Led Zeppelin – III: 50 años de una obra maestra que se consideró como “su disco malo”

Ficha técnica

Publicado el 5 de octubre de 1970
Discográfica: Atlantic Records
 
Componentes:
Robert Plant – Voz
Jimmy Page – Guitarras, banjo, coros, pedal steel
John Paul Jones – Bajo, órgano Hammond, sintetizador Moog, mandolina, bajo doble
John Bonham – Batería, percusión

Temas

1. Immigrant Song (2:25)
2. Friends (3:54)
3. Celebration Day (3:29)
4. Since I've Been Loving You (7:23)
5. Out on the Tiles (4:06)
6. Gallows Pole (4:56)
7. Tangerine (3:10)
8. That's the Way (5:37)
9. Bron-Y-Aur Stomp (4:16)
10. Hats Off to (Roy) Harper (3:42)

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Es el considerado disco maldito de Led Zeppelin, el disco en el que se salen del guion y terminan desquiciando a fans y prensa por esa segunda cara folk y por aminorar velocidad y enredarse con canciones acústicas y blues puro a lo Robert Johnson. El caso es que nunca más volvieron a atreverse a hacer algo así por mucho que nos regalaran obras maestras y de que en esos días Led Zeppelin seguían estando tocados por los dioses. Si este era el disco malo… en fin, que estamos hablando de la que es quizá la más gran banda de rock de la historia. Los dos primeros trabajos les permitían ya el estatus de celebridades y de millonarios, por lo que se permitieron eso de retirarse en la campiña gaélica a componer y relajarse. Puede que mucho se relajaran, pero lo dicho, la magia permanece en los surcos de todos los temas, lo que sí no deja de ser es un importante cambio capaz de descolocarte. De todas formas, las sesiones de grabación fueron repartidas en tres emplazamientos diferentes, además del País de Gales estuvieron en los estudios Island y en los Olympic de la capital británica.

Multitud de instrumentos y otra portada mítica

Una de las grandes sorpresas resulta la asombrosa capacidad del bajista John Paul Jones de poder tocar todo tipo de instrumentos, también el uso de la guitarra de 12 cuerdas de Page o el sorprendente dominio de la guitarra slide o especialmente del banjo. Como podéis ver el repertorio de instrumentos fue de lo más variado y surtido. La portada del disco era una rueda en la que varias imágenes podían aparecer dependiendo de la posición de la rueda. Todas las portadas de los Zeppelin son míticas, esta no podía ser menos. Un poco esa rueda cambiante un poco refleja las dos caras del disco tan diferenciadas

La música: desde el norte vikingo al blues del Delta

Su viaje inspirador a Islandia les reportó una de las mejores canciones de Led Zeppelin: “Immigrant Song”. Sus gustos esotéricos y sus lecturas de libros medievales o ficciones de Tolkien propiciaron esta maravilla que en el riff imita el ritmo de los remeros a la hora de surcar las aguas. A ello le añades el alarido más mítico de los Zeppelin y tienes una colosal obra maestra, perfectamente continuadora de lo que habían hecho en sus dos anteriores obras. Magistral sin más. Pero luego te topas con Page atacando la acústica y las percusiones de “Friends”. Una genial canción que ya un poco te sitúa en lo que toca esta vez. Atención a los arreglos épicos pues un poco se vislumbra el futuro de Zeppelin y lo que cristalizará en “Kashmir” años después. Un medio tiempo épico con arreglos de cuerda que reposa sobre la acústica de Jimmy Page. Están todos los elementos que pusieron en órbita al zepelín, pero pocos pensaban que esa sería la tónica manifiesta del álbum.

La joya oculta y que pocas/os reivindican es la maravillosa “Tangerine”. El día que la tocó una banda de versiones de los Zep me hizo ver lo grandioso de la composición. Todo este trabajo acústico nos permitirá luego poder enamorarnos de la perfección de “The Battle of Evermore”, por lo que siempre he visto esta obra como un banco de pruebas para genialidades posteriores. Hay magia en este tema con unos teclados y cadencias propias del country que sirven en bandeja de plata una joya acústica estratosférica. Eran tan buenos que “Tangerine” ha quedado como un tema menor cuando estamos ante una maravilla. Antes irrumpe un “Celebration Day” que retoma el blues ancestral con electricidad creciente. Las líneas de John Paul Jones son absolutamente magistrales y el alma funky del tema puede descolocar, pero también enamora. Maestros del riff, vuelven a demostrar que su entrada al Olimpo no es casualidad. El blues más puro reside en “Since I’ve Been Loving You” con esos teclados de Jones de colchón para que Page haga sus diabluras. Estamos ante uno de los temas más imitados e inspiradores del rock. La historia y el análisis exhaustivo nos dice que los siempre atentos y avispados Zep se basaron en gran parte del tema de Moby Grape de 1967 “Never By”. Zeppelin fusilan sus influencias y le imprimen su personalidad más allá del recurrente plagio, que sí, siempre está presente, incluso en las letras. El papel de Robert Plant es absolutamente inspirador y soberbio cuajando aquí una de sus interpretaciones más sentidas y técnicamente más exigentes.

Luego nos topamos con palabras mayores: “Out on the Tiles”. Qué groove y que demostración de un Bonzo que siempre se sale del guion haciendo que su forma de tocar sea original y diferente a todo. Vuelve a sobresalir la maestría en el riff rematado por uno de esos grandes estribillos. Puro Led Zeppelin, eléctrico y entonado, pero aquí termina la citada cara A y entramos en brazos de lo acústico. Bajan las pulsaciones, pero la calidad sigue allí. No hay más que enfrentarse a la belleza de “Gallows Pole”, para muchos el mejor tema del disco.

A pesar de la belleza de piezas como “That’s the Way” hay que reconocer que el nivel baja, no en este álbum, pero sí en el cómputo general del sumatorio de sus dos anteriores obras. Son los Zep desnudos, a alma descubierta, pero por mucho que las cuerdas de Page sean de otra galaxia estamos hablando de excelencia en grado máximo. La cadenciosa “Bron-Y-Aur Stomp” es una joya extravagantemente cadenciosa con palmadas, cercana a lo que Queen haría años después para sorprender en piezas discos como One Night at the Opera. Ese mismo rollo feliz conecta con lo que años más tarde nos brindarían con “D’yer Mak’r”. Y ese final con “Hats Off to (Roy) Harper” es un blues puro con cuerdas de acero cercana a Robert Johnson. Delta blues con dosis de autenticidad y con un Plant cantando en lo etéreo. Ideal para cabrear a sus fans de la época, pero reivindicando de dónde venían, concretamente de una pieza de 1937 llamada “Shake ‘Em on Down” de Bukka White. Page se limita a añadir la guitarra slide pues el tema es casi idéntico.

Veredicto

Obviamente estamos hablando de un (hipotético) bajón considerable si venimos de Led Zeppelin y Led Zeppelin II pero todo responde a que básicamente no es lo que esperábamos encontrar. Soy de los que se quedan con esos dos trabajos anteriores y con el posterior IV, pero el III es un insultante canto a la apertura de mente y a la libertad compositiva (también al plagio contumaz). Posiblemente con la inclusión de un par de temas eléctricos volveríamos a hablar de otro disco estelar, pero ese tramo final les hace perder puntos. Afortunadamente el tiempo nos ha recolocado el disco en el pedestal donde que y es visto como una obra maestra sorprendente y arriesgada. Fueron número 1 en muchísimos rincones del mundo y consiguieron platino, por lo que los fans, en el fondo, y a pesar de las quejas, amaron el disco desde que salió. Toda la genialidad de sus componentes brilla si bien quizá Bonham es el que menos luce debido a las características intrínsecas (acústicas) del álbum. Led Zeppelin eran tan buenos que esta obra maestra se llegó a considerar como “el disco malo”.

 

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 471 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.