
The Rebels es crudeza aderezada con poesía, y Álex Gallardo (voz y guitarra), Álvaro Pidre (guitarra), Chano (batería) y Paña (bajo) son los poetas. Su sonido, primitivo y frenético, está marcado por unas melodías pegadizas y unos estribillos fáciles de recordar. Hasta la fecha han publicado tres álbumes de estudio y un directo, y en sus diez años de historia pueden presumir de haber sido los teloneros de Bon Jovi y haber participado en la edición 2014 del Bilbao BBK Live.
Gyoza son unos viejos conocidos de Science of Noise y una de nuestras bandas fetiche. Con solo un trabajo editado, Gyoza (2017), la banda se deja la piel cada vez que se sube a un escenario, desgarrado sus instrumentos a base de potentes y distorsionados riffs, y con una actitud y un descaro que pocas veces he visto en una banda con su juventud. Expertos en desmontar y montar guitarras a una velocidad de vértigo, su directo no os dejará indiferentes.
Abriendo la noche estarán los gaditanos Smokers Die Young, cuya propuesta musical bebe de bandas como Biffy Clyro, Nirvana o Arcane Roots. Con solo un larga duración a sus espaldas, Home VS Home (2016), el trío formado por Juan Carlos Ruiz (voz y guitarra), Fran garcía (bajo) y Adri Ramírez (batería) se atreve con casi todo. Os invito a comprobarlo por vosotros mismos dentro de unos días.
The Rebels, Gyoza y Smokers Die Young se unen en una minigira de tres únicos conciertos bajo el lema de Join the Underground Tour. No te los pierdas el 9 de marzo en la Sala Sidecar de Barcelona, el 22 de marzo en la Sala El Sol de Madrid y el 30 de marzo en el Soho Alternative Bar de Cádiz.

Antropólogo cultural autoproclamado y operador de campo en las zonas de fricción de la escena sonora. Nací —metafóricamente— en la confluencia de tres vectores: la melancolía pluvial de Seattle, la sobredosis hormonal del Sunset Boulevard y la viscosidad pantanosa de Louisiana. Pasada esa triada por el tamiz cartográfico, el punto de colapso cae en algún lugar absurdo entre Wyoming, Dakota del Sur y Nebraska, territorios que mantengo bajo cuarentena estricta por instinto puro y una superstición perfectamente razonada.
Mi método crítico no tiene misterio: la presencia de guitarras, distorsión o una voz que empuje constituyen criterio diagnóstico suficiente. No ofrezco coherencia sentimental ni zonas seguras. Ofrezco honestidad estética, que es lo único que no se puede fingir sin que se note.
Evalúo el presente porque el pasado ya tiene quien lo custodie. Me interesa lo que todavía no ha roto nada… y lo que está a punto de hacerlo.



