Crónica y fotos del AMFest 2022 - Día 1 - La Farga (L'Hospitalet de Llobregat), 6 de octubre de 2022

La tripleta de lujo formada por Elder, Oranssi Pazuzu y Pallbearer sella con nota la primera jornada del renovado AMFest

Datos del Concierto

AMFest 2022 - Día 1

Bandas:
Elder + Oranssi Pazuzu + Pallbearer + Nara is Neus + Irist
 
Fecha: 6 de octubre de 2022
Lugar: La Farga (L'Hospitalet de Llobregat)
Promotora: Aloud Music Ltd.
Asistencia aproximada: 600 personas

Fotos

Fotos por Josep M. Llovera

De un tiempo a esta parte, mi presencia en los numerosos conciertos que copan cada vez más intensamente el calendario musical barcelonés se ha tornado más bien selectiva. Ya sea porque en días laborables me es logísticamente bastante más engorroso que antes bajar a la capital o bien porque, post pandemia mediante, me he entretenido a ocupar los fines de semana con otros variopintos menesteres, lo cierto es que desde que Iron Maiden nos visitaran en julio no se había dado la ocasión de que me plantara de nuevo delante de un escenario. Y os diré más: a pesar de que este otoño viene repleto de numerosas perlitas en el horizonte, mi agenda sigue mostrando bien pocos días de aquellos marcados con rotulador de color rojo fosforito. Y esta evidente apatía conciertil, claro, no hace más que poner en valor aquellos eventos a los que de verdad me apetece ir, siendo el mayor de ellos esta nueva edición del AMFest.

Y es que la niña de los ojos de la buena gente de Aloud Music es un evento único que merece todo lo bueno que le pueda pasar. A pesar de definirse como un festival de músicas incómodas, en sus diez ediciones anteriores (incluyendo las dos que, totalmente a contracorriente, tuvieron lugar en plenas restricciones pandémicas) han pasado bandazas de todo tipo que han ayudado a que cada nuevo año fuera un poco más ambicioso, un poco más grande y, en definitiva, un poco mejor que el anterior. A bote pronto me vienen a la cabeza el precioso concierto de Maybeshewill en 2014 (cuando el AMFest aún iba en pañales), la espectacular descarga de Leprous en el Apolo grande en 2016, la memorable edición de 2019 (con la jornada del viernes luchando con fuerza por ser el día que más he disfrutado yo en un festival en toda mi vida) o los tremendos bolazos de bandas como Ànteros, Jardín de la Croix o Obsidian Kingdom en el gélido pero mágico patio del Castell de Montjuïc. Pero más allá de todo ello, lo que lo hace especial es que en cada detalle se nota que es un festival diferente, hecho desde la cercanía, el cariño y las ideas muy claras de lo que se quiere conseguir y de qué es lo realmente importante.

El cartel de este año vuelve a suponer un importante salto de calidad, y al lado de viejos conocidos como los ya mencionados Maybeshewill o Deafheaven, nos encontramos con bandazas de primer nivel como Cult of Luna, Carpenter Brut, Godspeed You! Black Emperor, Anna Von Hausswolff, Elder u Oranssi Pazuzu, auténticos mastodontes de los géneros que definen y siempre han definido la esencia de este festival. Para arropar a estos nombres más conocidos contamos con una serie media de nivel altísimo formada por bandas como Caspian, A.A. Williams, Pallbearer, Celeste o Lingua Ignota, así como la habitual amalgama de propuestas a descubrir que, independientemente de que te vayan a gustar más o menos, sabes que serán garantía de calidad, originalidad, personalidad y valentía. Pero tal y como hemos dicho, el factor más importante que nos motiva a repetir un año tras otro no es el cartel (de hecho, es hasta probable que tanto Amon Amarth + Machine Head como Behemoth + Arch Enemy + Carcass, los dos bolacos con los que el festival coincidió este fin de semana, me parezcan propuestas más fácilmente atractivas en lo personal), pero los habituales sabemos que al AMFest se viene a descubrir y a vivir una experiencia distinta entre amigos y con gente a la que todo esto le importa de verdad.

Y eso que a priori, la involuntaria y no especialmente deseada decisión de sacar el festival de la habitual Fabra i Coats para meterlo en una Farga de L’Hospitalet que (al menos yo) relaciono más con el Oktoberfest, el Salón del Manga o el Festival de Cinema Eròtic que con conciertos de ningún tipo me generó bastantes dudas razonables. Pero más allá del palazo que nos supone a los que vivimos al norte del área metropolitana tener que bajar hasta estas latitudes durante cuatro jornadas seguidas (de verdad que yo no sé cómo los que salís y volvéis de Barcelona cada día en coche no os habéis pegado un tiro aún), lo cierto es que la nueva casa del AMFest me ha gustado mucho más de lo que esperaba. Se trata de una nave inmensa, cómoda y espaciosa en la que caben sobradamente tanto los tres escenarios, equidistantes y alternados, como amplias barras y zonas de merchandising, restauración y descanso sin ningún tipo de agobios. Visto el tamaño del espacio, supongo que eso era lo fácil, pero es que además creo que se logró crear un ambiente acogedor y, más importante aún, que todo sonara sorprendentemente bien.

Me habría gustado asistir a los dos primeros conciertos de la jornada (de hecho, lo que había escuchado de Irist previamente me había sorprendido muy gratamente), pero mis obligaciones laborales y la distancia que me separaba de L’Hospitalet lo hicieron imposible. Pero no se nos alarméis, ya que nuestro compañero Josep Maria Llovera, normalmente parapetado detrás de su objetivo para plasmarlo todo de forma visual, estuvo allí y ha tenido la inmensa amabilidad de explicarnos lo que ocurrió, así que le cedo el testigo de este texto durante unos pocos párrafos. Fot-li!

Irist

Acostumbrados a inicios del AMFest con arranques intimistas y tranquilos, la propuesta agresiva y contundente de Irist desencajó a más de uno. Afortunadamente rápidamente recuperamos el flow de uno de los festivales más queridos de la escena local. El público ya viene preparado para cambios de tesitura, agradables descubrimientos y sorpresas imprevisibles. Quizás por eso ya había cerca de un centenar de personas paseando por el amplio recinto cuando, puntualmente, a las 18:10, se inaugura la edición de 2022 con la toma del escenario 2 de Irist. El público ya empezaba a concentrarse alrededor de las vallas.

El punch directo de la banda enciende con rapidez. El sonido atronador llenaba La Farga y, quizás por estar todavía vacía, sumado a una sonorización extremadamente intensa y en rodaje, formó una bola sónica que fue en detrimento de la entrega que mostraron en los cortos cuarenta minutos del set. Básicamente defendieron su anterior y primer álbum Order of the Mind apoyado con dos temas de su recién publicado EP Gloria. Al acabar la actuación ya habían reclamado la atención de un buen grupo de adictos a la música avanzada, alternativa e incómoda (como la propia organización la define). Los de Atlanta pusieron todo de su parte para que la extensa edición del festival fuera ya intensa y memorable desde el inicio.

nara is neus

Y el primer requiebro mental del AMFest me lo produjo el show de nara Is neus. Solo entrar en el recinto veías que uno de los escenarios parecía estar en obras, o todavía en construcción, con escaleras, andamios, pasarelas y cables ocupando lo que sería el centro de las tablas, por lo que parecía que estaban todavía montándolo para que el viernes ya estuvieran los tres escenarios definitivos preparados… pero no. Sencillamente era la propuesta estética de la melancólica Neus Abellan, que tomó sitio en una plataforma industrial montada sobre las escaleras del que era, ahora ya localizado, el Escenario 3.

Montaje curioso, atrevido y funcional que se amolda a su propuesta sonora ambiental. Atmósferas oscuras con profundos bajos y vibrantes pinceladas armónicas que van apareciendo, virando y derivando hasta llenar lo que podría ser una banda sonora que evoca desde paisajes urbanos abandonados hasta bucólicos pasajes naturales, incluso ambas cosas a la vez. Música de lento calaje, va arrancando poco a poco, disfrutando del proceso. Tiempo de relax mental, de poner la mente en blanco y dejarse guiar, sin prisas, por la interesante propuesta de esta artista local.

Pallbearer

Retomo las riendas de la crónica (gracias, Josep Maria, ya puedes seguir editando fotos :-)) para explicaros que la única vez que había visto a Pallbearer encima de un escenario fue cuando, junto a los portugueses Sinistro, telonearon a Paradise Lost en el ya lejano otoño de 2017 (ésa fue, de hecho, su última visita a nuestra ciudad). Y aunque ya los tenía bastante masticados en estudio, lo cierto es que ese día me causaron una excelente impresión. Eso, unido a que su más reciente Forgotten Days me parece un discazo muy notable (como todos los que han sacado, por otro lado), convertía a los americanos en la banda que, a priori, más me atraía del cartel de esta primera jornada. Y aunque me vino del canto de un duro, los astros se alinearon para que mi largo y trabajoso viaje hacia el Barcelonés Sud (cruzar Barcelona a las cinco de la tarde de un jueves no es tarea fácil, creedme) culminara, casi milagrosamente, en un coche dejando libre una plaza de aparcamiento a escasos tres minutos del recinto del festival en el preciso momento en el que yo pasaba por ahí, de forma que crucé la puerta de La Farga coincidiendo con los primeros guitarrazos atronadores que empezaban a emanar del escenario que ocupaba, allá al fondo, el afamado cuarteto de Little Rock.

Aún descolocado y sin referencias espaciales muy claras, me planté rápidamente delante del llamado escenario 2 para, tras pocos segundos, constatar que mis dudas potenciales sobre el sonido eran totalmente infundadas: aquello, amigos, sonaba de la ostia. No sé si fueron las cortinas que envolvían cada escenario, la disposición del espacio o un trabajo titánico a nivel puramente técnico, pero ni los techos altísimos ni la previsible reverberación inherente en un recinto de tales dimensiones fueron impedimento para que la inmensa mayoría de bandas sonaran con absoluta nitidez. Es verdad que durante el festival hubo momentos de más y de menos, pero en esta primera jornada el éxito a nivel sónico fue especialmente notorio, y tanto Pallbearer como los dos grupos que tocaron tras ellos sonaron francamente bien (siempre que, eso sí, te mantuvieras más o menos en la vertical del escenario). Y conseguido esto, claro, ya tienes mucho ganado.

Durante la hora y diez que estuvieron sobre el escenario, los americanos sonaron gordísimos y su doom llorón y nostálgico, a caballo entre la vertiente más clásica del género y un cierto espíritu indescriptiblemente contemporáneo, hizo sacudir con sobriedad la cabeza de todos aquellos que habían decidido acercarse a esta primera jornada (que fueron muchos menos que el resto de días). Su último disco Forgotten Days (2020), con cuatro temas, fue el protagonista de la mitad exacta del setlist, pero la banda liderada por un sudoroso Brett Campbell no olvidó visitar también cada uno de sus tres primeros trabajos. De hecho, empezaron y acabaron con canciones de su primer álbum (“Foreigner” y “Given to the Grave”), mientras que “The Ghost I Used to Be” (“this is an old one”, dijeron) y “I Saw the End” representaron respectivamente a Foundations of Burden y Heartless. Sea como fuere, el conjunto de su discografía es bastante homogéneo tanto en calidad como a nivel estilístico, así que todo fluyó con total naturalidad y coherencia.

En lo personal, el concierto de Pallbearer no me sorprendió ni lo más mínimo: me esperaba un bolazo y me encontré exactamente con eso. Su sonido en directo es insultantemente fiel al de estudio, y tanto en los momentos más etéreos y atmosféricos como cuando tocaba martillearte con pesados y lentos vaivenes sónicos sonaron gordísimos y demostraron que son unos auténticos baluartes del doom metal que se hace a día de hoy. La alternancia vocal entre Brett y Joseph Rowland les da una riqueza melódica magnífica, y la evolución de las luces a lo largo del concierto (de rojas a violetas y luego azules) no hizo más que hacer hincapié en lo magnético y envolvente de su propuesta. Es verdad que la música de Pallbearer no acaba de hacer engorilar a nadie (ni lo pretende, supongo), pero la gente estuvo disfrutando con atención en todo momento y, una vez acabada la interpretación de la maravillosa y casi-instrumental “Given to the Grave” final (menudo temarraco), les regalaron una ovación totalmente merecida.

Oranssi Pazuzu

Como viene ocurriendo en estos últimos años, en el AMFest no hay solapes pero tampoco descansos, así que una vez se apagaron las luces del escenario 2 estaba previsto que empezara casi inmediatamente el siguiente concierto en el número 3, situado a pocos metros y justo enfrente del anterior. Cuando me giré para encaminarme hacia él, me sorprendió ver una cantidad más que considerable de público esperándose ya en las primeras filas, lo cual nos dejó más que clara la expectación que los finlandeses Oranssi Pazuzu habían generado entre los presentes. La batalla de las camisetas (en la que arrasaron sin cuartel) los situó sobradamente como banda más esperada del día, y quizás por ello resultó algo extraño que tuvieran asignado el escenario más pequeño del recinto.

Así como os digo que tenía muchas ganas de ver a Pallbearer porque en la única ocasión en que los pude catar anteriormente arrasaron, con Oranssi Pazuzu me pasa un poco al contrario. A pesar de resultarme una banda realmente interesante en estudio, solo me he enfrentado a ellos en el Be Prog! de 2019 (el último Be Prog!), y lo cierto es que su concierto me dejó mucho más frío de lo que prometían las emocionantes vivencias previas que todo el mundo insistía en contarme con desbordante pasión. Es probable (e incluso evidente) que el gigantesco escenario plantado en el Poble Espanyol no hiciera justicia a su opresiva propuesta y que dónde brillen con más fuerza sea en una sala pequeña y sudorosa, claro, pero esa descafeinada experiencia hizo que mis expectativas de cara a este concierto no fueran especialmente desmesuradas, motivo de más por el que esta noche el quinteto de Tampere me dejó con el culo torcido.

Como ya sabíamos los que lo habíamos mirado, el concierto de hoy estuvo casi exclusivamente centrado en las canciones del último trabajo de la banda, llamado Mestarin kynsi y publicado en 2020, con tan solo el tema que da título a su anterior Värähtelijä haciéndose un hueco entre tanta canción “nueva”. Independientemente de lo que tocaran, la cosa es que los finlandeses se marcaron un auténtico bolazo que consiguió conectar tanto conmigo como con el resto de asistentes a base de movimientos espasmódicos, ritmos hipnóticos, alaridos desgarradores y viperinos, ruidillos varios y súbitos ataques de disonancia. En un segundo pueden saltar de la aparente calma atmosférica (pasajes en los que brillaron especialmente) a la tralla más cafre y atronadora con total naturalidad, mientras que la práctica totalidad del público, totalmente entregado, les siguió efusiva e incondicionalmente en cada uno de esos meandros y cambios de dirección. Así como decíamos que con Pallbearer vimos una aprobación general desde una óptica más bien sobria, la verdad es que aquí la gente enloqueció sin reservas.

El concierto fue de menos a más, y su segunda mitad me pareció una auténtica maravilla. A golpe de trombón ejerciendo de tenebroso barco fantasma entre la niebla, los finlandeses acabaron de redondear su brutal actuación con esa inclasificable mezcla entre black metal, electrónica, psicodelia y drone que les caracteriza, acabando con una apoteósica bacanal de desfase e histeria y logrando que la hora y diez que se pasaron sobre el escenario se le hiciera corta a casi todo el mundo. Lo que voy a decir es evidentemente una perogrullada, pero no hay duda que ver a esta gente en un escenario enorme o en un entorno favorable como el de hoy, en el que te atrapan y te ensartan en sus punzantes devaneos sónicos sin que te des ni cuenta, no tiene absolutamente nada que ver. La Farga es un recinto inmenso, pero Oranssi Pazuzu lograron que, durante setenta minutos, no existiera en el mundo nada más que ellos y que nosotros. Los grandes triunfadores de la noche (o eso me pensaba…).

Elder

Cuando me giré de nuevo para volverme a encaminar, aún estupefacto, hacia el escenario 2 yo aún no tenía ni idea de ello, pero un concierto de Elder era exactamente lo que más le apetecía a mi cuerpo, a mi mente y a mi espíritu después del volquete de intensidad que nos había caído encima unos minutos antes. En realidad, solo me hicieron falta un par de vueltas del bailongo riff inicial de “Compendium” para convencerme de ello, y para mi sorpresa mayúscula, me vi metido de lleno en la propuesta del cuarteto de Boston sin esperármelo lo más mínimo. Quizás os sorprenda que os diga esto (a posteriori a mí también me sorprende un poco, la verdad), pero a pesar de conocerlos más o menos por encima desde hace ya un buen puñado de años, la verdad es que nunca había prestado una atención particularmente especial a su deliciosa y alegre propuesta, situada en algún punto medio entre el stoner y el doom.

Al igual que ocurrió con los conciertos de Pallbearer y Oranssi Pazuzu, el sonido fue de nuevo delicioso, en este caso con la única salvedad de la voz. No sé si voluntariamente o no, me dio la sensación que lo que emanaba del micro de Nick DiSalvio quedaba un poco desconectado del resto de la música, con un reverb exagerado y un nivel de estridencia probablemente innecesario. Mentiría si os digo que eso no me resultó un poco irritante por momentos, pero al ser el único punto negativo que se me ocurre destacar de su actuación, lo cierto es que se diluyó fácil y rápidamente mente ante lo que me pareció un concierto delicioso, bailable, accesible y muy divertido, lleno de culebreos y de psicodelia que despertó sonrisas y sacudidas de cadera entre el siempre agradecido público.

Los americanos (que yo hubiera jurado que eran alemanes, quizás porque por lo que parece llevan años afincados en Berlin) tuvieron bastante con seis temas para ventilarse la hora y pico que tenían de set. En esos setenta minutos interpretaron cortes de sus cuatro últimos trabajos en solitario (durante el confinamiento editaron un disco bajo el moniker de Eldovar en interesante colaboración con Kadavar), y la verdad es que me resulta muy complicado destacar ningún momento en concreto de su descarga. Primero, porque el suyo me pareció un concierto muy sólido y muy coherente del primer al último minuto, y segundo porque en realidad tampoco los tengo tan por la mano como para identificar qué es qué. Pero aquí mismo os digo que esto cambiará en breve, porque a dios pongo por testigo que, a partir de ahora, me voy a poner los discos de esta gente bastante más a menudo de lo que lo he hecho hasta hoy.

El corolario que me queda de esta primera jornada del AMFest (o, al menos, de la parte que yo vi) es que la cosa empezó como un auténtico cañón pero que, aun así, fue de menos a más. Me resulta complicado decidir cuál de las tres bandas me convenció más, así que me ahorraré el inútil e innecesario trabajo de tener que escoger: tanto Pallbearer como Oranssi Pazuzu como Elder dieron tres conciertazos tremendos, cada uno en lo suyo, y consiguieron que no me arrepintiera lo más mínimo de haberlos escogido por encima de Amon Amarth, Machine Head y The Halo Effect en el Razz 1. El AMFest de 2022 nos voló la cabeza nada más llegar, y lo mejor es que aún quedan tres días repletos de bandones con toda la intención de volarnos el resto del cuerpo. Estad al tanto, que en breve os lo explicamos.

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Sobre Albert Vila 931 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.