Millencolin – Life on a Plate: 25 años saboreando la vida en un plato

Ficha técnica

Publicado el 11 de octubre de 1995
Discográfica: Burning Heart Records / Epitaph
 
Componentes:
Nikola Sarcevic - Voz, bajo
Erik Ohlsson - Guitarra
Mathias Färm - Guitarra
Fredrik Larzon - Batería

Temas

1. Bullion (1:59)
2. Olympic (2:56)
3. Move Your Car (2:06)
4. Killercrush (2:27)
5. Friends 'Til the End (2:31)
6. The Story of My Life (2:32)
7. Jellygoose (2:34)
8. Replay (2:16)
9. Vulcan Ears (2:05)
10. Dr. Jackal & Mr. Hide (2:24)
11. Softworld (2:56)
12. Buzzer (2:21)
13. Ace Frehley (0:05)
14. Airhead (2:54)

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Seguimos en este continuo de artículos celebrando los 25 años de un buen puñado de buenos discos y en ésta ocasión tomo de mi discografía el Life on a Plate de Millencolin, disco que el pasado 11 de octubre cumplía 25 años desde su publicación.

Pillamos estos discos que en el fondo son un legado de bandas exponente, de un tiempo pasado pero aún tan presente y de canciones atemporales que para los fans de todo aquello underground léase punk-rock, hardcore, metal y variantes, nos deja siembre un poso, una vivencia, un aprendizaje.

Ahora que pienso mientras escribo este artículo, no sé que acabamos poniendo más en la balanza si la nostalgia y recuerdos de la primera vez que escuchamos el disco, de las sensaciones y vivencias como nuestra BSO o el análisis más estricto del disco, creo que en definitiva es bonito tener una combinación de todo ello…

Tengo que decir que Life on a Plate que salió publicado en 1995 lo descubrí unos pocos años más tarde conjuntamente con su antecesor Tiny Tunes (1994) y su posterior For Monkeys (1997). Bajo mi punto de vista, los tres discos configuran la primera época de Millencolin. No voy a entrar en demasiados detalles, porque ahora no toca, pero visto en perspectiva parece una arrancada muy fuerte con un final de época un tanto irregular y es que For Monkeys (1997) aunque tiene buenas canciones, en el global considero que es más flojo.

El Life on a Plate junto al Tiny Tunes giraban de forma seguida en mi discman del momento, en unos tiempos en el que el punk escandinavo daba tantas buenas alegrías como ya han comentado Toni respecto al Hero of Our Time de Satanic Surfers o Albert con Out of Bounds de No Fun At All, discos que también cumplen los 25 este mismo año.

Millencolin aportaba un punto más de frescura al punk escandinavo de masas, combinando temas de puro punk-rock con temas de ska-core o ska-punk, llamadlo como mejor os plazca, que les diferencia de las otras bandas que destacaban en el momento. Su estrecha vinculación también con la práctica del skate, les acabaría colgando la etiqueta de banda de skate-punk.

Pero más allá de etiquetas, diría que al ser su segundo disco está hecho de una pieza y es mucho más directo. Ninguno de los temas alcanza los tres minutos de duración y parece hecho a propósito, para que el disco en una media horita esté escuchado. Tiene una presentación casi que inmejorable con “Bullion” y “Olimpic”. Ambas canciones rápidas directas, siguen aún en sus directos y remueven el pitt de cada escenario que pisan. Son de esas que acabas sacando con la guitarra y tocando por encima en el disco o con los colegas.

Abro el paréntesis de la nostalgia y es que en una época en la que con mi colega Dani, buscábamos rearmar la banda que teníamos, empezamos a buscar bajista colgando carteles por allí y por allá, en los chats de IRC… en fin, otras épocas… Acabamos en el local con un tipo de barna, no recuerdo su nombre, muy puesto en la escena y con nuestro mismo atrezzo del momento, gorra, pantalones anchos y calzando unas Vans, etc.

Pues bien, íbamos a hacerle una prueba, y la verdad que en un primer momento parecía que musicalmente no nos entendíamos mucho, le mostrábamos temas nuestros y bueno claro así en frio pues como que no se atrevía a tocar por encima, la cuestión es que dimos un giro en el test y nos pasamos a las versiones, y de repente, alguno de los tres empezó con los tres primeros acordes de “Bullion” y zas! De repente se dio la conexión y el punk empezó a fluir, tocamos “Bullion” de pe a pa, entre otros, con un poco de wachu wachu wha! Al final optó por no venir, supongo que venir de Barna aquí era un palo tremendo, a mi me hubiera pasado lo mismo a la inversa…

Pero volviendo al core de este artículo, hay que decir que “Bullion” no solo era la carta de presentación del disco sino que les sirvió como presentación y desembarco en Estados Unidos, de la mano de la discográfica de Mr. Brett, Epitaph.

Tras su primera publicación de la mano de la mítica y también escandinava Burning Heart, en esta segunda entrega, abrían campo en Estados Unidos, co-editando con Epitaph hecho que se repetiría para unas cuantas bandas europeas más y “Bullion” entraría como tema en el recopilatorio Punk-o-Rama vol. 2 (1996). Desde entonces se puede decir que los estates no les ha ido nada mal a Millencolin, ya sea de la mano de Epitaph, o de los festivales de skate, birra y punk rock típicos del país.

En el tercer corte del disco ya introducen el ska nervioso, con “Move your Car”, un tema simple, divertido en el que destacan los estribillos de guitarra distorsionada entrecortada y estribillos de medio tiempo.

“Friends ‘Til the End” es una bocanada de melódico bastante rápida, donde siempre me viene a la imagen de su batería Frederik Larzon rojo de producir este tu-pa-tutu-pa. De hecho, en este disco los temas rápidos son bastante rápidos hecho que le da un plus, ya sabéis los amantes del punk-rock / hardcore siempre hemos visto con buenos ojos esa combinación de velocidad y melodía…

Me da incluso que pensar que al igual una causa de su irregular continuación en siguiente trabajo pueda ser que se cansaran de tanta velocidad e intentaran una transición que no les salió del todo bien hasta su aclamado Pennybridge Pionners (2000), pero eso queda para otro artículo…

“The Story of My Life” quizá fue uno de sus singles más reconocidos de este disco, donde otra vez recuperan la fórmula guitarras cortadas en estrofas y medios tiempos en estribillos, pero esta vez introduciendo sección de vientos. De este tema sacaron un videoclip en el que se debaten en una gula y obsesión por la comida.

En “Jellygoose”, “Dr Jackal & Mr Hide” les podemos intuir algo de lo que seria su evolución como banda. Son temas más rockeros y a medio tiempo y donde las guitarras de Matthias y Erik van haciendo lo suyo intercambiando melodías.

En “Reply” o “Buzzer”, que forman parte de la segunda mitad del disco, son temas tremendamente tralleros, con rapidez y contundencia, con riffs guitarreros que para nada dejan caer el ritmo del disco y que sirven de buen contraste a los temas de medio tiempo y ska de esta segunda cara.

“Vulcan Ears” quizá es el tema que tengo menos ubicado, otro corto ska, quizá sin tanta pegada como los otros, se diferencia del ska nervioso de los otros cortes, aunque hay que decir que tiene una letra en la que se intuye una crítica hacia este mundo de palabrería y en el que el tema va evolucionando hacia un subidón final en el que van apretando la melodía de voz y de guitarra hasta acabar con un “kiss my ass” muy punk.

En “Softworld” le dan la vuelta a los patrones habituales del disco, ahora son las estrofas a medio tiempo y los estribillos rápidos. En este final de canción e incluso en la letra van introduciendo “el softcore” que es un concepto con el que creo que identificaron su transición musical, podéis leer la letra de «Puzzle», primer corto del “For Monkeys”, y relatan su proceso de maduración entre el abandono del ska en el que se sentían menos identificados y dejando atrás los temas rápidos para explorar el mundo del medio-tiempo.

Se permiten el lujo de acabar con un tema ska, “Airhead” en el que recuperan su toque ska-core que va evolucionando a medida que avanza el tema, con unos coros finales dignos de ser gritados a pleno pulmón, mientras la voz de Nikola va desgarrándose para dejarlo bien arriba mientras se termina con un fade-out, sin duda, marca de una buena producción.

Un aspecto singular también a destacar de este disco mítico está en su portada, es el disco en el que nos presentarían en portada su mascota o símbolo del grupo, el pollo amarillo que encontramos en el plato y en miles de tatuajes.

Y es que Erik, guitarrista de la banda, tomó desde el principio las riendas del diseño y la imagen de la banda y el pollo aparecería en adelante en varios diseños de merchandising, portadas y videoclips de la banda, un aspecto que tanto Erik como los propios Millencolin han sabido cuidar con el paso de los años. Os recomiendo que si tenéis ganas de saber más curiosidades de Millencolin, entréis en los perfiles de facebook de Millencolin y os miréis los posts “Erik’s Millencolin Basement Findings” en el que durante los meses de confinamiento, el guitarrista ha ido mostrando toda su colección de diseños, bocetos, y demás proceso de creación del merch y la imagen de la banda.

En mi opinión Millencolin con este disco mostró al mundo que el punk también era cosa de los suecos y empezó a darse a conocer y a girar por muchos países, cosa que al nivel al que se encuentran ahora no deja de ser anecdótico, pero Life on a Plate sin duda representó uno de los puntos de inflexión más importantes en su carrera.