Paradise Lost – One Second: 25 años del disco que más odiamos… y luego más amamos

Ficha técnica

Publicado el 14 de julio de 1997
Discográfica: Music for Nations
 
Componentes:
Nick Holmes - Voz
Gregor Mackintosh - Guitarra, teclados
Aaron Aedy - Guitarra
Stephen Edmondson - Bajo
Lee Morris - Batería, coros

Temas

1. One Second (3:33)
2. Say Just Words (4:03)
3. Lydia (3:32)
4. Mercy (4:25)
5. Soul Courageous (3:01)
6. Another Day (4:44)
7. The Sufferer (4:30)
8. This Cold Life (4:21)
9. Blood Of Another (4:01)
10. Disappear (4:29)
11. Sane (4:01)
12. Take Me Down (5:26)

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«Realmente fue una gran desviación de ‘Draconian Times’ y, para bien o para mal, el comienzo de una fase muy experimental para la banda.» (Nick Holmes)

Complicado se me hace el hablar del disco One Second de Paradise Lost… Menuda decepción pillamos miles de chavales en todo el mundo cuando escuchamos la “evolución del grupo”… ¡pero peor aún fue ver que se habían cortado todos el pelo! A ver… pongámonos en situación: el estado del heavy metal en esos días era para echarse a llorar… Judas Priest sin Halford, Helloween sin Kiske ni Hansen, Kiss sacando un disco que intentaba sonar a grunge, Maiden sin Dickinson y Dio con Tracy G. de guitarrista. Era todo para desesperarse.

El power metal era nuestra metadona, pero andaba todavía en pañales, y Metallica había sacado el Load y se habían cortado el pelo. ¿Ha habido un peor momento para el heavy metal que el 97? Pues sí, el 95 y el 96… Pero cuando te rematan de verdad es cuando la gran esperanza blanca que era Paradise Lostse venden” de esta forma… los creadores de Icon (1993) y Draconian Times (1995), que todo el mundo comparaba entonces con Metallica (por expectativas más que por sonido) se lanzan en brazos de Sisters of Mercy. Y lo peor y más inquietante de todo: ¡el disco era una pasada!

«‘One Second’ siempre permanecerá como una pieza vital en los casi 30 años de historia del grupo.» (Nick Holmes)

El disco

Hay en esta obra tres canciones que son obras maestras por si solas, y la magna y principal es “Say just Words”, una de las mejores canciones góticas de la historia del rock gótico y la segunda más tocada de su historia por Paradise Lost después de “As I Die”. Realmente pintaban bastos… sin guturales, pero nacía un himno absoluto que molaba hasta a los más decepcionados. “Say Just Words” es magia pura. Lo mismo hay que decir de “One Second”, tema que daba nombre al disco y que lo abría, para desespero de sus fans. Teclados, programación y suavidad de atmósferas. Lo mejor de todo es que la canción mantenía su sello de identidad, pero lo llevaba a unos terrenos proscritos para los metaleros de 1997.

La otra espectacular es el “Mercy”, dotada de un estribillo mágico con la batería de Lee Morris sampleada. Aquí sí que la influencia de los Sisters es absoluta, pero el corte te hechiza como pocas. Cuesta realmente creer que sean los mismos que grabaron el Shades of God, pero estamos ante una bellísima mutación sónica que valoraríamos con el paso del tiempo. Ejercicios tan bien llevados como “Lydia”, cargada de voces distorsionadas y efectos, no queda nada mal y te demuestra que Mackintosh y Holmes estaban realmente inspirados a la hora de componer.

Puede que “Soul Corageous” sea lo más cercano a su pasado, saturando de sonido y marcando un riff base guitarrero, dotado de base rítmica pesada, aunque de doom metal poco. El estribillo es incluso amable y pegadizo, pero… vuelve a ser una gran canción de la que no puedes evitar que te mole. Creo que en esos días les escuchábamos intentando que no te gustase lo que oías, pero el material valía mucho la pena, y terminaba calando.

En el inicio de “Another Day” parece que estemos ante un tema de Faith No More, lo que añade más confusión a todo. Recordemos que estamos hablando de los entonces posibles herederos de Metallica, así que todo dolía, y mucho. Combinan aquí lo alternativo con un estribillo 100% Paradise Lost. Teclado a lo Bach para dar entrada a solemne a “The Sufferer”, cargada de samplers. Un tema realmente inspirado que conecta con sus dos anteriores disco,s con parones y arrebatos contundentes.

De entre lo más experimental y desesperante está “This Cold Life” que ya un poco te anticipa lo que está por venir en el Host. Afortunadamente aquí las guitarras están muy definidas y la cosa se va entonando en pasajes que combinan guitarras contundentes, con programación de esa que nos hacía salir sarpullidos a los metal heads de 1997. Os confesaré que una de las debilidades que siento por esta obra es la maravillosa “Blood of Another…”. Temazo de impecable estribillo que podría haber encajado perfectamente en Icon con otra producción.

“Disappear” vuelve a enfrentar lo digital y tecnológico con su pasado doom metal, consiguiendo un interesante híbrido que llega a ambas orillas con clase polarizando las propuestas en una. El tramo final del disco es de lo que más pasa desapercibido con la guitarrera “Sane”, que vuelve a jugar con cumbres y valles. Y a pesar de que el tiempo pase y volvamos a enamorarnos de One Second está claro que algo como “Take Me Down” es absolutamente intrascendente.

Veredicto

Era la primera vez que grabaron todo de forma digital, lo cual era una declaración de intenciones tan evidente como la de los pelos cortados. La banda seguiría evolucionando hasta el posterior Host en el que su público dijo “basta” y les tocó recoger cable a manos llenas. Tampoco podían convertirse en el equipo filial de Depeche Mode y mantener en los directos su material más agresivo y emblemático.

One Second ha terminado siendo el disco más vendido de Paradise Lost y el segundo más tocado en directo detrás de Draconian Times. Posee una portada icónica con esa arrugada abuela que cierra los ojos y los abre en la contraportada. Lo odiamos en su día y lo terminamos amando con el paso del tiempo. A partir de entonces vendrían volantazos y curvas. Con One Second terminaba la etapa más gloriosa del grupo de Halifax.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 942 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.