La reseña improbable: Def Leppard – X

Ficha técnica

Publicado el 30 de julio de 2002
Discográfica: Island Records
 
Componentes:
Joe Elliott - Voz
Vivian Campbell - Guitarra, coros
Phil Collen - Guitarra, coros
Rick "Sav" Savage - Bajo, coros
Rick Allen - Batería

Temas

1. Now (3:58)
2. Unbelievable (3:58)
3. You're So Beautiful (3:31)
4. Everyday (3:08)
5. Long, Long Way to Go (4:38)
6. Four Letter Word (3:07)
7. Torn to Shreds (2:56)
8. Love Don't Lie (4:46)
9. Gravity (2:33)
10. Cry (3:17)
11. Girl Like You (2:49)
12. Let Me Be the One (3:29)
13. Scar (4:59)

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No sé si el amigo Mario Olmos hizo un pormenorizado estudio de mercado (me temo que no, y que la elección de este disco ha sido fruto de la desgraciada potra), pero aunque a estas alturas mi nivel de tolerancia es inmenso y, de hecho, tengo un aprecio notable hacia el hard rock / metal ochentero de pelos crepados y tendencias glam, nunca he sabido tragar demasiado con Def Leppard. Y mira que lo he intentado, ¿eh?. De hecho, a la que supe que mi compañero Xavi Prat me abandonaba ante la responsabilidad de tener que hacer la crónica de su concierto en este pasado Rock Fest, incluso me esforcé especialmente en pegarle un repaso intenso y repetido a sus hits a ver si algo resonaba. Pero ni con esas, oye: pude salvar «Foolin'» (que ni tocaron, los cabrones) y gracias, y el concierto me pareció un pastel bastante infumable.

Así que si no me gustan ni los hits, tenerme que enfrentar a un álbum que entiendo que es considerado insulso y mediocre incluso por parte de sus propios fans ya es la leche. Porque no hace falta ni decir que hasta hoy no tenía ni idea de la existencia de este X, publicado en un 2002 en el que la propuesta clásica de los ingleses ya era la cosa más jodidamente pasada de moda que podía existir. En esas épocas, Def Leppard andaban tirando totalmente de inercia (algo que siguen demostrando día a día, interpretando unos repertorios en los que las canciones de este siglo tienen una presencia entre testimonial y directamente nula), y este disco me suena exactamente a eso: baladas automáticas, desganadas y azucaradas una tras de otra que, salvo algún punto con un poquito más de punch aquí y allá, acaban por aburrirme soberanamente.

De hecho, si algo me pareció triste (de hecho, me dio incluso un poco de pena) del concierto ese que os digo del Rock Fest es que por la inmensa pantalla que ocupaba toda la parte trasera del escenario iban proyectando imágenes de los años dorados de la banda. Allí, Vivian, Joe, Phil y compañía aparecían llenos de energía y vitalidad, saltando de un lado para otro con una sonrisa en la boca. Por desgracia, lo que veíamos en la vida real y en 2019 eran unos tíos moviéndose a cámara lenta, regalando alguna pose desganada aquí y allá y con pinta de estar de vuelta de todo. Hace unos años los vi también en el Poble Espanyol junto a Whitesnake y Europe y ya entonces me llevé una impresión similar: los tíos suenan matemáticos y cristalinos, pero hace años que parecen haberse dejado el alma en casa. Y esto es lo que siento también al escuchar un disco como este X, publicado hace ya casi dos décadas.

Pero bueno, vamos allá. La cosa empieza con «Now», una de las dos mil baladas con las que nos torturarán sin piedad durante los 56 minutos que dura este álbum. Las guitarras acústicas con un toque electrónico con las que abre la canción supongo que intentan dar un matiz de modernidad aunque a mí me suenen un poco a Roxette (ojo, que no tengo nada en absoluto contra Roxette, al contrario), y en general las melodías y la vibración general que me transmite el temita es de completo aburrimiento. Vale que hay algún pasaje donde las guitarras no están mal, pero para nada compensa un resultado final bien poco memorable. Incluso el fade out final demuestra una falta de ideas alarmante.

Si «Now» era un pastel, «Unbelievable» no se queda corta para nada. No sé si este disco fue un éxito (creo que no) o alguna de sus canciones se convirtió en hit (creo que tampoco), pero la mayoría de cortes que encontramos aquí me parecen tristemente genéricas y, en definitiva, pura carne de radio-fórmula de usar y tirar. Claro que tienen alguna que otra melodía bonita (solo faltaría) pero en mi opinión les falta espíritu y personalidad por todos lados. Dos baladas pastelorras a más no poder para empezar el disco (éste y cualquier otro) me parece una completa e innecesaria exageración. ¿No?

Si bien «You’re so Beautiful» sube un poquito las revoluciones a nivel de velocidad y de groove (sin pasarse, nos os creáis), la irritación que me está causando la escucha de este disco sigue por los aires. Aquí por lo menos hay un solo que no está mal, pero el estribillo, el «na na na» y la letra simplona y formulaica me ponen de los nervios. Acepto que puede ser un poco pegadiza, sí, pero lo es a base de clichés a punta pala y de una temática amorosa y romántica tan básica y superficial que me hace levantar la ceja hasta muy arriba.

«Everyday» es un poco más de Roxette, pero peor. ¿No me digáis que el principio no os lo recuerda? Saciadas nuestras ansias de rock (ehem) con el tema anterior, vuelve el baladismo y las toneladas de azúcar, aunque por lo menos aquí detecto que intentan recurrir un poco a la fórmula de algunos de sus hits ochenteros. «Long Long Way to Go» es… humm…. una balada. Con una buena guitarra acústica por detrás (no lo niego), esto me empieza a parecer ya una tomadura de pelo. ¿Pero estos tíos solo hacen baladas? ¿Han sido siempre así? Yo diría que con cuatro baladas y media de las cinco primeras incluso al más dulzón de los fans de la banda le debe parecer complicado apreciarlas…

Para ser justos, con «Four Letter Word» me sorprenden por primera vez. Primero, porque hay una guitarra, un riff y un aire rockero y bluesero que mola y que aún no habíamos visto hasta ahora. Y segundo, porque la palabra de cuatro letras no es «LOVE» como me parecía evidente y previsible, sino que es «KISS». No es una sorpresa inmensa, claro, pero visto lo visto nos podemos dar con un canto en los dientes. Y tampoco os penséis que la canción mole TANTO eh, pero joder, entre tanta balada es todo un soplo de aire fresco. Aunque incluso aquí haya momentos que no se han podido aguantar de verter un par de capazos de azúcar.

«Turn to Shreds» es otra balada pastelosa con letra vulgar de adolescente enamorado. Que oye, todos hemos estado enamorados y tal, pero si eres letrista profesional, a mi juicio, te lo tienes que currar un poco más. «Love Don’t Lie» me recuerda un montón al «Torn» de Natalie Imbruglia, y su intención parece intentar abarcar un mercado parecido. Lo que pasa es que ésta mola menos y, por ello, se queda en un tema repetitivo y tirando a insustancial. Y a estas alturas, en serio, voy a dejar de fijarme en las letras, porque me estoy poniendo un poco nervioso.

Llegados a este punto ya me empiezo a mirar el reloj con cierta ansiedad y me entran sudores al comprobar que aún quedan seis temas (y un bonus track en forma de versión acústica de una de las baladas que ya hemos escuchado antes). Pero si creía que ya había pasado lo peor, ahora me aparece el tal «Gravity», un tema horrendo (el peor del disco) en el que los señores de Def Leppard parece que intenten ir de jovenzuelos pero que suenan a cincuentón calvo y con chupa diciéndoles «qué pasa tronco» a la muchachada. Tan malo es que la vulgar «Cry» me parece casi «Stairway to Heaven» a su lado. Supongo que es toda una técnica para resaltar una canción que no esté del todo mal: le pones tal aberración justo delante y haces que brille el triple. Bien jugado, muchachos.

Ya sé que os lo había prometido, pero me ha resultado imposible no fijarme en la puñetera letra del siguiente pastelaco que nos ofrece esta colección: aunque aquí también hay alguna guitarra que se salva en medio del mar de azúcar, la letra de «Girl Like You» es tan terrible como las demás, y con ella ya se me van acabando los adjetivos para loar las (in)habilidades poéticas del señor Joe Elliott (que entiendo que es quién las escribe). «Let Me Be the One» es más de lo mismo (o incluso peor). Y ojo que os diré una cosa: quizás si esta canción – balada formulaica donde las haya, tanto el letra como en música – estuviera en medio de un disco de rock de verdad tendría su cosa y me la miraría como un contrapunto sensible y hasta épico, pero puesta aquí, tras doscientas baladas más, de lo único que me dan ganas es de pegarle un bofetón de exasperación a quien la compuso.

El riff inicial de «Scar» es de lo más motivante que nos podemos encontrar aquí, y lo cierto es que el tema no está del todo mal aunque se haga un pelín largo y no sea del todo mi estilo. La cosa parece acabarse con «Kiss the Day», donde vuelven a las andadas sin merecer mucho más comentario. Pero en vez de dejarlo aquí, y como debían pensar que la gente no tendría suficiente con cuarenta y cinco minutos largos de baladas una tras otra, decidieron añadir una versión acústica y aún más sensible y pastelorra de la ya de por si dulcísima «Long Long Way to Go». Una versión muy bonita, claro, pero que para mi gusto aporta más o menos cero al conjunto del disco.

En resumen, que ya sé que su historia es muy bonita, y que el hecho de esperar a que su buen amigo y batería Rick Allen reaprendiera a tocar después de perder el brazo es preciosa y muy inspiradora, pero a mí Def Leppard me parecen un tostón. Mirad, para que os hagáis una idea, mis dos improbables hasta ahora habían sido el The Fundamental Elements of Southtown de P.O.D. y el Jesus de Chamberí de Mägo de Oz, dos discos que sobre el papel deberían haberme parecido horribles. Y claro que no me los he vuelto a escuchar desde entonces, pero ambos acabaron por convencerme más que este X, un disco que, a pesar de no estar entre lo más relevante de la carrera de la banda, no hace sino confirmar mi opinión de que los ingleses son, probablemente, uno de los grupos más sobrevalorados de la historia del rock.

Y como siempre, solo queda pasarle el testigo de las improbables al siguiente afortunado compañero. Me guardo Genesis para una futura ocasión y le doy la ocasión de debutar a nuestro amigo Aleix Besolí, amante de lo clásico en sus múltiples vertientes, al que le encolomaré con gusto el, para algunos, genial debut de los galeses Bullet for my Valentine, The Poison (2005). ¡Mucha suerte y que lo disfrutes!

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Sobre Albert Vila 772 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.