Therion – Leviathan III

Nuestra Nota


8.5 / 10

Ficha técnica

Publicado el 15 de diciembre de 2023
Discográfica: Napalm Records
 
Componentes:
Thomas Vikström – Voz
Lori Lewis – Voz
Christofer Johnsson – Guitarra, teclados
Christian Vidal – Guitarra
Nalle “Grizzly” Påhlsson – Bajo
Sami Karppinen – Batería

Temas

1. Ninkigal (3:06)
2. Ruler of Tamag (6:44)
3. An Unsung Lament (6:58)
4. Maleficium (3:34)
5. Ayahuasca (7:57)
6. Baccanale (3:52)
7. Midsommarblot (3:58)
8. Duende (4:18)
9. Nummo (2:30)
10. Twilight of the Gods (6:23)

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Si el primer Leviathan contenía las canciones más “comerciales”, por decirlo de algún modo, y la segunda parte un aura mucho más oscura, esta tercera entrega vuelve a sorprender para bien, pues son canciones variadas, diferentes entre ellas, pero con el denominador común de que son absolutamente Therion, suenan a su material más clásico. Podría afirmar que es el disco de esta trilogía más directo y que más te engancha desde la primera escucha. Toca decir que es una obra heredera del periodo Covid, en el que Johnsson estuvo encerrado y le dio todo el tiempo del mundo para componer toda una trilogía. Vikström y Vidal también tienen su cuota de composición y creación, cosa que suma.

“Ninkigal” es una tremenda pieza que en apenas tres minutos deja patente que el grupo sigue contando con esa magia. Ampulosidad, coros solemnes, voces operísticas y un gran Thomas Vikström. Hay un sorprendente momento en el que irrumpen unas voces rasgadas, growls, pero no es el sueco quien las lleva a buen puerto. El primer single ha sido la balada “Ruler of Tamag”, una preciosa canción armada de inicio con la acústica de Christian Vidal y la preciosa voz de Lori Lewis. Luego ya entramos de lleno en la escuela Therion.

Una batería y un riff totalmente Judas Priest dan inicio a “An Unsing Lament”, corte con coros masculino y femenino que se van turnando. Hay esa aura mítica a pesar de que la base es absolutamente heavy metal clásico. Destaca especialmente la batería de Sami Karpinnen y alguna diablura técnica de Nalle al bajo. Estamos hablando de Therion, por lo que a media canción vira todo hacia el poso clásico con elegancia y más dosis de ampulosidad. Y lo mejor de la canción está en ese imprevisible final en el que las voces solistas brillan en sobremanera, además de ese típico solo 100% Christofer Johnsson.

“Maleficium”, por momentos, es esa canción tipo bastante power metal y rápida con la gran voz de Vikström, tan operística. “Ayahuasca” es el que podríamos reconocer como el típico tema de Therion, con la voz operística de Vikström y con el entramado de coros masculinos y femeninos. Las percusiones son algo orquestales para dar más solemnidad en esta pieza, a medio tiempo con letras crípticas. “Baccanale” nos devuelve a terrenos mucho más del Vovin (1998), con muchísima fuerza y con ese sonido tan de banda sonora. A pesar de ello estamos ante lo más metálico de la obra, con mucha melodía y con el tremendo esfuerzo en la batería por parte de un exigido Sami Karpinnen.

“Midsommarblot” está protagonizada por el gran coro femenino, devolviéndonos otra vez a los tiempos del excepcional Vovin. Es un tema breve, pero con mucho ángel y que podrían haber desarrollado más, pero hay aquí las recurrentes escalas arábigas en el solo de Johnsson y la composición cala desde la primera escucha. Es justo lo que esperamos de la “gran bestia” sueca… El clasicismo domina “What Was Lost Shall Be Not Lost No More”. Corte con dejes teatrales y espacios abiertos de suma elegancia. Quizá un poco recurrente, pero que colmará al fan de toda la vida. Quizá muy conectable con el Gothic Kabbalah.

Atención a “Duende” pues el sabor del Mediterráneo ha empapado totalmente a Johnsson estando en tierras maltesas (allí reside). Es el tema más étnico que le recuerdo al grupo y la guitarra acústica introductoria me ha recordado al trabajo inspirado en el Mare Nostrum de Steve Hackett. Impresionan las voces de Lewis a la vez de que se potencia también la orquesta, pero luego pasamos a tiempos de ¾ con trompetas sorpresivas en uno de los temas más experimentales que han grabado en mucho tiempo.

La pieza más breve es “Nummo”, metálica y directa con todo el arsenal coral tan logrado y con partes intrincadas con el colofón de ese momento repleto de épica y pasión, que no tapa para nada la labor de todo el grupo. Terminan con el que ha sido single: “Twilight of the Gods”, lo más vikingo que han grabado en mucho tiempo. No me parece el sencillo ideal y hubiera optado por otros cortes, pero es atmosférica y muy trabajada. Es Christofer quien elige los avances, así que sus razones tendrá para darle tanta visibilidad a esta pieza.

Therion es un grupo que a mediados de los 90 fueron absolutamente rompedores hasta el punto de que hay poquísimas bandas consolidadas que puedan ofrecer algo similar a lo que ellos pueden conseguir. Posiblemente la etapa de pioneros ya ha quedado estancada, pero la calidad sigue estando en todos sus discos y más en esta serie Leviathan que persigue mantener el nivel e imaginería clásica de sus discos más gloriosos. Toca esperar verles de gira y festivales y nos gustaría que de cara a su próximo disco en estudio se dedicaran a un disco al uso: sin versiones, sin trilogías y sin óperas rock. Pero Johnsson es un genio y sigue siendo absolutamente impredecible.

Fotografía: Mina Karadzic
Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 1371 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.