Trivium – Shogun: Xº Aniversario de la mayoría de edad de la banda

Ficha técnica

Publicado el 30 de septiembre de 2008
Discográfica: Roadrunner Records
 
Componentes:
Matt Heafy - Voz, guitarra
Corey Beaulieu - Guitarra
Paolo Gregoletto - Bajo
Travis Smith - Batería

Temas

1. Kirisute Gomen (6:27)
2. Torn Between Scylla and Charybdis (6:49)
3. Down from the Sky (5:34)
4. Into the Mouth of Hell We March (5:52)
5. Throes of Perdition (5:54)
6. Insurrection (4:57)
7. The Calamity (4:58)
8. He Who Spawned the Furies (4:07)
9. Of Prometheus and the Crucifix (4:40)
10. Like Callisto to a Star in Heaven (5:25)
11. Shogun (11:54)

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Shogun: dícese del título de máximo rango militar otorgado por el mismísimo Emperador de Japón. Con este nombre tan sugerente, los chicos de Florida parieron este gran LP ahora hace diez años. Shogun (2008) salió del camino emprendido en sus tres trabajos previos. Con su primer álbum Ember to Inferno (2003) se dieron a conocer en el mundillo con un muy marcado metalcore (en auge en esos años). Con su siguiente trabajo, Ascendancy (2005), recibieron una explosión en forma de crítica y reconocimiento. A su estilo se había sumado una base más thrash, que les diferenciaba un poco de sus compañeros de época. La revista Metal Hammer lo consideró como uno de los mejores álbumes de la década. El cambio realizado en The Crusade (2006), con un thrash más agresivo y de la vieja escuela, no convenció mucho a los fans que decían que parecía una copia de Metallica. Y no diré que no tengan razón, pues Matt Heafy tiene mucho deje al «Papa Het», y en algunas canciones se nota demasiado que quiere cantar como él. Pero el álbum en sí es suficientemente correcto.

Con Shogun (2008), Trivium, volvió al metalcore con su particular thrash, logrando así sonar más duros y aportando a su bagaje temas muy técnicos. Desde mi punto de vista, con este trabajo cumplieron la mayoría de edad, consiguiendo un estilo más definido y que, más o menos, continuaron con sus dos siguientes álbumes.

Por cierto, para quién no me conozca, soy muy fan de Trivium, y aunque sus dos últimos álbumes no me convencen mucho -sobre todo Silence in the Snow (2015)-, para mí son una de las bandas actuales con un sonido y un estilo que logra desmarcase del resto. Como digo yo, y adaptando un poco la famosa frase de la película Forrest Gump (1994): la vida es como un nuevo álbum de Trivium, ya que nunca sabes lo que te va a tocar. Cuando una banda es odiada e idolatrada a la vez, algo tiene.

Shogun (2008) es mucho más maduro, trabajado y también es un disco muy técnico. A la vez que sus mágicas melodías se combinan perfectamente, éstas te azotan con una rápida y destructiva ola de energía descontrolada. Estos jóvenes de Orlando saben combinar perfectamente metalcore y metal de la vieja escuela. Marean un poco con sus constantes trabajos tan diferentes entre sí, pero su música es excepcional, llena de cambios de ritmo, agresividad, riffs melódicos, riffs asesinos y magníficos solos.

Vamos a hablar, por fin, de los temas de este impresionante álbum que debutó en el número 23 del Billboard 200 y el que, para muchos críticos, es su mejor LP hasta la fecha. La temática de las canciones en este Shogun no trata solo del Japón feudal, es más, mira hacia otro país mucho más próximo como es Grecia y su mitología clásica, como son los viajes de Ulises, los monstruos marinos Escila y Carbdis o el mismo Prometeo.

Comenzamos con “Kirisute Gomen” una de mis preferidas. El inicio con la guitarra acústica da paso a un tema con unos riffs muy duros, incluso a pasajes rozando el death metal, con unas cuerdas muy pesadas y un doble bombo espectaculares, combinando voz gutural y limpia y, como no, con partes de coros muy melódicos a lo metalcore que se repiten en bucle hasta el final.

“Torn Between Scylla and Charybdis” nos trae una espectacular intro instrumental. Se trata de un tema muy thrasher con partes más melódicas que la anterior pero, a la vez, muy ágiles. Aquí predominan las guitarras con el gran habitual mamporreo del gran Travis Smith (¡¡como echo de menos a este tío!!). Justo en la mitad nos espera un gran cambio con dos minutos llenos de solos y cambios acojonantes. Para mí, lo mejor de esta canción.

Entramos en “Down from the Sky”, todo un clásico. Creo que no hace falta hablar de esta canción, pues habla por si sola. Es una perfecta combinación de voces limpias y claras con partes muy duras, pero con el estilo tan característico de los americanos entre metal old school y de nueva generación. Y todo ello amenizado con unas melodías ultra pegadizas. “Into the Mouth of Hell We March” es similar a la anterior, aunque tirando más al heavy. Es, en general, más melódica.

“Throes of Perdition” es el otro clásico del disco, con un comienzo alucinante que se va aminando poco a poco. En este tipo de canciones se nota cuando un batería da el callo, y Travis Barker, probablemente uno de los mejores baterías y en su momento considerado el doble bombo más rápido del planeta, lo da todo.

Así llegamos a la mitad de Shogun, y ya tenemos suficiente información para afirmar este disco tiene un sonido excelente, ya no solo por la grabación y la producción, sino por la calidad de sus cuatro componentes que no desentonan ni un momento. No puedo decir que el disco comience a flojear pasado su ecuador, pero sí da la sensación de haberlo dado todo en estos primeros temas con momentos tan épicos y otros pasajes más pegadizos. Damos paso ahora a la segunda mitad, que cuenta con algunas canciones más genéricas de Trivium. No es que sean malas, pero les falta el punch original. Aún así, el intercambio de riffs y solos entre Matt Heafy y Corey Beaulieu, es impresionante. En esos tiempos eran brutales y, sin miedo a equivocarme, creo que hay pocos grupos hoy en día con este dúo de guitarras tan técnico y versátil, y el bajo (no por la altura, que también, sino por el instrumento) a cargo de Paolo Gregoletto es tenaz y machacón, en el sentido positivo. Y Travis Barker… el puto amo.

Continuamos con “Insurrection», tema mucho más seco y áspero y con, otra vez, rozando death. Con “The Calamity” parece que entramos en una discoteca, o al menos lo parece con esa intro, pero después, combinada con los momentos más duros, quedan incluso bien, le da su punto. La siguiente es “He Who Spawned the Furies», canción con unas guitarras muy pesadas y ambientación oscura. En esta ocasión, hacia la mitad de la canción, te sacan un cambio brutal que parece Trivium tocando Cannibal Corpse.

Con “Of Prometheus and the Crucifix” volvemos a canción estándar de los de Florida, con esas partes duras pero con predominio de estribillos con voz clara y melódicas guitarras que generan unos solos impresionantes. En la parte intermedia del solo habitan unos riffs armónicos muy preciosos. “Like Callisto to a Star in Heaven» por momentos parece Metallica versión 2.0, año 2008. Y acabamos con “Shogun”, canción demasiado larga para mi gusto, con unos coros muy lentos pero emotivos y con una parte con unos riffs que van in crescendo que son muy dinámicos.

Después de diez años, Shogun no ha perdido ni un ápice de su frescura, con una propuesta en su momento, no diré original, pero sí que muy diferente. Son unos Trivium en plena madurez, gestando un sello personal que mantuvo durante un tiempo. Y todo esto sin tener en cuenta que estos cuatro magníficos solo rondaban los veintitantos. Álbum excelente a nivel técnico y, en el cómputo general, suficientemente compacto. Quizá, si sumamos toda su discografía, es el que tiene más canciones con partes más secas y diría incluso que oscuras de lo habitual. Repito, sí que hay alguna canción que baja un poco el nivel, pero en cambio hay varios temas muy, pero que muy potentes. Cuando hay estribillos que se te quedan dentro, taladrándote, tanto los melódicos como los thrasher, eso significa que es bueno, jodidamente bueno. Para finalizar diré que, si se le tiene que poner nota, para mí es un álbum que está raspando el 9.

Dídac Olivé
Sobre Dídac Olivé 74 Artículos
Soy de esa generación que la “post-pubertad” lo pilló entre el metal primigenio (lo que llamamos ahora old school) y la nueva ola que fue el Nu metal, es decir, pasado mediados de los 90. Me encantan muchos estilos pero sobretodo el rock clásico y evidentemente el metal, este último es una forma de vida y encima me gusta desgranar y reconocer la riqueza de todos sus subgéneros. Uno ya tiene su edad (los mechones blancos en la barba no están por que sí) pero no me cierro para nada a grupos nuevos, eso sí, mientras haya fuerza y calidad, aunque hoy en día hay mucha. Como nacido justo entrados los ochenta también se incluye que soy un friki de cuidado (rol, videojuegos, Star Wars, pelis Gore, literatura fantástica y un largo etc.) vaya que toco de todo un poco. En resumen, espero contagiaros mi pasión metalhead a la vez que disfrutáis de mis aberrantes destripes.