Crónica y fotos del AMFest 2022 - Día 2 - La Farga (L'Hospitalet de Llobregat), 7 de octubre de 2022

El contundente e hipnótico viaje de Cult of Luna lidera una segunda jornada de lujo ecléctico en el AMFest 2022

Datos del Concierto

AMFest 2022 - Día 2

Bandas:
Cult of Luna + Caspian + Tricot + Svalbard + GGGOLDDD + Foxtails + Birds in Row + Lili Refrain + Aiming for Enrike
 
Fecha: 7 de octubre de 2022
Lugar: La Farga (L'Hospitalet de Llobregat)
Promotora: Aloud Music Ltd
Asistencia aproximada: 1.500 personas

Fotos

Fotos por Josep Maria Llovera / Beto Lagarda

Tras el impecable y engrescador preámbulo protagonizado por Elder, Oranssi Pazuzu y Pallbearer en la jornada inaugural del jueves, llegó la hora de meternos de lleno en la vorágine de conciertos y de gente arriba y abajo que caracterizará los dos días grandes (viernes y sábado) de este AMFest de 2022. Ya hablábamos ayer de como el cartel de este año es incontestablemente brillante, con infinidad de propuestas originales y de altísima calidad representando con sobrada solvencia todos aquellos múltiples estilos que forman el amplio abanico espiritual del festival, así que no insistiremos mucho más en este sentido. Pero a pesar del elevado nivel general, en mi mundo los suecos Cult of Luna relucen con particular fulgor e intensidad (además, hace mil años que no les veo en directo), así que anticipaba esta segunda jornada con especiales ganas.

Si el jueves ya me costó llegar a primera hora (de hecho no lo logré ni de coña), hoy que era un día igualmente laborable pero donde la cosa empezaba dos horas antes, ya me lo tomé como una empresa absolutamente inalcanzable. Así que, con total y estoica resignación, tuve que renunciar a bandas como Birds in Row, GGGOLDDD o Svalbard, cuyos méritos musicales y escénicos son más que suficientes para que estemos todos bien atentos a sus conciertos. Por suerte, una amplia y diligente representación de nuestra redacción ya pululaba por ahí desde primera hora, así que gracias al buen hacer de nuestros amigos Beto Lagarda y Joan Calderon no vais a perderos ni un detalle de ninguno de los grupos que se subieron a los tres escenarios del festival durante el día de hoy. Les paso el testigo a ellos y nos vemos a la que llegue a La Farga de aquí a un par o tres de horas.

Birds in Row

por Beto Lagarda

La segunda jornada del AMFest, para un servidor tristemente fue la primera, abría temprano enmarcada en un lluvioso viernes de octubre. Ideal para encerrarse a abrazar la calidez de un festival que nos hace sentir partícipes de todo como ningún otro festival logra. Los que hemos asistido a un AMFest podemos intentar exponer esa sensación de cercanía que te ofrece la crew e incluso las bandas que en él participan.

El día lo abrieron Birds in Row, una de las bandas más prometedoras de Francia cuando hablamos de post hardcore. El trío formado por Bart, Quentin y Timothee cuentan con dos discazos de escucha obligada como lo son You, Me & the Violence (2012) y We Already Lost the World (2018). A punto de publicar su ansiado tercer disco titulado Gris Klein (2022), Birds in Row siguen siendo un secreto a voces. Precisamente, los afortunados que lo deseaban podían comprar ya el vinilo físicamente en el stand de merch, unos días antes de su publicación oficial.

Puntualmente a las 16:00h se colocaban sobre las tablas los del Pays de Loire. Con un sonido muy bueno y una iluminación más bien escasa más que la que las propias claraboyas de cubierta dejaban pasar, Bart Hirigoyen cogía con fuerza su Rickenbacker 330 y empezaba a desgañitarse con “Water Wings”, pieza que incluirán en su nuevo disco Gris Klein.

Poco tiempo tenían para destrozarnos, pero vaya si lo lograron. Con la esencia hardcore punk y los pasajes de screamo, el trio francés bordó un concierto corto pero intenso. Presentando en sociedad varias piezas de su nuevo disco y recuperando algunas del magistral We Already Lost the World (2018), cuando nos dimos cuenta ya estaban recogiendo los bártulos. Gran entrega de una banda llamada a crecer ya mismo.

Lili Refrain

por Beto Lagarda

Tras la volada de olla de los franceses, cambiamos de escenario para ver a Lili Refrain, una de las propuestas más complejas del día. La artista romana se encuentra promocionando su nuevo disco titulado Mana (2022). En él, Lili da rienda suelta a su imaginación, combinando guitarra eléctrica, voces, percusión, sintetizadores y loops, crea un inframundo sónico brutal.

Sus sonidos de otro mundo nos transportaron a un lugar desconocido pero meditativo, la unión y fusión de capas e instrumentos provocan un in crescendo sobrecogedor. Su directo es de procesado lento, hay necesidad de conexión entre artista y oyente, una conexión que la artista logra a base de una sutil interacción: risas, miradas, gestos.

Esta nueva escuela de artistas que juegan en la dark wave neoclásica junto a muchos elementos tribales tiene una nueva alumna aventajada. Pues Lili Refrain tiene todo el potencial necesario y un carisma inusual para subir peldaños de dos en dos.

Su concierto fue emotivo e intenso, aunque hubiera mejorado en un horario más nocturno con menos luz y más intimidad. Aún así, excelente la propuesta de la italiana.

GGGOLDDD

por Joan Calderon

Los holandeses GGGOLDDD, anteriormente conocidos como Gold, tienen una dilatada carrera en la que ha predominado una suerte de post rock metalizado que con la publicación de su último disco ha incorporado tintes industriales de la escuela Nine Inch Nails

Saltaron al escenario principal con Milena Eva al frente y como figura escénica protagonista y única. Arropada por los otros cinco componentes de la banda, entre los que se cuenta, también, la fuerza creativa Thomas Sciarone que con su mesa de “maquinitas” (ordenador, synths y demás aparatos) tiene un protagonismo esencial junto a Milena a la hora de “dirigir” musicalmente a la banda. 

El sonido del recital es cristalino y contundente, en una actuación en la que desgranaron por completo su último álbum, This Shame Should Not Be Mine (2022), un ejercicio duro y necesario para la vocalista, en el que explica la historia de un abuso sexual que sufrió en primera persona. La interpretación vocal es excelsa, y los movimientos tímidos y sincopados de sus danzas transmiten la tensión que ella escribe en sus letras.

Aunque fríos, la ejecución es perfecta, ese sonido combinado entre Ulver y los Depeche Mode menos oscuros llena de emotividad todos los rincones de La Farga de L’Hospitalet . La voz dulce y melosa de Milena Eva ofrece una intensidad omnipresente durante todo el concierto. Fue una lástima que durante el concierto aún hubiera luz natural, porque un ambiente mucho más íntimo y tenue le hubiera sido magnífico para complementar el viaje a un suceso tan traumático expresado de una forma tan delicada. todo el concierto fue una delicia pero merecen una especial mención la tensa «Like Magic», la épica «Invisible» y la excelente y rítmica «Notes on How to Trust». 

Una gran actuación, algo fría, pero esto va de emociones fuertes.

Svalbard

por Joan Calderon

Tras el intimismo de GGGOLDDD era el turno de los británicos Svalbard. Evidentemente, la energía era totalmente diferente. Su frontwoman Serena Cherry desprende buen rollo a pesar de que no suene su guitarra antes de iniciar su concierto. Contundentes y agresivos es otro tipo de concierto tomado por la energía vigorosa que siempre desprende el hardcore en este caso con múltiples influencias que practican estos nativos de Bristol.

Con especial protagonismo para su último disco, When I Die, Will I Get Better? (2020), su peculiar forma de entender el hardcore entusiasmó al público que se congregaba en La Farga. Toques de post metal, predominando las notas más rabiosas, sobre todo motivadas por las voces guturales y los growls de Serena y el otro guitarrista de la banda y co-cantante Liam Phelan. Nos recuerdan la felicidad que sienten por tocar por primera vez en suelo catalán, y eso es de agradecer porqué además la satisfacción que sienten parece sincera y honesta. hubo espacio también para canciones más clásicas de la banda como «Revenge Porn» o, la que sirvió para cerrar el bolo, «Grayscale».

Todo y su propuesta agresiva y ruda, especialmente en directo suenan mucho más crudos y metálicos que en disco donde, en ocasiones, suenan más ambientales y atmosféricos, la energía que desprenden es positiva y buenrollista, y creo que eso es un punto a tener en cuenta y agradecer. Se atisba un gran futuro para ell@s y espero poder seguirles la pista.

Foxtails

Tras mucha más caravana en las rondas que vueltas para encontrar aparcamiento (me sorprende y me alegra comprobar que, a pesar de mi preocupación por el tema, es tan fácil aparcar gratuitamente por esta zona), aquí me tenéis con energías renovadas para contaros qué es lo que ocurrió desde media tarde hasta que, básicamente, nos fueron echando de la sala alrededor de la una y media pasadas. Tal y como bien os han explicado Beto y Joan, parece que los conciertos de Birds in Row y de GGGOLDDD rayaron a niveles altísimos. Eso hizo que por un momento mis niveles de alerta FOMO se dispararan, pero esta vez el hecho de que entre banda y banda transcurran bien pocos minutos jugó a mi favor, provocando que cuando estás a medio lamerte las heridas ya suba alguien más a intentar fascinarte con su propuesta.

Una de las bandas que aún no conocía y que más me llamó la atención en mis escuchas previas de descubrimiento fueron sin duda los neoyorquinos Foxtails (de hecho, no sé exactamente si son neoyorquinos, pero tienen una cara de serlo que echa para atrás). Su propuesta es fresca y alegre sin dejar de resultar compleja y agresiva, y en los vídeos que ví de ellos parecían ser también divertidos y visualmente magnéticos. Unas expectativas que, tras disfrutar del agresivo tramo final del concierto de Svalbard y caminar unos metros hasta el escenario 3, no tardé en confirmar una vez nos encontramos cara a cara con estos cuatro muchachuelos de aparencia muy joven e indudablemente friki (dicho esto con total respeto y cariño a los frikis, eh, por supuesto. Que conozco a un montón).

Armados con batería, bajo, guitarra y (inaudible) violín, los americanos nos fueron desgranando cancioncillas de duración modesta y títulos bizarros (“Ataque de nervios”, “Gallons of Spiders Went Flying Thru the Stratosphere”) que, así a bote pronto, adscribiría en una especie de mezcla entre mathrock y screamo con continuas alternancias de intensidad y registro. Situada en el centro del escenario y armada con un bajo de relativo gran tamaño, su vocalista Blue Luno Solaz (ataviada con una especie de diadema con orejitas que sobresalían de entre su frondosísima mata de pelo y le daban un aspecto innegable y voluntariamente cuqui) se erigía como foco de la mayoría de miradas mientras confirmaba su procedencia hispánica comunicándose en castellano entre canción y canción.

Más allá del violín (que desde donde estaba yo no llegó a oírse en ningún momento), la verdad es que el sonido no acabó de ser el todo nítido, y a pesar de que en general puedo afirmar que me gustaron, mentiría si dijera que acabé de conectar del todo con su propuesta. Estuvieron divertidos, eso sí, y creo que lo que hacen, sin ser nada particularmente cercano a mis géneros de referencia, es bastante interesante. Pero a la vez, quizás alargaron demasiado los silenciosos parones entre temas y, en consecuencia, su concierto adoleció de algo de falta de ritmo. A pesar de que muchos aprovecharon el momento para cenar o para coger sitio para Cult of Luna, delante de su escenario se agolparon algunos fans inesperadamente devotos que disfrutaron con pasión de su música y se animaron, incluso, a montar algún que otro pogo de desarrollo y morfología algo extrañas.

Foxtails son una de esas bandas 100% AMFest que no conoces de nada, te encuentras de bruces con ellas y acabas sorprendido por lo que tienen que decir y por cómo lo dicen. Y aunque no creo que su actuación pase a los anales de mi historia conciertil personal, sí que celebro que les hayan hecho un hueco hoy aquí. Por cierto, que lo he mirado y por lo que parece no son de Nueva York, sino de Connecticut. Pues nadie lo diría.

Cult of Luna

A principios de los dos miles, un amigo mío (cofundador de esta revista largamente desaparecido en combate, por cierto) se fue de Erasmus a Lund (Suecia), y cada vez que volvía a visitarnos lo hacía con un montón de nueva música que había descubierto en algún rincón u otro de la fértil escena hardcore escandinava del momento. En cada uno de esos breves regresos nosotros lo recibíamos con los brazos abiertos tanto a él como a estas músicas, y de ahí salió mi afición a bandas tan diferentes (pero con espíritu tan parecido) como Randy, Langhorns, Raised Fist, The (International) Noise Conspiracy o Cult of Luna. Estos últimos me pegaron verdaderamente fuerte, y en su momento recuerdo haberlos visto tanto en un Sant Feliu Fest (delicioso festival, pardiez), en Razz 3 junto a Moksha y en el Furyfest (percursor del Hellfest) de 2005. Pero de todas esos encuentros hace ya más de quince años, así que siendo como son una de mis bandas favoritas (top 20 seguro), y siendo Mariner el disco que más me flipa de toda la década de los dosmildieces, ya iba tocando volverme a plantar en algún concierto suyo.

Independientemente de mis excitadas ansias de verlos en lo personal, es evidente que los suecos eran los verdaderos cabezas de cartel de esta jornada del viernes. Mientras los más devotos ya llevaban un buen rato guardando su sitio en primera fila, el resto de presentes se iban acumulando lenta pero expectativamente alrededor del escenario en lo que fue el primer gran concierto (a nivel de tamaño y nombre) del festival, y cuando se apagaron los luces del recinto, arrancaron los cañones de humo (que no iban a escatimar en gasto en la siguiente hora y media) y los miembros de la banda hicieron acto de presencia uno tras otro sobre el gran escenario 1, la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo.

Seguro que los fotógrafos odiaron con toda su alma la propuesta visual de los de Umea (tampoco es que éste sea, en general, el festival más agradecido para ellos). Pero para el público en general, algo tan sencillo como unas delicadas y ondeantes cortinas de fondo, algún que otro ventilador colocado en el lugar adecuado, unas excelentes y completas contraluces que alternaban tenuidad y dramatismo y, por encima de todo, hondonadas de humo a punta pala, fueron suficientes para crear el ambiente perfecto y allanar el camino para que la banda hiciera el resto. Y vaya si lo hizo. Con dos baterías (algo siempre imponente tanto el lo visual como en lo musical) y una contundencia y una claridad impresionantes en sus múltiples vertientes sónicas, Cult of Luna acabaron por sincopar los cuellos y los ritmos cardíacos de todos los presentes.

Antes comentaba mi incondicional devoción por Mariner, pero estaba claro que sin la presencia de Julie Christmas era imposible que interpretaran ninguna canción de ese impresionante trabajo. De hecho, y como era de esperar, su repertorio de hoy se centró prácticamente por completo en las canciones de sus dos últimos trabajos, The Long Way North y A Dawn to Fear, con pequeñas concesiones a Vertikal (“I: The Weapon”) y Somewhere Along the Highway (“Dim”). No os niego que me habría gustado que cayera algún hitazo entre comillas como “Echoes”, “Adrift”, “Finland” o “In Awe of”, pero el concierto fue tan sólido, tan compacto, tan hipnótico, tan contundente, tan sobrado y tan bien llevado que en realidad me da igual. Es más, con lo engarrulado que andaba yo ya de por sí, no sé que habría ocurrido si hubieran dado chance a algunas de mis favoritas. Así que ya está bien así.

Como no recordaba demasiado cómo se desenvolvían en directo, me sorprendió bastante que Johannes Persson se alzara con tanto protagonismo escénico. Además de ocupar el micrófono y el centro del escenario (claro), en muchas ocasiones se colocó unos pasos por delante de sus compañeros y al borde de éste, hasta el punto de intentar encaramarse a la barrera de protección (con éxito relativo, que de qué se estrella) para darse un buen baño de masas. No fue hasta que hubo terminado el concierto que se dirigió por primera vez al público para agradecerle su asistencia hoy, pero está claro que el señor Persson va sobradísimo tanto de vozarrón como de presencia y carisma. Por lo que respecta al resto de la banda, la verdad es que las luces no permitieron verle la cara a nadie más con la excepción del propio técnico, que con su abundante barba y su permanente sonrisa, dio la sensación de pasárselo pipa medio escondido en un lateral.

Los suecos no tuvieron ninguna prisa en ir desarrollando sus temas, insistiendo una y otra vez sobre algunos ritmos pesadísimos mientras añadían pequeños detalles y matices a cada nueva vuelta para atraparnos crecientemente e imposibilitar que nos quedáramos en tierra. Como detalle imperfecto, y aunque ya os digo que el concierto me pareció descomunal, decir que la interpretación conjunta de “Beyond I” y “Dim” (un temazo que en disco me encanta) me dejó un poco frío y que ambas me sonaron extrañamente genéricas, como si la banda intentara hacer una especie de post rock melódico y ligero, peligrosamente desprovisto de la densidad y la intensidad que les caracteriza. Por suerte, el final apoteósico con la tremenda “Blood Upon Stone” hizo que saliéramos de ahí con el corazón palpitando y sensación post orgásmica. Qué putamente buenos que son Cult of Luna.

Tricot

Después de la apisonadora sónica y emocional que fue la descarga de Cult of Luna, se hizo absolutamente necesario un pequeño receso para recuperar fuerzas tanto en lo físico como en lo mental. Y aunque buena parte de ese receso tuvo lugar en las cómodas mesas situadas delante de los food trucks mientras ingeríamos algo que nos volviera a poner a sitio, la verdad es que creo que prestarle atención plena a la propuesta de las japonesas Tricot hubiera funcionado exactamente igual de bien. Tras la intensa severidad sin cuartel de los suecos, la ligereza, el bailongueo, el cuquismo y la alegría que transmitía el cuarteto de Kyoto significó un contrapunto necesario, casi a modo de estiramiento desentumecedor, para poder continuar por todo lo alto con el resto de la noche.

Tras el breve tentempié, nos plantamos delante del escenario 2 para encontrarnos con que ahí tenían montado un verdadero fiestón. Aunque a priori prometían lo contrario, sus planteamientos me pareció que tenían mucho más de indie que de mathrock (en cierta manera me resultaron incluso bastante poperas, no sé si por puro contraste con el concierto anterior), y con esa alegría las tres pequeñas y divertidas muchachas situadas en primera línea del escenario lograron encandilar con sus movimientos, sus guitarrazos, su simpatía, sus grititos ensordecedores y su inglés imperfecto a una generosa cantidad de público entregado que respondía a sus canciones con bailoteos incesantes y haciéndole corazones al escenario. Creo, incluso, que fue la única banda a la que la pidieron bises con tantísima insistencia, a lo que ellas reaccionaron con abrumado desconcierto y sugiriéndole a la organización a que las invitara de nuevo el año que viene.

Un poco como ocurrió con Foxtails, el concierto de Tricot fue una alegre bocanada de frescor en medio de propuestas tan intensas y severas, y su presencia aquí me resultó verdaderamente acertada. Eso sí, que conste que a mí me siguen gustando más Cult of Luna 🙂

Caspian

Generalizando más o menos injustamente, el post rock (bien hecho, claro) es un género que me gusta mucho, y habitualmente me suele costar muy poco conectar con sus canciones y dejarme transportar con facilidad a algún lugar lejano. Por otro lado, también suele ser habitual que esos ritmos y esas melodías escapen de mi cerebro tan rápido como entran, y que tan pronto acabe de escuchar un tema, su recuerdo se me desvanezca de inmediato como por arte de magia. Así que a pesar de ser un género que me resulte bastante facilorro, no hay tantas bandas que me emocionen de verdad y de forma duradera: Toundra (a los que ni tan siquiera les gusta que les llamen post rock), Russian Circles, Long Distance Calling (que piden a gritos tocar en este festival algún día u otro) y pocas más. Y no descartaría en absoluto que los americanos Caspian puedan considerarse por méritos propios como una de esas pocas bandas.

Aunque no tienen necesariamente mucho que ver, he de confesar que en lo recóndito de mi interior temía que ocurriera algo parecido a lo que me ocurrió con la actuación de Pelican (otra banda que me gusta mucho) en la última edición “normal” del AMFest: que su concierto fuera técnicamente impecable pero que, en el fondo, no ocurriera nada que moviera mis entrañas ni lo más mínimo. Por suerte, el caso de hoy fue muy distinto, y en su primera visita a la península de su carrera (creo), los de Massachussets dieron un concierto muy sólido y emotivo que nos fue atrapando rítmica y cíclicamente a medida que transcurrían los minutos.

Alternando la agresividad más bruta con una luminosidad innegable, los teloneros de Cult of Luna (ambas bandas están girando juntas por Europa ahora mismo) demostraron tener nivel de sobras para calzar esos zapatos, y si bien su propuesta no alberga la misma cantidad de peligrosidad sónica que la de los suecos, sí que encandilaron sin reservas a todos aquellos que aún no se habían decidido por abandonar La Farga antes de hora. Cosa que a estas alturas, y tratándose como se trata de un festival mayoritariamente frecuentado por viejunos cuarentones, ya eran bastantes.

El mismo equipo de luces que disfrutamos con su predecesores en el escenario principal iluminó maravillosamente los vaivenes instrumentales del quinteto liderado por Philip Jamieson y Calvin Joss, que con la potencia y la densidad de sus tres guitarras como principal arma sónica construyeron un repertorio que repasó casi equitativamente sus últimos cuatro trabajos. El que más escuchado tengo de todos ellos es sin duda su Waking Season de 2012, del que tocaron la final y tremenda “Fire Made Flesh”, pero al disponer de un catálogo tan potente y equilibrado y al transmitir tanta fuerza y tanta seguridad sobre el escenario (sus sombras estuvieron moviéndose sin parar durante toda la descarga sin dejar de sonar atronadores y matemáticos), el conjunto de su concierto resultó impecable y despertó una ovación más que merecida.

Aiming for Enrike

A estas alturas, y por aquello que decía antes de que el AMFest es un festival para cuarentones (aunque, con voluntarioso criterio, un año más han tenido el gran detalle de ofrecer entradas gratis para los menores de 23), quien más quien menos ya tenía los pies y las mentes algo percutidas. Por ello, y a pesar del indudable atractivo de su propuesta, los valientes que nos acabamos quedando al concierto del dúo noruego Aiming for Enrike fuimos bastantes menos de los que pudimos ver durante los momentos álgidos de la noche. En parte es una pena, porque la que montan los buenos de Simen y Tobias encima de un escenario es verdaderamente fascinante, pero por otro supongo que es de agradecer que pudiéramos disfrutarlo en un entorno más o menos familiar y con espacio de sobras para bailotear con total libertad.

La fórmula que exploran estos chicos parte de la misma raíz y la misma idea que muchos otros power duos que puluan por estos mundos de dios: un batería aporreando sus parches con pasión mientras ocasionalmente le presta una atención minuciosa a una caja de ritmos, y a su lado un guitarrista con una pedalera descomunal a sus pies (si miráis la foto que hay un poquito más abajo os podréis hacer una idea de a lo que me refiero). En el caso de Aiming for Enrike, la pedalera de marras adquiere un protagonismo mayúsculo, y buena muestra de ello es que los que nos encontrábamos en las filas traseras apenas podíamos ver sobresalir la cabeza de Simen Følstad Nilsen por encima del público, de tan atareado que estaba en toquetear sus múltiples interruptores.

A pesar de que al principio de su descarga la cosa adquirió unos tintes ruidosos y casi drone que no me hizo especial gracia, al cabo de un rato (y a base de loops y efectos varios) la cosa evolucionó hacia un bailonguerismo ochentero que, aunque yo no lo sabía, resultó ser exactamente lo que necesitaba para no empezarme a arrastrar por los suelos. De hecho, el ritmo altísimo que marcaba la música de los noruegos me sirvió de vigorizante inesperado, y sin pretenderlo me pasé los cuarenta y cinco (¿cortos?) minutos que duró su concierto en alegre bailoteo constante. Un rápido vistazo a mi alrededor me cercioró de que no fui el único que sucumbió a sus hechizos, ya que no solo la práctica totalidad de los que nos quedamos estábamos moviéndonos a su son, sino que incluso alguno que otro se animó a liderar una modesta e infructuosa conga (tampoco nos pasemos).

Me atrevería a decir que la festividad discotequera (no exenta de excelsa calidad técnica, todo sea dicho) de los noruegos Aiming for Enrike fue la guinda perfecta y el final ideal para una jornada como la de hoy, que alternó propuestas muy pesadas y agresivas con otras mucho más ligeras y alegres. Gracias a ello, la atención y la intensidad emocional que se nos requería fue totalmente variante a lo largo de la noche, cosa que facilitó que banda se asentara en nuestra mente y nuestra memoria como una experiencia única e individual. Con los brazos aún en alto y en plena sacudida de caderas, poco más tarde de la una y media de la noche se acabó la música, y tras los inevitables “vayan saliendo”, empezamos a encarar las puertas de salida con sonrisas de oreja a oreja y el convencimiento de que habíamos vuelto a vivir una jornada memorable repleta de propuestas valientes, originales y atrevidas. El AMFest sigue siendo algo especial, y solo estamos a mitad del camino.

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Sobre Albert Vila 931 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.