Angra – Rebirth: 20 años de todo un renacimiento

Ficha técnica

Publicado el 13 de noviembre de 2001
Discográfica: SPV GmbH / Steamhammer Records
 
Componentes:
Edu Falaschi - Voz
Kiko Loureiro - Guitarra
Rafael Bittencourt - Guitarra
Felipe Andreoli - Bajo
Aquiles Priester - Batería

Temas

1. In Excelsis (1:03)
2. Nova Era (4:52)
3. Millennium Sun (5:11)
4. Acid Rain (6:08)
5. Heroes of Sand (4:39)
6. Unholy Wars (8:14)
7. Rebirth (5:18)
8. Judgement Day (5:49
9. Running Alone (7:14)
10. Visions Prelude (4:32)

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Parecía que la cumbre estaba cavada y Angra, muertos. No es fácil sobrevivir a la marcha de alguien tan icónico como André Matos, que en paz descanse. No sólo por su carisma, sino por su tremenda calidad como músico, vocalista y compositor. Tras Fireworks y las guerras internas que sobrevinieron, parecía imposible que Loureiro y Bittencourt pudiesen hacer algo. Porque no olvidemos, no es que perdiesen solamente al alma matter del grupo, el mencionado Matos, es que su sección rítmica les dejó con lo puesto. De repente, de una banda de 5 miembros, quedaron dos. Pero vaya dos, ¿eh? Seguramente sea mi dupla preferida de todos los tiempos (y es posible que más por motivos sentimentales que por hechos contrastados). Además, la dupla mágica a los mandos técnicos, entre los que destaco a Sascha Paeth, también los dejaría tirado.

Pero quien se rinde es porque quiere, y la pareja de guitarristas brasileños, quizá llenos de resentimiento por el abandono, decidieron que rendirse no está en su diccionario, así que empezaron un proceso de head hunting para ver si lograban resucitar una banda con una bala incrustada en el cerebro. Y demostraron que no solamente son guitarritas, sino unos cirujanos envidiables. Veamos. ¿Qué les va Confessori? Pues encuentran a una auténtica bestia que, además y en solo un par de discos y un concierto, se convirtió en mi batería preferido, Aquiles Priester (recomiendo muy mucho buscar sus vídeos en YouTube). ¿Que un bajista de la talla de Luis Mariutti (al que siempre le tendré un cariño especial, y no sé por qué) hace las maletas? Pues rastrean hasta encontrar a un chavalín que no sólo le iguala, sino que con el tiempo le superaría. De nuevo, Felipe Andreoli da un salto de calidad en su especialidad respecto a su substituido. Y que, como hemos dicho por activa y por pasiva, ¿alguien tan especial como Matos se larga? Pues buscamos alguien que no solamente pueda igualarlo, sino que (en mi opinión), le supera. Edu Falaschi, en forma, es quizá mi voz preferida de todos los tiempos. Su versatilidad, sus diferentes registros, su calidad técnica… En los dos primeros álbumes de Angra no es que lo borde, es que lo esculpe todo en oro. ¡Y aún más! Que Paeth & Co., los que eran o serían los productores más respetados de la escena, o uno de ellos, fueron reemplazados por Denis Ward, y toma ya lo que hizo el señor Pink Cream 69. Una locura.

Mi historia con Falaschi es curiosa. Cuando supe de la espantada en el seno de Angra me llevé un gran disgusto, pues eran una de mis bandas de referencia. Al tiempo saltó la noticia de que Edu podría ser el substituto, que cantaba en una formación llamada Symbols que había lanzado un disco, Call to the End (2000), al mercado. Obviamente fui a comprarlo ipso facto, y aquella forma de cantar no me pegó nada con lo que Angra venía haciendo. Otra decepción, y mi corazoncito un poco más triste. ¿Lección? Paciencia y no prejuzgues.

No tuve elección, como nadie. Esperé con paciencia y, a la que salió el disco, lo compré. Era aquella época donde la compra de los plásticos estaba a la orden del día, y junto a Children of Bodom, Edguy y alguno más, yo decía que “saquen el disco que saquen, lo compraré directamente, aún sin escucharlo de antemano”. Cómo cambian los tiempos… pero eso hice, compré Rebirth (2001) sin escucharlo.

Por la portada ya podías intuir algo. De nuevo la estatua de un ángel, como en Angels Cry (1993), un cielo bien azul. Y el título, renacimiento (no por el arte sino por la acción). Como declaración de intenciones, no estaba nada mal. Bueno, de hecho sí podía ser considerado un renacimiento, pero la duda era si esa segunda vida tenía previsto vivir mucho o poco. Antes de mi veredicto, veamos que se dice por ahí. AllMusic le da tres estrellas de cinco (WTF????), Prog Archives 4/5, Metal Reviews, 92/100, Rate Your Music le otorga un 3.57/5, Discogs le da una valoración media de 4,32 sobre 5 y Amazon le da 4,5 estrellas de 5 posibles. ¿Resumen? Es, realmente, un auténtico renacimiento, un disco colosal. Y, seguramente por el impacto inesperado, mi disco preferido del grupo durante años (hoy en día, tras una meditación profunda, me quedo con Holy Land (1996)). Pero vayamos al grano.

Como es habitual, la cosa empieza con una intro, “In Excelsis”, que sirve para dar paso a un corte típico de inicio de disco, “Nova Era”, título absolutamente apropiado, pues con él se iniciaba una nueva etapa de los brasileños más grandes (que no de los más famosos). El tema es power, pero power a su manera: técnico, lleno de arreglos y matices, una instrumentación colosal y con una voz que desde el instante cero enamora tanto que al medio minuto te has olvidado que está substituyendo a un gigante. Lo siento, voy a ser muy pesado con esto. Ufff, necesitamos un descanso. ¿Lo tenemos? Pues con el piano y la voz suavecita inicial de “Millennium Sun” parece que sí, más aún cuando los violines hacen acto de presencia. Todo muy calmado, melancólico, casi gótico (por el arte, no la música), pero no, no descansamos, pues enseguida llegan ritmos más potentes. No tiene la apisonadora del primer tema, tampoco es tan agresiva, pero a pesar de esa suavidad que desprende, tiene gancho y garra, especialmente en las guitarras. Todo el tema, como todo el disco, está lleno de matices y arreglos enormes, que entiendo hay que agradecer a Ward. El estribillo en muy bueno para ver lo que Falaschi hace. Llegamos a “Acid Rain” y, en la intro del tema, parece que estemos escuchando a Rhapsody. Por suerte, es un espejismo, ya que poco a poco coge el ritmo propio de los brasileños, con ritmos entrecortados, melodías a raudales y un estribillo estratosférico.

Ahora sí nos tomamos un respiro, y lo hacemos de la mano de uno de mis temas preferidos del disco, “Heroes of Sand”. De forma semi acústica empieza suave, acariciándote la música y la voz, abrazándote de forma cálida, y aunque coge algo de fuerza cuando se quita el un del unplugged, no es un tema potente en la honda de los anteriores. Tiene fuerza, sí, pero a su manera. Escucharla es una delicia, y de hecho un gran ejercicio es escucharla muchas veces, cada vez poniendo la atención en algo (la voz, la batería, las guitarras, los arreglos…). Sublime, y aún a día de hoy me pregunto si la versión acústica que hicieron de ella un par de discos después la iguala o la supera. Ahora volvemos un poco a la idea que conduce Holy Land, con sus ritmos y arreglos cariocas, para parir “Unholy Wars”. Entiendo que por esas características no todo el mundo la apreciará, pero sigue siendo una delicia pintada con mil colores. Y llegamos, así, a otro de mis momentos, el tema homónimo al disco. “Rebirth” es una auténtica delicia de canción, la más balada del disco, aunque yo, personalmente, no considero que lo sea (sí su versión acústica, y aquí sí creo que la mejoraron, cosa muy difícil, de antemano). Falaschi demuestra por qué es el amo y señor de las voces de aquella época, y la pareja guitarrera, compositora del tema, se marcan el órdago de que pocos ha habido como ellos. Si le sumamos el trabajo de Priester, nos da como resultado algo emocionalmente enorme. El estribillo, ese estribillo, por Dios…

Aquiles es uno de los compositores de “Judgement Day”, y escuchando la batería inicial, tiene sentido, pues la batería lo domina. El tema vuelve a ser power rápido y melódico, aunque no tan efectivo como en “Nova Era”. A mi no es de las que más me gustan, pero el disco no tiene tema malo. Más coros barrocos abren “Running Alone”. Parece, casi, que estemos en una iglesia con un conjunto de instrumentos del metal, que es en lo que desemboca el tema. Casi podríamos decir lo mismo que en la canción anterior, aunque para mi gusto la mejora. Cerramos con una adaptación de Chopin, la Op. 24 en C  Menor, llamada aquí “Visions Prelude”. El piano solemne da paso, de nuevo, a un tema emocional conducido por Falaschi, que juega como le da la gana por encima de la cama que la instrumentación le ha preparado.

Han pasado 20 años desde aquél día lluvioso en el que compré el disco. En 2001 estaba haciendo un Erasmus en Inglaterra, pero por aquellas fechas tuve que venir a casa (entre otras cosas para ir a un concierto de Edguy). Recuerdo ir a la calle Tallers, Discman en bolsillo. Comprar el CD y ponerlo. Pasear hasta Arc del Triomf escuchándolo, y entender que Barcelona, con la música adecuada, es mágica. 20 años, ya, de un renacimiento como pocos he visto.

Xavi Prat
Sobre Xavi Prat 287 Artículos
Llevo en esto del heavy más de media vida. Helloween y Rhapsody dieron paso a Whitesnake y Eclipse, pero Kiske sigue siendo Dios. Como no sólo de música vive el hombre, la literatura, Juego de Tronos y los tatuajes cierran el círculo. Algunas personas dicen que soy el puto amo, pero habrá que preguntarles por qué.