Kreator – Coma of Souls: 30 años de uno de los últimos grandes álbumes del thrash clásico

Ficha técnica

Publicado el 6 de noviembre de 1990
Discográfica: Noise Records
 
Componentes:
Mille Petrozza - Voz, guitarra
Frank Gosdzik - Guitarra
Roberto Fioretti - Bajo
Jürgen Reil - Batería

Temas

1. When the Sun Burns Red (5:31)
2. Coma of Souls (4:19)
3. People of the Lie (3:16)
4. World Beyond (2:03)
5. Terror Zone (5:57)
6. Agents of Brutality (5:17)
7. Material World Paranoia (5:01)
8. Twisted Urges (2:47)
9. Hidden Dictator (4:50)
10. Mental Slavery (5:44)

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Quizás no os lo vais a creer, pero creo que en mi vida me había escuchado este disco entero y prestándole atención plena. Sí, amigos, lo confieso sin vergüenza y me desnudo ante vosotoros de buenas a primeras para que abráis la boca de pé a pá, mováis la cabeza con incredulidad y, porque si así lo creéis oportuno, dejéis de leer aquí mismo sin ningún tipo de remordimiento mientras os indignáis ante mi igorancia y mi atrevimiento. Y lo curioso del asunto es que si me preguntárais os diría que me considero bastante fan de Kreator, y que si bien es obvio que no conozco toda su discografía al detalle (y éste es un buen ejemplo de ello, claro), estoy bastante familiarizado tanto con su obra como su historia. Pero por algún motivo que en breve intentaré descubrir y racionalizar, nunca decidí profundizar en este disco de la misma manera que lo hice, por ejemplo, con su predecesor Extreme Aggression o con el posterior Renewal.

Supongo que buena culpa de ello es de que en el momento en que yo me metí de lleno tanto en Kreator como en todo el thrash metal en general (y eso fue a mediados de los noventa), este Coma of Souls arrastraba cierta mala prensa. O al menos así creo recordarlo yo, de manera que a base de leer a gente supuestamente erudita en la materia opinando que aquí la banda se dejaba ir, comercializándose sin demasiada gracia como si se tratara de un The Ritual de la vida, decidí (erróneamente, por lo que acabo de comprobar) fiarme de esa opinión bastante a ciegas sin meterme de lleno en comprobarlo por mi mismo. Y eso que tuve una copia entre mis manos desde bien temprano (si no recuerdo mal, compartiendo cassette de sonido infumable con Pleasure to Kill) e, incluso, llegué a comprármelo en CD años más tarde aprovechando alguna de esas cubetas con ofertas irresistibles a 5 euros (de los que me debí llevar media docena mínimo). Pero ni con esas llegué a meterme en él.

Ya sé que he tenido un montón de años y de oportunidades para intentar redimirme, pero entre que la cantidad de música a escuchar ha ido creciendo de forma infinita y el hecho de que no muchas de sus canciones hayan acabado aguantando el paso del tiempo, con «People of the Lie», el propio tema título y, en mucha menor medida, «Terror Zone», como únicos cortes que han sonado de forma más o menos regular en sus conciertos, pues lo he ido dejando. Porque ni la propia banda ha llegado a dar nunca la sensación de tratar este disco con el amor que parece merecerse vista la consideración que tiene entre sus fans, tanto a nivel de presencia en directo como al cambiar bastante radicalmente de estilo tras su publicación, con un Renewal que a mí me flipa y que me parece criminalmente infravalorado pero que desconcertó a todos con sus inesperadas incursiones industriales (ya sabemos que el thrash metal transitó por caminos extraños e impredecibles en los duros noventa).

Pero lo cachondo de la cosa es que, con la perspectiva del tiempo, Coma of Souls está considerado bastante unánimemente como el disco defintivo de Kreator, y suele ocupar la primera posición en muchas de las listas que he ido encontrando sobre su discografía. Y yo, incrédula e increíblemente ajeno a este hecho, he tenido que esperar hasta ahora para decidirme por fin a bucear en estos 44 minutos que suponen el punto y final de lo que consideraríamos la época clásica de Kreator y, junto a otros discos brillantes publicados este mismo año como son Souls of Black, Seasons in the Abyss o Rust in Peace, también los últimos coletazos del thrash metal clásico antes de que el Black Album le pegara un latigazo en todos los morros, que el death metal lo avanzara por derecha e izquierda como género extremo de referencia y que todas las grandes bandas de los ochenta entraran en barrena y vivieran crisis galopantes de identidad y de formación antes de florecer de nuevo con el cambio de siglo.

En el caso de los germanos Kreator, grandes abanderados del thrash teutón y punta de lanza del cacareado y admirado big 4 alemán (segunda gran meca del estilo junto a la Bay Area estadounidense), venían de saborear por primera vez las mieles del éxito de masas con un brillante Extreme Aggression que les puso un escalón por encima de sus compatriotas Destruction, Sodom y Tankard a nivel de popularidad y de evolución musical. En ese disco, publicado en 1989, la banda liderada por Mille Petrozza levantaba un pelin el pie del acelerador y conseguía alcanzar un equilibrio entre la frenética velocidad que caracterizó discos como Terrible Certainty o Pleasure to Kill, una producción y un sonido mucho más pulido (obra de todo un pope del estilo como es Randy Burns) y las dosis exactas de melodía y épica que les convertieran en banda top en Europa y les abriera las puertas a mercados tan golosos como el estadounidense.

Pero lejos de ajustarse a las críticas que marcaron mis prejuicios sobre este disco en mi juventud, Coma of Souls no deja de ser una continuación absolutamente lógica y natural del camino que habían abierto en su álbum anterior. Con la marcha de Jörg «Tritze» Trzebiatowski y la entrada del ex guitarrista de Sodom, Frank «Blackfire» Gosdzik (en lo que iba a ser el primer cambio de formación en toda la historia de la banda si obviamos su transición de trío a cuarteto tras la publicación de Pleasure to Kill), Kreator parieron un disco tremendamente completo e inspirado en el que, una vez más, supieron aunar agresividad y rabia con una indudable madurez y unos aires melódicos, antémicos y ciertamente más accesibles de lo que nos acostumbraron en su primera época. Un estilo que, visto desde la perspectiva que nos dá el tiempo (y más a mí, que me fijo en todos sus detalles por vez primera!), sientan todas las bases de lo que va a ser la música de Kreator en estos últimos años en los que finalmente han alcanzado de verdad el éxito de masas (y, apedreadme de nuevo, cuando en mi opinión están produciendo los mejores discos de toda su carrera).

Pero bueno, vamos a ello, porque (quizás poco sorprendentemente) este Coma of Souls me ha parecido un discazo muy serio con diez canciones solidísimas que no entiendo por qué no han tenido un recorrido mucho mayor en la carrera de la banda y que, sí, me arrepiento un poquito de no haber escuchado con todo detalle hace ya un par de décadas y pico. Porque más allá de las archiconocidas «People of the Lie» o «Coma of Souls», aquí encontramos un montón de perlas llenas de riffacos, melodía, divesidad, juegos de guitarras y épica a raudales sin un segundo de paja o relleno. No sé si hasta el punto de considerarlo yo también el mejor disco de la carrera de Kreator (supongo que me falta un poco de apego personal con él para que así fuera), pero sin duda sí para darle una notaza bien alta si tuviera la oportunidad de hacerlo.

Tras la mejor portada de su carrera hasta el momento (en este sentido no habían estado demasiado inspirados en esos primeros años), la cosa empieza con las canónicas guitarras acústicas de tonalidades melancólicas y oscuras que abren la inicial «When the Sun Burns Red», un recurso más que trillado en el thrash metal de la época pero siempre efectivo y resultón. Tras prácticamente un minuto, unas guitarras y unos redobles de batería 100% Kreator nos atacan a toda velocidad en lo que es una canción potente, dinámica y entretenida cuyo estribillo y riff secundario, por cierto, parecen una inspiración clara para la reciente y celebrada «Hordes of Chaos». El resto de sus riffs nos llevan en volandas sin muchas sorpresas pero con total efectividad a través de una excelente parte creciente intermedia y una serie de solos intercambiados la mar de motivantes. Magnífico corte, sin duda, para empezar el disco.

«Coma of Souls» es uno de los temas más conocidos que encontraremos aquí, aunque nunca ha llegado a alcanzar nunca del estátus de clásico indiscutible (no está ni tan siquiera entre los quince temas más interpretados de la historia de la banda) como sí lo han hecho otros cortes que daban título a sus respectivos álbumes. Eso sí, sus redobles de charles, sus guitarras dobladas y su doble bombo a modo de metralleta me resultan totalmente icónicos. Tras ese magnífico pasaje inicial, una caja insistente y machacona acompaña a una serie de riffs frenéticos y muy conseguidos, a un par de súbitas, breves y estimulantes relantizaciones poco antes del estribillo y a un maravilloso medio tiempo cerca del final que lo convierten en una canción fantástica pero bastante lejana de ser accesible.

Si hay un tema que ha pasado a la historia de este Coma of Souls es sin duda «People of the Lie», a la postre sexta canción que la banda ha tocado más veces en directo y tercera más popular (junto a «Flag of Hate») de su época clásica solo por detrás de «Pleasure to Kill» y «Extreme Aggression» (para satisfacer vuestra curiosidad, las otras tres que ocupan el top son «Phobia», «Violent Revolution» y «Enemy of God»). Con una apertura sobradamente épica, un ritmo infeccioso y vacilón, una estructura directa y accesible, un solo heavy pegadizo y canónico, una línea vocal y un estribillo sencillo y fácilmente memorable y una duración ideal para ello, «People of the Lie» es el single perfecto para meterse en las cabezas de cualquier metalero que pasara por allí, y si bien escuchándola en el contexto de la carrera de la banda puede pecar de excesivamente simplona, sin duda cumple muy bien con su cometido.

Estas tres primeras canciones son probablemente las más conocidas del disco, así que ahora toca meterse en terrenos un pelín más oscuros. La brevísima y frenética «World Beyond», en poco más de dos minutos, nos recuerda a esos Kreator primigenios que iban a piñón sin demasiadas consideraciones por nada más que no fuera meter tanta tralla como fuera posible. «Terror Zone», en cambio, con sus casi seis minutos de duración (la más larga del disco), supone el gran epítome de lo que significa esta nueva etapa de la banda, armando un temazo completísimo con una intro absolutamente maravillosa y una serie de pasajes que alternan la atmosfera, la incisividad, el vacile, los morritos, la accesibilidad y la velocidad para convertirse en uno de los cortes, a mi juicio, más destacados de este disco y que más marcarían en lo que se iba a convertir esta banda a lo largo de los años.

La cara B del disco se pasea por el fondo de catálogo más absoluto de la carrera de la banda, ya que estas cinco canciones, quizás más duras e inaccesibles en general que lo que hemos encontrado hasta ahora, han sido repetidamente ignoradas por la banda en directo (entre todas ellas han sonado únicamente 21 veces sobre un escenario, y 20 de ellas corresponden a «Agents of Brutality»). Pero no por menos conocidas poseen menos calidad, más bien al contrario, empezando por la mencionada «Agents» que, tras un inicio pesado y gritón, nos avasalla a base de un thrash metal feroz, zumbeante y bastante representativo de la visión que Kreator tenía del estilo en esos primeros años, aunando tanto elementos de heavy metal clásico como pasajes que lo acercan incluso al death metal aún primigenio que algunas bandas escandinavas empezaban a practicar en esa época.

Siguiendo con la eterna y rabiosa crítica social que siempre ha acompañado sus letras (y que, por desgracia, sigue tan vigente ahora como hace treinta años), «Material World Paranoia» también circula por la vertiente más veloz de la banda, con un estribillo más que resultón y algunos riffs infecciosos que me encantan y que, fíjate tú por dónde, la convierten quizás en uno de mis cortes favoritos de este disco. El opresivo inicio de «Twisted Urges» nos descubre otro tema thrashero, veloz y tirando a sucio con momentos en los que se antoja bastante complicado mantener el cuello quieto. Lo mismo ocurre con la frenética «Hidden Dictator», un himno de thrash metal que de nuevo alterna melodías oscuras y pesadas cercanas al death metal con velocidad terminal y algunos pasajes sorprendentes e inesperados que, de nuevo, forman un tema brillante y tremendamente disfrutable.

Con otro título absolutamente canónico del thrash de los ochenta, «Mental Slavery» es un medio tiempo muy potente y energético que se acerca a los seis minutos de duración y que se te engancha en la cabeza sin demasiadas dificultades, acabando de forma apoteósica para poner el punto y final a un disco que, fíjate tú que cosas, ha resultado ser todo un discarral. Más allá de mi propia ignorancia respecto a él, es interesante ver cómo, tras su éxito tanto de ventas como de recepción, y forzada por las circunstancias que hicieron temblar el mundo del metal a principios de los noventa, la propia banda acabó dejando atrás un camino en el que parecían haberse encontrado del todo a ellos mismos para experimentar con el metal industrial, el groove metal e incluso el metal gótico en la toda esa década, tuviendo que esperar casi diez años para retomar la senda que tan firmemente habían marcado aquí. Queda mal que yo lo diga, pero discazo imprescindible este Coma of Souls.

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Sobre Albert Vila 872 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.