Ozzy Osbourne – Bark at the Moon: 40º Aniversario del reemplazo forzoso del inigualable Randy Rhoads

Ficha técnica

Publicado el 15 de noviembre de 1983
Discográfica: Epic Records
 
Componentes:
Ozzy Osbourne – Voz
Jake E. Lee – Guitarra
Bob Daisley – Bajo
Tommy Aldridge – Batería
Don Airey – Teclados

Temas

1. Bark at the Moon (4:17)
2. You’re Not Different (5:49)
3. Now You See It (Now You Don’t) (5:10)
4. Rock ‘n’ Rebel (5:23)
5. Center of Eternity (5:15)
6. So Tired (4:00)
7. Slow Down (4:21)
8. Waiting for Darkness (5:14)

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Jake E. Lee Vs. Randy Rhoads. He ahí la cuestión que planteó el lanzamiento hace 40 años de Bark at the Moon (1983). Tras el fallecimiento de este último, era necesario pasar página para continuar adelante y buscar un cambio de dirección musical en el que encajar al nuevo guitarrista. Menudo papelón tuvo que ser reemplazar a un monstruo de la guitarra como Randy Rhoads para un semi desconocido músico como Jake E. Lee, quien había tan solo participado de manera modesta en bandas como Mickey Ratt (reconvertida a Ratt años más tarde) y Rough Cutt. Dio se fijó en él para su proyecto en solitario, pero en última instancia el fichaje se lo acabó llevando todo un Ozzy Osbourne, quien andaba ocupado por aquel entonces en la ardua tarea de llenar el hueco tan profundo que dejó la repentina muerte de Randy Rhoads.

Tras audicionar a muchos guitarristas, Jake E. Lee fue el escogido como flamante sustituto. La polémica en cuanto a la composición de este trabajo está servida, ya que, aunque Ozzy Osbourne consta como la única persona acreditada en su composición, parece ser que gran parte de ella corrió a cargo del guitarrista Jake E. Lee y el bajista Bob Daisley, pues los problemas adictivos al alcohol de éste lo mantenían fuera de juego la mayor parte del tiempo. Jake E. Lee, tras darse la paliza de la composición de la mayoría de los temas y la grabación de las pistas, fue coaccionado por la propia Sharon Osbourne para firmar un contrato (distinto al pactado verbalmente al inicio de su relación) en el que renunciaba a aparecer en los créditos y a defender de forma pública su autoría, bajo amenaza de incurrir en juicios indeseados en el caso de no estar de acuerdo ante tales condiciones abusivas. Un joven y desamparado Jake E. Lee no pudo hacer otra cosa más que acatar. De poco le sirvió pasar por el aro, ya que tras Bark at the Moon y un trabajo posterior junto a Ozzy, The Ultimate Sin (1986), fue despedido de todos modos por la implacable Sharon. Valga decir que, para una servidora, ambos trabajos tienen un valor incalculable y es evidente que ello es debido en buena parte a la aportación tanto a nivel compositivo como interpretativo de Jake E. Lee.

Antes de abordar Bark at the Moon, vale la pena echar un vistazo al resto de músicos que acompañaron a Ozzy en el mismo, pues si ya tenían renombre por aquel entonces, sus trayectorias posteriores han sido prolíficas y de notable éxito. Es evidente que todos ellos fueron co-causantes de la excelencia de este álbum y por ello merecen su pequeño espacio en este repaso de aniversario. El bajista Bob Daisley, tras militar en diversas bandas de escasa repercusión (Kahvas Jute, Chicken Shack, Mungo Jerry, Widowmaker) fue fichado por unos nada desconocidos en la época Rainbow para su inclusión en el directo Long Live Rock ‘N’ Roll (1977), tras lo cual Ozzy le echó el guante y lo mantuvo a su lado durante 11 años (desde 1980 hasta 1991), editando seis discos de estudio durante ese período. Tras su marcha, hemos podido escucharlo tocando en álbumes de Uriah Heep, Gary Moore y Black Sabbath, así como colaborando con múltiples artistas, conformando de tal manera un currículo nada desdeñable. A su compañero a la batería, Tommy Aldridge, tampoco le ha ido nada mal en su carrera, aunque su paso por Ozzy fue fugaz, tan solo presente en el álbum que nos ocupa (ni tan siquiera aparece en el videoclip de “Bark at the Moon”, siendo sustituido por Carmine Appice en su lugar), y básicamente lo conocemos por su larga trayectoria en Whitesnake. Y ya para acabar, colapsaríamos el servidor si nos pusiéramos a hablar de todos los proyectos en los que el teclista Don Airey ha participado como músico de sesión y los cuales ya hemos repasado en diversas ocasiones con anterioridad. Lo de este músico podría considerarse de escándalo, pues se ha codeado con los mejores (Rainbow, Gary Moore o Whitesnake entre otros) y ahí sigue en el candelero a sus 75 años dando guerra junto a Deep Purple desde el año 2002. No nos pasa desapercibida la alta coincidencia de bandas por las que los músicos de este trabajo han pasado, algo que sucedía muy a menudo en los 80, principios de los 90, época en la que el juego se repartía entre unos pocos afortunados.

Si entrar por la puerta grande se puede plasmar musicalmente en un tema, “Bark at the Moon” es un claro ejemplo de ello. Jake E. Lee dejó patente de buenas a primeras que no entraba en calidad de mero sustituto, y desde el minuto cero nos muestra sus enormes capacidades creando riffs de guitarra míticos como el que da paso a este tema y solos de velocidad de infarto y precisión milimétrica. No hay un solo, sino dos aquí, siendo el último de ellos el protagonista absoluto de un final de infarto. No está nada mal como declaración de intenciones. El resto de los músicos participantes no le van a la zaga, destacando en especial la línea de bajo de Bob Daisley que se entrelaza a la perfección con los riffs de guitarra, y los múltiples detalles de teclado de Don Airey, que impregnan de ese halo de oscuridad y misterio al tema, consiguiendo que nos traslademos mentalmente a un escenario nocturno de hombres-lobo ladrando a la luna, en concreto al de uno llamado Ozzy, que le va que ni pintado semejante papel. Comienzan a suceder cosas inesperadas tras este trallazo inicial, y es que a don Ozzy y compañía no se les ocurre otra que continuar el devenir del disco con una balada, eso sí de atmósfera lúgubre como su predecesora. Los teclados y un bajo sin trastes son los encargados de sumirnos en esa tristeza inicial de “You’re Not Different”. Sutil está aquí Jake E. Lee, quien deja en un plano secundario los riffs de guitarra más contundentes para favorecer la aparición de arpegiados sueltos y bonitos acordes de fondo atmosféricos, tan solo desatándose un poco hacia el final con un solo en modo fundido.

Seguimos adentrándonos en la propuesta de Bark at the Moon y si ya hemos ido de arriba a abajo en intensidad con los dos primeros temas, vamos justo ahora a un punto intermedio con “Now You See It (Now You Don’t)”. Jake E. Lee nos vuelve a regalar unos riffs espectaculares que junto a los inefables arreglos de teclado nos traen de nuevo la oscuridad del ilusionismo propuesto por Ozzy en este tema, quien abusa de tonos infantiloides para entonar su estribillo y jugar con nosotros al ahora lo ves, ahora no como si de un niño pequeño se tratara. “Rock ‘n’ Roll Rebel”, aun siendo un tema heavy más al uso, está lleno de detalles catchy que hacen del tema algo irresistible. Desde los agudos tonos que gasta aquí Ozzy en todo momento, a una base rítmica trepidante, a un nuevo derroche creativo en forma de riffs, a otro solo estelar con el que cerrar el tema, recurso que ya hemos visto con anterioridad en el disco y que sirve para recordarnos que quien manda compositivamente puede reservarse un lugar de excepción dentro del tema si así lo desea.

Pasamos a otro de los platos fuertes del trabajo, quizás su tema más emblemático después del homónimo, “Center of Eternity” (renombrado como “Forever” en algunas ediciones). Su intro ejecutada por coros, campanas y órgano eclesiástico, para nada hacen presagiar lo que se viene a continuación, un tema desbordante en energía que pone tus cervicales en modo on de manera automática. Aprovecho la ocasión para resaltar otra de las virtudes de Jake E. Lee que aquí queda más que patente, que es su forma de intercalar virguerías al instrumento mientras ejecuta unos riffs ya de por sí interesantes, añadiendo dinamismo y riqueza a las piezas. Esta característica va apareciendo a lo largo y ancho del trabajo, pero en especial en estos temas más enérgicos que se prestan más a ello.

Le llega el turno acto seguido a la balada por excelencia del disco, “So Tired”, que, a mí, particularmente, me encanta. Que sí, que tiene su punto ñoño como de banda sonora de serial melodramático, pero a mí me parece una genialidad, en especial por su orquestación de cuerda tan emotiva y un Don Airey que con sus teclas hace magia aquí. Jamás imaginé encontrarme en un disco de Ozzy un tema de estas características y en su día me cautivó por ello. Y puestos a resaltar aspectos sorpresivos, su letra también lo es, para nada abraza el romanticismo que rezuma la música, todo lo contrario, nos habla de desamor, del estar hasta los mismísimos de tener que esperar a que la otra persona de una relación esté por ti. Pero la esperanza no está perdida, después del túnel sí hay luz y así nos lo transmiten esos bellos acordes finales con los que se cierra el tema de una manera magistral. Y ya que estamos remontando, nada mejor que adentrarnos en otro trepidante tema, “Slow Down”, que con su imparable ritmo nos pide que nos calmemos, menuda contradicción tan maravillosa…

Nos despedimos con “Waiting for Darkness”, un tema muy original por su ritmo sincopado nada habitual e ideal para cerrar este oscuro trabajo. Está lleno de detalles orquestales que vale la pena escuchar con detenimiento, pues le aportan un plus, además de un solo de guitarra nada desdeñable durante el cual unas voces infantiles se vienen arriba y nos dan que pensar en cómo de divertido podría sonar este tema en directo, cosa que, tras una comprobación online, constato que no ha sucedido nunca (una verdadera lástima que corroborara el hecho de que estamos ante un tema de compleja ejecución).

Y hasta aquí lo que ha dado de sí el repaso del original Bark at the Moon. Si has tenido la suerte de tener alguna de las versiones europeas, regrabaciones o remasterizaciones surgidas en diferentes momentos, habrás podido disfrutar de uno o dos temas adicionales, “Spiders” (o con el título alternativo “Spiders in the Night” según la edición) y “One of the B Side”. ¡Eso que te llevas! En mi caso, “Spiders in the Night” es el bonus que aparece en mi ejemplar de Bark at the Moon, por lo que lo siento tan integrado al mismo como cualquier otro de los temas anteriores. Decir de este corte que me resulta todo un acierto, pues consigue combinar cierto sentir festivo con la oscuridad, y es que, en eso, Ozzy es todo un maestro.

Ya enlazando con el tema de la oscuridad y a modo de conclusión global, podemos afirmar que las sensaciones generales que despierta Bark at the Moon van un poco en esa línea, como si de una película de terror de serie B se tratara, en la que las atmósferas fantasmagóricas son la tónica preponderante en todo el álbum. Sin embargo, vislumbramos ciertos momentos en que la música se hace muy asequible y empezamos a notar una deriva hacia la comercialidad, más patente si cabe en su trabajo posterior, The Ultimate Sin (1986). Para nada me parece un aspecto negativo, sino todo lo contrario, pues calidad la hay y a raudales, y si encima consigues llegar a más a gente, bienvenida sea. Lo que sí es un hecho probado es que Bark at the Moon supuso un reto mayúsculo para el madman del cual salió airoso. Ozzy estuvo acertado en no buscar un clon de Randy Rhoads tras su fallecimiento, sino a un guitarrista con el carisma suficiente para darle una segunda vida a su carrera en solitario. Y lo consiguió. Jake E. Lee demostró su valía aportando su estilo propio, por lo que no debería ser recordado como el reemplazo inevitable sino como alguien con verdadero talento que supo estar a la altura.

Bark at the Moon es un discazo de cabo a rabo, no te quepa la menor duda, y gran parte de ello se debe al elenco de excelentes músicos que lo hicieron posible, entre los que brilló con luz propia un debutante Jake E. Lee, quien supo imprimir su propia personalidad a las locuras creativas de nuestro querido Príncipe de las Tinieblas.

Fotografía: Fin Costello/Redferns/Getty Images
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Sobre Susana Masanés 147 Artículos
Aficionada a la música y los viajes, aunque no sabría decidir en qué orden. Cuando los combino, ¡lo más! Amante de aprender cosas de allá donde vaya, soy un poco la suma de los lugares que he visitado y las experiencias vividas. Daría la vuelta al mundo de concierto en concierto si de mi dependiera, pero las limitaciones terrenales me mantienen aquí y ahora, así que, ¡a sacarle el máximo partido!