Backyard Babies – Sliver & Gold

Nuestra Nota


8 / 10

Ficha técnica

Publicado el 1 de marzo de 2019
Discográfica: Century Media
 
Componentes:
Nicke Borg - Voz, Guitarra
Dregen - Guitarra
Johan Blomqvist - Bajo
Peder Carlsson - Batería

Temas

1. Good Morning Midnight (2:59)
2. Simple Being Sold (2:50)
3. Shovin' Rocks (3:20)
4. Ragged Flag (3:19)
5. Yes to All No (3:08)
6. Bad Seeds (3:49)
7. 44 Undead (3:24)
8. Sliver and Gold (3:15)
9. A Day Late in My Dollar Shorts (2:47)
10. Laugh Now Cry Later (6:15)

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Los suecos Backyard Babies han sido una banda especial para mí, casi, desde el mismo día en que les conocí. Y mira que sobre el papel ni su propuesta musical ni sus pintas tenían nada que pudiera enganchar a un chico de 19 años que repartía su atención musical entre el metal extremo en sus múltiples variantes y el hardcore y post hardcore que lideraban otras bandas suecas como Refused Raised Fist. Pero por esos entonces yo empecé en un nuevo trabajo, y allí me topé con un chico, algo mayor que yo, que era un fan enfermizo de Ramones New York Dolls y que tocaba la batería en una banda del ese palo.

El hombre, que era un tío listo y friki, estaba muy seguro que sus gustos eran los buenos, y cuando le comenté que a mí me gustaba el hardcore, me dijo condescendientemente que me dejara de paridas, que el único hardcore que molaba era el de unos tales Hardcore Superstar que no me sonaban de nada. Yo sería joven e inocente, pero de cerrado de miras no tenía un pelo, así que entre jijis jajas le pedí al chaval que me dejara algo, que yo me lo escuchaba a gusto. Y al día siguiente me vino con dos CD’s: el Bad Sneakers and a Pina Colada de los mencionados Hardcore Superstar, y el Making Enemies is Good de Backyard Babies.

Y sí, el primero no estaba mal, pero el segundo, siendo un estilo que no me era para nada familiar (una especie de hard rock punkero y glamero) tenía un no sé qué que, fíjate por donde, acabó por engancharme. Por engancharme mucho. Al cabo de poco publicaron también un fabuloso (quizás hasta mejor) Stockholm Syndrome, y fíjate por donde que tanto uno como el otro se convirtieron en dos de mis discos de referencia de esa época en concreto. Sí, ya sé que Total 13 es su trabajo más aclamado, de largo, y el disco mola un rato, pero en mi mundo personal los dos que os digo son los que me tocaron de verdad, hasta el punto de pensar que, si surgía la oportunidad de montar otra banda (cosa que no pasó), me habría gustado que fuera de ese palo: sucia, sudorosa, rockera y malota. Con rimel y todo, si hacía falta.

Y aunque me gustaron mucho y me gustan mucho, tampoco os penséis que los he seguido con fruición desde entonces. Lo que sí que he hecho ha sido escucharme todos sus discos con bastantes ganas, y tanto el liado People Like People Like People Like Us como su álbum homónimo me parecieron trabajos más que dignos (aunque irregulares, eso sí) con una buena cantidad de temazos pegadizos y vacilones. Quizás su último álbum, llamado Four By Four y publicado ya hace casi cuatro años, sí que es un poco más flojito, pero ante mi sorpresa he visto como sus canciones copaban prácticamente la lista de temas más populares de la banda en Spotify, así que no debe haber calado del todo mal entre los fans de la banda. No lo habría dicho nunca, oye.

La pareja formada por Nicke Borg y el andrógino y pequeñajo Dregen (también guitarrista de The Hellacopters, recordad – no es nadie el tío – ) sigue siendo la columna vertebral de Backyard Babies, una banda que, casi miraculosamente, mantiene el mismo line up con el que empezó hace hoy 30 años, con Peder Carlsson a la batería y Johan Blomquist al bajo. Si bien es verdad que la pinta de sucios malotes, decadentes y peligrosos que les ha acompañado desde siempre quizás ya no es tan creíble a día de hoy (aunque cualquiera se la quita), disco tras disco siguen intentando llevar adelante la bandera de ese high energy rock and roll sueco que invadió el mundo a finales de los noventa de la mano de bandas como los mencionados Hellacas o los menos reconocidos Gluecifer. Otros ya llevan años pasando de grabar discos, pero los bebés del patio de atrás, aunque tampoco se lo toman con prisa, aún no se han cansado de ello.

Y oye, aunque al principio este Silver & Gold (el octavo trabajo de la banda) me pareció algo aburridillo y tenía pinta de seguir la senda de insustancialidad de su predecesor, a medida que lo vas escuchando los temas se van enganchando en tu cabeza uno tras otro. Porque no sé si es que soy facilón o qué (un poco sí), pero el hecho es que me han acabado gustando más o menos todos, hasta el punto que me atrevo a decir que éste me ha parecido el álbum más regular y completo que han publicado desde ese ya lejano Stockholm Syndrome del que habábamos antes. No os equivoquéis: temazos tienen en todos sus discos, pero también había algun que otro relleno bastante flagrante. No digo tampoco que Silver & Gold esté a ese nivel, ni mucho menos, pero sí que se trata de un disco consistente, divertido y agradecido de principio a fin.

Las primeras notas del disco pueden recordar vagamente a Judas Priest, pero rápidamente esta inicial «Good Morning Midnight» se arranca con un rockerío simple pero delicioso, garajero y reminiscente de algunas épocas pretéritas de la banda (sin alcanzar esos niveles de intensidad, eso sin duda). Una estructura previsible y unos punteos divertidos e infecciosos la convierten en un excelente principio, que nos pone fácilmente en situación sin necesidad de tener que recurrir a una de las canciones más destacadas del disco.

«Simple Being Sold» y su melodía ligera y dinámica, cercana al punk rock más americano, me parece igualmente disfrutable e incluso algo más memorable, mientras que el single «Shovin’ Rocks» apuesta por un rock and roll más puramente bailable, festivo y old school, con toques que van desde Kiss (hay un guiño claro a «Lick it Up», ¿no?) a bandas desenfadadas de baile de fin de curso de high school americana. Todos ellos son elementos habituales de la música de los suecos, que por el momento nos demuestran tener las musas prefectamente complacidas.

«Ragged Flag» és groovey y vacilona, con toques orientaloides curiosos y un cierto aire a Guns ‘N Roses en algunos momentos. La melodía vocal es interesante (aunque no siempre del todo acertada, creo yo), convirtiendo el tema en uno de los más originales de todo el disco. «Yes to All No» es un super sí por mi parte. Ahondando en esa actitud derrotista, barriobajera y perdedora que tanto les encaja y que tantos buenos temas les ha ayudado a crear a lo largo de su historia, vuelve a serles de utilidad para parir uno de los mejores y más auténticos cortes de este disco, y aunque hay algun cambio que se ha solucionado de forma algo precipitada, en general me gusta y me creo el rollo que lleva, con especial hincapié en la melodías más melosas e inquietantes.

«Bad Seeds» es más rápida, directa, punkarra y rockera. Un tema en toda la cara con una buena melodía que no se complica demasiado la vida pero que cumple con su cometido sin demasiados problemas. «44 Undead» es otra de las grandes: el último avance publicado antes de que el álbum saliera a la calle empieza, tal cual, como un tema de Stockholm Syndrome que ahora no he sabido identificar, y se trata de un single alegre, pegadizo y muy hellacoptero (incluso demasiado) que ha conseguido engancharme fácilmente y, quizás, convertirse en mi favorita de todo el disco. «Silver and Gold» (que no es un nombre precisamente original, por cierto) tiene un cierto toquecillo a pop punk alegre que supongo que ayuda a conseguir un tono festivo y facilón, mientras que «A Day Late in My Dollar Shorts» (un juego de palabras a partir de una frase hecha inglesa) es también simpática, pegadiza y muy entretenida.

Para cerrar, una baladita punk de esas que tanto les gusta meter de tanto en cuanto, y que en esta ocasión se va hasta unos innecesarios seis minutos y pico, prácticamente el doble que cualquier otra canción del disco. Aunque la melodía es bonita y sentida y la inclusión del piano mola, la progresión de acordes que ya hemos escuchado en el pasado, la repetitividad de la fórmula y el abuso de arreglos un pelín pedantes hacia el final hacen que no acabe de ser tan redonda como podría. Aunque quizás lo habría sido de haber durado un par de minutos menos, vete a saber.

Hay discos en los que cuesta bastante encontrarles las referencias, pero aquí he visto muy fácilmente cosas de GNR, de Kiss, de Judas, de Ghost (quizás aquí me he pasado, pero a mí me lo parece), de HellacoptersTurbonegro, de NOFX. Está claro que todo esto es lo que siempre ha habido en el poupurri made in Backyard Babies, pero si por lo que fuera os gusta una o varias de estas bandas y aún no les conocéis, pegadles un tiento. Para mí es un paso adelante, sobretodo en términos de regularidad y de consistencia, respecto a su trabajo anterior, aunque si bien se trata de un disco entretenido y disfrutable de principio a fin, no todo es de color de rosa.

El principal problema, para mí, es que en este disco falta algo de originalidad y de rabia, falta punch y faltan esos escupitajos de sucia autenticidad que siempre los caractarizaron. No diré que ya no sean auténticos, porque probablemente no sea éste el problema, pero lo que ya no se respira es esa sensación de peligro y de mala leche que les hacía únicos. Las canciones tienen su rollo, son distintas entre ellas y están bien compuestas y ejecutadas, pero la sensación es que todo transcurre de forma totalmente inofensiva. Supongo que el problema cuando basas gran parte de su esencia en la actitud es que, cuando esta desaparece o se matiza (algo normal, por otra parte, y no los critico por ello, que no es lo mismo tener 20 que 30 o 45 años) a lo que queda le falta algo de alma.

Si conoces su discografía no te sorprenderá demasiado, pero está claro que el disco pasa volando y, si bien no tiene ni mucho menos la mala leche y la agresividad de sus mejores tiempos, es un álbum divertido y fácil de disfrutar. Que ya es lo suyo.

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Sobre Albert Vila 723 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.