La reseña improbable: P.O.D. – The Fundamental Elements of Southtown

Ficha técnica

Publicado el 24 de agosto de 1999
Discográfica: Atlantic Records
 
Componentes:
Sonny Sandoval - Voz
Marcos Curiel - Guitarra
Traa Daniels - Bajo
Wuv Bernardo - Bateria, guitarra

Temas

1. Greetings (1:29)
2. Hollywood (5:22)
3. Southtown (4:08)
4. Checkin' Levels (1:06)
5. Rock the Party (Off the Hook) (3:24)
6. Lie Down (5:09)
7. Set Your Eyes to Zion (4:06)
8. Lo Siento (0:33)
9. Bullet the Blue Sky (5:18)
10. Psalm 150 (0:55)
11. Image (3:32)
12. Shouts (0:55)
13. Tribal (4:26)
14. Freestyle (3:57)
15. Follow Me (3:43)
16. Outkast (+ hidden track "Tambura") (9:33)

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De todos es sabido que mis tragaderas musicales son inmensas, y de hecho con los años (quizás al revés que mucha gente) me he vuelto capaz de verle la gracia a infinitas propuestas encuadradas en un vasto abanico de estilos (siempre que tengan un mínimo nivel objetivo de calidad, claro), dentro y fuera del metal. Eso sí, hay cosas que por un motivo u otro tengo más bien cruzadas. Por ejemplo, no me gusta mucho el black metal ruidoso primigenio, me cuesta a horrores el prog clásico setentero más rimbombante y, sobretodo, odio a muerte el puto nu metal de finales de los noventa.

No sé si es porque me pilló en una época especialmente true, pero ni Korns, ni Limp Bizkits, ni Linkin Parks ni casi Slipknots (que no me parecen nada del otro jueves aunque todo el mundo los considere la leche) o Deftones me han atraído nunca en absoluto. Aunque también una cosa es cierta: como no soy masoca (o como mínimo, no del todo), no tengo claro que nunca haya escuchado ni un solo disco entero de ninguna de estas bandas (de hecho estoy bastante seguro que no lo he hecho). Y menos, por supuesto, de los tales P.O.D., un grupillo que siempre había creído de segunda fila y al que tenía por un one hit wonder de manual por culpa de la exageradamente edulcorada y über-positiva «Alive», un tema que sí que había escuchado unas cuantas veces en su momento. A veces incluso por gusto, ojo, porque el temita es irritante de cojones pero tiene un qué.

A parte de eso, mi único otro recuerdo con esta banda es en casa de unos amigos noruegos hiper cristianos que tenía (hiper de esos que creían en el creacionismo y todo, eh, cosa seria). Aunque son un encanto de gente y aparentemente dirías que son personas normales, toda su vida está rodeada de un halo de cristiandad fascinante, y aunque los gustos musicales de ambos están muy lejos del rock y del metal, entre su colección de CD’s recuerdo encontrarme con un par de discos de estos P.O.D., que como sabéis (y si no lo sabéis os lo digo ahora) son ultra cristianos también (y que por eso los tenían). Relevancia cero de cara a la crónica, lo reconozco, pero es algo que me llamó la atención y de verdad que es la única memoria que puedo recuperar sobre ellos.

Dicho esto, me habría costado poco pegarle un par de escuchas al tal The Fundamental Elements of Sundown (un disco que no tenía ni la más remota idea que existía), concluir que es un mojón (que es lo que me pareció de buenas a primeras, por supuesto), y quedarme tan ancho. Pero como no soy un tío tan simplista, desde que sé que es éste y no otro el disco con el que tengo que lidiar para estrenarme en esta sección, me lo he puesto muy a menudo para ir a buscarle las gracias. De hecho, según last.fm (algún día hablaremos de esta maravillosa y desfasada webecilla que tantas horas de placer me ha dado), me lo he escuchado seis veces enteras (joder, honestamente pensaba que eran muchas más… ¡mal empezamos!), convirtiéndolo de largo en el disco de nu metal que más me he puesto en toda mi vida. Lo que uno tiene que hacer por la revistilla ésta… dándole una oportunidad al nu metal al borde de los cuarenta…..

Así que vamos allá. De buenas a primeras me esperaba un rollo «Alive» a lo bestia, pero la verdad es que este disco es una historia totalmente distinta. Más que unos niños buenos de catequesis con guitarritas distorsionadas y melodías facilonas, aquí los colegas de P.O.D. desprenden más bien un aire de malotes fumetas de callejón oscuro y cadenas de oro. De hecho (y eso me ha generado algun que otro exabrupto por parte de quien decidió que éste iba a ser el disco que me tocaba reseñar), a lo primero que me han recordado es a Senser (una banda con la que estoy algo más familiarizado porque una ex novia en mis años mozos era fan, aunque – eso no se lo digáis a la muchacha – me parezcan bastante infumables también). Lo único que los británicos eran malotes urbanos puestos de rulas, y éstos P.O.D. tiran por los porrazos de marihuana, pero la esencia me parece bastante parecida.

La verdad es que no creo nadie pueda negar, ni los fans más fans del estilo, que esto del nu metal ha envejecido bastante mal (aunque algunos carcamales sigan calificando a este tipo de bandas de «modernas»). Estos sonidos eran novedosos en su momento, pero a día de hoy, y con la perspectiva del tiempo, me da la sensación que ese rollo reggae, esos reverbs exagerados y esos rapeos chungueros han quedado circunscritos a una época muy concreta, y esa época queda cada día más atrás (y yo que me alegro).

Para empezar, la intro «Greetings» es horrorosa. Y lo peor es que no importa cuantas veces la escuche, que no mejora ni un poquito: sigue siendo horrorosa una y otra vez. Entre encontrarme con eso así de golpe, y ver qué en este disco hay hasta dieciséis temas repartidos en casi 60 minutos (con interludios, hidden tracks y todos esos excesos de minutaje absurdos que tantas bandas se permitieron en los noventa para hacer de sus discos una cosa cada vez más plasta), empecé con unas expectativas verdaderamente desastrosas. Esto se me iba a hacer muy, pero que muy largo.

Y mira oye, aunque en el primer par de escuchas se me hizo de verdad muy largo, a fuerza de insistir he llegado a encontrar alguna cosilla que no está del todo mal (si es que no tengo remedio). La mayoría de sonidos, ruiditos y recursos empleados para construir todo esto me son absolutamente ajenos, pero sin ir más lejos, el bajo hiper distorsionado, los tappings, la opresiva melodía de guitarra o el estribillo malote de la propia «Hollywood» tienen su gracia, e incluso me resultan suficientemente pegadizos como para considerar este tema – sorprendentemente – uno de mis favoritos del álbum (algo que, si me lo sugieres después de mi primera escucha, te digo que te has vuelto loco).

Por lo que he podido leer, «Southtown» fue el gran single del disco, pero entre que suena nu metal al 100% (lo que nunca va a ser un buen señal) y que no le encuentro nada especialmente memorable en ninguna de sus melodías, este honor (con mi criterio nulo, ojo) se me antoja algo exagerado. «Rock the Party», con algunos scratches que añaden más y más clichés a la cosa, fue otro éxito menor, y aunque tampoco es uno de los temas que más me gustan al menos tiene un estribillo con cierto gancho. «Lie Down» pasa tirando a desapercibida y «Set your Eyes to Zion» es tal cúmulo de despropósitos que me pone muy pero que muy nervioso (y más nervioso me pone que, a veces, me encuentre a mí mismo tarareándola).

Pero lo que me pone malo de verdad son los puñeteros interludios, a todas luces innecesarios. Los rapeos de «Checkin’ Levels» y de «Shouts» o el… hummm… el no sé qué que es «Lo Siento» sirven para añadir más y más minutaje a un disco que ya va sobrado en ese sentido sin aportar realmente nada de valor. El único de ellos que tiene su gracia es «Psalm 150», un pasaje bíblico recitado en hebreo en el que se dice que hay muchas maneras de complacer a Dios, y la música es una de ellas. Hablando de minutaje exagerado y de falta de filtros a la hora de añadir más y más cosas (como si no tuvieran suficiente con todo lo que meten ellos mismos en el disco), encontramos también una versión del «Bullet the Blue Sky» de U2, que si no supieras que es de U2 nunca lo adivinarías de tan fielmente que la han llevado a su terreno. Por supuesto, y aunque el resultado no me vuelva precisamente loco, eso es todo un piropo.

Vamos entrando en la «recta final» (entre comillas porque la cosa se alarga lo suyo) con un «Image» que por momentos me recuerda a los Biohazard más lentos y pesados (y eso sí que es un buen señal). Quizá os sorprende esto que digo, porque a simple vista parecen temas «cualquiera» que tienen más o menos los mismos elementos que casi todo lo que hay aquí, pero si hay algo que me acaba «gustando» (a ver, gustando… ya sabéis) es precisamente el trío que forman «Tribal», «Freestyle» y «Follow Me». No sé si es que llegados a este punto ya me he rendido a mi destino y me trago todo lo que me echen, pero algo pasa con estos temas que me dan más buen rollo que lo que hemos ido encontrando hasta ahora. «Follow Me», incluso, me parece un poquito temazo.

La cosa acaba, ahora sí (y por fin, porque el disco es demasiado largo a todas luces, sobretodo para mí), con «Outkast» y con uno de los inventos más irritantes de la historia de la música digital, como son los putos hidden tracks. Y mira, en un CD pues vale (aunque siga siendo irritante), pero en una mp3 o en streaming, el propio concepto de dejar unos minutos en blanco y hacerte perder el tiempo de esta manera me parece de lo más injustificable. Y más si es para acabar metiendo un cacho de riff absolutamente aleatorio que tiene toda la pinta a descarte, todo con tan poca coherencia como los múltiples e innecesarios interludios que trufan ests disco aquí y allí.

Pues ale, ya lo tenemos. Mi primera reseña improbable, mi primera vez afrontando el análisis de algo que a priori no me tiene que gustar nada de nada, ha llegado a su fin. ¿Y ha sido horroroso? Pues no, la verdad. Excepto la intro, no hay ningun tema que me parezca realmente abominable. ¿Se me ha hecho pesado? Hell yes. ¿Me lo volveré a poner? Lo dudo muchísimo, la verdad. Pero me parece muy interesante (e incluso necesario) poder profundizar en un disco (que no sé cuan relevante es en el global del nu metal) de un estilo sobre el cual siempre he albergado ciertos prejuicios. Ahora, por lo menos, puedo decir que no me gusta (o no me gusta casi) con conocimiento de causa.

Y después del tocho, el momento más esperado para mis compañeros de Science of Noise, el momento en el que se sabrá quién es el afortunado o afortunada (ñe, no nos engañemos, que somos todo tíos – chicas welcome, enviadnos un email para uniros a nuestro equipo -) que tendrá la responsabilidad de sumergirse sin oxígeno fuera de su zona de confort. El elegido es el bueno de Dídac Olivé, que cuando hablábamos de ello hace unas semanas, nos dijo:

A mí, dádme lo que queráis, menos cosas como Disturbed o algo así.

Pues eso hijo, que el disco que te toca, por supuesto, es Disturbed The Sickness (2000), probablemente el trabajo más conocido de los americanos, ¿no? Yo no lo controlo para nada, pero seguro que Dídac ya nos hará una masterclass sobre el tema.

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Sobre Albert Vila 873 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.