Crónica y fotos del concierto de Iron Maiden + The Raven Age - Estadio Enrique Roca (Murcia), 20 de julio de 2023

Iron Maiden en Murcia: ¡Qué hermosos sois!

Datos del Concierto

Bandas:
Iron Maiden + The Raven Age
 
Fecha: 20 de julio de 2023
Lugar: Estadio Enrique Roca (Murcia)
Promotora: Madness Live!
Asistencia aproximada: 20.000 personas

Fotos

Fotos por Beto Lagarda (Barcelona)

Tras el incontestable éxito cosechado en sus recientes visitas en formato “gran estadio”, en las que prácticamente llenaron el Wanda Metropolitano madrileño en 2018 y el Estadi Olímpic barcelonés el verano pasado, los británicos Iron Maiden (y sus promotores españoles) han decidido volver en esta ocasión al tipo de gira al que nos han tenido acostumbrados durante la mayor parte de su carrera, visitando así pabellones y recintos grandes-pero-no-monstruosos en tres o cuatro localidades repartidas por la península.

A diferencia de la gira de greatest hits que fue ese Legacy of the Beast que finalizó el año pasado y que abarrotó estadios enormes a lo largo y ancho del planeta pre y post-pandemia, los ingleses han decidido retomar su ya larga (¡y excitante!) serie de giras temáticas apostando por mezclar lo mejor de un clásico aún relativamente poco re-explorado como Somewhere in Time con lo más granado de su reciente y aplaudido Senjutsu. El resultado es un The Future Past Tour que mezcla esa estética futurista y deliciosamente ochentera sobre la que giraba su icónico álbum de 1986 con el aire samurai que envuelve su nuevo trabajo, que aquí tienen por fin la oportunidad de presentar como se merece casi dos años después de su publicación.

Si hay una cosa (bien, hay muchas, pero ésta es una de las que más) que admiro de una banda como Iron Maiden, que a estas alturas cuenta con la devoción incondicional y el respeto unánime de la comunidad metálica y que, por ello, ya no tiene absolutamente nada que demostrar a nadie, es que crean en su nuevo material con tanta firmeza como para apostar tozudamente por él gira tras gira. Lo fácil sería trufar sus repertorios de temazos históricos y elecciones facilorras mientras pasan de puntillas por sus trabajos más recientes tal y como hacen la mayoría de sus coetáneos, pero ellos se empeñan en invertir un tercio o más de su tiempo en escena en presentar nuevas, largas y complejas composiciones a pesar de que, no nos engañemos, traigan fuertemente al pairo a la mayoría de asistentes.

Está claro que es muy probable que todas estas canciones recién estrenadas desaparezcan para siempre de los repertorios futuros de la banda igual que lo han hecho los temas de The Final Frontier o The Book of Souls, flamantes protagonistas en sus respectivas giras de presentación y ampliamente ignorados una vez éstas terminaron, pero a pesar de ello creo que es algo digno de aplaudir que la publicación de nuevos discos (cada vez mas espaciados en el tiempo, eso si) no sea un simple trámite para ellos. De hecho, con casi cinco décadas de carrera y diecisiete álbumes de estudio bajo el brazo, los británicos hacen todo lo posible para seguir manteniéndose frescos y relevantes. Y creo que, más allá de ser por encima de todo un ejercicio de nostalgia como lo son la amplia mayoría de bandas con trayectorias tan longevas como la suya, lo consiguen sobradamente.

De hecho, pocas bandas habrá como Maiden cuyos repertorios den tanto que hablar. De todos es sabido que una vez empieza una gira no van a cambiar ni una coma, y por ello es tan importante para todos los fans saber qué canciones han conseguido superar el corte en cada ocasión. La maidenología al completo tiene perfectamente estudiada cuál fue la última vez que tocaron tal o cuál canción, y la primera fecha de cualquier gira es todo un evento lleno de nerviosismo y excitación que sirve para que aficionados de todo el globo descubran en directo y una a una las canciones que van a caer esta vez. Al conocerse que Somewhere in Time iba a ser protagonista destacado de esta gira, rápidamente se empezó a elucubrar apasionadamente con cuáles podrían ser las perlitas que iban a entrar en el setlist, y para los fans mas acérrimos, la revelación que podríamos escuchar canciones que o bien no habían tocado nunca (como la esperadísima «Alexander The Great») o que hacia mas de treinta años que no tocaban ha resultado ser un reclamo mas que suficiente para encaminarse con chirivitas en los ojos hacia alguna de las tres paradas que esta gira tuvo en España.

Desde ese lejano 2 de abril de 1982 en el que aterrizaron en el Palau d’Esports de Barcelona presentando The Number of the Beast, Iron Maiden ha actuado en una ochentena de ocasiones dentro de nuestras fronteras. Bilbao y Barcelona son destinos habituales, pero para recordar su última visita por tierras murcianas debemos remontarnos al Lorca Rock de 2005 y a su paso por la localidad marmenorina de Los Alcázeres en los albores del nuevo siglo. Aquellas eran épocas en las que los británicos se pateaban con abnegación los rincones más improbables de la península, cosa que ayudó a granjearles un amor y un apoyo incondicional por parte de toda la metalada patria. Entre esto y el hecho de que la gente de Madness Live es originaria de Murcia y últimamente están apostando con fuerza por meter a toda esta región en el circuito metálico más lustroso, el concierto fue todo un hito que los locales con los que hablé vivieron como un evento verdaderamente pivotal en su vida rockera.

A todo eso, por cierto, los que me conocéis o me leéis habitualmente sabréis que yo soy de Barcelona, así que quizás os estáis preguntando qué hacia yo viniendo a ver a Maiden a este caluroso secarral a seiscientos kilómetros de casa cuando tan solo un par de días antes estuvieron tocando en el cercano Palau Sant Jordi. Lo cierto es que, como era previsible, a la que se anunció esta gira la redacción de nuestra bienamada revista al completo se postuló apasionadamente para cubrir el concierto de Barcelona, de forma que para no entrar en disputas innecesarias ni complicar demasiado la cosa, pensé que sería buena idea tomarme unos días de ruta con la furgo y aprovechar para visitar la única comunidad autónoma española que me quedaba por visitar (¿por qué será?). Que estuviéramos a 20 de julio y que nos azotara una ola de calor infernal no formó parte de mis consideraciones previas, así que aquí me tenéis, sudando como un pollino mientras me dirigía lleno de ilusión a la gran esplanada dominada por el imponente perfil de la Nueva Condomina.

Aprovecharé para meter una pequeña cuña de publicidad turística y decir que, al contrario de la fama que tiene, Murcia no está nada mal. El centro de la ciudad es notablemente bonito, está muy cuidado e incluso contiene una cantidad de tiendecillas más o menos alternativas que me sorprendió. El Cabo de Palos, situado en el extremo sur de la Manga del Mar Menor, es también un lugar precioso, y las salinas de San Pedro en el opuesto norte también tienen su gracia. Tanto la ciudad de Cartagena como la propia y saturada Manga (que no el Mar Menor) me parecieron bastante horribles, pero en general me llevé una muy buena impresión de mi visita. Murcia, ¡ven y vívela!

Además, y acostumbrado como estoy al jaleo que es acceder (y ya no te digo si es en coche) a los grandes recintos de mis cercanías, eso de conducir tranquilamente hasta justo enfrente del estadio y poder aparcar a veinte metros (y no exagero) de la taquilla donde debía recoger mi acreditación me pareció un lujo difícil de describir. A su vez, el acceso al recinto fue todo lo rápido y cómodo que pudiera ser, y en pocos minutos pasamos de tomarnos los últimos lingotazos en la furgo a estar sentados en nuestra localidad de prensa situada en medio de la grada a la que no le daba el sol (¡viva!), con un precioso vaso personalizado para la ocasión y lleno de cerveza fresca en la mano. Así, si.

The Raven Age

A las siete y media de la tarde, y bastante antes de la hora en la que estaban anunciados (o eso creo, que también podría ser que, con tanta calor, el que me liara fuera yo), se apagó el hilo musical a base de hits metálicos atemporales que nos había acompañado hasta ahora y los chavales de The Raven Age se subieron al escenario llenos de buena voluntad. Me vais a leer bien pocas quejas de la velada de hoy, pero la más furibunda que tengo es que me parece una auténtica patillada que la posición de telonero en una gira de tal calibre sea para la banda semi desconocida del hijo de Steve Harris. Y eso que no están especialmente mal (ni especialmente bien), pero que su único mérito para estar hoy hasta aquí sea su afiliación paternal no creo que juegue especialmente en su favor a pesar de, a la vista está, les dé para tocar ante audiencias muy por encima de lo que les correspondería por calidad y tirón.

Tirando de pragmatismo, está claro que los fans de Maiden vienen a ver a Maiden, y cuántos menos estorbos les pongas antes de ese objetivo pues mejor (y más barato) para todos. Pero la verdad es que a un romántico como yo le hubiera gustado contar con alguna otra banda afín que pudiera intentar enganchar también a esos fans, como lo fueron Anthrax, Sabaton o Airbourne en visitas pasadas más o menos recientes, y esa ausencia hizo que, a pesar de que soy el primero en celebrar la inclusión de bandas pequeñas y noveles en todo tipo de conciertos, me mirara la descarga de Harris Jr. y compañía con cierto desencanto e, incluso, con una pequeña pizquilla de ruin resentimiento. Unas sensaciones que son probablemente injustas y que no sé si se merecen (ellos encantados de tener estas oportunidades, por supuesto, y sobre el escenario lo hicieron lo mejor que pudieron), pero que mentiría si no confesara.

Además, me fue complicado apreciar la calidad de la banda teniendo en cuenta que aún era muy de día y que prácticamente nadie les hizo caso en los casi cincuenta minutos que estuvieron sobre el escenario. Durante ese intervalo de tiempo, la pista paso de medio vacía a prácticamente llena, y las inmensas clapas en las gradas se fueron pintando de negro hasta mostrar un aspecto realmente ufano en preparación para el plato fuerte de la noche. A pesar del montón de inputs visuales que mantuvieron mi atención un poquillo dispersa, pude identificar lo suyo como una especie de mezcla entre heavy clásico con algún que otro toque más cercano al power y un metal melódico moderno bastante agradable y resultón. Al principio sonaron un poco asá, pero a medida que avanzó su concierto la cosa fue yendo a mejor y creo que, en conjunto, cuajaron una actuación más que decente ante la más completa indiferencia de un público al que no le importaba demasiado que estuvieran allí.

Setlist The Raven Age:

Parasite
Nostradamus
Forgive & Forget
Tears of Stone
Seventh Heaven
Angel in Disgrace
Grave of the Fireflies
Serpents Tongue
Fleur de Lis

Iron Maiden

Aunque hace tiempo que no los escucho con la asiduidad de antes, Iron Maiden son sin duda una de las grandes bandas de mi vida, y participo plenamente de la mística que les rodea tanto a ellos como a sus giras. Ésta es la octava vez que les veo en directo (la primera fue cuando presentaron The X Factor en el pabellón de la Vall d’Hebron de Barcelona, en 1995), y he asistido a todas sus giras en la última década. De hecho, y a pesar de que aborrezco notablemente este tipo de eventos tan masivos, se trata del único grupo que he visto nunca en un entorno tan conciertilmente hostil como es un estadio. Y no una vez, no, sino hasta tres contando la de hoy y sus dos últimas visitas a Madrid y Barcelona.

Antes he dicho que solo tenía un comentario negativo que hacer sobre esta velada, pero es mentira: tengo dos. Ya sé que a todos nos gusta mucho el «Doctor, Doctor» de UFO y que lo coreamos siempre con pasión porque ya vemos venir la que se nos viene encima, pero entre los cinco minutos que dura y los dos o tres de la intro de turno, los señores de Iron Maiden tendrían tiempo para meter algún temilla extra a un setlist al que, sin ser exactamente corto, algo más de minutaje tampoco le vendría mal. Está claro que éste es un comentario un poco vinagrillo, porque a la hora de la verdad yo soy el primero al que se le ponen los pelos con escarpias con el «lo lo ló» de turno, pero no deja de ser una apreciación total y objetivamente cierta.

A los que ya sabíamos por dónde iría el setlist (sería divertido no saberlo y llegar aquí a verlas venir, pero es algo que a día de hoy se me antoja como casi imposible) no nos sorprendió que tras el mencionado e inevitable «Doctor Doctor», y al igual que ocurría en esa gira Somewhere on Tour de 1986-87, empezaran a sonar las primeras notas de los títulos finales de Blade Runner. A mediados de los ochenta las películas de ciencia ficción estaban en auge, y Iron Maiden se inspiraron en muchas de ellas para crear la imaginería alrededor de Somewhere in Time. Por ello, este genial clásico de Vangelis pega a la perfección con el espíritu general del disco y fue un subidón escucharlo por los altavoces. Una vez acabado, y con bastante más luz diurna de la que hubiera sido ideal, empezaron a sonar las guitarras sintetizadas que abren «Caught Somewhere in Time», y tras casi un minuto de sonido enlatado, los seis miembros de la banda salieron como un torbellino al escenario y pusieron el Estadio Enrique Roca, que presentaba ya un aspecto magnífico, absolutamente patas arriba.

Tanto esta inicial y energética «Caught Somewhere in Time» como la siguiente y más ligera y bailonga «Stranger in a Strange Land» fueron sin duda dos de los caramelitos más dulces del menú de hoy. Pero a pesar de tratarse de dos temazos espatarrantes, de que el sonido estaba siendo prístino desde el minuto uno y de que no las habíamos escuchado en directo desde 1987, la pasión de la inmensa parte del público se desinfló drásticamente tras el boom inicial. Está claro que no son canciones enteramente felipescas y que es hasta posible que muchos ni las conocieran (ay, los conciertos de estadio….), pero para los más entregados del lugar (¡hola!), el poder vivir estos dos temas en directo (especialmente el primero de ellos, una canción que siempre me ha flipado) fue un auténtico regalo. Lo que sí que recibió aplausos por doquier, por supuesto, fue la temprana aparición del cyborg Eddie, héroe imprescindible para explicar la fascinación que tanta gente siente por Maiden.

Tras esa primera explosión de gloria pretérita, llegaba el turno de revisar en profundidad Senjutsu con la sucesiva interpretación de la antémica y elegante «The Writing on the Wall» (una de las favoritas del público, y deliciosa con este rollito Kvelertak que tiene el riff principal), la potente y pegadiza «Days of Future Past» (clara inspiradora del título de la gira) y la oscura y culebrera «The Time Machine» (un poco irregular pero también muy apropiada para enlazar la temática de los dos álbumes protagonistas de hoy). Las tres sonaron magníficamente bien y a la banda se la vio comodísima defendiéndolas, pero es evidente que no recibieron el mismo calor popular que lo hicieron los clásicos. Y casi que mejor, oye, porque calor ya hacía lo suyo de por sí.

Es evidente que The Number of the Beast es uno de los álbumes clave en la carrera de Maiden, y no deja de sorprender que escogieran interpretar «The Prisoner» en detrimento de favoritas como «Run to the Hills», «Hallowed Be Thy Name» (ésta sí que la eché en falta….) o el propio tema título. Vaya por delante que a mí no me desagrada para nada, pero no os mentiré si os digo que yo también habría escogido muchos otros clásicos semi olvidados antes que ella. Aquí Bruce se quitó por fin la chaquetilla de Doc de Regreso al Futuro (me estaba haciendo sufrir, el pobre hombre), y nos demostró que a sus 65 tacos (y tras pasar un puto cáncer de lengua) sigue en un estado de forma vocal y física absolutamente envidiable.

De hecho, os he de confesar que, engorilado como estaba con lo mío, no me fijé del todo en lo que ocurría encima del escenario (rigor periodístico de mierda, ya lo sé), pero me dio la sensación que la decoración y el atrezzo eran un poco más pobres que en giras recientes, tanto a nivel de estructura del escenario como en lo referente a los telones de fondo. Y a pesar de que Bruce y Janick no paran de moverse y de que musicalmente todo suena como un cañón, supongo que los años no perdonan y me pareció ver al resto de la banda un poquillo más parada de lo habitual. En todo caso, cabe recordar que algunos de ellos ya han superado los setenta, y ya les gustaría a muchos abueletes mantenerse tan bien como lo hacen estos tíos.

Para concluir con el capítulo «impopular» del concierto y antes de lanzarnos de cabeza a los (más o menos) hits, aún procedía una penúltima visita a las bondades de Senjutsu. Y es probable que «Death of the Celts», con su remalazo Clansman, su épica infinita y sus múltiples pasajes pizpiretos, fuera la canción que mejor me entró de todas las nuevas. Tal fue mi emoción al escucharla que, en algún pasaje especialmente excitante en el que yo andaba moviendo los brazos sin ton ni son, le pegué un puñetazo accidental en toda la cabeza a una pobre chica que pasaba desprevenida por detrás mío. A pesar de mis insistentes, torpes y expresivas disculpas, la muchacha me clavó una mirada que sintetizaba todas las plagas bíblicas, así que si por un casual de la vida está leyendo ahora esto, y ahora en frío, me gustaría reiterarme en mi más franco y sincero arrepentimiento. Lo siento, no volverá a ocurrir.

Desde mi privilegiada posición en plena tribuna principal, era evidente que a la gente (aunque no fuera a reconocerlo ni bajo amenaza de tortura) esa falta de clasicazos evidentes (en realidad, aún no habían tocado ninguno) se les estaba empezando a hacer un poquillo larga. Por suerte, la intensidad del público pasó del 23,4 al 100 en lo que tarda uno en decir «Can I Play with Madness». Y mira que tampoco es que se trate éste de uno de mis temas favoritos del catálogo de la banda (ni tan siquiera está entre mis cinco favoritas del Seventh Son, probablemente), pero hay que reconocer que en directo suena como los ángeles y que tiene ese aura de clásico de masas y de single coreable que la hace realmente disfrutona.

Tras un buen rato de meandros, con «Heaven Can Wait» volvíamos de nuevo a la senda Somewhere in Time. A pesar de que en mis años mozos este tema solía sonar en casi cada gira (o eso recuerdo yo) y que varios fans de la banda se subían al escenario a ayudar con los coros (cosa que en esta ocasión no ocurrió), a mí nunca acabó de convencerme del todo. Con los años, en cambio, mi apreciación por él ha ido en aumento, y la verdad es que me hizo bastante ilusión escucharla de nuevo. Con la segunda aparición del mismo Eddie futurista que antes y una profusa explosión de llamaradas encima del escenario, su interpretación sirvió para mantener el nivel de intensidad altísimo antes de llegar a lo que, para algunos (entre ellos yo), apuntaba e iba a ser el momento cumbre de la noche.

Porque «Alexander The Great» es una de esas canciones envueltas en un aura especial. Siempre ha sido injusta, tozuda, inexplicable y eternamente olvidada por la propia banda, y eso ha hecho que fuera encaramándose cada vez más arriba en la lista de peticiones de casi todos los fans. Y por fin, treinta y siete años después de salir al mercado cerrando apoteósicamente Somewhere in Time, hace su primera y esperada presencia sobre un escenario en esta gira. No soy objetivo: a pesar de una letra un pelín ridícula, a mí «Alexander the Great» me parece un temazo realmente espectacular que sonó como putamente espectacular en todos sus múltiples y emocionantes pasajes. No diré algo tan grandilocuente como que solo por escuchar este temarral por primera vez ya valió la pena meterse la kilometrada hasta Murcia porque suena como muy exagerado y muy cliché, pero me temo que esta afirmación no está muy lejos de la verdad.

Y si el punto álgido de mi concierto llegó con «Alexander», el de la mayoría del público llegó con la siguiente e inevitable «Fear of the Dark», una canción que por muy trillada que esté (que lo está) no se puede negar que es otro temarral repleto de melodías icónicas de esas de dejarte las cuerdas vocales por el camino (cosa que hizo la práctica totalidad de los presentes). E igualmente inevitable es, por supuesto, que el set principal acabe con «Iron Maiden», ni de lejos su mejor tema pero también pieza imprescindible en todos sus repertorios, con la previsible aparición del cabezón gigante de Eddie detrás de la batería (en esta ocasión, caracterizado como el samurai que ilustra la portada de Senjutsu) y el final alargado entre aplausos.

Entre pitos y flautas ya llevábamos como hora y veinte de concierto y ya se veía que, a pesar del calor infernal que nos empapaba la camiseta, eso se iba a hacer muy corto. Tras unos minutos de rigor en los que la gente se animó con los «os oés» de rigor pidiendo el bis, la banda se volvió a subir al escenario y, tras un suave y lento «chis chis chis» de charles que recordaba al inicio habitual de «Hallowed Be Thy Name», se lanzaron a interpretar la que, para casi todo el mundo, es la mejor canción de Senjutsu: la larga, épica y final «Hell on Earth». No sé si estoy del todo de acuerdo con esta afirmación, pero sin duda se trata de un temón lleno de matices y desbordante de dramatismo e inspiración que merece sin duda un espacio preferente en este repertorio. No me queda claro que el inicio del bis sea ese momento, pero el hecho es que se pegaron una interpretación brutal y que todo el amor que está recibiendo el tema de marras me parece más que justificado.

Tras la valentía una vez más de meter un tema semidesconocido de once minutos y pico para abrir el bis, el estadio se vino abajo con el descubrimiento del telón que mostraba a Eddie vestido con una casaca roja y enarbolando una bandera británica. Inmediatamente, por supuesto, empezaron a sonar los primeros redobles de «The Trooper», uno de los grandes clásicos de la banda que sonó y se celebró como lo que es: un himno del heavy metal como una casa. Y tras ella le tocaba el turno a otro clásico maravilloso como es «Wasted Years», quizás no tan conocido como la anterior pero ni mucho menos menor. El que fuera gran single de Somewhere in Time sirvió para cerrar el concierto por todo lo alto entre vítores y alaridos de exhalación. Temarral como la copa de un pino grande.

Tras poco menos de dos horas sobre el escenario la banda se dispuso a recibir la ovación de despedida que se merecía el bolazo tremendo que se acababan de pegar (y eso que las luces fallaron estrepitosamente y el habitual «Always Look on the Bright Side of Life» tardó de la leche a empezar a sonar). Pero con un sonido impoluto, una entrega impecable, un estado de forma envidiable y un repertorio original que hizo disfrutar probablemente más a los aficionados más devotos que a los más casuales, Iron Maiden demostraron de nuevo que son verdaderamente infalibles y que, en esto del heavy metal, hay bien pocos que puedan toserles. Se acercan a los setenta y está claro que no durarán para siempre, pero aún tienen pinta de tardar lo suyo a empezar a arrastrarse.

A The Future Past aún le debe quedar cuerda para rato, pero puestos a elucubrar… ¿Cuál creéis que va a ser la próxima gira temática de la banda? Mi apuesta, la de Fear of the Dark, concluyendo todo con un gran concierto en Donington Park como colofón. Yo, sin duda, ya lo firmo.

Setlist Iron Maiden:

Caught Somewhere in Time
Stranger in a Strange Land
The Writing on the Wall
Days of Future Past
The Time Machine
The Prisoner
Death of the Celts
Can I Play with Madness
Heaven Can Wait
Alexander the Great
Fear of the Dark
Iron Maiden

Hell on Earth
The Trooper
Wasted Years

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Sobre Albert Vila 953 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y me gusta inventarme palabras. Si habéis llegado hasta aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta.