Crónica y fotos del concierto de The Night Flight Orchestra + One Desire - Sala Salamandra (L'Hospitalet de Llobregat), 11 de marzo de 2020

Los bailoteos y el mojo de The Night Flight Orchestra cierran abruptamente la temporada de conciertos en Barcelona

Datos del Concierto

Bandas:
The Night Flight Orchestra + One Desire
 
Fecha: 11 de marzo de 2020
Lugar: Sala Salamandra (L'Hospitalet de Llobregat)
Promotora: Madness Live!
Asistencia aproximada: 350 personas

Fotos

Fotos por Ray Molinari

Nuestra Previa

The Night Flight Orchestra – Aeromantic

La pareja Bjorn Strid / David Andersson sigue convencida que algo tan natural como sentarse un rato a descansar no es una actividad que esté hecha para ellos, y justo un año después de publicar el nuevo (y quizás sorprendente)

Es curioso que, de un día para otro, nuestro mundo haya cambiado tan radicalmente. Todos los aspectos de nuestra más o menos rutinaria vida diaria se han visto afectados, por supuesto, pero para la música en directo, el 12 de marzo de 2020 va significar el principio de una época (que durará bastante más de dos semanas y que le supondrá un prejuicio muy pero que muy serio al sector a todos los niveles) en la que nos veremos privados no solo de nuestra ración habitual de conciertos, sino también de un montón de costumbres que, con todo cerrado y con (muchos de) nosotros confinados en casa, es muy probable que echemos bastante en falta.

Pero más curioso aún es el cambio de mentalidad que la gran mayoría de la población (y yo me incluyo) hemos experimentado en pocos días e incluso horas: al principio yo era el primero en criticar todo este tinglado del coronavirus como una pura exageración mediática que nos estaban colando para tapar alguna otra historia o para manipular el destino del mundo a sus antojos (y bien, esto es posiblemente aún cierto), y después fui el primero en considerar altamente exagerado que empezasen a cancelar conciertos (hasta el punto que no tuve ninguna duda en absoluto en ir a este que nos atañe, que parece que va a ser el último en unas semanas), sin dar importancia alguna al riesgo que puede suponer congregar a cientos de personas de origenes y entornos diversos en un mismo espacio cerrado.

Pero casi por arte de magia, y gracias a la concienzuda lectura de decenas de artículos extremadamente explicativos que me han hecho ver lo necesario que es que nos quedemos todos en casa (aunque ya veremos exactamente qué ayudas van a recibir todos aquellos autónomos, pymes o empleados despedidos que se arruinen por el camino), aquí me tenéis ahora, encerrado en mi casa después de mi primer día trabajando desde aquí y tras haber cancelado convencidamente tanto la calçotada que tenía este domingo como el resto de planes sociales de los próximos días. Y claro que todo eso es una putada, pero más allá de que de verdad lo veo necesario por el bien común, os contaré incluso un secreto: mirar a mi calendario de infarto y encontrármelo de golpe absolutamente vacío me ha aportado, incluso, una cierta sensación de libertad.

Pero sea como fuere, si nos tenemos que acabar infectando todos (cosa que estará cerca de pasar, supongo), por lo menos que nos pille bailando. Y no se me ocurre mejor último concierto antes del desierto que nos espera ni mejor banda sonora para nuestros movimientos de caderas y hombros que el espectacular catálogo que la gente de The Night Flight Orchestra ha amasado en su breve carrera. Porque en algo menos de ocho años los suecos han hecho un pacto diabólico con las musas que se ha traducido en cinco discazos como cinco soles, y cada uno de ellos viene repleto de temarrales eternos y atemporales llenos de groove y de mojo que son un homenaje honesto, creíble y divertido a una de las épocas más desenfrenadas que vivió el rock.

Más allá de los indudables atactivos que ofrecía la banda por sí misma, había por supuesto una cierta sensación de evento especial en el ambiente. El anuncio de la suspensión inmediata y generalizada de los conciertos en España aún era muy reciente (de esa misma mañana) y de todos los países europeos no dejaban de llegarnos noticias bien poco alentadoras en este sentido. Es imposible saber cuánta gente con entrada decidió no venir en el último momento (mientras tocaban One Desire me pareció que muchos, pero después creo que no debieron ser tantos), pero incluso los propios The Night Flight Orchestra se lo tomaron con cierto cachondeo vendiendo camisetas que imitaban el diseño del primer disco de Sex Pistols y que mostraban orgullosamente el slogan «Never Mind the Virus». Aunque por supuesto, y como todo el mundo, tuvieron que cancelar la gira al cabo de un par de días.

One Desire

Aunque dónde yo miré (creo que el evento del concierto en Facebook) ponía que el concierto d One Desire empezaba a las ocho y cuarto, parece ser que a la hora de la verdad lo hizo realmente a las ocho en punto, así que por desgracia me perdí el primer par de temas de los finlandeses. Cuando llegué a las puertas de la sala, además, el panorama era bastante desolador: no habia ni una sola persona merodeando por allí delante ni alrededor del par de bares en la acera opuesta de la Avinguda Carrilet, y el «ya lo verás tú mismo» que me respondió la chica de la puerta cuando le pregunté si es verdad que no había mucha gente fue defnitivamente revelador. Y efectivamente, al entrar en la sala el plan no era muy halagüeño, con menos de cien personas repartidas sin demasiada pasión por la primera mitad de una pista que hoy se veía aún más reducida con la instalación del puesto de merch y de unas pequeñas gradas cerca del escenario.

The Night Flight Orchestra es una banda que me flipa y que me ha flipado desde el primer día que me topé con ellos, pero debo reconocer que los descubrí gracias a que sus miembros son los que son. Y es que aunque me gustan bandas como Eclipse (mucho) o H.E.A.T. (no tanto), disto de ser para nada experto en el hard rock melódico que se hace ávidamente en los países escandinavos. Por ello, y a pesar de que ya vinieron hace poco teloneando precisamente a los de Erik Grönwall, escuché a los finlandeses One Desire por primera vez hace tan solo unos pocos días y mientras me preparaba para este concierto. Y oye, los de André Linman no inventan absolutamente nada (más bien son un refrito bastante escandaloso entre los propios H.E.A.T. y algunas bandas ochenteras de AOR), pero nadie puede negar que sus canciones dan el pego y tienen un gancho bastante infeccioso.

Por desgracia, lo que me encontré en directo fue un sonido tristemente apagado y una banda con mucho menos punch del que me hubiera gustado. Esas canciones tocadas con una cierta energía habrían podido ser todo un festival (hola de nuevo, Erik Grönwall), pero la languidez, la desgana, y la falta de carisma que demostraron deslucieron bastante un show que, además, se vio constantemente interrumpido por los largos, innecesarios y aparentemente aleatorios discursos del vocalista finés. Me pareció bien que tanto musical como visualmente cumplieran con todos los clichés que uno se pueda imaginar en una banda así, e igualmente no me importó que su propuesta fuera tirando a moñas (queja habitual a mi alrededor y que, ya ves tú, como si los Night Flight no lo fueran) ni que su música sea indudablemente formulaica, pero el problema es que a la hora de la verdad nos encontramos ante una banda en la que, a juzgar por su actuación de hoy, hay mucho más postureo que nueces.

Canciones como «Apologize», «Hurt» o la final «Buried Alive» me siguen pareciendo excelentes, ojo, e incluso me atrevería a afirmar que muchos de los que se los miraban con la ceja cerca del techo durante los primeros minutos acabaron dando alguna que otra palma durante los cuarenta y cinco minutos que duró su actuación, pero hasta que no consigan energizar y compactar bastante más su directo me temo que se van a quedar un poco en lo que son a día de hoy: una banda condenada a ejercer de telonera en giras de perfil medio y a pasar ligeramente desapercibida a los ojos de quién los vea. Y es una pena, porque ya os digo que, a mí juicio, tanto su homónimo debut como el nuevo Midnight Empire que saldrá en cosa de un mes estan lo suficientemente llenos de temazos como para que alcancen cotas bastante más altas.

Setlist One Desire:

Down and Dirty
Apologize
This is Where the Heartbreak Begins
After You’ve Gone
Hurt
Whenever I’m Dreaming
Buried Alive

The Night Flight Orchestra

Ya he dicho en más de una y más de diez ocasiones (a veces tengo la sensación que me hago un poco pesado con las bandas que más me gustan, la verdad) que creo que la aparición de The Night Flight Orchestra es una de las cosas más divertidas que le ha ocurrido a la escena rockera en estos últimos años. Y eso que los suecos no inventan nada nuevo en absoluto, pero resultan tan creíbles y estan tan acertados en su excéntrico homenaje a la exuberante escena rockera de los setenta y los ochenta y en su mágica amalgama de Kiss, Abba, Foreigner o Toto que resulta imposible resistirse a su groove y al mojo que desprenden todas y cada una de sus canciones, convertidas ya casi en himnos. Y es que con sus letras trasnochadas, su actitud desenfadada y su delicioso aroma a champán rancio y a farlopa mal cortada, The Night Flight Orchestra me han alegrado el día en muchas más ocasiones de las que puedo contar.

El motivo de la gira que llegaba hoy a Barcelona era la presentación de su último trabajo, un Aeromantic que salió al mercado hace tan solo un par de semanas. El quinto álbum de la banda es otro disco brillante con todo el espíritu que los ha hecho grandes pero que, como atractivo extra, dista bastante de repetir la fórmula que habían desarrollado en el par de trabajos que le precedieron y que los han catapultado un par de niveles más arriba de lo que ellos mismos esperaban. Aeromantic fue muy protagonista de la noche de hoy, con hasta siete temas con pinta de futuros hitazos (esta gente se va a quedar en breve sin espacio en sus setlists para meter todos los temarrales imprescindibles que están acumulando) y con la sensación, a juzgar por la excelente respuesta de un público cada vez más propio, de que una vez más han dado en el clavo.

En su anterior visita (la primera, de hecho) a Barcelona hace poco menos de un año y medio, The Night Flight Orchestra recalaron en una Sala Boveda que no consiguieron llenar, así que el hecho de que esta vez se metieran en Salamandra, un lugar que ofrece el doble de capacidad, dice mucho de su teórico crecimiento a nivel de popularidad. Eso sí, no sé si por el miedo al coronavirus o por la saturación de giras en este mes de marzo, de buenas a primeras la cosa no pintaba muy bien, ya que cuando los ocho miembros de la banda se subieron al escenario no había más de doscientas personas en la pista. A medida que fue avanzando el concierto, eso sí, la gente fue apareciendo de un sitio u otro, y si bien no estuvimos apretados en ningun momento, tampoco acabó de dar la sensación de pinchazo que podía parecer al principio. En todo caso, y si bien es cierto que hubo más gente que la otra vez, es posible que el cambio de sala no hubiera sido del todo necesario.

Pero bueno, sea como fuere, disfrutar de un concierto en Salamandra siempre es mejor que hacerlo en Bóveda, ya que tanto el sonido como el escenario son mucho mejores en el recinto hospitaletense. Y los suecos lo aprovecharon a la perfección, repartiéndose mejor en un escenario que en su última visita les quedó ridículamente pequeño (a pesar de que lo ampliaran para la ocasión) y sonando más que notablemente bien si no fuera porque tanto el teclado como los coros femeninos tuvieron, en mi opinión, demasiado poco protagonismo en la mezcla. Por lo demás, tanto la deliciosa nitidez del sonido como el más que resultón telón plateado reflectante con el que decoraron la parte trasera del escenario me parecieron elegantes e ideales. Por otro lado, y aunque el minimalista atrezzo que empaquetan es bastante menos histérico que lo que su música podría dar a entender, los suecos han mejorado mucho su presencia escénica en estos últimos tiempos, mostrándose más sueltos y desparpajados que en el pasado.

Y eso que no empezaron del todo con buen pie, ya que desde la mesa se colaron y lanzaron el sampler de «Living for the Nighttime» en vez del de «Servants of the Air» con el que se suponía que debían abrir el concierto. Una vez subsanada la metida de pata, los miembros de la banda fueron entrando uno a uno al escenario, dejando el protagonismo final a Sharlee d’Angelo, elegantísimo en un traje blanco que le envidio cohinamente y, sobretodo, a un Bjorn Strid que se siente como pez en el agua y que aglutina, casi, todas las miradas. Y digo casi porque, aunque nadie le presta demasiada atención a David Andersson (auténtico mastermind tras esta banda y compositor casi único de todas las canciones a pesar de que sus pintas son todo lo opuesto posible a las de una rock star), muchos no les quitaron los ojos de encima a las dos coristas / azafatas que, con su eterna sonrisa y sus movimientos casi robóticos, representan mejor que nadie el espíritu y la propuesta visual de The Night Flight Orchestra.

Precisamente ellas fueron las primeras protagonistas del concierto con una coreografía (bastante chunguera y desincronizada, todo hay que decirlo) en la que agarran unas linternas y, a oscuras, entiendo que simulan las señales que recibe un avión tras aterrizar mientras suena la intro de «Servants of the Air». Conceptualmente esto no tiene ningún sentido, claro, pero como entiendo que a nadie le importa realmente no cosecharon más que aplausos y excitación hasta que Bjorn saltó finalmente al escenario y la banda se lanzó a la interpretación del gran himno del hard rock melódico que abre Aeromantic como si de unos Kingdom Come de la vida se tratara. En esos primeros momentos el sonido aún sonó algo apagado, pero a medida que avanzaban las canciones la cosa se fue redondeando tanto que no creo que nadie se atreviera a poner ninguna pega en este sentido.

Los suecos dejaron claro desde el principio que no venían a dejarse nada en el tintero, y la pronta interpretación de la ultrapegadiza «Gemini» fue un gran ejemplo de ello. Pero sopresivamente no fue ésta sino «Divynils» la canción que hizo que empezáramos de verdad a bailotear para no dejar ya de hacerlo hasta al cabo de la generosa hora y media que duró su actuación. En mi caso, y a pesar de que el ambiente y el sonido me habían hecho empezar de forma algo fría, este tercer tema me forzó a dejar la mochila en el suelo definitivamente y a empezar a mover pies, caderas, hombros, brazos, cuello y cabeza como si no hubiera mañana. Y claro, si lo que viene después es ni más ni menos que un temazo como «Living for the Nighttime» (con teléfono en mano por parte de las dos azafatas), pues ya si que es imposible resistirse.

La muy buena interpretación de «This Boy’s Last Summer» dio paso al tema que más me flipa de Aeromantic, que no es otro que «If Tonight is Our Only Chance». Por desgracia, en directo no me acabó de sonar del todo bien, quizás por culpa del poco volumen de sus teclados chusqueros a lo ABBA o porque el ritmo más lento no acabó de agarrar el mojo que sí que tiene en disco. Independientemente de ello, yo me desgarré las cuerdas con un estribillo que me vuelve loco y que sitúo a la altura de lo mejor de su carrera. La lentitud y la dulzura continuó de la mano de «Something Mysterious», una balada muy en la onda de los Foreigner más edulcorados que, siendo también un tema excelente, pecó de algo parecido a lo que comentaba en el corte anterior.

Pero bueno, cualquier pequeña pega (y la verdad es que en este caso fueron pegas bastante pequeñas) se olvida rápidamente si se lanzan a por un himno de las pistas tan perfecto como es «Paralyzed». Con un groove insuperable y un estribillo brillantísimo que firmaría cualquier creador de hits de la historia del rock, el tercer corte de Sometimes the World Ain’t Enough suena espectacular en disco y, para mí alegría, también lo hizo esta noche en la Sala Salamandra. No me duelen prendas en decir que yo me volví absolutamente loco y, vista la reacción del público que se movía espasmódicamente delante de mí, parece evidente que no fui el único. Y no me extraña para nada, porque menudo temón, joder.

Un solo de teclado algo raro me sirvió para despresurizar parte de la excitación acumulada antes de volver a por todas con «Can’t Be That Bad», cuya respuesta demostró ser otra de las favoritas entre los fans de la banda. También «Golden Swansdown» y su principio a lo Carros de Fuego suelen ser de las mejor valoradas de Aeromantic, pero hoy corrió una suerte parecida a la de los demás temas lentos y antémicos que ya habían desgranado antes: una cierta falta de cohesión en el sonido y la sensación que no acababan de mover la cosa de la misma manera que lo hacen cortes más bailongos como la siguiente «Transmissions», que tiene pinta de convertirse en futuro clásico de la banda y que lo petó a lo bestia entre todo el mundo (incluido yo).

Las excelentes intepretaciones de dos de sus temas más directos y grooveros como son «Taurus» y «Satellite» siguieron manteniendo el nivel de bailoteos al máximo, mientras que la trabajada épica barroca de «The Last of the Independent Romantics» levantó aplausos ante su destreza técnica y compositiva, pero a la vez también sirvió para dar un pequeño descanso a unas piernas y unas caderas que a estas alturas ya llevaban un buen rato de uso intensivo. Después de su larga interpretación (que yo aprecio y celebro), los chorrocientos miembros de la banda se despidieron velozmnente de un público totalmente entregado y se retiraron tras el escenario para dejarnos a solas durante más tiempo del que suele ser habitual antes de un bis, algo que forzó a que más de uno se animara a corear el nombre de la banda con fuerza (quizás esta ya era la intención).

Tras la espera, el comandante Strid y sus dos azafatas aparecieron con su ya tradicional copa de champán, y tras unos potentes y rítmicos pasos se enzarzaron con «Stiletto», uno de sus temas más celebrados. Tras él llegó la maidenesca y épica «Midnight Flyer» para acabar, evidentemente, con «West Ruth Ave», durante la interpretación de la cual Bjorn animó a que toda la sala se uniera a una gran conga con éxito relativo. Y no porque no fuéramos unos cuantos los que acabamos dando vueltas por la sala (a mí si me llamas para un wall of death te voy a decir que te pires, pero para una conga siempre estaré ahí), sino porque el grado de convencimiento de la gente fue disminuyendo a medida que pasaban los segundos, haciendo que las dos congas que lograron formar fueran bastante más breves de lo que seguro que hubieran querido. Con conga o sin conga, «West Ruth Ave» es un temazo excepcional que apunta a quedarse para siempre jamás como colofón final de todos sus conciertos.

Así que tras una hora y media que se me hizo muy corta, Bjorn, Sharlee, David y compañía se despidieron finalmente de todos, dejándonos huérfanos de bailoteos y de música en directo durante unas cuantas semanas. Las opiniones de los presentes fueron unánimes: esta gente son la leche y su propuesta es infecciosa como pocas. Pero por lo que parece, esa evidencia es algo de lo que aún no es consciente todo el mundo, o sino de qué nos habríamos reunido menos de 400 personas para verlos. No sé si necesitan ser escuchados en algun sitio concreto para acabar de despegar, pero no me puedo imaginar como una banda con tales temazos (y con componentes mediáticos como ellos) no termite por petarlo a lo bestia. Y si les hace falta un mesías que escampe la palabra, aquí me tenéis.

Setlist The Night Flight Orchestra:

Servants of the Air
Gemini
Divynils
Living for the Nighttime
This Boy’s Last Summer
If Tonight is Our Only Chance
Something Mysterious
Paralyzed
Can’t Be That Bad
Golden Swansdown
Transmissions
Taurus
Satellite
The Last of the Independent Romantics

Stiletto
Midnight Flyer
West Ruth Ave

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Sobre Albert Vila 842 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.