Manzano… Forever More

Foto: Josep Maria Llovera

En la vida, a lo sumo, se tienen cinco o seis amigos; colegas y conocidos, un montón. José Antonio Manzano era un colega/amigo. Nos conocimos en El Quirófano (bar musical) a través de Pedro BruqueManzano y yo éramos del mismo barrio, profesamos amistad desde que nos conocimos, compartimos el mismo amor por la música, el fútbol y las mujeres… aunque, obviamente, él se las llevaba todas (las mujeres)… José Antonio, el fútbol se lo tomaba muy en serio. Fue un killer del área que se hinchaba a golear y a dar rabia a los contrarios. Realmente, daba aversión a los rivales.

Siempre que volvía a Barcelona, hacía la ruta de sus amigos y músicos, y siempre tenía una o dos tardes para visitarme en mi lugar de trabajo. Largábamos durante un par de buenas horas. Lo rajábamos todo y nos reíamos de los otros. Ya lo dice el dicho: “Hablemos de los demás que de nosotros ya hablan”. Las Navidades de 2018 fue la última vez que vino a visitarme y se despidió de mí. Me habló, como siempre, con entereza, y ya era muy consciente de que era el fin. Incluso me hablo de Exit, una asociación suiza que acompaña y asiste a quienes lo solicitan en su muerte voluntaria. Dejó claro que lucharía hasta el final, pero que si empeoraba el tema, «haría un Exit»; no estuvo a tiempo ni de un «Exit controlado».

Creció en el Passatge de Bocabella de Barcelona (entre Gran Via Corts Catalanes y Diputació). Vivió con sus padres y hermano, que regentaron durante muchísimos años el Kiosko Sito de la Calle Nàpols con Gran Via. El cabrón leía todas las revistas de gorra…

Amistades reales tuvo, como todos, cinco o seis. Jordi Sandalinas, Amadeo Digón, Angi Schiliro, el Vilches, David Biosca, y después colegas y amigos los que queramos contar. Todo dependía del circulo en el que se moviera.

¿Y cómo era José Antonio? Transparente, cercano, afectuoso, pero sobre todo, tremendamente ambicioso. Quiso ser el mejor cantante de rock de España… y lo consiguió.

Vivimos muchas historias, compartimos viajes, complicidades íntimas, familiares, fútbol, conciertos y, cómo no, enfrentamientos musicales con los grupos de los cual era él el manager. Eso sí, sanos; nos queríamos realmente.

He recopilado para vosotr@s las mejores respuestas a mi mierda de preguntas de las muchas entrevistas que le hice desde la corta distancia. En esta recopilación he obviado hablar de sus dos últimos trabajos en solitario, ya que las entrevistas sobre ellos, en todos los medios, fueron muy extensas y cuantiosas. Solo he pretendido acercar a ti, lectora o lector, su lado más de barrio y más cercano a los suyos, que también sois tod@s vosotr@s.

José Antonio, ¿la primera vez que tuviste esa necesidad o sensación de que tú serias músico, cuál fue?

Mira pues, a la hora de comer en casa poníamos Radio Juventud con el mítico programa del Josep Maria Pallardo El Clan de la Una y, de repente, descubrí que programaban una música que realmente me motivaba y que paralelamente nada tenía que ver con otro tipo de canciones que sonaban en la radio, generalmente del tipo Lluís Llach o Pi de la Serra, y que realmente no me interesaban mucho. Curiosamente ninguno de mis amigos escuchaba este tipo de programas, aunque la verdad es que también éramos unos críos; te hablo de cuando teníamos entre 10 y 14 años. Sí, lo hacían algunos amigos más grandes que escuchaban a The Rolling Stones, The Beatles o Pink Floyd… Recuerdo que un día apunté el nombre del dial y la dirección en un álbum de cromos de fútbol para que, sobre todo, no se me olvidara el dial: Radio Juventud calle Balmes 17 Barcelona. Curiosamente, con el paso de los años, me acabaron entrevistando cuando estaba en Tebeo.

A partir de ahí empecé a escucharlo todos los días y por la noche, cuando me iba a la cama con mi radio pequeñita y con mis cascos de la época, escuchaba y canturreaba todos los temas que radiaban en el Al Mil Por Mil que lo hacían Jordi Estadella y Josep María Bachs, grandes innovadores de la radio de aquella época. Recuerdo que Albert Pont también lo escuchaba y luego los que fueron y son mis grandes amigos, el Vilches y Pep Rabasa. Después, al día siguiente, en la hora del patio de los Maristas del Passeig de Sant Joan o cuando estábamos fuera de clase, en el Miquel Servet (que, por cierto, ya no existe, que estaba en la calle Trafalgar), comentábamos la jugada: “¡¡Joder!! Oíste que “temazo” de los Pink Floyd Al final, Radio Juventud se convirtió en una radio de referencia para los nuevos movimientos juveniles… tantos recuerdos, como el Tino Show con Constantino RomeroEl Trota Discos

¿Cuál fue el primer concierto al que fuiste?

Fue a los 14 años, al de Golden Earring en el Teatre Victoria de Barcelona. Es más, fui solo, ya que mentí en casa y dije que iba con un primo mayor, pero la verdad es que fui solo ya que a ninguno de mis amigos les dejaron ir. En aquella época no venía ni dios de categoría a actuar a España, y sí algunos de tres al cuarto. Para mí, aquél bolo fue la ostia, y a partir de ahí todos los grupos que venían de fuera y podía, iba a verlos. Aquí en Barcelona la movida eran la Dharma, la Salseta del Poble Sec y todo ese rollo verbenero que no me molaba nada, aunque sí que había alguna cosa interesante, como los Iceberg.

De todas maneras, en ese momento nunca me plantee cantar ni nada. Simplemente me atraía este tipo de movimiento desconocido en este país. Y, de repente, un día, ya con 17 años aproximadamente, en una excursión del cole rollo cumbayá, pues lo típico: dos que tenían guitarras, y que encima también les gustaba el rock, empezaron a tocar y todos empezamos a cantar. Después de aquel punto de inflexión empecé con mi amigo Vilches, que se compró una guitarra, y yo con un micro de cassette enchufado a su amplificador de 50 W canturreando lo que oíamos por las radios y en nuestros discos. ¡Ah, por cierto! También en el mismo ampli se enchufaba Jordi Ferrer con su bajo, así que imagínate como sonaba aquello… estrepitosamente mal. Pero qué bien lo pasábamos. Eso solo lo sabemos nosotros.

Aquí empezó todo. En la casa de los padres de mi gran amigo M. A. Vilches (guitarra), con Jordi Ferrer al bajo. Apenas tendríamos 17 años y nos pasábamos las horas muertas fantaseando. Ni qué decir tiene que, en aquella época, no había Internet, y nuestras referencias eran las revistas y los escasos grupos de nivel que pasaban por Barcelona. Los grupos locales eran muy técnicos, pero no tenían tanta actitud rockera.

El primer bolo, ¿cuándo fue?

Pues, precisamente, con el Vilches a la guitarra, Jordi al bajo y yo, a la voz… ¡no había ni batería, imagínate! De hecho, fue el único bolo ya que Jordi ya desapareció. Yo jugaba al fútbol en juveniles a primera hora un partido en el otro extremo de la ciudad, y el concierto se celebraba en la sala de actos del Pare Manyanet, en el barrio de Les Corts, a media mañana. Era el típico concierto con el aforo lleno de padres y alumnos del colegio. Acabó el partido, cogimos el autobús y, corriendo, llegamos justo a tiempo. El batería que solo tocaba encima de latas y tambores de 5 kilos de Colon, a la hora de la verdad, se rajo. Por allí estaba el batería de otro grupo, Zigurat, que se ofreció a tocar con nosotros para que no nos quedáramos colgados. Tocamos tres temas… un blues rápido y blues lento, y un “rocanrolillo”… y se acabó el concierto. Imagínate, tocábamos lo que no sabíamos y yo berreaba encima… jajajajajaja. Nosotros tocamos los primeros. Pinta de rockeros teníamos mucha, pero tocar no tocábamos una mierda pero, por circunstancias de la vida, también tocaron cuatro grupos más y uno de ellos, que eran el grupo estrella Zigurat, echaron al cantante y me ofrecieron el puesto a mí, lo típico: «Oye, ¿quieres ser nuestro cantante?» Y yo: «Pues sí», y ya está. En Zigurat estaba Juan Carlos Mingorance, que tocaba el bajo y más tarde fuimos compañeros en Tebeo. Es curioso, pero parecía que hubiesen pasado 700 años, cuando en realidad, en 2 meses pasé de estar con mis amigos a ser el cantante de Trock. Todo iba muy rápido. Un día, en el CMB (Centre Musical Barcelona), una tienda de instrumentos musicales, conocí a mi gran amigo y compañero David Biosca. Él estaba en un grupo de rock sinfónico y fui a hacer una prueba que, por cierto, no funcionó, pero sí que sirvió para que naciera una relación que dura ya más de 40 años. Allí estaba Toni Carmona como guitarrista, que lo conocía a todo Dios y que había tocado con La Orquesta Mondragón, y que más tarde tocaría con Serrat o Bisbal. A raíz de estos encuentros, un día con Mingorance y Biosca, hablamos de hacer un grupo, y Juan Antonio Mingorance, que en esa época tocaba con Nubes Grises, a través de un anuncio conoció a Albert Pont. Y así formamos Trock y empezamos a tocar por ahí. Más tarde acabaríamos siendo Tebeo.

No teníamos nombre ni nada. Ese nombre nos lo puso Magbal del Rockcelona. El padre del guitarrista Magí Balcells organizó un festival con una serie de grupos y, claro, nos faltaba un nombre. «¿Qué nombre nos ponemos?» Y empezamos que si Terrock, que sonaba horripilante, hasta que al final Balcells dijo Trock, que suena mejor. Y empezamos a hacer bolos. Recuerdo el de la Sala Orquídea, en la UAB, en un festival que se llamó Nadal a Tot Tren, en el que actuaron Salvador Domínguez, Guadalquivir y Loquillo, que por cierto fue su primer bolo. Vamos, en todos los sitios que nos dejaban, hasta que un día fuimos a tocar a una sala que había en el barrio de Gràcia, Rímel, que la llevaba el cantante de Los Salvajes, Gaby Alegret. Le gustó lo que vio y nos comentó que tenía un primo que trabajaba en Zafiro, que justamente en esa época acababan de sacar el primer disco de Tequila. Gaby nos dijo que si le dábamos unas fotos y una maqueta, las podía llevar. Lo bueno de todo es que nosotros no teníamos ni maqueta ni fotos… ni nada de nada. En esa época ensayábamos en unos locales del Clot que le llamaban los Locales del Gallego, y de repente el hermano de David Biosca nos hizo una foto en la puerta del local, que le enviamos a Gaby. Eso sí, sin maqueta… ¡flípalo! Pero piensa una cosa. En ese momento nosotros no pensábamos en estas cosas, pues solo queríamos tocar. No teníamos ni la más remota idea ni de grabar ni nada. Piensa que en Barcelona no había ni Dios haciendo rock ‘n’ roll, que es lo que hacíamos nosotros. Rock Laietà, orquestas verbeneras y punto.

Con Trock los temas eran en inglés. Un día en el local de ensayo, con todos los temas listos, vinieron Enrique y Mario de Santa Bárbara, y nos comentaron, después de escuchar el repertorio, que lo que hacíamos era bueno, pero que si en vez de cantar en inglés lo hiciéramos en español, nos podrían conseguir algo con RCA. Y nosotros les dijimos que no, que lo queríamos hacer en inglés, y pasaron de nosotros. Cosas de la vida, a los tres meses aproximadamente, nos vinieron los de Zafiro y nosotros, de alguna manera, si habíamos hecho caso a los de Santa Bárbara, pues adaptamos los temas al castellano. Bueno, resulta que vino Gaby y nos dijo que el de Zafiro, al ver la foto, el comentario fue del palo: «¿Y la maqueta?». A lo que el primo de Gaby contestó: «No tienen», y el de la discográfica respondió: «Bueno, hay dos o tres que son guapos… si saben tocar mínimamente, los fichamos.» ¡Nosotros nos quedamos flipados! ¡Coño, habrá que hacer una maqueta». Gaby nos llevó rápidamente al estudio de Santi Pico, y en una tarde hicimos los temas… ¡Ala, venga! Pim, pam, pum. En una tarde ya teníamos maqueta. Sinceramente creíamos que no nos la iban a pillar para nada.

Pasaron pocos días y una tarde nos citó Gaby y allí nos tenía a todos. Le preguntamos que qué pasaba, y nos dijo que tenía prisa, porque nos teníamos que ir a Madrid a grabar un disco en los estudios Eurosonic con Pepe Loetes y Luis Soler. Todos nos quedamos con cara de bobo, incrédulos. Figúrate, no habíamos salido de Barcelona -a lo sumo para hacer una excursión- y, de repente, nos íbamos a grabar en los estudios top de la época a Madrid. En una noche grabamos un par de temas: el single «Mientes» y «Rock de los Labios Rojos» de Tebeo.

Háblame del paso de Trock a Tebeo…

Estábamos ya de vuelta en Barcelona y Gaby nos llamó y nos dijo que la discográfica decía, que con el nombre que tenía el grupo, no íbamos a ningún lado y que había que buscar un nombre mucho más comercial. Le dijimos que OK, pero qué nombre le íbamos a poner… Tebeo«Bueno, ¿qué quieres que te digamo? Que pongan el nombre que quieran, ellos son los que pagan y nosotros lo que queremos es tocar.»

Y entonces, Tebeo… ¡cuéntame!

¡¡Joder!! Que tuve que ir al Cerro Muriano en Córdoba para hacer el campamento militar. Sin más, la puta mili se puso por el medio y lo que es la mili la hice en Tarifa (Cádiz), mucho antes de que se pusiera de moda gracias al mundo del windsurf… pues allí estuve, sí, tocando la corneta por España.

¿Tocabas la corneta? ¡Qué bueno!  Cuenta, ¿y cómo llevaste compaginar Tebeo y el servicio a la madre patria?

Pues en el permiso de jura grabé el resto de los temas del disco, porque realmente no sabíamos si con el single habíamos acabado nuestra carrera musical. Pero no, por suerte quisieron un disco y, como te digo, durante el permiso de jura, metí todas las voces, porque el grupo ya había grabado la música. De Córdoba a Madrid a grabar los ocho temas que faltaban… ese fue mi permiso de jura.

Y, de repente, un día, sin más, te das cuenta de que el deambular por los conciertos con 14 años y soñar con lo que algún día querías ser, lo habías conseguido. Eso no tiene precio…

¡Empezamos a salir por todas las revistas, por la tele, en el Gran Musical y por todas las radios¡ Pero, joder, la mili me jodió muchísimo, me cortó el rollo total. Imagínate, cuando teníamos bolo, de Tarifa al aeropuerto de Torremolinos en Málaga, y volaba lo más cerca de donde fuera el bolo que tocaba. ¡¡Era un tute que te cagabas, y los cabrones de mis compañeros seguían la fiesta y yo a joderme!! Y, luego, de vuelta al cuartel. Es más, hay la anécdota de cuando salí por primera vez en TVE; fue brutal. Resulta que grabamos el programa… no recuerdo muy bien si fue un Tocata o un Aplauso o un 300 Millones, porque salimos en todos. La gracia fue cuando emitieron el programa, que yo estaba en el cuartel. Todos mis colegas de fiesta para celebrarlo y yo, en cuartel, ¡qué rabia! Allí, como un pringado. Eso sí, al menos sirvió para que mis compañeros de cuartel se creyeran que cantaba en un grupo… jajajaja.

El batería siempre fue David Biosca, ¿él no hizo la mili? ¿Y Albert? Porque todos sois de la misma época, ¿no?

Sí, todos somos de la misma quinta, lo que pasa que ambos se declararon objetores de conciencia. A David le salió bien la jugada, porque al final no la hizo, pero Albert sí acabo haciéndola. Pringamos casi todos menos David. Mingorance la hizo en Melilla y creo que Albert la hizo en Cartagena, pero más tarde que yo.

Pero bueno, algún día acabo la odisea militar. ¿Cómo siguió la historia?

Pues justo cuando me licencié, me fui directamente a Madrid y grabamos el segundo disco. El procedimiento fue muy similar al primero. Ellos tenían la música toda hecha y yo metí las voces. Esta vez trabajamos con Tino Casal, que fue quien compuso el tema «Te Veo Venir» y, realmente, eso no era lo que me gustaba. Había tomado más las riendas el bajista, que le gustaba más el rollo tipo The Police, el rollo pop-rock de la época, y realmente allí no tuve mucho que ver. Simplemente, canté encima y punto. Ya no eran las mismas vibraciones del primero… en fin. Dejamos dos discos para la historia con Tebeo, Labios Rojos (1980) y Conversación Privada (1981).

De todas maneras, todo aquello se convirtió en un desmadre ya que no estábamos a gusto con todo lo que acontecía en el entorno de Tebeo y allí se empezó a fraguar Tigres de Metal

Pues háblame de Tigres de Metal…

Pues, cuando Albert acabó la mili, ya teníamos claro que queríamos hacer una banda de rock duro. Era el momento de hacer lo que realmente sentíamos: una banda de heavy. La formación ya estaba lista: David a la batería, Albert a la guitarra y yo a la voz. Solo nos faltaba un bajista, y en ese momento conocimos a Pedro Bruque.

Un día, en el Magic del Born de Barcelona, lo descubrimos. Estaba tocando con Evo que, por cierto, la cantante era la hermana de Manolo García, Carmen. Pues allí estaba con su pelo corto, porque también había acabado la mili hacía poco tiempo.

¡Joder! Este es el bajista ideal, pero esta con Evo… bueno, se lo decimos y lo típico… tú ya sabes cómo era Pedro. «¡No hay problema, contad conmigo!» Entonces nosotros no trabajábamos, pero Evo, sí, y por eso ellos ensayaban por la tarde y nosotros por la mañana, por lo que Pedro se pasaba todo el día en el local de ensayo. Recuerdo que fue una de las mejores etapas de mi vida. Nunca recuerdo haberme pasado tantas horas ensayando, y era fantástico. Luego, nuestros vermutillos, nuestras charlas y, sobre todo, muchas risas. Pero entonces llegó un momento con un punto de inflexión para Pedro, pues tenía que tomar una decisión: Evo o nosotros. «¡A tomar por culo! ¡Lo tengo claro: yo soy heavy!», dijo Pedro.

El primer bolo con Tigres de Metal, ¿dónde fue?

El primer bolo fue en La Nau Gran del Clot en Barcelona, con Rigor Mortis, Zeus, Evo y Trip.

Entonces se puso en marcha la maquinaria de Tigres de Metal. Explica, explica…

Pues sí, de puta madre y tal, pero hubo un problema, ya que no había manera de conseguir una discográfica. Entonces se metió por medio Mariscal Romero, que estaba totalmente por sacar el tema de Evo, y que en aquella época era el capo absoluto de la movida. Entonces se los llevó a EMI y se fueron a grabar a Londres, y esa fue una de las escenas más demenciales de mi vida. Sí, fue triste, como te digo. Evo consiguieron el contrato discográfico de su vida, pero no hay que olvidar que compartíamos local de ensayo y bajista, que al final se vino con nosotros. Aquello se convirtió en un mal rollo total. Me acuerdo cómo iban subiendo los trastos a la furgoneta para llevárselos a Londres, y nosotros allí. Imagínate el careto de Pedro. Imagínate: Pedro Bruque ha creado Evo, que los dejó por nosotros, y ahora son ellos los que se van a grabar. ¡Qué putadón! Fue una sensación muy desagradable, pero qué le vamos a hacer

Cabe decir que, una vez salimos de Tebeo, Gaby Alegret dejó de ser nuestro manager -por decirlo de alguna manera- y siguió currando con varios temas, aparte de que potenció su nueva época con Los Salvajes. Uno de los proyectos fue lo de Play Sound, que fue cuando nos llamó para tocar de teloneros de Barón Rojo en la plaza de toros de Huesca, después para telonear a Motörherad, tanto en Madrid como en Barcelona y Valencia.

La historia de Tigres de Metal era muy prometedora, pero sin discográfica, el estancamiento estaba garantizado, y estábamos hartos de ser los teloneros sin disco…

¿Cómo es que no sales en ninguna foto con Motörhead? Pedro sí se hizo unas cuantas con Lemmy…

Bueno, de esto hay mucho que hablar o no, pero lo cierto es que, por ejemplo, en Barcelona no pudimos ni probar sonido. La verdad de la historia fue que el telonero de Motörhead en España les falló, y entonces Gaby nos dijo: «Estos no tienen telonero, ¿queréis tocar?» Hay tres bolos -Madrid, Barcelona y Valencia-, pero figúrate a Valencia ya no pudimos ni ir, y suerte que Pedro había conseguido un colega para ir a Madrid, pero ya no para Valencia. Simplemente, porque no teníamos pasta, así de triste… aunque la parte positiva para mí fue en Madrid.

¿Por qué?

Pues a ese bolo fue Salvador Domínguez y le gusté y dijo que le interesaba para Banzai. Se lo comentó a Joan Singla, que por entonces estaba en Popular 1, y me llamó y me dijo: «José Antonio, ¿qué te parece la historia de Banzai?» Y allí empezó toda la historia. Por otro lado, tristemente, se acabó la historia de Tigres del Metal

¡Banzai! ¡Banzai!

Si y nos fuimos a Banzai, David Biosca y yo…

Llegados a este punto, la historia de Banzai, Zero y Manzano ya está más que escrita por todas partes, aunque antes hay una pregunta crucial para los seguidores de Banzai. ¿Qué paso con Salvador Domínguez?

Desgraciadamente, tras un encontronazo vía redes sociales, la cosa está muerta y enterrada. Si él quiere hacer otra reencarnación de Banzai, está en su derecho. Él creó la banda y es el propietario del nombre. Eso sí, yo no seré el cantante. La discusión me permitió conocer una faceta suya que ignoraba. El caso es que, por mi parte, y con toda seguridad también por la suya, no van a haber más colaboraciones en el futuro…

Vayamos a lugares personales, a tus rincones preferidos y a tus refugios. ¿Con cuántas primeras estrellas nacionales e internacionales has compartido cartel y escenario?

Con Manzano tocamos en Barcelona y Madrid en la gira del Monsters of Rock con Iron Maiden, Metallica, Anthrax y Helloween. Más tarde, con Whitesnake en Madrid, Barcelona y Donostia.

Con Zero hicimos varias veces de teloneros de Barón Rojo, y como antes te comentaba, con Motörhead cuando estaba en Tigres del Metal.

¿Alguna anécdota con alguna de estas bandas?

Pues la verdad es que no… bueno sí, con Helloween, porque estábamos en la misma discográfica y nos hicimos unas fotos y unas risas. Más tarde, Tony Vallés y yo, cuando presentaron Gamma Ray en Barcelona, fuimos a cenar con Kai Hansen y Ralf Scheepers y después, más tarde, a tomar unas copas en la mítica Sala Vértigo de Castelldefels. También, aprovechando la entrega de unos premios de Popular 1, una noche fuimos a cenar al Rey de la Gamba en la Barceloneta Robert Mills, Joan Singla, yo, y de invitado de lujo, Bruce Dickinson.

Cuenta, cuenta…

Pues sí, justo acababan de publicar Piece of Mind (1983). Es más, Joan Singla me regaló un vinilo, una copia simplemente sin créditos ni nada, una pieza de coleccionista, sin duda. Después de cenar, me acuerdo que fuimos a tomar una copa al Quirófano, el pub de la calle València del cual era relaciones públicas Pedro Bruque. Aunque en esa época ya no estábamos juntos, la buena relación prosiguió siempre, y qué mejor sitio para seguir la noche con Bruce que en el Quirófano. Pedro, que era un puto crack, recuerdo que cuando chaparon, seguimos la fiesta. No recuerdo muy bien dónde terminó esa madrugada, pero sí que recuerdo que pedimos unos taxis y en el que íbamos, al cabo de un rato, se saca de la chupa el pelotazo de turno en vaso largo y con hielo y todo… jajaja, ¡qué cabrón! Cuántas madrugadas compartimos todos juntos, grandes recuerdos…

¿Dime unas cuantas canciones que te hayan marcado?

Hombre, así a bote pronto, es tan sencillo como decir que la primera vez que oí “Stairway to Heaven” de Zeppelin se me cayeron los huevos al suelo… y luego, pues hay miles…

¿Cuántos años llevas en Suiza viviendo? ¿Volverás a Barcelona algún día?

Va a hacer 25 años. Me fui en el 91 por amor. Nos casamos con mi ex en el 92 y mi hijo nació en el 98, y sí, mi hijo va loco por venirse y yo, a la que pueda solucionar cuatro temas pendientes, también.

¿Ensayas en Suiza?

Pues no, esa es la verdad. Sí que hacemos algunas cosillas en el estudio de mi amigo Angi Schiliro, que por cierto ha sido el ingeniero de sonido de mi último disco Mi Religión (2015). Trabajar con profesionales facilita la profesión. En Barcelona, ellos sí que ensayan de vez en cuando. Entonces, cuando bajo a Barcelona, hacemos unos cuantos ensayos juntos y ya estamos listos. De hecho, con Banzai ya era así. Salvador componía, lo grababa en un cassette y nos lo enviaba. Entonces, David y yo nos preparábamos, y antes de salir de gira, nos juntábamos en Alicante y allí ensayábamos todos juntos.

¿Eres de mirar series?

Sí, me gusta mucho. Esto da para hablar cuatro horas… bueno, eso sí, mis favoritas son The Sopranos, Boardwalk Empire (enorme Buscemi), Breaking Bad, The Wire, The Shield, Sons of AnarchyGomorra

¿Películas…?

La verdad es que las más me gustan son los clásicos del cine, los de la época de Hollywood. Las que re-visiono de vez en cuando son la trilogía de The Godfather, Scarface (1983) y todas en las que salían Montgomery Clift o Marlon Brando, Errol Flynn, Bogart. Como te digo, el cine clásico de la época dorada de Hollywood es lo que me fascina a mí.

Eres muy futbolero. Háblame de ello…

Sí, soy muy futbolero. De hecho, todavía juego al fútbol todos los domingos. Durante la semana entreno, voy al gimnasio y eso me mantiene en forma. Y eso se nota cuando sales a un escenario; estar bien físicamente es la clave.

¿Cuál es para ti el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, y el jugador que más te ha impactado?

Sin duda alguna, el mejor jugador que yo he visto jugar es Messi. De todas maneras, el que más me impactó fue la época del Ajax con Cruyff al mando… ¡joder! Fue un impacto ver aquellos melenudos por la tele que jugaban de cine al fútbol, y que enciman iban de rollo “rockerillo”. A Pele no lo recuerdo porque era muy pequeño. Lo que sí me comentaba mi padre, que de su época Di Stéfano era una barbaridad. La época de Maradona la vi en Barcelona, pero estuvo tan poco tiempo que no hay nada destacable. Esa parte se la llevo el Nápoles.

Para finalizar, en el siguiente clip podéis escuchar la entrevista completa que mantuve con Manzano el día 1 de noviembre de 2015, quizás la que fue nuestra entrevista más personal:

Ricard Altadill
Sobre Ricard Altadill 8 Artículos
Mamé el chupete rodeado de cartuchos de ocho pistas, cassettes, singles, discos y come discos, crecí entre en las tres tiendas de discos que tuvo mi tío (Discos Altadill - Tortosa) a los 8 años amaba tanto a Jorge Sepúlveda como a Eydie Gorme o a Mozart, lloraba desconsoladamente cada vez que estrenábamos un disco de Zeppelin, Purple, Slade, Iceberg o Lone Star y La Trinca… La primera vez que entre en el Quirófano* me propuse vivir de mi pasión el “Heavy Rock” y lo logré … o no, he hecho de todo desde dj a manager, de locutor a relaciones públicas escribí en casi todas las publicaciones del país y actualmente estoy en … joder muchos sitios, pero sobre todo en Metal Hammer…y ahora ¡¡aquí!! en con estos locos enamorados del incierto criterio musical. ¡¡Ah!! Por cierto, no me gusta entrevistar a los músicos, me gusta divertirme con ellos… ¡¡God Save Science of Noise!!