Crónica y fotos del concierto de Rammstein + Duo Jatekok - RCDE Stadium (Cornellá - El Prat de Llobegat), 1 de junio de 2019

Rammstein juega en otra liga tras ascender al Olimpo

Datos del Concierto

Bandas:
Rammstein + Duo Jatekok
 
Fecha: 1 de junio de 2019
Lugar: RCDE Stadium (Cornellá - El Prat de Llobegat)
Promotora: Live Nation
Asistencia aproximada: 33.000 personas

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Nuestra Previa

Rammstein – Rammstein

El éxito de Rammstein es plenamente merecido y no responde a ninguna alineación de planetas ni a factor suerte alguno. Los alemanes metieron la patita con Herzeleid en 1995 y pronto las imágenes de su vocalista cantando, mientras se quemaba

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Definitivamente quedó demostrado que los alemanes Rammstein son a día de hoy el espectáculo más grande que uno pueda ver dentro del circuito musical mundial. Es un dato absolutamente objetivo, ya no entro en opiniones personales. Rammstein innovan en cada gira y mantienen para la siguiente lo creado, así que siempre van a complacer a los fans con sus trucos de estadio, pero también tienen el compromiso de innovar. Tocará hablar, y mucho, del espectáculo pirotécnico, pero cabe destacar en sobremanera un par de cosas que son muy importantes; por un lado, el excelente y potente sonido, capaz de hacerte resonar, por momentos, tu caja torácica, y la otra un Estadi de Cornellà-El Prat que estuvo a la altura de albergar un concierto de estas características. No vi colas para lavabos ni bares y la salida escalonada del recinto (en coche) fue ejemplar. Nada que ver con los sold outs en El Poble Espanyol o l’Estadi Olímpic. Cornellà-El Prat estuvo de 10, como Rammstein.

Llegamos temprano para aparcar y visitar los aledaños de un recinto que fue premio de arquitectura en su día, vimos un tráiler con merchandising variado del grupo a precios muy razonables. 25 euros una camiseta oficial me parece un precio excelente si lo comparamos con otras bandas de estadio. En cambio, 7’5 euros una cerveza es directamente una auténtica vergüenza. Cuanto más grande es el recinto, más elevado es el precio de la cerveza y más grande es la avaricia. También agradecer al grupo que regalasen mecheros en la entrada, son pequeños detalles, pero nadie lo hace, he aquí su grandeza. Y si lo piensas un poco… tiene lógica que Rammstein te regale un mechero.

El Duo Jatekok son hilo musical de ascensor tocado en un estadio

Las dos pianistas teloneras, dispuestas cara a cara, empezaron tarde y se justifica su presencia por el juego que darán posteriormente en el show de Rammstein, nada más. Su calidad y sutileza a las teclas es exquisita para padalear en otro tipo de ambientes y recintos. Aplaudimos “Klavier” y “Engel”, pues todo el set estaba basado en el grupo principal, pero pronto su propuesta quedó en música de fondo a las conversaciones de unos presentes que ni se dignaron a aplaudir al acabar los temas. Fue muy interesante que las relegaran al escenario B en el flanco izquierdo para que todo quedase preparado para los teutones. Destacaría especialmente “Frühling in Paris”, pero poco más. El protagonismo real del Duo Jatekok vendría posteriormente.

La madre de todos los shows

Rammstein se dieron una gran dosis de autobombo haciendo sonar Rammstein y consiguiendo que el “Te quiero Puta” fuera coreado masivamente. Pero pronto las luces murieron y en el escenario empezaron a moverse cosas. Impresionante la pantalla fina y rectangular que iba de arriba abajo, esos discos con halos de luces, doble plataforma de escenario y un montaje mastodóntico con dos torres traseras. Una explosión absolutamente ensordecedora sorprendió a la gente y nos situó en la realidad: estás en un show de Rammstein y esto es sólo el principio. Los seis actores principales van saliendo de una plataforma elevadiza siendo Till Lindemann el último con “Was Ich Liebe” como encargada de abrir a ritmo templado y con una dosis de decibelios absoluta. El bombo de la batería te recordaba que entre pecho y espalda hay una cavidad que resuena. Éxtasis con un Lindemann muy teatral y expresivo, tanto en lo musical como en sus expresiones faciales.

Otro estruendo para bajar de golpe unas banderas rojas, con el logo del grupo, y ritmo marcial para acompañar esa fabulosa “Links 2-3-4”. Aquí Flake ya gozaría de su cinta de ejercicios mientras que el grupo mostraba cierta disparidad en sus vestimentas, pero cohesionadas por los tonos rojos y negros. Till comparte primera línea con Kruspe y Paul Landers. Ambos tienen un interesante dispositivo de pie de micros que sube al pisarlo y que cae dando rebotes al bajarlo. Funcionaron, como era de esperar, cortes como “Sex” y “Tattoo”, siendo esta la más clásica de sonido de su último compacto. A estas alturas ya habíamos podido ver los primeros fogonazos y juegos con humo. Se nos ganaron completamente con “Sehnsucht”, pues con ese tema se abría su disco clave, con el que muchos les conocimos.

En “Zeig Dich” se oyeron esas voces operísticas de otro tema de nuevo cuño con madera de ser otro single impresionante. ¡Cómo lucen los temas nuevos con estos mastodónticos directos! A estas alturas de la película ya teníamos claro de que lo que vivíamos era histórico. Los paseos del bajista Oliver Riedel iban de un piso a otro. Espectacular lo conseguido en una de las imprescindibles como es “Mein Herz Brennt” convirtiendo el escenario en un corazón que palpitaba. Del rojo de los focos se pasó al verde en un “Puppe”, que es un tema correcto, pero que consta con ese cochecito gigante de bebé que terminará en llamas, obviamente. Inundaron la escena con abundante confeti verde que en algún momento tapó nuestra vista de la pista. Todo el concierto transcurre como una obra de teatro ensayada al milímetro y es impresionante ver el trabajo de los muchos técnicos y operarios transportando artefactos o corriendo hacia los espacios a los que les toca estar.

Transcurrieron sin excesivas novedades “Heirate Mich» (muy coreada) y un “Diamant” que cada vez me convence más. La desnudaron casi del todo con acústica y voz, y no bajó para nada ni un ápice la intensidad. En este tramo hubo otro plus de sonido, pero pareció que se potenciaba la cosa para lo que venía a continuación. Primero un “Deutschland” en remix de Richard Z. Kruspe, que contó con un cuerpo de ballet con luces en el cuerpo y con una invasión de humo en el escenario. Hoy en día ni Chemical Brothers pueden llegar a rozar lo que esta gente ofrece en el plano de la electrónica. Este remix sirvió para dar paso a la original, ya todo un clásico. Fue tan rotunda como su “hermana gemela”: “Radio”. Espectaculares tonos blancos y luces por torre y discos. Definitivamente estos dos temas han venido para quedarse en su repertorio. Apuestan todo al 15 por su nuevo álbum y la verdad es que es todo un acierto: funciona.

Mein Teil” es la macabra historia del Caníbal de Rotemburgo y obviamente incluye cocinar algo humano. Al bueno del Flake (teclista) siempre le toca recibir y esta vez Lindemann tira de lanzallamas a una olla donde el flaco teclista hace su comedieta al ser hervido. Luego se pasa a un lanzallamas mayor e incluso un cañón que quema al teclista con traje ignífugo. Aparece luego Flake agitando una bandera blanca en señal de rendición. El concierto está en su momento estelar y “Du Hast” hace saltar la banca con un derroche de pirotecnia alucinante. El fuego recorre desde lo alto del escenario hasta las torres adyacentes al final del estadio para regresar a su origen. No escatiman en fogonazos y el calor te golpea una y otra vez… con sumo placer. Caras de emoción y móviles en lo alto para captar los momentos clave de un directo maravilloso. Otro de los temas fundamentales fue “Sonne” con los discos color anaranjado simulando los rayos del sol. El público cantó perfectamente en alemán en “Du Hast” y “Sonne”. Bajamos las pulsaciones con la balada “Ohne Dich”. De verdad que cada vez canta mejor Till.

Luego vino uno de los grandes momentos de la noche con el grupo yendo a pie desde el escenario principal hasta el escenario B. Saludaron a la gente, se fumaron un cigarrillo y subieron para hacer una versión algo descafeinada de “Engel”, con el Dúo Jatekok en el piano. Sinceramente, o se ensaya más o se cambia. Lindemann cantó su parte, pero los coros fueron bastante desatendidos y Kruspe besó cariñosamente a las chicas del dúo de apoyo en la despedida. La vuelta de cuatro de sus miembros fue en zodiac sobre el gentío mientras que Till no se cortó un pelo y fue al bar a pedir una cerveza. Impresionante, todo actitud. Se reengancharon al directo con un “Ausländer” antológico, otra candidata a futuro himno. El tema fue recibido con sumo placer por los asistentes. “Du Riechst so gut” contó con unas alas de fuego en los guitarristas y con riffs acompañados de llamas que brotaban de sendos mástiles. En “Pussy” todo el grupo bajó en la plataforma de abajo, formando equipo, mientras que el metódico y preciso Chrisoph Schneider se quedó en lo alto de su plataforma. Hubo ese cañón tirando confeti blanco que a su vez salió por laterales y torres traseras. Las connotaciones fálicas están allí.

Volvieron a salir otra vez llegando a las dos horas y 15 minutos de show con uno de sus himnos: “Rammstein”. Toda una declaración de intenciones regada con fogonazos y superávit de decibelios. Le siguió el punto y final “Ich Will” quemando las naves y poniendo el broche de oro a un concierto del que tuvimos que ponernos en pie y aplaudir a rabiar. Lindemann consiguió que todo el estadio acompañara con palmas el tema espetando un “¡levanta las manos!”. Hace años que juegan en otra liga, pero lo de ayer fue aplastante. Kiss, Maiden, la Trans-Siberian Orchestra y demás ofrecen grandes espectáculos, pero jugar con fuego es algo al alcance de muy pocos. Y tampoco lo puedes copiar pues ya lo han hecho Rammstein. Tampoco nos quedemos sólo con el espectáculo, pues en lo musical cumplen sobradamente. Si tienes cualquier tipo de duda o animadversión hacia este grupo, te aseguro que ayer se te pasaban todos los males y salías como fan. Puertas del Olimpo abiertas y paso definitivo para que ya nadie te atrape. Mejor imposible.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 202 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.