Backyard Babies – Making Enemies Is Good: 20 años desde que los suecos más macarras le encontraran el gusto a hacer enemigos

Ficha técnica

Publicado el 18 de abril de 2001
Discográfica: RCA / BMG
 
Componentes:
Nicke Borg - Voz, guitarra
Dregen - Guitarra
Johan Blomqvist - Bajo
Peder Carlsson - Bateria

Temas

1. I Love to Roll (2:04)
2. Payback (3:03)
3. Brand New Hate (3:01)
4. Colours (4:49)
5. Star War (3:06)
6. The Clash (3:06)
7. My Demonic Side (3:36)
8. The Kids Are Right (2:57)
9. Ex-Files (3:36)
10. Heaven 2.9 (2:50)
11. Too Tough to Make Some Friends (2:17)
12. Painkiller (5:33)
13. Bigger W/A Trigger (2:06)

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A principios de los dosmiles (o quizás incluso un poquito antes), mi abanico de gustos musicales dejó de centrarse obsesivamente en el metal (y, concretamente, en el metal más o menos extremo) y empezó a abrirse a un montón de cosas más. El hardcore punk ya estaba alli desde bastante antes, pero en esa época es cuando empecé a abrir los ojos a estilos como el garage rock, el hard rock más clasico o incluso el entonces aún incipiente indie rock. Los años siguientes serían ya un despiporren total en este sentido con el descubrimiento del jazz, el soul, el pop, el post, la electrónica, el rock clásico y un montón de cosas más haciéndose un hueco en mis playlists, pero aquí es dónde se cimentó la semilla de esa apertura.

Pero por muy incipientemente abierto que pretendiera estar, claro, no dejaba de ser un tierno chaval de veinte años recién cumplidos con una mochila repleta de prejuicios musicales a tutiplén. Uno de mis grandes no-nos del momento (ahora también sobradamente superado) era el glam ochentero, absoluta némesis del thrash y el death que tanto veneré en mi adolescencia, por lo que cuando un compañero de trabajo (¡hola, Xavi!) me plantó ante mis morros con ilusión un par de discos de Backyard Babies y Hardcore Superstar, mi primera e instintiva reacción fue la de fruncir el ceño y serrar los dientes bien fuerte. Todo ese rimel, laca y sobreactuadas poses de malotes sudorosos no estaban hechas para mí (como si la gente del black metal no sobreactuara casi, ¿verdad?), así que creo que me limité a escucharlo una vez (o media) y, preso de mis fuertes opiniones preconcebidas, decliné amablemente seguir interesándome por ellos ni lo mas mínimo.

Curiosamente, un par de años mas tarde, estando yo ya en pleno bullicio de descubrimientos musicales, llegó a mis manos el recién publicado Stockholm Syndrome (2003). Yo ya me había olvidado prácticamente de ellos, pero como me sonaba el nombre, y a pesar de que insistieran una vez más en colocarse a ellos mismos en la portada, esta vez decidí escuchármelos con bastante más curiosidad.  Y joder, la verdad es que esa vez me atraparon sin ninguna dificultad desde los primeros segundos de ese «Everybody Ready!?», y mi apasionada reacción a temarrales como «A Song for the Outcast», «Pigs for Swine» o la excitante final «Shut the Fuck Up» no hicieron sino certificar exactamente eso: que ahora sí que estaba totalmente preparado para que Backyard Babies se convirtieran, de forma bien inesperada, en una de las bandas de mi vida.

En circunstancias normales, y por ser el disco que me abrió las puertas a sus encantos, ese Stockholm Syndrome debería haberse convertido en mi álbum históricamente favorito de la banda. Pero aún y gustándome mucho, al bucear en su aún escueta discografia anterior me acabé enganchando incluso más a su genial Total 13 y, sobre todo, a este Making Enemies is Good que nos ocupa hoy, un disco que me maravilló de buenas a primeras (y aún lo hace) y que no salio del reproductor de mi entrañabe Opel Corsa verde en unos cuantos meses. A partir de entonces, los suecos se convirtieron en una banda imprescindible a la que he seguido y disfrutado disco tras disco y concierto tras concierto y que, a pesar de algunos pequeños borrones compositivos y de que me dejaran miserablemente tirado justo antes de la entrevista que debía hacerles la última vez que vinieron a Barcelona, siguen encantándome a día de hoy.

Dicho todo esto, me da la sensacion, tanto entonces como ahora, que Making Enemies is Good significó un pequeño paso atrás para muchos de sus fans despues del exitazo incontestable que supuso la publicación de Total 13 en 1998, el disco que les catapulto a la primera linea del movimiento hard rock / sleaze revival sueco que abanderaron The Hellacopters (una banda en la que también participaba y sigue participando el propio Dregen, guitarrista de los Babies) y que se continúa considerando en la mayoría de círculos como su cúspide compositiva. Visto con cierta perspectiva es posible que así sea, pero igualmente pienso que a pesar de que quizás han ido lenta y progresivamente hacia abajo a partir de ahí (sin dejar nunca de hacer buenas canciones, ojo), al menos esos dos primeros discos que lo siguieron son igualmente maravillosos.

Es curioso, porque justamente esa pose tan exagerada, pendenciera, sucia y sudorosa que me echó tan y tan para atrás en su momento se convirtió también en uno de sus principales atractivos para mí tan solo unos pocos años mas tarde, hasta el punto de fantasear (cosa que a veces aún hago) con embarcarme en montar una banda de ese palo (estoy entre esto y el post metal / sludge, imaginaos). Pero a pesar de su intencionada pinta de drogadictos disfuncionales y peligrosos que nunca presentarías a tu madre, los suecos han logrado mantener la misma formación intacta durante más de treinta años de carrera (algo que pocas bandas pueden decir), con lo que su profesionalidad y seriedad está fuera de toda duda. En lo personal, es muy probable que fueran los principales responsables de que finalmente me interesara (sí, también) por todos los excesos ochenteros del Sunset Strip angelino, algo que llevó a encontrarme con verdaderas joyas la mar de disfrutables. En otras palabras, Backyard Babies me ayudaron a quitarme de encima un montón de prejuicios, y eso, amigos, no tiene precio.

Metiéndonos por fin de lleno en el disco que nos incumbe, la verdad es que aquí nos encontramos una generosa bacanal de temarrales cortos, directos, memorables y rebosantes de actitud. Cierto que los suecos no inventan la rueda ni en este trabajo ni en ningun otro que hayan publicado, pero es probable que sea precisamente ese desparpajo y esa actitud marrullera y desafiante lo que los hace tan motivantes, tan divertidos y tan disfrutables. La inicial, fiestera, explícita, farlopera y vacilona «I Love to Roll» es toda una declaración de intenciones con su «sex! / drugs! / rock!», sus samplers de esnifadas y su explícito título («to roll» puede significar muchas cosas, entre ellas la de enrollar un rulo), y es innegable que rebosa mojo y sudor por todos lados, algo de lo que Making Enemies is Good no va falto en ningún momento.

Si tenéis algo de sangre rockera en vuestras venas, os será imposible mantener el cuello ni el cuerpo quietos mientras suena «Payback», un temazo con un ritmo infeccioso, un groove irresistible, un buen solo muy bluesero (ya le va eso, al bueno de Dregen) y unos interesentes grititos de cheerleader. «Brand New Hate» (el tema que incluye repetidamente la frase «Making Enemies is Good») es el tema más popular del disco y todo un himno del rock and roll más clásico embadurnado de sleaze por los cuatro costados. Morritos por doquier, estribillo de puño en alto y huesitos en incontrolable movimiento ayudan a mantener el listón del disco arriba del todo. «Colours» es la primera de las canciones lentas / melancólicas / quejumbrosas que encontraremos en este trabajo, un subgénero propio al que han ido recurriendo periódicamente a lo largo de su discografía con más o menos éxito y que aquí, sin duda, roza cotas de excelencia con una melodía maravillosa y un espíritu decadente tremendamente creíble y disfrutable.

Si todo lo que hemos escuchado hasta ahora era sin duda intachable, el trío que viene ahora vé la apuesta y sube diez más. De hecho, en sus tiempos éste y no otro (con permiso de «Painkiller») solía ser mi momento favorito del disco, empezando por un temarral tan vacilón y macarra como es «Star War», un himno tan bailable y divertido como es «The Clash», un single inevitable (y así lo fue) que cuenta entre lo más objetivamente brillante y redondo de este trabajo, para acabar con la oscura y deprimente «My Demonic Side» y ese irresistible patrón de batería (en este disco hay varios de este palo) que sirve de base para construir un corte magnífico y rebosante de groove que, además, cuenta con una de las mejores letras y estibillos de todo este trabajo.

La segunda mitad del disco quizás no llega al nivel impresionante de la primera, pero tampoco se queda muy lejos. «The Kids Are Right» es también buenísima, con esa icónica declaración «the kids are right of doing wrong / everyone I see is better than me» y una letra catastrofista que, una vez más, gira alrededor de esas adicciones tan presentes en el entorno de la banda. La lánguida «Ex-Files» recupera ese espíritu del que hablábamos en «Colours», aunque quizás no raya a un nivel tan alto a excepción de su inspirado estribillo. El rollo facilorro y de sprting break de «Heaven 2.9» siempre me ha resultado un pelín irritante, aunque es innegable que nos ofrece todo el potencial festivo del mundo, cuenta con algunos momentos brillantes en lo musical y sirve como especie de preludio a esa exaltación de la amistad que veremos en ese (también tremendamente irritante) «Friends»de su siguiente disco.

Entremos de lleno en la recta final con la impecable y motivante «Too Tough to Make Some Friends», otro rock and roll breve, alegre y potente con espíritu inequívocamente punk muy fácil de disfrutar. Aunque algunos la podrían considerar un pelín pastelorra, la dura y reignada narración de la progresiva e incurable decadencia yonki que es «Painkiller» siempre me gustó especialmente y era uno de los momentos que esperaba con más ilusión a cada nueva vuelta que le pegaba al disco. Y la verdad es que tanto musicalmente como a nivel lírico me parece un temarral épico que quizás no goza del amor y el aprecio que se merece y que contiene un montón de pasajes a la altura de lo más brillante que vamos a encontrar en este disco. Para acabar, el rollo casi nirvanero de «Bigger W/A Trigger» recupera la velocidad y pone la guinda final a un disco variado e inspirado que se puede y se debe disfrutar del primer al último segundo.

En mi repaso habitual a setlist.fm, vemos que este disco es el segundo mas revisitado en directo de toda su carrera, solo por detras de Total 13, que ya ha quedado claro que supone su verdadera cumbre tanto para los aficionados como para, por lo que parece, ellos mismos. y bastante por encima de todo el resto. Ya sabemos que los datos que ofece esta plataforma pueden no ser completos del todo (de hecho, en bandas pequeñas y medianas como esta seguro que no lo son), pero es interesante observar como «Brand New Hate» parece ser la cancion que mas han tocado en toda su historia, mientras que tanto «The Clash» como «Star War» y «Heaven 2.9» han tenido un protagonismo bastante significativo a lo largo de su carrera.

Otra cosa que me ha parecido curiosa de mi buceo por los datos de setlist.fm es que España es el cuarto pais en el que Backyard Babies mas han tocado tras su Suecia natal, Alemania e Inglaterra. Toda una demostracion de los mucho que se aprecia a la banda de Nicke Borg y Dregen por estos lares. Un motivo más para celebrar el indudable discarral que es este Making Enemies is Good, quizás uno de los discos con los que más obsesionado he estado en algún momento de mi vida y que aún hoy me parece maravilloso. Si necesitáis sacudiros un poco, dadle un tiento porque sus propiedades son medicinales.

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Sobre Albert Vila 901 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.