Crónica y fotos del AMFest - Castell de Montjuïc (Barcelona), 5 de diciembre de 2020

Obsidian Kingdom y Jardín de la Croix lideran con estilo y potencia la jornada grande del AMFest 2020

Datos del Concierto

AMFest

Bandas:
Obsidian Kingdom + Jardín de la Croix + Linalab
 
Fecha: 5 de diciembre de 2020
Lugar: Castell de Montjuïc (Barcelona)
Promotora: Aloud Music / Associació de Sales de Concerts de Catalunya (ASACC)
Asistencia aproximada: 300 personas

Fotos

Fotos por Willy

Tras todas las emociones y sensaciones vividas en la jornada anterior, llegábamos al segundo día de este AMFest de 2020 con la expectativas al máximo. Porque tanto en lo personal como probablemente también en cuánto a la repercusión de los nombres (y más aún tras la ausencia forzada de Viva Belgrado en la jornada del viernes), este sábado lucía realmente como el día grande del festival de este año. De hecho, y a pesar de que las restricciones de movilidad que obligaron a casi un tercio de los asistentes originales a devolver sus entradas, los organizadores lograron colgar de nuevo el cartel de «Sold Out«, lo que dice mucho de lo atractivo de las bandas y de las ganas de AMFest que había entre el público barcelonés y catalán.

Tal y como comentaba en la previa, un cartel liderado por Obsidian Kingdom y Jardín de la Croix me haría salivar tanto con pandemia como sin pandemia, ya que sin duda estamos ante dos de las bandas más atrevidas, talentosas y originales que podemos encontrar en el panorama alternativo actual. Ambas, además, vienen con nuevo disco bajo el brazo (en el caso de los madrileños se trata de un EP de solo dos canciones, pero que ha servido para saciar un poco nuestras ansias de ellos), y estos conciertos en el Castell de Montjuïc van a ser la primera oportunidad que tendremos de escuchar sus canciones en directo. A mí las dos bandas me flipan especialmente, asi que subí de nuevo a la cima de la montaña judía con toda la ilusión del mundo (y un montón de capas más que ayer).

Porque en la jornada del viernes tanto yo como la mayoría de asistentes que se resistieron a sacar el fondo de armario reservado para cuando llegue la quinta glaciación, nos pelamos literalmente de frío hasta el punto que el chascarrillo de moda era el de rebautizar el festival como AMFrost o AMFresc. Yo no estaba dispuesto a volverlo a pasar igual de mal, así que me calcé calzoncillos largos, calcetines de lana, camiseta térmica, camiseta de manga larga, camiseta de manga corta, jersey de cuello alto, chaquetilla / plumón y chaqueta de esquí con dos capas (polar + cortavientos), además de venir bien equipado con una petaca de whisky reparador para entrar en calor desde dentro hacia fuera. Y aunque os pueda parecer exagerado, ya os digo yo que no me sobró nada.

Linalab

Cuando la colombiana Lina Bautista se subió al escenario y se parapetó tras una mesa llena de aparatos electrónicos de todo tipo, aún quedaban muchos sitios vacíos en el patio del castillo, pero poco a poco el recinto se fue llenando hasta presentar un aspecto estupendo. Aunque difieran sustancialmente en lo musical, energéticamente el concierto de Linalab tuvo un papel (y una respuesta) similar a lo que nos ofrecieron iou3R en la jornada del viernes, ya que su electrónica experimental de aproximación científica, aires lisérgicos, loops infinitos y ocasionales guitarrazos es una propuesta indudablemente difícil pero verdaderamente interesante. Por esa misma razón, y al igual que ocurrió ayer, le costó algo de conectar de verdad con un público aún frío (tanto física y emocionalmente) y que, quizás, venía más en busca de la caña que prometían las otras dos bandas de la noche.

Hace un par de años ya vimos a Lina subirse al escenario pequeño de Fabra i Coats, y lo original y fascinante de su música y de su tímida pero hipnótica presentación en directo (que creo que se disfruta mejor en las distancias cortas, tanto a nivel visual como sonoro) hizo que se ganara un sitio para tocar hoy aquí. Durante prácticamente treinta minutos, y bajó unas luces tenues que ayudaron a generar la ambientación deseada, nos decargó una bacanal de loops y de experimentación que cualquiera habría dicho que se trataba de una sesión ininterrumpida y contínua, pero que a la hora de la verdad se correspondió a cinco cortes enlazados y salidos tanto de sus existentes Eclíptica y Doom como, sobre todo, del nuevo disco que va a entrar a grabar de forma inminente. Lo que hace Linalab lo hace bien poca gente, así que si tenéis la oportunidad de poder escucharla (¡y verla!) en un escenario pequeño, no la dejéis escapar.

Setlist Linalab:

Amenbo
A Hard Rain it’s Gonna Fall
Ivy King
Llum
Dobles

Jardín de la Croix

Los madrileños Jardín de la Croix son, sin duda, una de las grandes bandas del panorama nacional más atrevido y alternativo, combinando como nadie una complejidad técnica que roza lo obsceno con una expresividad, una intensidad y un sentimiento que te hacen erizar la piel en muchas más ocasiones de las que te esperas. Desde que los descubrí por pura casualidad (y de hecho, no recuerdo ni cómo) poco después de que publicaran su EP 187 Steps to Cross the Universe en 2013, los Jardín se han convertido en una banda imprescindible en mi rotación, y tanto cada nuevo disco que han publicado desde entonces como cada nueva visita a la ciudad condal (a excepción de la última, que por desgracia coincidió con nuestra propia primera edición del Granollers Metal Meltdown) han sido tratados como pequeños eventos en mi calendario.

Con todo esto vengo a deciros que no esperéis que sea del todo objetivo en estos próximos párrafos, aunque la verdad es que con el bolazo que se pegaron y lo que convencieron a todos aquellos que, ahora ya sí, llenaban el patio del castillo, creo que tampoco distaría mucho de lo que tendría que decir un espectador más casual. El cuarteto madrileño arrancó el concierto con ese «Seventeen Years to Hatch an Invasion» que abre su último larga duración, Circadia, y a pesar de que los primeros segundos del concierto contaron con un sonido aún algo indefinido, a la que Ander (otro valiente en manga corta….) dejó el teclado para agarrar la guitarra, aquello pasó a sonar como un trueno y empezó a tocar las patatas del público reunido hoy aquí, que respondió con puños en alto (puños tristemente confinados en cada grupo de sillas, claro) y ovaciones más o menos ensordecedoras (tan ensordecedoras como puedan sonar los aplausos con guantes de gente separada tres o cuatro metros entre ellos…) después de cada uno de los complejos e intensos cortes que interpretaron.

Emotivos y por momentos verdaderamente tralleros (mucho más de lo que suelen sonar en disco), Jardín de la Croix son un auténtico espectáculo sobre el escenario. Con Nacho en posición central y actuando como ancla con su bajo generosamente distorsionado para que sus tres compañeros se descantillen y se luzcan a base de tappings imposibles, florituras sorprendentes, redobles vertiginosos y ritmos y tiempos de difícil seguimiento con la cabeza, los madrileños alternan teclados luminosos, guitarrazos potentísimos y muchísima emotividad para dejarnos literalmente con la mandíbula en el suelo con un math rock que, a mi juicio, va sobradamente más allá de la matemática y calculadora frialdad que muchas veces damos por entendido que debe definir este estilo. Es fascinante ver como, a pesar de culebrear por pasajes complejísimos durante minutos de constante ida de olla, de un compás a otro son capaces de volver todos al mismo sitio como si nada hubiera pasado y se convierten en una roca absolutamente compacta y atronadora, algo que certifican en unos finales de canción precisos y súbitos que dejan sin aliento. Los propios miembros de la banda suelen decir que últimamente no hacen canciones tan complicadas como antes porque así pueden disfrutar más sobre el escenario. Pues si se descuidan….

Vestidos de riguroso negro y armados con hachas Fender tanto a las guitarras como al bajo, los chicos de Jardín de la Croix repartieron el protagonismo entre sus tres últimos trabajos, con un tema de ese 187 Steps que comentaba antes, tres de su celebrado Circadia y los dos nuevos «Brechas» y «Ciclos». Todos ellos sonaron de la leche, hicieron que el corazón se nos acelerara por momentos y no permitieron que paráramos de sacudirnos como buenamente pudimos (ya os digo que seguir sus ritmos no es tarea fácil), pero mi mención especial va por la (casi) final «Intermareals», quizás mi temarral favorito de ellos gracias a sus melodías épicas y a ese final intenso y apoteósico que hoy sonó espectacular. Durante la breve outro Ander se vino arriba e intentó subirse a tocar al andamio del escenario con éxito relativo, poniendo así el broche divertido a un bolazo incontestable que quedará en la memoria de aquellos que nos acercamos hoy aquí. Jardín de la Croix dieron su último bolo pre-pandemia en Barcelona y han dado también el primero post-pandemia aquí. Esperemos no tener que esperar mucho para poder disfrutar de nuevo con su directo, porque se trata de una banda verdaderamente única.

Setlist Jardín de la Croix:

Seventeen Years to Hatch an Invasion
Man Made Lightning
Green Architect
Brechas
Ciclos
Intermareals
Outro

Obsidian Kingdom

Salir a tocar tras un bolaco como el de Jardín de la Croix siempre tiene que ser un pequeño engorro, y más viendo como el público trató a los madrileños como si jugaran realmente en casa. Pero Obsidian Kingdom tienen las tablas, el talento y el prestigio más que suficiente como para salir airosos de tal envite, y más aún si tenemos en cuenta que la expectación que supone que éste sea el primer concierto que dan en la Ciudad Condal (y en cualquier sitio…) tras la publicación de su nuevo y sorprendente Meat Machine, con el que la siempre imprevisible banda liderada por Edgar Merigó nos pilla de nuevo a todos a contrapie con su prácticamente total abandono de su primigenio black metal y su fuerte e inesperada aproximación al metal alternativo y industrial más noventero.

Aunque Obsidian Kingdom no sean ni hayan sido nunca una banda Aloud, tanto su propuesta como su manera de entender la música la hacen encajar a la perfección en la filosofía del festival, y el respeto que se han ganado a lo largo de los años hacen que su condición de gran cabeza de cartel de esta edición de 2020 (y más aún tras la cancelación de Viva Belgrado) sea un logro justificado y merecido. Para añadir curiosidad e interés al evento, la banda barcelonesa también iba a estrenar formación en la jornada de hoy, con Victor Vallespir (que bien conocemos de Arcanus) a la guitarra y Judit Calero a los teclados y sintetizadores. Víctor pareció controlarse un poco la locura escéncia que suele desatar en su banda madre, pero por otro lado nos sorprendió y aterrorizó al aparecer sobre el escenario a pecho descubierto y protegiéndose de las inclemencias del tiempo con tan solo un abrigo largo totalmente abierto en la parte frontal.

Ataviados con ropajes rojos y negros en coherencia con los colores corporativos de Meat Machine, y con la ayuda de constantes proyecciones que cambiaban en cada uno de los temas (como por ejemplo, la muchacha de generosas glándulas mamarias y curiosa cofia tomando un dudosamente agradable baño de filetes que acompañó la interpretación de «Naked Politics»), los cinco miembros de Obsidian Kingdom lo dieron todo de principio a fin y ofrecieron el concierto más largo de todo el festival para satisfacción de todos aquellos que vinieron a verlos. Aún y así, y a pesar de que a mí me gustó mucho (especialmente los temas de su último disco), me dio la sensación que el público no respondió con ellos al mismo nivel que lo hizo con otras bandas a lo largo del fin de semana, no sé si por el hecho de ser más descaradamente metálicos o por no saber conectar del todo con ellos.

Como no podía ser de otra forma, Meat Machine tuvo un protagonismo estelar en la velada de hoy, con siete cortes que se concentraron al principio y al final de su descarga. Sin guardarse ninguna bala, decidieron empezar la descarga con el pedazo de single que es «Meat Star», primer adelanto y probablemente una de las mejores canciones que han sido capaces de producir en toda su carrera. En mi opinión, esta parte inicial del concierto en la que enlazaron las magníficas «Naked Politics», «Mr. Pan» y «The Edge» fue sencillamente espectacular y me costó un mundo no levantarme de la silla a sacudir la cabeza y darlo todo yo también, demostrando que el riesgo que han decidido tomar con su nuevo trabajo ha valido absolutamente la pena.

Llegados a este punto, los barceloneses hicieron un pequeñó paréntesis en su actualidad y decidieron echar la vista atrás para revisar brevemente sus dos primeros trabajos. Cuando hace ya ocho años aparecieron en escena con el discarrazo que es Mantiis bajo el brazo, Obsidian Kingdom revolucionaron el panorama local y hasta cierto punto creo que esto aún les pesa hoy en día a ojos de muchos de sus fans primigenios, que hubieran preferido que se quedaran ahí en vez de evolucionar como lo han hecho. A mí Mantiis me flipa, pero si he de ser sincero creo que tanto «Ball-Room» como las impresonantes «Cinnamon Balls» y «Last of the Light» no sonaron tan convincentes como lo hicieron las canciones nuevas o los dos cortes que tocaron de A Year With No Summer (la culebrera y opresiva «The Kandinsky Group» y la melódica «Black Swan»). Y es que supongo que debe ser complicado cambiar tanto de un disco para otro y ser capaces reflejar con fidelidad todas esas etapas sobre un escenario.

Alrededor de ese momento me levanté para ir al baño (aprovechando para moverme un poco y desentumecer algunos de los músculos que se empezaban a resentir por culpa del gélido viento que nos atacaba), econtrándome con una serie de amigos y conocidos que hicieron que mi estancia allí se alargara más de lo que había pensado (de hecho creo que llegué a perder un poco la noción del tiempo y todo). A la vuelta, me encontré con tres cosas sorprendentes: la primera, que la cerveza que había dejado a medias estaba más fría que antes de irme. Segunda, que los hielos que había en otro de los vasos de nuestra mesa tendían a hacerse más grandes en lugar de derretirse. Y tercera, que en el centro del escenario se encontraba ahora Irene Talló, la que fuera guitarrista de Obsidian Kingdom hasta poco antes de publicar este disco.

A mí eso me alegró especialmente, la verdad, ya que sé hasta qué punto la artista catalana se implicó en la composición de Meat Machine y cómo de grande es su impronta en ese disco y esas canciones. Por otro lado, y tenendo en cuenta que las las razones de su inesperada marcha no han sido especialmente publicitadas, me alivió ver que unos y otros se llevan lo suficientemente bien como para compartir estos momentos. Irene se parapetó tras el micrófono e interpretó en directo las voces de (por lo menos) la solemne, brujística y casi blackmetalera «Flesh World», y la verdad es que éste fue uno de los mejores momentos de la noche. Cuando parecía que iban a cerrar la descarga con ella se arrancaron rápidamente con «The Pump», segundo single de su último trabajo y que, ahora sí, puso el punto y final a un concierto que contó con algún pequeño altibajo de atención e intensidad pero que no podemos calificar sino de excelente.

Por cierto, que al igual que ocurrió en la jornada anterior, y como ocurriría también en la siguiente, alrededor de las nueve y pico mucha gente empezó a abandonar el recinto, no sé si por culpa de que ya no podían aguantar más el frío o porque creían que a las diez tenían que estar en casa (el asistir a un concierto te alarga el permiso hasta las once). Al encontrarme con ese panorama a mi vuelta del baño me alarmó pensar que quizás la propuesta de Obsidian Kingdom no estaba acabando de convencer al público, pero viendo que esa tendencia se repetía día tras día, me temo que los tiros no iban por ahí. Fue molesto, de nuevo, tener que irnos escopeteados sin tener la oportunidad de socializar con un post como Dio manda, pero en la balanza pesa sin duda mucho más el poder disfrutar, de nuevo, de otra magnífica jornada de buena música en el erial cultural al que nos hemos visto abocados en estos tiempos inciertos. Y mañana, más.

Setlist Obsidian Kingdom:

Meat Star
Naked Politics
Mr Pan
The Edge
Ball-Room
Cinnamon Balls
Last of the Light
The Kandinsky Group
Black Swan
Womb of Wire
Flesh World
The Pump

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Sobre Albert Vila 881 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.