La reseña improbable: Freedom Call – Stairway to Fairyland

Ficha técnica

Publicado el 31 de mayo de 1999
Discográfica: SPV GmbH / Steamhammer
 
Componentes:
Chris Bay - Voz, guitarra, teclado
Sascha Gerstner - Guitarra, coros
Ilker Ersin - Bajo, coros
Dan Zimmermann - Batería, coros

Temas

1. Over the Rainbow (5:51)
2. Tears Falling (5:37)
3. Fairyland (5:28)
4. Shine On (5:42)
5. We Are One (4:54)
6. Hymn to the Brave (3:59)
7. Tears of Taragon (6:54)
8. Graceland (5:34)
9. Holy Knight (5:00)
10. Another Day (5:51)

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Cuando se propuso esta sección de la revista miedo me daba saber que joya me iba a tocar. Este Stairway to Fairyland de Freedom Call es algo totalmente contrario a mis preferencias musicales, y aunque tuve mis momentos heavy/power en mi pubertad lo dejé pronto al descubrir cosas como el death, el thrash o el black. Si que estuve enganchado al metal progresivo y a grupos de metal melódico con voces limpias pero el clásico matadragones como le llamo yo, lo dejé de lado para centrarme en sonidos más extremos.

La verdad que no lo había escuchado antes ni de casualidad, eso sí, ver las portadas y flipar si lo hacía pero ya sabiendo lo que me podría encontrar simplemente me ponía a buscar otras cosas. A finales de los 90 ya estaba casi todo inventado y yo iba a lo seguro, así que no tengo referencias y bueno, ha sido ponerlo y no voy a mentir, no lo he disfrutado mucho, demasiado divertido y todo con un tono épico que no lo abandona en ningún momento, coros omnipresentes que embadurnan todo el conjunto de una aura que no me convence. Son grandes músicos y el sonido es espectacular con unos teclados muy de los años 80 que si me han gustado pero que no aportan nada más que ese punto nostálgico.

La canción que lo abre está llena de fanfarrias y dulzura. Ya el propio título «Over the Rainbow» te da las suficientes pistas para saber que te encontrarás. Nada que ver con la famosa canción del film Mago de Oz, ¿o si? El problema de este estilo es el abuso de la misma estructura y sobre todo del estribillo que no se cansan en repetir una y otra vez. Y para acabar de rematar la cosa las canciones no son nada cortas ya que muchas de ellas superan los cinco minutos.

Como si de una intro de anime se tratara empieza «Tears Falling» manteniendo la dulzura y esos coros tan ominosos. Aix, como me cuesta conectar con este género musical del que solamente puedo rescatar que son buenos músicos y que está muy bien grabado. Hacia la mitad meten un riff un poco más cañero y contundente, más oscuro y una parte épica pero que al poco se endulza de nuevo y el estribillo de nuevo con cambio de tonalidad incluido.

Llegamos a la protagonista del disco con «Fairyland» y no os voy a engañar, la cosa continua igual aunque aquí el tufillo años 80 se palpa durante toda la canción con toques de hair metal, y mira que hay cosas de esa época que me chiflan pero con esto hay algo que no me cuadra. La voz creo que es el principal problema, demasiado melódica siendo a veces hasta exagerada. No digo que no me gusten las voces limpias, en absoluto, me encantan, pero no de esta manera. Chris Bay es un gran cantante pero no es mi estilo.

Un inicio tipo balada no puede faltar y lo encontramos en «Shine On», un canto a la felicidad y a brillar como una estrella, todo con un mensaje de que el salvador vendrá y… ¿en serio? Me abuuuuuuurro!! Está bastante manida toda esta temática.

Fanfarrias y más fanfarrias en otra épica canción melódica hasta decir basta con «We Are One». Hay algunos músicos que se empeñan hoy en día a continuar con este mensaje de unidad como ha hecho la misma Doro en su último disco. Oigan, que ya han pasado 20 años. El estribillo me da hasta rabia pero a la vez me hace gracia y es que me he reído bastante escuchando el disco más que nada por los infinitos clichés que te encuentras continuamente.

«Hymn to the Brave» es eso, un himno al guerrero en la que incluso puedes verles dando vueltas alrededor de una hoguera con cuerno en mano bailando y cantando todos juntos en una noche clara y estrellada. Madre mía, ya estoy desvariando. Suerte que vamos llegando al final.

Una batería y unos teclados oscuros, aaaaaahhhhh!!! No, no, lo parecía pero no. Si, algo más oscura es «Tears of Taragon» pero, ¿otra vez lágrimas y, quién es Taragon? Bueno, parece que es un lugar o personaje inventado por ellos y también un ave de Centroamérica, vaya cosas descubre uno, jajaja.

«Graceland» da atisbos de algo diferente pero no. Unos tintes oscuros en los teclados y un ritmo muy marcado pero otra vez la voz melosa y esos coros y cuando aprietan el acelerador es igual a cualquier otra de las canciones del disco.

Algo más movida y divertida es «Holy Knight» siendo más heavy y alejándose un poco del tono power que tampoco es que me entusiasme pero por lo menos me ha llamado más la atención. Y llegamos a la última canción, la épica «Another Day» siendo un poco más ¿progresiva? Si, esa sensación me da y aunque reúne los clichés que todo grupo de power metal debe reunir me parece mejor canción que muchas otras en determinados pasajes.

No me ha resultado fácil enfrentarme a este disco, pero la experiencia me ha gustado, y salir de la zona de confort te hace amar mucho más tus gustos predilectos, así que nomino a Rubén de Haro y su disco será el Thundersteel (1988) de Riot.

Robert Garcia
Sobre Robert Garcia 420 Artículos
Death, thrash, djent, dark, progresivo, doom, black, experimental, jazz, clásica, electrónica... La música me mantiene vivo, es una droga que da sentido a este extraño sueño llamado vida. Músico autodidacta, guitarrista, cantante y enfermo de escuchar y escuchar música sin parar.