Overkill – The Years of Decay: A pesar del título, 30 años de éxitos

Ficha técnica

Publicado el 13 de octubre de 1989
Discográfica: Megaforce Records
 
Componentes:
Bobby “Blitz” Ellsworth – Voz
Bobby Gustafson – Guitarra
D.D. Verni – Bajo
“Sid” Falck - Batería

Temas

1. Time to Kill (6:16)
2. Elimination (4:35)
3. I Hate (3:46)
4. Nothing to Die For (4:22)
5. Playing with Spiders / Skullkrusher (10:15)
6. Birth of Tension (5:03)
7. Who Tends the Fire (8:09)
8. The Years of Decay (8:00)
9. E.vil N.ever D.ies (5:47)

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Abel, dime el primer grupo de thrash que se te pase por la cabeza… Overkill.

Si me encontrara en esa situación posiblemente la respuesta sería la que he indicado. ¿El motivo? Simplemente el impacto que me produjo el cuarto trabajo de estudio de los norteamericanos. Es cierto que, como la mayoría, tuvimos nuestra primera toma de contacto con el thrash por parte de los hoy en día megaconocidos Metallica, pero el impacto que me produjo aquel cassette (joder, que lejos queda visto así) lo relaciono a pocos grupos por aquel entonces.

The Years of Decay llegó a mis manos y oídos (a los de mis pacientes y atormentados padres… y vecinos también) casi seis años más tarde de su publicación. El impacto fue tal que hasta no hace muchos años “Elimination” era el tono de llamada del móvil.

Como decía, este fue el cuarto álbum de estudio en una época en las que el resto de bandas consolidadas y emergentes del género habían hecho lo propio, Sepultura con el Beneath, Annihilator con su Alice, Testament con Practice tras su The New Order, Coroner con No More Color y algunos más a lo largo y ancho del los continentes americano y europeo. Eso sin contar lo que se había publicado en años anteriores en lo que fue la década de oro para el thrash hasta mediados de los noventa.

Overkill necesitaba consolidar su enérgica propuesta con un disco que les representara y con este The Years lo consiguieron con creces, ya que no sólo es el disco que los puso en boca de todos sino que es EL DISCO, tal cual, pues a día de hoy se podría afirmar sin equivocarnos que posiblemente sea el mejor de su carrera, consiguiendo entrar en la lista de los 200 discos más vendidos de aquel año. Dicha afirmación puede caer como una losa incluso para la misma banda, pues algunos de los himnos que componen este disco son imprescindibles actualmente. Pero ya entraremos en este tema más adelante.

Antes de iniciarnos con las entrañas musicales de este álbum, cabe destacar la producción de Terry Date, responsable a posteriori del sonido de Pantera, los cuales cotaron con él para todos sus discos pues inicialmente a Dimebag le gustó el sonido que Terry impregnaba a los instrumentos en Overkill.

Cuando tenemos entre las manos el disco somos conscientes, bajo mi humilde opinión, de uno de los puntos débiles de los de New Jersey en sus primeros años de carrera. Sí, son las portadas. El cariño que le tengo a este disco es inversamente proporcional al que le tengo a su portada.  Ese altar de piedra / entrada al templo en forma de calavera con dos columnas con su pebetero en la parte superior a cada lado de la boca / puerta de entrada, en su día me impresionaron como una premonición de lo que podría esperarnos nada más reproducirlo. Aún así se queda por detrás viendo el nivel de las portadas de otras bandas contemporáneas y que afortunadamente Overkill ha sabido subsanar con el paso de los años. 

Musicalmente es una auténtica apisonadora, ya comenté que apenas había escuchado nada así en la poca experiencia metálica que tenía por entonces. Por ejemplo, sí que flipaba con el sonido de bajo de Steve Harris, Cliff Burton o Markus Grosskopf, pero el protagonismo y la contundencia que aquí nos presentaban me dejó temblando. Además, la nitidez y la percepción de todos los instrumentos es impecable, huyendo de saturadas producciones para darle autenticidad.

El trabajo de los músicos es espectacular en todos los sentidos. Aún mantenían la formación de cuatro miembros con la incombustible voz de Bobby “Blitz” Ellsworth, D.D. Verni al bajo, Bobby Gustafson  a la guitarra y “Sid” Falck a la batería.

La voz y el carisma de “Blitz” es algo que no pasa desapercibido y ha influído a infinidad de cantantes a la hora de situarse en el escenario. Por ejemplo, la primera vez que vi a Crisix en directo (Crysys en aquella época) enseguida se me vino la imagen de Bobby “Blitz” al ver a Juli Bazooka coger el pie de micro o sujetarlo únicamente con la pierna apoyada en el altavoz frontal, con las manos libres.

Todos y cada uno de los temas que lo completan, con sus matices, son auténticos temazos. Pasando desde la caña hasta los brutales medios tiempos con sorprendentes cambios de tiempo, el disco no se hace nada aburrido si tenemos en cuenta su casi hora de duración y el hecho que tres de sus composiciones rondan entre los 8 y 10 minutos, detalle del que fui consciente bastante tarde tal vez comparándolo con la duración del …And Justice for All (1988) de Metallica publicado un año antes.

A pesar de haber transcurridos 35 años desde su publicación, es habitual encontrar varias canciones de este disco en sus conciertos, “Elimination”, “I hate” o “E.vil N.ever D.ies” pueden disfrutarse a día de hoy con la misma fuerza e intensidad que entonces. Os podéis hacer una idea repasando la crónica de su último paso por L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)

“Time to Kill” abre con intensa y pesada pomposidad hasta el grito inicial de Bobby “Blitz”,  tras el cual se acelera sin respiro. Empezamos a ser conscientes de lo bien que se aprecian cada uno de los instrumentos por separado, con ese tremendo y martilleante bajo. Somos capaces de imaginarnos el kit de batería a punto de desmontarse en cada golpe de baqueta y doble bombo.

Si hay algo que siempre me ha gustado de Overkill, al igual que de Exodus, es la característica voz chillona de sus cantantes. Esa voz de hijoputa tocacojones te incita a mover el culo y darlo todo, siendo más evidente en “Elimination”. Ya de por sí el acelerado thrash es una puta locura convirtiéndolo en un tema más impactante que el inicial.

“I hate” sigue la misma dinámica que el anterior seguida de “Nothing to Die For” y su curioso toque funky de bajo antes del brutal solo en los que D.D. Verni, Bobby Gustafson y “Sid” Falck se lucen en maestría y contundencia.

La inquietante “Playing with Spider” sirve de introducción a la muy influenciada por Black Sabbath “Skullcrusher” dando lugar a la canción más larga de todo el disco con sus 10 minutos y 15 segundos. Ritmos lentos y pesados narrados con la rasgada voz de Bobby, rompiendo el ritmo a partir de los cuatro minutos y medio para acelerar el ritmo explotando como si fuera otro tema colado en mitad de la canción para volver a ralentizarse hasta el final.

“Birth of Tension” vuelve a darnos la dosis necesaria de thrash que necesitábamos para soltar la energía contenida en el anterior tema antes de dar paso a “Who Tends the Fire” subiendo el volumen progresivamente convirtiéndose en un intenso medio tiempo que a media canción se acelera, siguiendo la fórmula de anteriores composiciones.

Tal vez sea una paranoia mía, pero siempre me he imaginado el acústico inicio de “The Years of Decay” cantado por Bruce Dickinson, pues la veo como una canción muy Maiden. Much@s de vosotr@s os habréis echado las manos a la cabeza, pero haced un ejercicio de imaginación y creo que estaréis conmigo. Es más, Bobby “Dickinsonea” mucho en las partes acústicas. Eso sí, ya no lo veo a partir de los tres minutos en que se recrudece más pasando a ser un thrash a medio tiempo muy similar en ocasiones a unos recrudecidos Accept.

Y para finalizar con el mejor sabor de boca posible “E.vil N.ever D.ies” a base de tralla tras un minuto y medio de introducción. El Bobby más chillón y canalla nos perfora el tímpano acompañado de la apisonadora que son sus compañeros al mando de sus instrumentos. Llama la atención ese riff acústico del estribillo antes del “… ¡N.ever D.ies!”.

Al hacer esta retrospectiva lo he vuelto a disfrutar y emocionarme como el primer día. Brindemos por estas maravillas que nos alegran la vida.

¡Salud y Heavy Metal!

Abel Marín
Sobre Abel Marín 100 Artículos
Músico frustrado, escritor bloguero ocasional y amante del metal en su variedad de estilos. Vivo con la esperanza de poder llegar a viejo acudiendo a salas de conciertos y festivales. Sí los rockeros van al infierno, que me guarden sitio y una cervecita. Salud y Heavy Metal.