las que ya no pensamos demasiado. Como gran parte de los trabajos de las bandas de rock alternativo de aquellos años, Pablo Honey tenía una canción de gran éxito (no hace falta que os diga el título…), algunas muy buenas, un montón de buenas y unas pocas que, sin ser nada del otro mundo, servían para ponernos en alerta, para indicarnos que Radiohead iba camino de convertirse en uno de los actos más innovadores e influyentes de las próximas tres décadas.

Pero claro, sin Pablo Honey no existiría el resto de la discografía de los de Abingdon-on-Thames. De hecho, si el álbum no puso los cimientos de las asombrosas cotas de éxito y popularidad que alcanzaría la banda, sí que ayudó a hacer el cemento que ayudaría a que su base se mantuviera recta. La carrera de Radiohead consiste -en gran medida- en construir y destruir alternativamente las ideas que primero expresaron en Pablo Honey. Aquí, la voz de Thom Yorke es, por momentos, como la de Robert Smith, pero ocasionalmente llega a ese falsete abrasador que más tarde se convertiría en la pieza central de su estilo vocal. «Stop Whispering», el tercer single, demostró que la banda podía reducir el ruido a cotas mínimas para dejar entrever las sofisticadas melodías pop que se escondían tras las guitarras de Jonny Greenwood y Ed O’Brien. En The Bends (1995), la banda fue más allá cuando su composición floreció en forma de melodías asesinas ensartadas sobre hábiles arreglos de ruido y luz. Las guitarras de «You», el primer corte de este álbum, son una señal rudimentaria que nos lleva derechitos a los momentos orquestales contenidos en su gran obra maestra de 1997 OK Computer; un claro ejemplo de esto que digo es, por ejemplo, «Paranoid Android». No sé si se entiende bien lo que pretendo decir. Pablo Honey, si bien no deja entrever el gigante creativo en el que se convertiría la banda, sí contiene su ADN.

Guste más o menos, cualquiera que tenga un mínimo de buen gusto musical y, sobre todo, dos (o más) dedos de frente, debe admitir que el debut de Radiohead contiene, como decía, las semillas que acabarían germinando en las ideas que vemos en, por ejemplo, Kid A (2000) y, posteriormente, en Amnesiac (2001). Una de las principales quejas de los puristas es que el álbum posee muy buenas ideas, sí, pero que no están del todo bien desarrolladas. Incluso la banda admitió que no estaban contentos con el resultado. Yorke le dijo a Melody Maker en septiembre de 1993, solo siete meses después de que saliera el disco:

«Me gusta (Pablo Honey), pero éramos muy ingenuos. Realmente no sabíamos cómo usar las canciones de estudio por sus propios méritos.»

En otras palabras, la misma banda que luego refinaría y perfeccionaría minuciosamente sus canciones en el estudio, se había dado cuenta demasiado tarde de que eso era lo que debían hacer. Entre las canciones más mediocres están «Lurgee» y «How Do You?», que se camuflan entre temas como «Anyone Can Play Guitar» (mi tema preferido de la banda ever, con permiso de «My Iron Lung») y «Blow Out», que muestran los talentos de la banda pero no los aclaran por completo. Pablo Honey es, en definitiva, uno de esos debuts defectuosos pero satisfactorios que sugieren que el talento de Radiohead realmente florecerá más adelante.

«Anyone Can Play Guitar», en particular, insinuaba lo que la banda podría haber logrado si hubieran hecho los deberes como era debido en el estudio. Si bien la mayoría de las letras del disco oscilan entre una vaga opacidad y una angustia contundente, «Anyone Can Play Guitar» es una pesadilla existencial que habla sobre los aspirantes a estrellas de rock, esos seres celestiales absolutamente poderosos e impotentes: «I want to be in a band when I get to heaven / Anyone can play guitar and they won’t be a nothing anymore», canta Yorke. Más tarde tomaría esas mismas preocupaciones y las ampliaría en OK Computer, cambiando la celebridad por la tecnología. La melodía del estribillo es lo mejorcito de la pieza; un logro impresionante. Dentro del marco de rock estándar que es el álbum, «Anyone Can Play Guitar» destaca siendo una pieza totalmente original. Lo que la banda habría podido hacer si hubiera tenido más tiempo… bueno, basta con escuchar The Bends, el álbum que Pablo Honey –ganador de varios discos de platino- les permitió hacer.

Ah, sí, que este es el álbum de «Creep», una canción tan asombrosamente franca en lo que transmite que los críticos inicialmente asumieron que se trataba de una broma. De hecho es tan oscura que, según los informes, BBC Radio One se negó a radiarla aduciendo que era «demasiado depresiva» para las ondas de radio. Poco después, Radiohead la llevó a las televisiones de los Estados Unidos, primero a The Arsenio Hall Show y luego al programa Beach House de la MTV. Su actuación en este último programa es tan épica como infame, ya que a la banda le resultó difícil encajar en la atmósfera alegre y dominante del canal, lo que resultó en uno de los conciertos más caóticos jamás televisados; budcadlo en YouTube. Si la mayor parte de Pablo Honey es decepcionante, «Creep» es todo lo contrario: una muestra desquiciada de puro auto-desprecio marcada por un gran crescendo y ese vigorizante y estruendoso paso al coro. Hablamos del megaéxito que convirtió a Pablo Honey en un hit; sin «Creep», es posible que nunca hubiéramos oído hablar de Radiohead.

Irónicamente, «Creep» posiblemente sea la pista de Pablo Honey que da la menor indicación de hacia dónde se dirigían los pasos de Radiohead. Es una canción pop de cabo a rabo y es bastante simple comparada con la sofisticación de algunas de sus piezas posteriores. Es, sin lugar a dudas, el mayor éxito de una banda que nunca jamás volvería a parir otro pelotazo de esta misma magnitud. Es una canción que nos muestra, aunque sea brevemente, que Pablo Honey, ese álbum tan decepcionante de Radiohead, albergaba una canción de una crudeza y una fragilidad casi insoportables. Es, en definitiva, la canción que les hizo llegar a unas cotas que, a pesar de todos sus otros logros, nunca volverían a alcanzar.

Rubén de Haro
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Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.