Las 5+1 mejores canciones metaleras con saxo según… Science of Noise

Si retrocedemos hasta la edad dorada del rock clásico, aquél que era hijo directo del blues, el saxofón era un elemento casi indispensable de la música. Bien lo ilustra la película Blues Brothers, así como los temas inmortales que pueblan su excelente banda sonora. Ahora bien, si damos un salto de un par o tres de generaciones y nos vamos al universo metalero, el saxo ya es historia. No nos mintamos, el heavy metal (y derivados) es guitarra(s), batería y bajo. A veces, teclado. Y en alguna de sus mutaciones, una orquesta entera. Pero el saxo, como elemento principal y solista, no entra dentro del espectro del metal.

Sin embargo, en Science of Noise (o a algún redactor pesado) le encanta, y nos hemos propuesto traeros una recopilación de canciones netamente del metal con participación activa del instrumento de viento, y que para el redactor que está escribiendo esto, es el que tiene un sonido más bonito de todos. ¡Ahí vamos!

 

«Frankenstein» por Jordi Tàrrega

Artista: Edgar Winter’s White Trash
Álbum: Edgar Winter’s White Trash (1971)
Autor: Edgar Holland Winter

Si hay que hablar de saxo y rock, lo primero que me viene a la cabeza es Edgar Winter y esa brutalidad instrumental llamada “Frankenstein”. Obviamente que hay centenares de grandes temas allí fuera, pero para un servidor lo del hermano de Johnny Winter es colosal. Este multi-instrumentista albino ha estado en los mejores grupos de la época y fue un precursor de la fusión de estilos dentro del rock. Ha quedado un poco olvidado con las décadas, pero sigue siendo una estrella rutilante hasta el punto que apareció en los The Simpsons, atropellado por Homer junto a su hermano Johnny creyendo que se trataba de un par de zombies.

Winter en “Frankenstein” hace un muestrario de todo lo que es capaz de tocar: saxo, teclados, batería… y lo que le eches. Pero aquí lo hace con solos de cada instrumento. Para la posteridad ha quedado el tema grabado en vivo en el programa musical inglés The Grey Old Whistle Test. Es impresionante ver, cuando termina el tema, la cara del presentador que, flipado, sólo alcanza a decir una palabra con la cara desencajada: “AMAZING!”. Reivindico en especial este disco con todo un Rick Derringer a la guitarra y la producción. Aquí está también la histórica “Keep Playin’ that Rock n’ Roll” cantada por él. Y recordad otro dato, tocaba con teclado portátil cuando no estaba ni inventado el teclado portátil… ¡grandes cervicales!


«Another Day» por Xavi Prat

Artista: Dream Theater
Álbum: Images and Words (1992)
Autores: James LaBrie, Kevin Moore, John Myung, John Petrucci y Mike Portnoy

No solo es mi canción preferida de Dream Theater (y diría que “de largo”), sino que además la considero una canción perfecta. “Another Day”, el grito de Petrucci a su padre enfermo para que no deje este mundo, me parece el gran punto de inflexión (y germinal) para otros temas, como “Through Her Eyes”, que los americanos parieron más tarde. Si seguís el link de arriba podréis leer lo que opino del tema, aquí centrémonos en lo que hoy nos toca, el saxo.

No sé de quién fue la idea de invitar a Jay Beckenstein ni de meter un saxofón como hilo conductor del tema (junto al piano de la introducción), instrumentalmente hablando (supongo que de Petrucci), pero no cabe más que decir que es brillante. La calidez de su sonido le da el toque nostálgico/sensitivo/melancólico que la letra y su temática merece. Durante todo el tema, aunque más explícitamente hacia el final, el saxo suple a la perfección esa desesperanza del autor ante la inminente muerte de su padre, ese desgarro a la vez cálido y frío. Una guitarra no lo hubiese logrado, tampoco otro instrumento de viento. “Another Day” es la razón de ser de este top 5.


«Who’s the King?» por Rubén de Haro

Artista: Dog Eat Dog
Álbum: All Boro Kings (1994)
Autores: John Paul Luke Connor, Sean Kilkenny, Dave Neabore, Dan Nastasi, Scott Mueller y Dave «Mopey» Maltby

¿Un saxofón en una banda de hardcore? Efectivamente, ese es uno de los principales hechos diferenciales de la banda de New Jersey Dog Eat Dog.

Compuesta por algunos ex miembros de los míticos Mucky Pup, Dog Eat Dog fue una de las primeras bandas de hard rock que siguió el ejemplo de Anthrax y experimentó fusionando metal y hip hop, estilo que luego, con el paso de los años, se convertiría en algo bastante normal y común. Los miembros fundadores Dave Neabore (bajo, voz) y Sean Kilkenny (guitarra) han estado siempre al frente de la banda, a pesar de que muchos otros miembros han ido y venido a lo largo de los años.

Comenzaron actuando en los sótanos de las casas de sus colegas (por aquél entonces, no tenían ni siquiera un nombre para la banda), ganándose algo de renombre y reputación en su zona hasta que, finalmente, empezaron a tocar en clubes locales, lo que les llevó a la grabación de una demo de cinco temas que aterrizó en las manos de Billy Graziadei, guitarrista de Biohazard, quien luego se la pasaría a los de Roadrunner Records. A los pocos meses, la banda -ahora ya sí bajo el nombre de Dog Eat Dog– firmaron con ellos, lo que resultó en la grabación en 1993 de su primer EP Warrant, el «homenaje» a la banda de glam metal Warrant, que meses antes habían publicado un álbum titulado Dog Eat Dog.

1994 vio el lanzamiento del debut en formato LP de Dog Eat Dog, All Boro Kings, lo que les sirvió para darse a conocer a nivel mundial tras sus apariciones al lado de artistas del calibre de Biohazard, Rage Against the Machine, No Doubt, Sepultura, Kiss, Ozzy Osbourne o Metallica. El álbum fue concebido y escrito en el sótano de Neabore. Cuando salieron de éste, entraron al estudio y grabaron All Boro Kings. La banda obviamente creció a partir de sus experiencias y agudizó sus habilidades como músicos. Este trabajo también trajo el saxofón al primer plano de sus canciones. Temas como «If These Are Good Times», su enormemente exitoso «No Fronts» y la que aquí nos ocupa, «Who’s the King?», hicieron que el saxo de Scott Mueller sonara por altavoces (y desde el mismísimo inicio del tema, con una par de cojones) que hasta entonces no estaban acostumbrados al tan característico sonido de ese instrumento de viento, dotando a la banda de un sonido tan característico como único, separándolos del resto de bandas de hardcore de la época. Incluso el mismísimo Daryl Jenifer, bajista de los legendarios Bad Brains, regresó «de entre los muertos» para grabar el tan característico verso reggae dancehall que se escucha en la segunda mitad de la pieza.

¡Temarral de la vida, de la adolescencia de cientos de lectores de nuestro magazine, con el que tuvimos la suerte de brincar en vivo hace no demasiados meses!


«Fisheye» por Beto Lagarda

Artista: Shining
Álbum:  Blackjazz (2010)
Autor: Jørgen Munkeby

Infravalorados como pocos, Shining era y es una de las bandas más novedosas de la escena extrema. Su capacidad de sorprender nunca dejó de lado al oyente más exclusivo. Ellos fundaron una variante del avantgarde, el blackjazz. Es complejo entrar en Shining, pero una vez dentro, son increíbles.

Recuerdo la primera vez que escuché los discos Blackjazz (2010) y One One One (2013). Entonces se me quedó la cara de pasmado al pensar: «Menuda locura de banda, ¡qué flipe!». Y hoy, tras siete años de mi primera experiencia con la banda de Jørgen Munkeby, sigo pensando exactamente igual: qué locura.

Y todo mi amor por la peculiar banda se basa en el poder de atracción del saxo de su líder, que aparece cuando es necesario, sin abusar, y cuando lo hace me estremece el cuerpo. En «Fisheye» aparece en el instante 3:16, un saxo alocado e incisivo que se posiciona como elemento clave en el deselace de la canción con sus 50 segundos de magia. Como si se tratara de un solo de guitarra, el saxo asombra y atrapa al oyente que no espera esa declaración de principios de Jørgen.

No solamente es una canción imprescindible para comprender la relación del metal con el saxo, sino que también es una canción impresindible para comprender a Shining y su avantgarde.


«Miasma» por Albert Vila

Artista: Ghost
Álbum: Prequelle (2018)
Autor: Tobias Forge

Cabe decir que yo nunca he sido demasiado fan del saxo como instrumento, y así como muchos lo encuentran la quintaesencia de la sensualidad, para mí el suyo no deja de ser un sonido pasable en pequeñas dosis, para convertirse en algo tirando a cansino como tenga más presencia de la que suelo poder soportar. Imagino que no es una introducción demasiado halagüeña para un homenaje a la presencia del saxo en el rock y el metal, pero bueno, es lo que hay. Y supongo que peor aún es escoger para mi colaboración en este artículo una banda (hoy) tan felipesca y que le ofrece un protagonismo tan mínimo a ese instrumento como son los eternamente debatidos Ghost, que a medida que crecen y son amados y abrazados por más y más devotos de los Papas y los cardenales, también son odiados y despreciados por los sectores más trves de la metalada.

Pero como suele decir un compañero de la revista en petit comité (y es una frase que odio), sorry not sorry. 

Como digo, el saxo en pequeñas dosis no me parece mal, y si me viene por sorpresa, pues aún mejor. De hecho, cuando escuché Prequelle por primera vez (un disco que, como buen fanboy en el que me estoy convirtiendo, me gusta cada vez más), este «Miasma» me sorprendió un montón: un corte instrumental y bailable que va evolucionando a través de una cierta épica sin dejar de hacerte mover las caderas en ningún momento. Todo el tema me encanta, pero el punto álgido llega en ese momento en el que se lanzan a por un riff que parece homenajear al mismísimo Michael Jackson y que al cabo de poco se convierte, casi como si de un «Dancing in the Dark» de la vida se tratara, en un solo de saxo que me cogió totalmente por sorpresa e hizo que me levantara inmediatamente de la silla para estallar en júbilo y vítores.

No son más de veinte segundos y pico, lo sé, pero me parece el colofón perfecto a un temazo como «Miasma» e, incluso, un paso más en la valiente y continua evolución de la banda hasta convertirse (ya lo veréis) en lo más grande del panorama rockero y metálico de los próximos años. En directo este solo se presenta también de forma muy significativa (al menos en la gira actual), con la única y breve aparición del anciano patriarca Papa Zero sobre el escenario, interpretándolo con la ayuda de dos guardaespaldas que vigilan que no se desmorone por los suelos. No sé si ese detalle durará más allá de aquí o se quedará en esta gira (a saber lo que le ocurrirá al pobre viejo), pero a día de hoy le da un valor extra y merecido al saxo y al propio tema, que seguro que no es un elemento pivotal en la mezcla de ambos elementos en el mundo del hard rock pero que oye, a mi me gusta.


«The Silent Life» por Robert Garcia

Artista: Rivers of Nihil
Álbum: Where Owls Know My Name (2018)
Autores: Jake Dieffenbach, Brody Uttley, Adam Biggs, Jonathan Topore y Jared Klein

Coronándose como uno de los mejores discos del año 2018 de metal extremo estos americanos nos mostraron otra manera de entender la música en su totalidad. Todas y cada una de las canciones que forman este Where Owls Know my Name son una delicia, forman un todo y merecen ser escuchadas una tras otra sin alterar el orden para que la experiencia sea total. Pero una canción que destaca es la segunda llamada «The Silent Life» que tras la intrigante y atmosférica introducción arremete contra nosotros de manera magistral.

El desarrollo de la misma es exquisito con esos riffs tan abiertos y envolventes que junto a una batería que clava cada golpe nos transportan a su particular mundo. El uso de diversas voces dota a la canción de un dinamismo impresionante con unos teclados/samples muy sugerentes acompañando a la perfección al resto del grupo. El bajo también es un instrumento que se ha tenido muy en cuenta y su protagonismo es absoluto pero la gracia es que todo está tan bien grabado y mezclado que nada está por encima del resto, todo equilibrado.

Es a partir del minuto 2:45 que la cosa se pone calmada e interesante con la aparición del saxo de una forma delicada conformando una parte que fluctúa entre el progresivo y el jazz que junto al solo de guitarra es una gozada. Su primera aparición es bastante corta pero luego si que toma más un papel principal desarrollando un solo de auténtica locura. Una lástima que cuando los vi en directo lo llevasen grabado.

Vuelve a aparecer en otras canciones como «Subtle Change», «Where Owls Know my Name» y la última «Capricorn / Agoratopia» con algo más de protagonismo pero considero que esta debe estar en este top ya que en la primera escucha fue la que más me impactó y me sorprendió.

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