Black Sabbath – Vol. 4: 50 años de cuando la cocaína tomó al grupo como rehén

Ficha técnica

Publicado el 25 de septiembre de 1972
Discográfica: Vertigo Records
 
Componentes:
Ozzy Osbourne - Voz
Tony Iommi - Guitarra, piano, mellotron
Geezer Butler - Bajo
Bill Ward - Batería

Temas

1. Wheels of Confusion / The Straightener (8:14)
2. Tomorrow's Dream (3:12)
3. Changes (4:46)
4. FX (1:43)
5. Supernaut (4:45)
6. Snowblind (5:31)
7. Cornucopia (3:54)
8. Laguna Sunrise (2:52)
9. St. Vitus Dance (2:29)
10. Under the Sun / Every Day Comes and Goes (5:50)

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Si hay una palabra capaz de definir este cuarto disco de la banda de Birmingham esa es “cocaína”. Y lo es hasta el punto de que el grupo quiso titular el álbum como “Snowblind”, mítico tema de este Vol. 4 y que en la traducción hispana sería: “ciego de nieve”. Obviamente tal referencia tan poco velada haría a la discográfica quitarles de la cabeza esa idea pues iba a ser pura apología de la droga. Los Black Sabbath disfrutaban ya del estatus de estrellas y el alcohol, las sustancias y demás excesos estaban en el día a día del grupo.

Era 1971 y antes de la grabación del disco los excesos hacían mella en el grupo. Ward no estaba en condiciones de girar y Ozzy con laringitis. El ritmo era frenético y para sobrevenirlo las sustancias varias eran el recurso. Tres discos grabados en dos años y constantes giras les hicieron ver que necesitaban tomarse algo más de tiempo para poder grabar esta vez. También anunciaron novedades… Por vez primera se apartaba a su productor de siempre Rodger Bain y Iommi cogía la batuta tras los controles por mucho que la producción ponga en el disco que fue de todo el grupo. Les salió la apuesta bien, aunque también ayudó el entonces manager Patrick Meehan. En su momento el grupo prometió que sería su disco más variado y… no se equivocaban. También el más melódico hasta esa fecha.

Las ofertas continuaban cayendo para salir a tocar en directo hasta el punto de que la mayor parte del material fotográfico del disco son escenas del grupo tocando. Entre esas pequeñas giras tuvieron tiempo para meterse en el estudio en Londres y grabar algunas partes del disco, pero terminaría siendo grabado en los históricos Record Plant de Los Ángeles. Estaban instalados en una mansión de Bel-Air en Los Ángeles y, al parecer, los kilos del polvo blanco aparecían por allí sin pausa y de una pureza extrema, hecho que en cada tiro de “nieve” se colocaban hasta límites insospechados.

El batería Bill Ward seguía optando por el alcohol (además de la coca) a pesar de que hacía el esfuerzo de presentarse en las sesiones de grabación sin apenas aparentar signos de borrachera. Las gamberradas de Ozzy y las trastadas hacia su batería son legendarias. Se dice que encontró la banda un spray dorado en alguna de las enormes habitaciones de la mansión, y al encontrarse a Bill durmiendo la mona, desnudo, lo pintaron totalmente dorado.

El disco

Lo mejor de “Wheels of Confusion” es la fuerza del título de la canción, la alineación manifiesta del momento vital y ese riff que avanza como rueda dentada devorando nuestras existencias. Era claro que había que empezar con este tema, con las diabluras iniciales de Tony Iommi en esa mítica entrada poco pulida y definitoria de quienes eran Black Sabbath. Impresiona el cambio electrificado hacia la instrumental “Straightener” con ese mellotron haciendo de arreglos y los cambios de intensidad y texturas.

Una de las grandes joyas del disco es la machacona balada “Changes”, que es uno de los hitos de la banda por lo diametralmente diferente de lo que solían ofrecer. Piano, mellotrón de arreglos y la pícara voz de Ozzy que ataca una temática seria, quedando como una nebulosa onírica bella, aunque muy repetitiva. Me sigue pareciendo uno de los mejores temas de Black Sabbath de sus seis primeros discos, los canónicos… Impresionantes las letras de Geezer Butler sobre la pérdida de un ser querido.

“Tomorrow’s Dream” fue el single de la obra y curiosamente la producción la hace sonar algo más apagada que el tema inicial. Posee una línea vocal impresionante, el riffeado, es marca de la casa, y una base rítmica aparentemente sencilla pero muy efectiva. Es una de las grandes canciones del disco y que se optara por ella es totalmente comprensible. Es tan grande como el maravilloso riff de “Supernaut”, otra de las históricas. Aquí Ward hace uno uso y abuso de los platos, muy apagados y concreta unos imaginativos breaks. Los excesos pudieron por él, pero es un batería muy infravalorado. A pesar de la oscuridad hay un toque hippy e incluso feliz entre tantas tinieblas y densidad.

Hay un par de temas instrumentales curiosos, posiblemente destinados a ganar minutaje para el disco, y el primero es el más obviable: “FX”, con una especie de código Morse y efectos en los que la cruz que tiene Iommi de colgante acariciaba las cuerdas de guitarra a modo de slide. La otra es de gran belleza: “Laguna Sunrise”, inspirada en Laguna Beach. Aquí hay las acústicas de Tony Iommi y cierta épica emparentable con sus competidores Led Zeppelin. Otra rareza, y otro lujo para el grupo de Birmingham, en uno de los momentos más bellos y emocionantes de la obra, que puede recordar al tema de su anterior disco “Orchid”.

“Snowblind” sigue siendo una de las piedras angulares de lo que sería posteriormente el stoner. Toda una lección de mantener los postulados y seguir avanzando. El tramo final con sus variaciones y esa especie de jam lisérgica se ha copiado hasta la saciedad. Y luego tenemos algo mucho más doom como es la maravillosa “Cornucopia” siendo los Sabbath clásicos elevados hasta la enésima potencia. Posee un a aire más festivo y floral ese “St. Vitus Dance”, capaz de complementar y equilibrar el disco con sus escasos dos minutos y medio. Hay juegos de contraste entre la profundidad de sonido Sabbath y ese verso de entrada de música muy 60era.

El tema final “Under the Sun / Every Day Comes and Goes” entró en su último set del concierto de despedida, por lo que estamos ante algo realmente especial por mucho que no sea de las canciones más reconocidas del mismo. Pura electricidad y riffs monolíticos con un Butler grave y envolvente. Hay un cierto deje al “Electric Funeral”, pero no hay autoplagio, siguen siendo los Black Sabbath en pleno momento efervescente.

Esta canción fue un quebradero de cabeza para Bill Ward pues no le salía y sus abusos le hicieron llegar a pensar que lo iban a expulsar del grupo por su incapacidad. Y fue justo lo contrario: Black Sabbath estuvo por y para él, pero su baterista estaba en su nube paranoide. Terminó la canción ya en los últimos retoques que se le estaban dando al disco. Salvado por la campana…

Veredicto

Un millón de discos vendidos sólo en Estados Unidos y entradas en listas con buenos números en Inglaterra y en la tierra del Tío Sam, por mucho que su único single fuera bastante desastroso a nivel de popularidad. Como dijo el gran Henry Rollins: “Solo puedes confiar en ti mismo y en los seis primeros discos de Black Sabbath, y razón no le falta. Vol. 4 demuestra que el grupo seguía inspirado, se atrevía incluso con su propia producción y que podían sobrevivir a todos los excesos habidos y por haber. El problema es que un poco también veían que tocaba echarle el freno a esa vorágine…

Hubo luego una gira australiana por primera vez, síntoma de que las cosas cada vez eran más globales y de que la banda podía seguir creciendo. Fueron tiempos en los que el grupo vio con muy buenos ojos el pasar más tiempo en Estados Unidos que en Inglaterra por ventajas fiscales y huyendo del acoso de los fans. Pero Osbourne quería seguir haciendo gala de su patriotismo inglés y antes del disco realizó tremendas declaraciones que cabrearon al público norteamericano. Tratarles de tontos directamente o llegar a decir que Adolf Hitler es uno de tus héroes no hace más que demostrar que realmente el grupo iba “Snowblind”: literalmente ciegos de nieve.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 1054 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.