Crónica y fotos del concierto de Machine Head - Sala Razzmatazz (Barcelona), 1 de mayo de 2020

La crónica imaginaria: Machine Head nos queman los ojos en el concierto soñado por todos

Foto: Getty Images

Datos del Concierto

Bandas:
Machine Head
 
Fecha: 1 de mayo de 2020
Lugar: Sala Razzmatazz (Barcelona)
Promotora: Madness Live!
Asistencia aproximada: 2300 personas

Fotos

Fotos por Getty Images / Kevin RC Wilson (Consequence of Sound)

¡Holis! Soy muy consciente que esto de la crónica imaginaria ya lo hice hace un par de semanas en motivo del no-concierto de Kreator y Lamb of God, con lo que ya sé que volver a recurrir a la misma idea otra vez puede resultar previsible y perder gran parte de la gracia que (para algunos, claro – que para otros nunca tuvo ninguna – ) tenía la cosa. Y no os creáis que no me lo he planteado, pero como Machine Head me gustan mucho, esta gira es (era) muy especial, vete a saber tú cuándo volverán de verdad (no tengo yo muy claro que sea este otoño) y al final la revista es nuestra y ponemos lo que nos da la gana, pues me he animado igual. En todo caso, ¡prometo que esta es (creo) la última que hago!

Para los que no os leísteis la primera entrega de esta bizarra sección confinada y no tenéis ni idea de lo que hablo, solo comentar que esto de las crónicas imaginarias solo pretende relatar de la forma más pretendidamente fiel posible una realidad distópica en la que los conciertos de esta temporada de apagón conciertil transcurren con absoluta normalidad. En este mundo paralelo seguimos con la agenda llenísima de bolos y nos seguimos encontrando a menudo en las salas para darlo todo junto a nuestros artistas favoritos. ¿Una parida? Probablemente sí, pero bastante divertida de escribir. Así que vamos allá de nuevo.


Vaya por delante que a mí eso de que se te pire toda la banda (bien, casi toda, que «el nuevo» Jared MacEachern sigue a los mandos de las cuatro cuerdas), que aproveches para recontratar a dos de tus ex-músicos (prácticamente defenestrados a estas alturas) como Chris Kontos y Logan Mader para tirar de nostalgia a lo bestia y que, a su vez, te montes una segunda versión de la banda con gente tan aparentemente aleatoria como el polaco Vogg (guitarrista de Decapitated) y un tal Matt Alston que no tenía el gusto de conocer me parece una soberana patillada. Y mira que siempre he sido un defensor bastante acérrimo de las ocurrencias de Tito Flynn, pero en esta ocasión no puedo evitar levantar la ceja con bastante fuerza.

De todas formas, y a juzgar por la de gente que se amontonó a las puertas de una sala Razzmatazz abarrotada, creo que todos esos jaleos no parecian importarle demasiado al aficionado medio de la banda. Porque la nostalgia tira mucho, y si la nostalgia se llama Burn My Eyes, aún tira más. Tanto, que ha sido necesaria una gira tan descaradamente retrospectiva como ésta para que Machine Head, en la época aparentemente más inestable de toda su carrera, se marcara por fin un sold out que se le resistía después de varias visitas a esta sala con éxito desigual. Parece que las ideas de bombero de Robb no han resultado ser tan absurdas a la hora de la verdad…

Personalmente, nunca he escondido que soy muy fan de Machine Head. Los californianos son una de las bandas de mi vida desde que los descubrí teloneando a Slayer (en esta misma sala, entonces llamada Zeleste) en ese lejano 1994, y su música y su evolución me han acompañado fielmente a lo largo de los años. No puedo decir que sea particularmente fan de The Burning Red ni de Supercharger, pero incluso entonces me los he mirado con cariño y he sido benévolo y comprensivo con sus aparentes bandazos. The Blackening me parece el mejor disco de metal de la década, Robb Flynn me parece un tipo honesto y auténtico como pocos y, en general, les tengo como una banda única que respeto como muy pocas a ese nivel.

Así que bueno, aunque ya digo más arriba que de buenas a primeras no acabé de aprobar esta idea de girar con dos formaciones distintas y hacer medio bolo de Burn My Eyes y medio bolo del resto, a medida que se acercaba este 1 de Mayo el hype se iba apoderando de mí. Primero, porque Machine Head son una garantía en directo, y segundo porque su álbum de debut es uno de los discos que marcó mi adolescencia musical con más fuerza. Además, el concierto de Barcelona era el último de un extenso periplo por la península que les ha llevado hasta a siete ciudades, y todos los comentarios que iba oyendo y leyendo día tras día apuntaban a que estábamos ante una velada verdaderamente única, con un repertorio que iba a hacer babear a cualquier fan de la banda que se precie.

Machine Head – Los Hits

Con una sala llena a rebosar, una retahíla de piernas colgando expectantes de la galería y una atmósfera densa y sofocante hasta niveles bastante incómodos, Machine Head decidieron calentar aún más el ambiente lanzando «Sad But True» y «Diary of a Madman» por los altavoces una vez las luces ya se apagaron. Quizás meter dos temas enteros como introducción fue una idea algo exagerada, pero cuando la gente ya se empezaba a dispersar un poquito, se encendieron unos focos azules en el escenario y, con ellos, empezaron a sonar las primeras notas de la icónica «Imperium», el tema de apertura por excelencia de la banda. Como no podía ser de otra manera, la sala al completo se cayó al suelo, y cuando entre el humo pudimos divisar el caminar vacilón de un Robb Flynn que se plantó lentamente ante el micro para abrir los brazos y animar al público a acompañar este flipante inicio con «hey! hey! hey!», el ruido y el caos que se apoderó de la pista era ya ensordecedor.

Mentiría si dijera que el sonido en esos primeros momentos fue precisamente prístino, e incluso me atrevería a decir que mi primera impresión es que la banda parecía adolecer de algo de conjunción y de espíritu, pero la fuerza de un temazo como el que abre Through the Ashes of Empires, que salta de un pasaje épico a otro sin que tengas tiempo ni de recuperarte, hace que uno se olvide fácilmente de cualquier tipo de pequeño contratiempo accesorio. Y hoy no necesitamos más que media canción para ver los primeros, entregados y masivos circle pits, que vinieron acompañados por sinceras y emocionadas muestras de devoción entre la gente que abarrotaba la sala.

Como nos tiene siempre acostumbrados, Robb no se calla ni debajo del agua. No la hace entre canciones ni durante la propia interpretación de los temas, donde si tiene la oportunidad de soltar un motherfucker aquí y allá, podéis tener por seguro lo hará. Y si antes ya se erigía como completo protagonista sobre el escenario, pues imaginaos ahora que ha quedado más claro que nunca que Machine Head es él y tres más. El líder la banda no suelta el foco en ningún momento, y tanto el activo y espigado Jared MacEachern como el solvente pero estático y un pelín fuera de sitio Vogg quedaron relegados a sus respectivas esquinas, limitándose a ejercer de acompañamiento instrumental para mayor gloria del carismático vocalista (y de sus canciones).

Uno podría pensar, por cierto, que en conciertos de tres horas y pico una banda con tanto material a sus espaldas como Machine Head podría intentar rebuscar un poco en su fondo de armario y sorprendernos con algunos cortes poco habituales. Pero eso no es algo que los californianos hayan hecho nunca, y hoy lo hicieron aún menos: la primera parte de esta velada (que duró tanto como un concierto normal de la mayoría de bandas que nos visitan) vino repleta de los hitazos más previsibles y esperables de su carrera post-Burn My Eyes. «Take My Scars» o «Beautiful Morning» son trallazos indudables (la segunda incluso roza lo espectacular), pero sin querer insinuar que sobran ni mucho menos, quizás algún corte más oscurillo y menos común de sus respectivos álbumes (el olvido eterno que ha sufrido The More Things Change… me parece casi criminal) habría sido también de agradecer.

La ultra épica «Now We Die» se ha confirmado como el gran temazo del irregular Bloodstone & Diamonds, y por ello es lógico que se haya hecho un hueco más o menos permanente en el repertorio en directo de la banda (una banda que, por cierto, a estas alturas estaba sonando ya atronadora). El previo Unto the Locust, por el contrario, es quizás el último disco redondo que ha publicado Machine Head hasta el día de hoy. La banda lo sabe, y por ello tuvo una generosa representación esta noche. Primero, con la genial, extensa y antémica «Locust», interpretada bajo unas evocadoras luces verdes, acompañada de la insistencia en que cantáramos sus “oh-oh-ohs” y certificando que las voces limpias de Robb no estaban – al menos hoy – en su mejor momento (al contrario que las rasgadas, que sonaron potentísimas). Seguidamente, y previo cambio de guitarra por parte del líder de la banda, nos ofrecieron lo más cercano a una sorpresa que pudimos escuchar esta noche: la raruna, oscura, opresiva y culebrera «I Am Hell (Sonata in C#)». Para mí el corte que abre su antepenúltimo disco también es todo un temarral (y causó un pogo bastante bestia), así que bienvenida sea.

«Aesthetics of Hate» me parece, simple y llanamente, el mejor tema de la carrera de la banda, y hoy (¿qué más quiero?) sonó como un auténtico cañón. Los dobles punteos y el trabajo a las guitarras tan absurdamente épico que contiene en su parte central me ponen la piel de gallina, y si bien es cierto que me da un poco de pena que ya no sea Phil Demmel (gran artífice, en mi opinión, de la recuperación de la banda a principio de los dosmiles) quién se pegue esas batallas con Robb encima del escenario, la verdad es que este homenaje a Dimebag Darrell (extendido también ahora a Vinnie Paul) sigue siendo un temazo indescriptiblemente brutal de arriba a abajo y de abajo a arriba. Si esto no es la perfección metálica, bien poco le debe faltar.

Dónde sí que no echo en falta en absoluto a Phil es a la hora del solo, un momento en el que el ex-Vio-lence se había sobrado con algunos momentos verdaderamente embarazosos en el pasado. Hoy Vogg (algo más desatado en esta fase del concierto, hasta el punto de atreverse incluso – con cautela, eso sí – a tomar el centro del escenario) también tuvo sus tres o cuatro minutillos de gloria en forma de un solo que, como casi siempre ocurre en estos casos, sirvió para exhibir sus envidiables habilidades a las seis cuerdas pero, en definitiva, fue absolutamente innecesario.

Los que ya hemos visto a Machine Head en más de una ocasión sabemos perfectamente que cuando Robb agarra la guitarra acústica toca es hora de chapazo pre-«Darkness Within». Esta vez, claro, no pudo recordar como “Dave McClain-sentado-ahí-detrás” estuvo tocando en esta misma sala con Sacred Reich el día que Sepultura grababan Under Siege, pero sí que aprovechó para auto-homenajear los 25 años y pico que la banda llevaba sobre el escenario, mencionando su primera visita junto a Slayer y una serie de anécdotas que definen su historia con Barcelona. El discurso evolucionó hacia un homenaje a la música y, finalmente, a la vida y a mucha de la gente que hemos perdido este año, desde Neil Peart a Kobe Bryant. A algunos este discurso les suele parecer un peñazo, pero en serio que a mí, a pesar de que siempre diga más o menos lo mismo, me toca la patata cada vez que lo escucho. Porque aunque sea un bocachancla y un notas, yo amo al puto Robb Flynn.

«Darkness Within», a todo eso (y a pesar de que la primera parte con la acústica siempre suele sonar bastante mal en directo), es un temarral histórico y un himno imperdible que me puso los pelos de punta y cuyo dramático estribillo reventó un montón de cuerdas vocales a mi alrededor. Después de que todo el público se desgañitara a base de «oh-oh-ohs» a capella, llegó el apropiado momento (por lo de catártico) para ponerse a atacar «Catharsis», única representante del último y polémico disco del mismo nombre que la banda sacó en 2018. Fijaos que yo era de los que pensaba que temas tan inesperados como «Bastards» lo iban a petar en directo, pero la realidad me ha demostrado que no solo la la presencia de este disco es testimonial después de un triste par de años, sino que su ciclo acabó por romper uno de los line ups más solventes y reconocibles de la historia de Machine Head.

A falta de clásicos habituales de la época como «The Blood, The Sweat, The Tears» o «Bulldozer», la única representante de la raruna y poco exitosa etapa nu-metalera de la banda fue «From This Day». A pesar de que tanto The Burning Red como, sobre todo, el desastroso Supercharger nunca me gustaron demasiado, «From this Day» y su brutal estribillo sí que me me han convencido siempre. Y a juzgar por los botes que pegaba la gente, parece que en general también la tienen en alta estima. Por cierto, que el amigo que tenía justo al lado hoy fue un fan irredento de Machine Head (tanto o más que yo) hasta que se compró The Burning Red, lo escuchó una sola vez y lo repudió (al disco y a la banda) para siempre jamás. Supongo que más de uno pasó por este proceso, pero hoy aquí estaba él disfrutando como un enano, especialmente de la segunda parte del concierto y de canciones como «Ten Ton Hammer». El corte que abre The More Things Change…. es, por supuesto, otro clásico inevitable que hizo enloquecer a la pista, aunque a mí no me sabría mal que su lugar lo tomara ocasionalmente algún otro tema de ese fantástico disco (que a mí me flipa y que tiene un montón de buenísimos).

 Quizás si hay algo que nos debería sorprender de verdad, en todo caso, es que Machine Head estén tocando en esta gira la versión del «Hallowed Be Thy Name» de Iron Maiden que grabaron como bonus track para “The Blackening”. Por supuesto, la tendencia natural sería la de protestar que gasten casi diez minutos de concierto con una versión en vez de intentar empaquetar uno o dos temas propios más, pero éste es mi tema favorito de la doncella, así que me quedo con que fue todo un gustazo escucharla. En todo caso, aunque la rendición de los californianos es buena (sobretodo en su engorilada y épica parte final) y mola que Robb te suelte un “Scream for me, Barcelona!”, a mí la original (la que tocan en directo, más rápida que la que encontramos en The Number of the Beast y también que la que interpreta Machine Head) me gusta bastante más.

Tras más de hora y media de concierto (ojo, que se dice pronto), llegó la hora de echar el cierre a esta primera parte de la velada con el gran hitazo moderno de la banda. Así que después de unos segundos de oscuridad y de un nuevo baño de masas de Robb, empezaron a sonar las primeras notas de la brutal “Halo”, un single accesible de nueve minutos y pico que acabó de poner la cosa patas arriba (si no lo estaba ya lo suficiente). Y es que “Halo” es un temón de tres pares de cojones que da para enloquecer al más pintado y que nos recuerda una vez más que The Blackening es un disco tocado por la varita de los dioses. El solo doblado entre Vogg y Robb fue sencillamente maravilloso (el polaco no es precisamente manco), y la parte épica final (con confetti y cañones de humo incluido) nos acabó de derretir del todo.

Extrañamente, en vez de soltarnos otro discurso para despedir la primera parte de la noche y los dos miembros que ya no volverían a salir, la banda se largó precipitadamente tras anunciar que en diez minutos estarían de vuelta para deleitarnos con Burn My Eyes. Y más allá de para cambiar rápidamente la decoración del escenario, ese breve impasse nos sirvió para descender un momento a la realidad, ir a buscar una cerveza infructuosamente en las más que saturadas barras y, sobre todo, comentar con todo el mundo el bolazo de temón tras temón que se había marcado la banda hasta el momento. Y lo flipante de verdad es que aún nos quedaba más o menos la mitad.

Setlist primera parte:

Imperium
Take My Scars
Now We Die
Beautiful Mourning
Locust
I Am Hell (Sonata in C#)
Aesthetics of Hate
Guitar Solo
Darkness Within
Catharsis
From This Day
Ten Ton Hammer
Hallowed Be Thy Name
Halo

 

Machine Head – Burn My Eyes

Transcurridos los prometidos diez minutos (que acabaron alargándose hasta los doce o trece) se apagaron de nuevo las luces y, acompañada por unas histéricas luces policiales rojas y azules (deja vú total de cuando tocaron aquí mismo 25 años atrás), empezó a sonar la ruidosa y disonante “Real Eyes, Realize, Real Lies” por los altavoces. Al cabo de nada apareció tras los parches un sonriente Chris Kontos (mucho más delgado de lo que estaba hace 25 años), seguido de unos descamisados Logan Mader y Jared MacEachern (Adam Duce acabó fatal con Robb, así que reeditar el line up original de la banda era misión imposible) y, finalmente, por un Robb Flynn entusiasmado que dio el pistoletazo de salida a la segunda parte del concierto al grito de “Let Freedom Ring with a Shotgun Blast!”. Desde el primer momento, y a pesar de que Chris y Logan aún venían teóricamente en frío, la banda sonó como una puta ametralladora, y esta interpretación de “Davidian” fue una de las más brutales que les recuerdo (y creedme que ya he visto unas cuantas), con la batería sonando realmente como en el disco.

Quién me lo iba a decir, siendo como soy escéptico ante tales patilladas nostálgicas, pero esta vuelta momentánea al line up original me estaba poniendo verdaderamente berraco. La portada de Burn My Eyes decoraba ahora el fondo del escenario, con profusión de logos amarillos y negros repartidos por todos lados, y a partir de ahora todos sabíamos lo que se nos venía encima exactamente en la hora que teníamos por delante. Un mini solo de Chris Kontos sirvió para abrir la aún habitual “Old”, un tema que nunca me ha parecido de los mejores del disco pero que en directo siempre cobra una dimensión especial que la hace sonar magnífica y atronadora. Hoy, por supuesto, también reventó la pista (quizás más que nunca), y la sensación es que esta segunda parte del bolo se vivió entre el público como una especie de bis extendido y con una locura y desenfreno dos grados por encima de lo que habíamos vivido hacía unos minutos (lo que ya es decir)

Los asiduos a los conciertos de Machine Head que habíamos venido, básicamente, a escuchar temas poco habituales, tuvimos que esperar dos horas y cuarto para ello, pero a partir de ahora nos íbamos a poner las botas. Porque desde que la banda vino a presentar este disco en 1995 (en esta misma sala junto a Mary Beats Jane y unos imberbes Meshuggah) no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar en directo de canciones como la potentísima “A Thousand Lies” o la oscura “None But My Own”, temazos por derecho propio que siempre me han flipado y de los que Robb nos había privado durante demasiado tiempo. Su interpretación no decepcionó para nada, ya que sonaron brutales gracias, en gran parte, a que el sonido que Chris fue capaz de sacar de su batería fue genial (el tío se marcó un solo y todo – también innecesario, evidentemente). Por su parte, y más allá de sus habilidades instrumentales, Logan aporta una cierta presencia salvaje que ayudó a subir más y más los niveles de energía que inundaban la sala.

Las icónicas canciones del debut de la banda iban transcurriendo una tras otra ante la constante devoción de un público que empezaba a notar el esfuerzo. El solo que comentaba más arriba de Chris Kontos (que veo ahora que no ha grabado nada con nadie en diez años, pero que se mantiene en una forma fantástica) enlazó con el principio de una épica y potente “The Rage to Overcome” que sonó especialmente bien. “Death Church” siempre fue una de mis favoritas históricas, y aunque las fuerzas me empezaban a flaquear a mí también, creedme que me encargué de disfrutarla como un enano. La pesadez y el groove machacón y monolítico de este tema contrastó con las tres fases de la también maravillosa “A Nation on Fire”: la atmósfera inquietante y melódica del principio (iluminada por múltiples linternas de móvil), los saltos y las sacudidas de cuello de su parte intermedia y, finalmente, la velocidad y el caos de su brutal final, que vio el mayor circle pit de toda la noche.

“Blood for Blood” es otra de las grandes y otra favorita indiscutible de los fans. Su principio opresivo levantó brazos y sacó lenguas mientras Robb insistía en pedir que el circle pit de marras continuara. Se trata de un temarraco brutal y frenético con algunos cambios de ritmo maravillosos. También la interpretación de la preciosa y atmosférica “I’m Your God Now” fue genial (a estas alturas ya os habréis dado cuenta que todas las canciones de este disco – y quizás del concierto entero – lo son), y su íntima intensidad me hizo vibrar mientras aprovechamos para coger también un poco de aire, que buena falta hacía.

Llegados a este punto habría tocado que sonara “Real Eyes, Realize, Real Lies”, pero como ya la habían usado al principio la banda aprovechó para marcarse un extenso medley de clásicos del heavy metal (eso de los medleys es algo que está un poco abandonado a día de hoy, ¿verdad?). Tres temas de Metallica, otro par de Accept, uno de Exodus, uno de White Zombie (con Jared cantando) y dos clasicazos de Slayer como “South of Heaven” y “Raining Blood” sirvieron para entretenernos un poco más durante diez minutillos largos de mezclas y alternancias. Un toque divertido y festivo (dejo a vuestro juicio si necesario o no) que sirvió para homenajear a gran parte de las influencias de la banda y que dio paso a la, ahora sí, final “Block”, otro tema brutal y deseado ante la que acabamos dando todo lo que nos quedaba tanto arriba como abajo del escenario mientras gritábamos “Fuck it All!” a los cuatro vientos antes de despedir como Dio manda a una banda (Robb) que se dio el último baño de masas de una noche brutal.

¿Recordáis que hace un montón de párrafos decía que la idea de esta gira con dos versiones de la banda me parecía una patillada y bla bla bla? Vale, pues olvidadlo. El conciertazo que se marcaron Machine Head hoy aquí (y que se vienen marcando noche tras noche, ojo), fue sencillamente inolvidable. Quizás, incluso, el mejor que yo les he visto nunca. Y habiéndolos visto un montón de veces como lo he hecho yo, eso es decir mucho. Pero un repertorio de ensueño, una energía y una entrega encomiables, un carisma fuera de toda duda y un componente nostálgico que todo lo endulza hizo que las dos mil personas que se reunieron hoy aquí para vivir esta bacanal salieran con la lengua fuera y sonrisas bobaliconas de éxtasis estampadas en sus caras. Robb, eres un tío grande de verdad. ¡Muchas gracias de nuevo!

Setlist segunda parte (Burn My Eyes):

Davidian
Old
A Thousand Lies
None but My Own
Drum Solo
The Rage to Overcome
Death Church
A Nation on Fire
Blood for Blood
I’m Your God Now
Medley: Welcome Home (Sanitarium) / Creeping Death / One / Fast as a Shark / Balls to the Wall / Strike of the Beast / Thunder Kiss ’65 / South of Heaven / Raining Blood
Block


ps. Por cierto, sí estáis flipando porque creéis que para ser capaz de inventarme todo este rollazo con tal detalle debo tener una imaginación prodigiosa y casi sobrenatural, que sepáis que sí, que la tengo, pero que también me he servido de una pequeña ayudita que, como soy la mar de generoso, os invito a visitar también:

En todo caso, lo que este ejercicio de ficción me ha dejado claro es que ahora deseo con más fuerza que nunca que esta gira se materialice de verdad más pronto que tarde, porque tíos, esto es un pepinarraco. Ahora mismo está programada para octubre, pero yo no tengo claro que para entonces ya se puedan llevar a cabo eventos de este nivel. ¡Ojalá, porque ahora sí que tengo el hype por todo lo alto!

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Sobre Albert Vila 862 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.