André Matos

Se apaga una de las voces imprescindibles de los 90

En Science of Noise tenemos la política de no colgar noticias; para eso ya hay otros medios que lo hacen muy bien. Todo el contenido que creamos es propio, y ante el hecho como el que ahora, tristemente, nos toca, creemos que no solo va más con nuestra línea editorial, sino que además es más respetuoso y una mayor muestra de gratitud escribir algo personal.

En este caso, no hay nadie en la redacción que pueda hacerlo como yo, aunque no seré el único que lo haga, y no me refiero a calidad, por supuesto. Lo digo porque Angra fueron referente absoluto en mi juventud.

André Matos, uno de los cantantes clave de mi juventud, ha dicho adiós a la edad de 47 años. ¡47 años, joder! Que en mes y medio hago los 41. No, la vida no es justa. Es muy puta, una perra que se lleva a demasiada buena gente, demasiado pronto.

Aunque empezó en Viper, sin duda es conocido como alma mater de los primeros Angra, donde su peso como vocalista en la década de los 90 es incuestionable. Aquellos agudos a los que llegaba parecían inhumanos, pero el tío lo conseguía. Podremos discutir si te gusta su estilo (al cantar, de su música, etc), pero poner en duda su valía me parece una temeridad. Tres discos nos dejó con aquél grupo (bueno, y algún directo, EP’s, etc.) a cada cual mejor. Parecía que Angra estaba destinado a reinar en el heavy más melódico y progresivo, casi creando un estilo propio, como Bittencourt dijo. Angels Cry (1993), vaya debut -y un título que hoy cobra mucho sentido-, uno de los mejores que he escuchado en mi vida. El inicio con “Carry On” es casi insuperable. “Carry on, there’s a meaning to life, which someday we may find…”. Y sí, es lo que nos toca hacer, seguir adelante e intentar encontrar algo de sentido a estos giros que da la vida. “Time”, lo agudos imposibles de “Wuthering Heights”… melodías que me marcaron. Pensé que Angra nunca dejaría de gustarme, más al descubrir el aún mejor Holy Land (1996), una absoluta obra maestra del estilo. Temas como “Nothing to Say”, “Carolina IV” o “Z.I.T.O” me han acompañado a lo largo de muchos años. “Make Believe” la llevo grabada a fuego… Y se acabó. Ya no está en el mundo de los vivos. ¡La hostia puta! Es que no sé qué deciros, este artículo no está planeado ni quiero que lo esté. Es mi despedida a una de las grandes influencias que tuve en mi juventud, así que puede resultar algo inconexo.

No sé qué pasaría con Fireworks (1998). No está a la altura de los otros dos, eso es obvio, pero no lo considero un mal disco. De hecho aún tengo la intención de ir a Portugal en coche, algún día, y que suene “Lisbon” cuando esté entrando en la capital. No sé lo que pasó, como digo, pero supuso el punto y final a aquellos Angra. Sí, luego remontarían el vuelo (con alguien cuya voz me gustó más, mucho más, incluso), pero desde luego fue el fin de una era.

Y Shaman. Su Ritual (2002), aún sin ofrecernos nada nuevo, seguía poniendo de manifiesto la buena forma y el gusto por el mestizaje musical. A partir de ahí, un par más de discos con el mencionado grupo, un proyecto en solitario (a destacar Time to be Free (2007)), Virgo y Symphonia. Su carrera iba hacia abajo, sus mejores años ya habían pasado, tanto a nivel vocal como compositivo, pero seguía siendo André Matos. El mismo que colaboró con tantos otros proyectos, especialmente relevante las dos Metal Operas (2001, 2002) y el The Wicked Symphony (2010) de Avantasia. Su papel de Elderane en los dos debuts del proyecto de Sammet son ya legendarios. Aún se me pone el vello de punta escuchando su final en “The Seven Angels”, aquello de “When you’re walking on your own, When you’re broken and alone, You may feel us from inside -on the other side of life, oooh”. Esa frase me ha acompañado durante unos 20 años.

No sé qué quería escribirte, André. He hecho un repaso rápido a tu vida como músico, pero me parece insuficiente. Decirte, estés donde estés, que tu voz y tu música fueron fundamentales para que amase esto a lo que llamamos heavy metal. Que sin tu aportación no habría sido lo mismo. ¿Mejor? ¿Peor? No lo sé, pero desde luego no sería igual. Que “Carry On” no solo me hizo hervir la sangre a los 20 y pocos, sino que a los 40 me sigue empujando para seguir luchando día a día, y que mi hija de apenas dos años ha escuchado “Make Believe” una infinidad de veces para quedarse dormida. Que con la versión de «Wuthering Heights» se me pusieron los pelos como escarpias, y que «Pride» es un temazo. Que tu piano es delicado, envolvente y tierno como una caricia. Y que, sin duda, la escena metalera te añorará. Yo te añoraré.

Gracias, André. Gracias por la música. Gracias por mi temprana adultez. Que la tierra te sea leve. Nosotros seguiremos escuchando, admirando y disfrutando tu legado. Descansa en paz.

Xavi Prat


Ha muerto André Matos y el mundo pierde a una de las grandes voces y personalidades del power metal, y del heavy metal en general. Estoy ahora perdido en la frondosidad de un bosque mediterráneo y me ha llegado por wasap una imagen poco nítida de André en alguno de los canales que todos tenemos con grupos de metaleros. He intuido que Matos volvía a Angra otra vez y he esbozado una sonrisa pensando en cuánto tendríamos que esperar a verlo junto a Kiko Loureiro, Luis Mariutti y Rafael Bettencourt. Era otro sueño por cumplir y creía que era cuestión de tiempo. La noticia no es buena, de hecho, es la peor posible para todos aquellos que crecimos con su música y su voz. André Matos ha muerto.

Los 90 fue una década en que las modas iban y venían y el heavy metal tradicional iba de capa caída. Las bandas referenciales, o estaban separadas o funcionaban con otros vocalistas. Motörhead tocaban en Razzamatazz, Maiden sin Dickinson, Halford huido de Judas y Dio haciendo giras con Tracy G de guitarrista. Ante ese panorama desolador nos quedó el power metal como tabla de salvación y tardó años en hacerse valer y en que los fans metaleros de los 80 tuvieran cierto respeto para Gamma Ray, Stratovarius, Rage y demás. Cuando Angra lanzó el Angels Cry (1992) vimos que el fenómeno era global e incluso países como Italia lanzaban a Rhapsody y Labyrinth. En esos tiempos que Brasil o Italia ofrecieran bandas de este nivel era toda una rareza.

André Matos siempre será recordado por su etapa con Angra, la que le encumbró a lo más alto con tres discos fabulosos en los que se nos mostró en sociedad la grandeza musical del heavy metal en Brasil más allá Sepultura. En Angra estaban muy presentes las raíces musicales de un gigante ancestral de gran riqueza cultural pero también aportó Matos su formación clásica. Sólo tienes que escuchar ese inicio con “Carry On” tan espectacular y ese solo de influencia progresiva que, para muchos, jodía la canción. Matos compuso ese tema y el grupo iba bastante más avanzado de lo que muchos podían asimilar.

Con Holy Land (1996) sentaron cátedra e indagaron en los viajes transoceánicos de los pioneros demostrando una sensibilidad y una mezcla de culturas tan importante como lo que hizo Sepultura con Roots. Fueron años en los que pude disfrutar de Angra con la formación clásica. Cómo olvidar ese Eurometal en Getafe, su concierto en Wacken o algún show en Barcelona. Luego vino Fireworks (1998) pero ya los problemas en el seno de Angra eran evidentes y les pasaron factura en lo musical. Ese disco sigue mereciendo que el mundo lo valore como tal, pero fue la despedida. Matos inició una carrera en solitario, pero ya nada volvería a ser lo mismo. En Angra Loureiro y Bittencourt ejercieron el liderazgo y no les fue mal del todo con Edu Falaschi, pero si has visto a Angra con Matos sabes que con André todo funcionaba a otro nivel.

Vino una vez en solitario a Barcelona y desde el escenario nos recalcó que no hay que mezclar alcohol y conducción pues, creo recordar, su hermano murió en un accidente. Pero antes de Angra hubo otro episodio maravilloso y si no lo has hecho no deberías tardar. Antes de Angra Matos estuvo en Viper, otra banda brasileña con la que se hizo un nombre. Juraría que grabó dos discos y con el segundo en el que participaba, Theater of Fate, se hicieron muy grandes a nivel nacional. Ese disco es una maravilla y ya anticipa bastante lo que vendría luego con Angra. Quiero acordarme especialmente de la maravillosa “Living for the Night”, un maravilloso himno que, desgraciadamente, no tocaba mucho en Europa pero sí en Brasil. También solía atreverse con canciones hipercomplejas. Era capaz de tocar en directo “Hot Pattotie” de la banda sonora de The Rocky Horror Picture Show. Una canción en la que se hace imposible respirar y la línea vocal es una locura encadenando palabras. La original la cantaba Meat Loaf quien siempre dijo que era un tema absolutamente complejo del que se dudó mucho que pudiera quedar bien. Matos rizó el rizo con “Wuthering Heights” de Kate Bush. Otra delicia aguda cantada por una mujer y que él pudo tocar sin problemas. Incluso en directo.

Coincidí en mis viajes con una metalera brasileña que conoció a Sepultura y a Matos en su infancia. Cuando le dije que Matos era una estrella mundial casi ni se lo creía pues Angra nunca tuvieron la repercusión de Sepultura. “¿Lo ha conseguido? Era su sueño. Siempre hablaba con él en el Cocobello y muchísimas chicas se acercaban a él para intentar ligar. Cuidaba su imagen y tenía un pelo formidable”, me dijo.

Me sabe muy mal este amargo final. Siempre di por sentado que era cuestión de tiempo volverle a ver con su inmensa sonrisa sobre un escenario. Eternas gracias por componer, cantar y hacernos soñar. Supongo que “Carry On” y “Nothing to Say” serán los temas que quedarán, pero personalmente me quedo con “Carolina IV”, ese maravilloso barco que surcó territorios inexplorados. Sigue navegando… ya eres eterno.

Jordi Tàrrega

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