Crónica y fotos del concierto de Metallica - Plaça de l'Església (Espinelves), 9 de diciembre de 2022

AVETALLICA: Crónica del concierto sorpresa de Metallica en la Fira de l’Avet d’Espinelves

Datos del Concierto

Bandas:
Metallica
 
Fecha: 9 de diciembre de 2022
Lugar: Plaça de l'Església (Espinelves)
Promotora: Fira de l'Avet d'Espinelves
Asistencia aproximada: 300 personas

Fotos

Fotos por Oficiales

Desde 1981, en la pequeña pero coqueta localidad osonense de Espinelves (situada a pocos kilómetros de Vic y en medio del valle transversal que forman la vertiente norte del Montseny y el extremo sur de les Guilleries), se celebra una de las ferias navideñas mas conocidas de todo el territorio catalán. Año tras año, cienes y cienes de vehículos ocupados por cienes y cienes de familias ávidas de entretenimiento y de repetición perpetua de costumbres agarran la C-25 durante algún momento del puente de diciembre para proceder a colapsar los modestos accesos al pueblo como si no hubiera mañana, reventar los vastos espacios de aparcamiento que la organización (a cambio de una sonrisa y unas monedas) habilita en todos sus rincones y volverse a sus casas con la barriga llena y un abeto encima del hombro.

Si bien en su origen esta feria estaba centrada casi exclusivamente en la venta de árboles de navidad, la ingente cantidad de gente que se acercaba aquí edición tras edición invitó a los lugareños a ampliar su oferta a todo tipo de tenderetes de índole navideño y tradicional, sazonándolo todo con alguna que otra actuación artística dedicada mayormente al público familiar. De mi única visita junto a mis padres cuando era pequeño solo recuerdo pensar que era buena idea comprar una tableta de chocolate del 93% que a la postre me pareció asquerosa, así que yo mismo decidí abrazar el felipismo más absoluto y actualizar mi opinión sobre este evento arrastrando a mi propia familia a pasar uno de los días que nos quedaban sueltos de este largo puente constitucional en Espinelves.

Llegamos por la mañana y tampoco había tantísima gente como auguraban los más agoreros. Una vez allí, comimos una deliciosa tostada con mongetes del ganxet, compramos una coca de Perafita de esas que se encuentran en absolutamente todas las ferias de Cataluña, encargamos el imprescindible abeto que recogeríamos al marchar, intentamos comprobar si teníamos la misma destreza que Guillermo Tell con el arco y las flechas, nos tomamos un café en el único (y minúsculo) bar del pueblo que parecía abierto y, en general, pasamos un agradable, tranquilo, soleado e ineventual día recorriendo las estrechas y serpenteantes calles del pueblo e interactuando con los múltiples feriantes que allí se encontraban.

Pero sobre las cuatro y media, mientras examinábamos la enorme cantidad de caganers expuestos en un tenderete situado en el extremo de la calle de Mossèn Cinto Verdaguer, escuchamos un fuerte estruendo musical procedente de la zona de la iglesia. Me pareció que tenía una retirada a los primeros compases del «Creeping Death» de Metallica, pero rápidamente pensé, claro, que me debía estar confundiendo. Mientras nos dirigíamos hacia allí presos de la curiosidad (¿una banda de tributo a Metallica en la Fira de l’avet, en serio?) le pegué un ojo al programa de mano que me habían entregado al entrar y al que no había prestado aún atención, y efectivamente, allí estaba: «16:30 – Plaça de l’Església – Concert d’Avetallica«.

Avetallica… menudo nombre cutre, pensé. Con una sonrisa (no me esperaba yo poder gozar de una dosis de metal hoy), doblamos la calle que daba a la plaza y nos encontramos con cuatro figuras en la otra punta, plantadas sobre un pequeño escenario hecho de palets y envuelto de abetos de todos los tamaños. Un montón de niños correteaban entre un tió gigante y el pequeño parque situado en la otra esquina a su lado, y mientras pensaba que la voz del cantante estaba realmente conseguida, llegamos delante de la banda y me tuve que aguantar la mandíbula con las dos manos: allí estaban JamesKirkRobert Lars, interpretando «Creeping Death»  en pleno centro de Espinelves. Ahmmm…. ¿Cómo?

Después ya iba a intentar enterarme de qué estaba ocurriendo allí, pero mientras tanto era hora de disfrutar de esta ocasión única. Porque yo ya hace muchos años que no soy un fan asiduo del cuarteto californiano, pero un concierto como éste solo se vive una vez en la vida, y ya os digo que la banda se tomo su actuación hoy aquí verdaderamente en serio. Me costó unas cuantas repeticiones darme cuenta que, usando ese «ahh» al final de las palabras tan característico suyo, James estaba cantando «Creeping-aah veth», mientras que durante la interpretación de “Hit the Lights” (y en especial durante su estribillo) un montón de niños uniformados con camisetas de Metallica atizaban rítmicamente y con violencia un tió gigante. Para los no avezados con esta entrañable tradición catalana, el tió es una especie de tronco con cara y barretina al que alimentas mandarinas durante unos días y, alrededor del día Navidad, caga turrones y otros pequeños regalos a medida que lo pegas tan fuerte como puedes con bastones o – en el caso de mi familia – con utensilios varios de cocina.

La siguiente en caer fue su habitual versión de Diamond Head, «Am I Evil?», una pregunta que tuvo su respuesta en el siguiente tema. Aquellos que estuvisteis presentes en algunas de las ultimas actuaciones de la banda americana recordareis que había un momento en que Robert Trujillo y Kirk Hammett se quedaban solos en el escenario y se animaban a interpretar algún éxito local de cada una de las ciudades que visitaban (en Barcelona fue «El muerto vivo» de Peret, y en Madrid «Los rockeros van al infierno» de Baron Rojo). Hoy volvieron a abrazar esta bonita iniciativa y nos sorprendieron con una versión instrumental de “El Dimoni Escuat”, un villancico tradicional catalán que fue recibido con especial ilusión por parte de los presentes e incluso animó a más de uno a unirse a ellos cantando aquello de “Allà sota una penya, n’es nat el Jesuset, nuet nuet…”.

Porque lo curioso del tema es que, a pesar de lo especial e histórico del evento, no hubo demasiada expectación en la plaza del pueblo más allá de algunos pocos metaleros casuales que estaban flipando tanto como yo. De hecho, por la mañana pasamos y había un espectáculo de titelles con el triple de afluencia y con la gente diez veces más emocionada. Está claro que el público familiar y poco metálico se lo miró todo con un cierto escepticismo, e incluso desde una parada de chocolate caliente y churros se escucharon amargas quejas sobre el elevado volumen del concierto, que no les permitía entender del todo si la gente quería extra de azúcar o no con sus churros.

Eso sí, ya os podéis imaginar que la voz se corrió como la pólvora entre los círculos metálicos, y yo mismo intenté comunicarme con algunos de mis conocidos para que se acercaran hasta aquí lo antes posible, pero entre que Espinelves está lejos de casi todo y el colapso que ya tenían de por si los accesos al pueblo, nadie pudo llegar a tiempo para ver ni un segundo de su actuación. Una pena, porque entre otras cosas pudimos disfrutar de la primera interpretación en directo a nivel mundial de «Lux Æterna«, el tema que sirve de adelanto de su nuevo disco 72 Seasons, a publicar a principios del año que viene. A pesar de que a mí me deja un poco frío, la canción ha sido muy bien recibida por parte de la comunidad metálica, y aunque hoy sonó un poco accidentada porque Lars no conseguía dar con el ritmo correcto y tuvieron que re-empezarla hasta tres veces, la verdad es que en directo me pareció bastante más excitante que en su versión de estudio.

Más allá de la propia existencia de este concierto, la gran sorpresa de la tarde llegó en el momento en el que proyectaron una imagen del malogrado Lou Reed caracterizado con una barretina y un chaleco de pastorcillo en la pared de la iglesia de Sant Vicenç (bien, se veía un poco difuminada porque aún no era de noche del todo) y la banda empezó a interpretar «Brandenburg Gate», la canción que abre el polémico Lulu y que, si no me equivoco, nunca habían tocado en directo. ¡Qué momento! Y no estuvo del todo mal, con la figura virtual de de Lou recitando sus partes desde la pared de la iglesia, y la banda sonando compacta y potente desde abajo. Llegado este momento, muchos niños empezaron a coger sitio porque a las cinco y media empezaba un espectáculo de marionetas y la banda tuvo que acortar un poco su concierto, finalizando su actuación con la imprescindible «Nothing Else Matters», que muchos padres tararearon y que incluso una muchachuela adolescente a mi lado comentó que le sonaba porque la había visto en un vídeo en directo de Shakira.

Una vez acabaron, me abalancé sobre la banda para que me explicaran qué leches estaban haciendo aquí, y me emplazaron a que acabaran de recoger para tomar una ratafia de castaña de Viladrau en una parada cercana y contármelo todo. ¡Menuda suerte la mía, humilde periodista aficionado! A pesar de que en breve sacarán su nuevo trabajo, no creo que sea demasiado blasfemo decir que hace años que Metallica tiene bien poco a aportar a nivel estrictamente compositivo. En cambio, nadie les puede negar sus ganas de meterse en los más variopintos proyectos (en su mayoría valientes y económicamente desastrosos): desde su festival multidisciplinar Orion Music + More, su decepcionante película Through the Never (gran idea a priori pero con un guion infame), el propósito de tocar en los siete continentes en un solo año (y, con ello, ser la primera banda que lo hace en la Antártida), los setlists a la carta o un montón de cosas más.

Al cabo de un ratito, James Hetfield nos contó en tono distendido que el nuevo reto de Metallica para este año 2023 es el de tocar en «diez lugares improbables donde una banda de metal nunca ha tocado antes», y que la elección de Espinelves como primera parada está relacionada con una historia que se remonta a 1998. Algunos recordareis que en esa época el bueno de James estaba en pleno proceso de gestión del descomunal éxito que cosechó la banda en los noventa, cosa que le comportó graves problemas emocionales y de adicciones al alcohol y a otras sustancias. Por lo que parece, en la clínica californiana en la que se estaba rehabilitando le recomendaron un retiro meditativo en algún sitio tranquilo y bien alejado de Estados Unidos y de su día a día. James no sabía dónde ir para intentar cumplir ese objetivo, pero mientras caminaba reflexionando de vuelta a su casa se encontró con un tríptico informativo de la Vall d’Aran tirado en el suelo, cosa que se tomó como una señal de la providencia y le encaminó al cabo de un par de meses hacia este bonito valle pirenaico.

Quizás a algunos de vosotros os suena que fue durante esa época que se produjeron los primeros esfuerzos para empezar a repoblar esa zona del Pirineo con una pequeña cantidad de osos pardos, especie que se extinguió en esa parte de la cordillera algunos años atrás. Pues bien, por lo que parece mientras James daba un tranquilo y meditativo paseo reparador por los frondosos valles entre Bossòst y Sant Blai de Lles se pegó el susto padre al encontrarse de bruces con la joven Nere, uno de esos primeros osos reintroducidos que volvieron a llamar la Vall d’Aran su casa (eso sería si supieran hablar, claro). Aunque cualquier manual de defensa anti-oso te dirá que ante un incidente de este tipo lo que debes hacer es mantenerte quieto y sereno, el pobre y aterrorizado Hetfield (en pleno síndrome de abstinencia, recordémoslo) no tuvo otra idea que gritar como un poseso y empezar a correr presa del pavor.

La osa, como era de esperar, procedió a perseguirlo juguetonamente, y James no paró de esprintar hasta llegar a la carretera más próxima y abalanzarse desesperadamente encima del primer coche con el que se cruzó (un Renault Laguna gris). Los ocupantes resultaron ser una familia de Sant Sadurní d’Osormort que volvía a su casa después de unos días de vacaciones en la Vall d’Aran, y al encontrar al vocalista americano tan absolutamente abrumado y asustado, se ofrecieron a acogerlo unos días en su casa, cosa que labró entre ellos una amistad y un sincero agradecimiento que dura hasta el día de hoy y que se ha traducido en múltiples visitas en ambas direcciones. Como sabréis, Sant Sadurní d’Osormort se encuentra a pocos kilómetros de Espinelves, de manera que James y su familia han tenido la oportunidad de asistir a esta feria en alguna que otra ocasión y con el tiempo le han cogido cariño. Además, Hetfield también recuerda como ese episodio de pánico le hizo coger un miedo y un odio irracional a los osos y que, a raíz de ello, se aficionó a la caza de este tipo de plantígrados, una de las actividades de las que mas disfruta desde entonces.

Así que, aunque pueda parecerlo, la presencia de Metallica en un sitio tan aparentemente aleatorio como es Espinelves no ha resultado ser tan aleatorio, yá que la relación de su vocalista con este recóndito rincón del Osona viene de largo. Es una pena que la mayoría de vosotros no pudierais asistir, y que la mayoría de los que sí lo hicieron les diera absolutamente igual. Aunque bueno, si estáis al tanto del calendario universal de ferias y ferietas, quizás tendréis la oportunidad de encontraros con ellos en algún otro de esos «diez lugares improbables donde una banda de metal nunca ha tocado antes». No sabemos si su nuevo disco aportará algo a no al mundo de la música, pero está claro que los californianos siguen siendo una de las bandas más inventivas y originales del planeta.

Setlist Avetallica:

Creeping Death (estilizada hoy como “Creeping Avet”)
Hit the Lights
Am I Evil?
El Dimoni Escuat (tradicional catalana, interpretada por Kirk Robert)
Lux Aeterna (estreno mundial en directo)
Brandenburg Gate (con proyección de Lou Reed)
Nothing Else Matters

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Sobre Albert Vila 935 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.