Machine Head – Catharsis

Nuestra Nota


8.5 / 10

Ficha técnica

Publicado el 26 de enero de 2018
Discográfica: Nuclear Blast
 
Componentes:
Robb Flynn - Voz, Guitarra
Phil Demmel - Guitarra
Jared MacEachern - Bajo
Dave McClain - Batería

Temas

1. Volatile (4:39)
2. Catharsis (6:11)
3. Beyond the Pale (4:31)
4. California Bleeding (4:12)
5. Triple Beam (4:41)
6. Kaleidoscope (4:04)
7. Bastards (5:04)
8. Hope Begets Hope (4:30)
9. Screaming at the Sun (3:55)
10. Behind a Mask (4:07)
11. Heavy Lies the Crown (8:49)
12. Psychotic (5:02)
13. Grind You Down (4:07)
14. Razorblade Smile (4:00)
15. Eulogy (6:34

Multimedia






Escucha y compra

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No sabía muy bien yo como afrontar la escucha y la reseña de este nuevo disco de Machine Head, un trabajo que, por lo que parece, no ha dejado indiferente a nadie. Aunque he llegado a oír que es una auténtica obra maestra, la mayoría de opiniones lo sitúan cerca de la herejía, por culpa sobretodo de algún que otro tema poco convencional y de ciertas influencias que creíamos muertas y bien enterradas. Yo no me voy a alinear incondicionalmente ni con los unos ni con los otros, pero tengo que decir, así de entrada, que es un disco que me ha gustado bastante más de lo que pensaba que iba a hacerlo y que, en mi opinión, viene lastrado por una duración a todas luces exagerada y por unos singles de adelanto poco representativos de lo que encontraremos en el resto del disco, lo que ha hecho que la gente se pusiera de uñas. Pero vamos, que acabo estando mucho más de acuerdo con los motivados que con los vinagres. Pero mucho más. Y cuanto más lo escucho, más me motivo, la verdad.

Es conocido por todos que Robb Flynn es un tío con unos cojones bien grandotes y que suele decir y hacer lo que le sale de ellos en todo momento. Esa valentia, proactividad y ansias de no quedarse nunca parado ha sido lo que ha hecho que Machine Head hayan sacado maravillas babeantes como The Blackening (ahí voy y lo digo: el mejor disco de metal de este siglo) y Unto the Locust, así como truños indigeribles del nivel de Supercharger, ha hecho que renunciara a participar en festivales (y a los buenos dineros que estos reportan) o a llevar bandas teloneras a sus giras (y, también, a los buenos dineros que estos reportan). Evidentemente, esta actitud le ha generado tantos devotos fans acérrimos como enconados detractores, lo que él se ha encargado de demostrar por activa y por pasiva que le suda los cojones grandotes esos que tiene.

Decía que The Blackening me pareció una auténtica maravilla y que Unto the Locust no llegaba al nivel (claro), pero tampoco se quedaba tan lejos. Su anterior trabajo, Bloodstone & Diamonds, seguía en la misma línea y tampoco estaba mal, pero creo que estaremos todos de acuerdo en que es un disco bastante más insulso que sus dos predecesores y que empezaba a sonar algo cansado, como si la fórmula alcanzara visos de agotarse. Por ello, Robb y los suyos han decidido avanzarse a los acontecimientos y dar una vuelta de tuerca a su camino musical en este nuevo Catharsis. Si tuviéramos que juzgarlo por los adelantos, esta vuelta de tuerca habría sido dramática. «Beyond the Pale» no está mal pero tampoco emociona demasiado, mientras que «Catharsis», el tema título, tiene un estribillo más propio de Bring Me the Horizon que de unos jefes indiscutibles del metal como Machine Head, lo que hizo saltar todas mis alarmas.

Finalmente, «Bastards», aunque indudablemente divertida y fiestera, desconcierta al más pintado con su inspiración tabernera de bandas como Dropkick Murphys o Against Me!. Aún así, me temo que todos esos detractores tan apasionados se quedaron en los adelantos y empezaron a despotricar sin molestarse demasiado en escuchar el disco con la profundidad que se merece. Es evidente que Catharsis no alcanza el nivel ni de sus dos primeros álbumes ni de la memorable pareja Blackening/Locust, pero tampoco lo pondría mucho más abajo de ahí. Seguramente, su lugar a día de hoy, según mi muy subjetivo criterio, estaría en un tercer escalón, junto a Through the Ashes of Empires. Se trata de un disco que crece, y mucho, con las escuchas, haciéndoseme larguísimo al principio pero disfrutándolo entretenidamente ahora.

Hay gente que afirma sin rubor que este disco es una vuelta a la época Burning Red / Supercharger, pero eso me parece una afirmación bastante simplista. Sí que hay algún tema que otro con dejes nu-metaleros («Triple Beam» o «Screaming at the Sun», por ejemplo), pero el conjunto del disco acaba siendo un pequeño e interesante machembrado de las múltiples etapas por las que ha pasado la banda, desde el hardcore más directo de The More Things Change (un disco que yo veo muy presente aquí, la verdad) hasta su reciente etapa más progresiva y culebrera y sus pinitos semi-sinfónicos, pasando claro, por el metal alternativo y rapero de principios de los dosmiles. La simplificación de la propuesta respecto a sus últimas entregas es evidente, aunque el rango de acción es más amplio, consiguiendo un abanico de canciones muy logrado que, creo, define bastante bien lo que es Machine Head: un grupo que lleva todas las influencias a su terreno gracias a un sonido agresivo, contundente e inconfundible y a una personalidad arrolladora.

«Volatile», un tema bien cañero que nos abofetea de buenas a primeras con ese «Fuck the World!» tan típico del Robb más intransigente y malhablado, ya nos pone en situación desde un primer momento. Hacía muchos discos que Machine Head no empezaba un álbum a piñón, sino que más bien tiraban de largas y atmosféricas intros, así que esto viene a ser una señal de que nos encontramos ante el disco más directo, en general, de la carrera reciente de la banda. El estribillo de «Catharsis», ya lo he dicho antes, me resultó absolutamente infame desde un primer momento, pero aunque no compro para nada algunos parecidos exagerados a bandas demasiado modernillas para mi gusto (Bring Me the Horizon a la cabeza), al cabo de las escuchas mi rechazo se acaba diluyendo y perdiendo protagonismo ante algunos punteos brillantes y una ambientación general muy conseguida. Quizás no pasarán a la historia, pero tampoco creo que nadie me pueda decir que temas como «Beyond the Pale», «California Bleeding» – éste está guapo, ¿no? – o «Triple Beam» (la mas nu de todas) sean malos para nada. Son variados y directos, están llenos de pasajes e instrumentaciones interesantes y se digieren sin demasiado esfuerzo.

La chicha de verdad empieza ahora, con un «Kaleidoscope» que es un señor tema, no me digáis. Trallero y hardcoreta, tiene uno de esos estribillos pegadizos y épicos tan característicos de Machine Head y es infecciosa y disfrutable como ella sola. Hay arreglos sinfónicos (con mesura) de los que abundaban en Bloodstone & Diamonds y, eso sí, algún que otro sintetizador que puede espantar a más de uno pero que nunca toma demasiado protagonismo. Su línea vocal introduce el mismo tono más o menos punk que vemos en la polémica «Bastards», siguiente en el tracklist y foco de todo el debate que se ha generado alrededor del disco. Yo, si queréis que os diga la verdad, no veo nada malo en esta canción, más bien todo lo contrario.

Es sorprendente e inesperada, sí, pero tiene todo para convertirse en un clásico moderno como ha acabado siendo «Darkness Within», la única canción de su catálogo con la que he sido capaz de relacionarla. Es pegadiza, festiva, épica, cercana y sincera, tiene una letra preciosa y empoderante, ofrece un mensaje absolutamente necesario y en directo promete ser un punto álgido. Para los que tengáis más reservas sobre si este tema es apropiado o no, no sé si habéis visto nunca en directo a Dropkick Murphys o a Against Me! (sobretodo estos últimos, la leche, que buenos que son), pero hay pocas bandas que consigan generar una intensidad similar sobre el escenario. A mí, ya os lo digo, me parece un temazo que me engancha y me apasiona más y más cuanto más lo escucho, ya que siento y me creo a Robb ofreciéndome sus vísceras delante de mis morros. En todo caso, os guste o no, ya podéis iros acostumbrando a que esta canción aparezca en los setlists de la banda de hoy hasta el fin de los días.

La pesadísima «Hope Begets Hope» es otra de mis favoritas, en gran parte gracias al riffaco afilado propio de bandas del metalcore del que mola como August Burns Red. A lo largo del tema, alternamos el Robb más llorón con el más ruidoso para conseguir un resultado brillante, lleno de punteos memorables y fraseos progresivos de gran nivel. «Screaming at the Sun» es, también, indudablemente cañera, y tiene algún que otro pasaje bastante destacable. También tiene riffs modernillos y algun coro über-melódico, pero eso no le evita sonar 100% a los Machine Head de su primera época.

«Behind the Mask» es uno de esos temas en los que Robb saca su lado más descaradamente meloso y donde la banda suena más distinta a lo que nos tiene acostumbrados. Guitarras acústicas a saco, con solos incluidos, coros angelicales, voz intimista y aires a rock alternativo noventero y heroinómano. Exactamente eso que en su día habríamos llamado una balada, aunque por lo que parece este nombre ahora no se lleva tanto. Si te gustan este tipo de canciones, te gustará. Si te gusta la tralla y eso es lo que buscas en un disco de los californianos, la aborrecerás. En mi caso, aún y gustarme, no acaba de ser una de mis favoritas, pero no hay duda de que me la creo de pé a pá..

Aquí tiene lugar un pequeño parón que, en mis primeras escuchas, me hizo pensar que el disco acababa aquí y que fíjate tú qué corto que se me ha hecho. Tú verás si se te ha hecho corto, infeliz, que amb prou feines vamos por la mitad. El motivo para introducir dicho parón supongo que es para dar algo de espacio para que crezca «Heavy Lies the Crown», el tema más decididamente épico de Catharsis, y el más parecido a lo que estuvieron probando en su disco anterior, con mucha presencia de arreglos sinfónicos. El tema crece poco a poco, y tarda casi tres minutos de cuerdas y susurros para lanzarse a un machinheadismo total y a multitud de pasajes, riffacos y punteos que, por momentos, nos retrotraen a esos días brillantes de The Blackening. No es tan redonda como los temazos que encontrábamos ahí, ni mucho menos, pero tiene su aire.

En «Psychotic» y en «Grind You Down» vuelven los aires más noventeros y el Robb más desesperado y teatral. No tengo duda de que los fans de The More Things Change… (entre los que me incluyo, por supuesto) deberían estar más que contentos con estas canciones, en las que incluso hay esos típicos armónicos de los Machine Head de los primeros años. Puede que el estribillo de la segunda se escape un poco de esa premisa y se desvíe hacia la modernidad, pero vamos, que tampoco distorsiona tanto.

Fíjate tú por dónde, así como quién no quiere la cosa llegamos a la recta final: «Razorblade Smile» es un indisimulado y bonito homenaje a la figura de Lemmy Kilmister y a Motörhead, tanto líricamente como musicalmente, con ese estribillo que copia nota por nota el de «Overkill». La final «Elegy» es una extraña outro atmosférica que transcurre a base de susurros y ruiditos. Melódicamente parece una revisión parcial de «Bastards», cuyas líneas y estribillo se repiten de nuevo. Es probablemente prescindible, pero ya que hemos llegado hasta aquí, pues qué más da seis minutos más, ¿no?

Pues al final ya veis que he caído de cuatro patas. Confieso que tengo debilidad por esta banda desde hace muchísimos años y parece que han conseguido conectar de nuevo conmigo, cosa que en Bloodstone & Diamonds se quedó un pelín a medias. La mayor pega que le veo a este disco, de largo, es su duración: si hubieran decidido quedarse con los nueve o diez mejores temas («Bastards» incluida, por supuesto) creo que les habría salido un trabajo más redondo, y se podrían guardar el resto para B-Sides o para un EP futuro. Pero Robb y los suyos siempre han tenido bastante verborrea compositiva, así que qué le vamos a hacer a estas alturas.

En unas semanas Machine Head volverán a pisar nuestros escenarios para deleitarnos con otro de sus «Evenings with….»: dos horas y media de descarga sin teloneros, en el que seguro que podremos escuchar un buen puñado de temas de este Catharsis junto a los múltiples hits imprescindibles que han ido acumulando a lo largo de los años. Lo que ya sería la leche es que alguna vez también recuperaran algún tema menos conocido de sus primeros álbumes. Que sí, que a todos nos gustan «Davidian», «Old» y «Ten Ton Hammer», pero alguna otra no estaría de más. ¡Será cuestión de pasarnos por ahí a ver si esta vez es la elegida!

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Sobre Albert Vila 869 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.