Immortal – Battles in the North: 25 años desde la masacre helada

Ficha técnica

Publicado el 15 de mayo de 1995
Discográfica: Osmose Productions
 
Componentes:
Abbath - Voz, bajo, batería, guitarra
Demonaz - Guitarra

Temas

1. Battles in the North (4:12)
2. Grim and Frostbitten Kingdoms (2:47)
3. Descent into Eminent Silence (3:10)
4. Throned by Blackstorms (3:39)
5. Moonrise Fields of Sorrow (2:25)
6. Cursed Realms of the Winterdemons (3:59)
7. At the Stormy Gates of Mist (3:00)
8. Through the Halls of Eternity (3:36)
9. Circling Above in Time Before Time (3:56)
10. Blashyrkh (Mighty Ravendark) (4:34)

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Noruega año 1995, la escena del black metal estaba resurgiendo de las cenizas después de los incidentes del 92-93. Con la mayoría del ‘Inner Circle’ noruego arrestado o en su defecto muerto, incluyendo a los cabecillas del cotarro, el panorama se veía jodido. Si bien es cierto que durante los años 93-94 terminaban de salir los trabajos sembrados con anterioridad, fue en el 95 cuando la escena realmente recuperaba el auge; no dejaban de aparecer nuevas bandas por toda la península escandinava como si de setas se tratasen y, las más veteranas, se dedicaban a sacar sus Magnum opus o lo que serían el prefacio de las mismas: Teníamos, por poner unos ejemplos, a los bestiales Dissection que nos aplastarían más adelante con su colosal Storm of the Light’s BaneDarkthrone que presentarían su altamente crudo y controversial Panzerfaust auto-titulándose como «La banda más odiada del planeta», o a Ulver que ya habían editado su aclamado y épico Bergtatt – Et Eeventyr I 5 Capitler.

Por supuesto nuestros queridos protagonistas, el dúo formado por Abbath y Demonaz que daba forma a la gran monstruosidad helada que era Immortal, no iban a ser menos. Ya habían desgarrado nuestros oídos y amedrentado nuestras almas con sus dos anteriores discos Diabolical Fullmoon Mysticism (1992) y Pure Holocaust (1993), pero es que la bestia que se traían estos dos entre manos venía a rematar el trabajo.

Hoy día 15 de mayo hace exactamente 25 años desde que Immortal presentó al mundo Battles in the North, una de sus mejores obras, y, sin duda, la más furiosa y cruda de toda su carrera, y es que este disco no se anda para nada con chiquitas. Ya para empezar podemos destacar su portada, más bien simple pero no por ello menos intimidante, mostrando a un Abbath (a la voz, bajo y batería en este disco y alguna guitarra) y a un Demonaz (a las guitarras) bien decididos, cabreados, sabiendo a lo que vienen y no van a mostrar piedad, ambos postrados en un páramo helado, empuñando sus instrumentos como si de sus fieles armas se tratasen, y no es para menos, por que como veremos a continuación, hay dragones que escupen menos fuego que Abbath y filos que cortan menos que un riff de Demonaz.

Battles in the North arranca con la canción homónima del álbum, que salta a degüello desde el segundo cero, ni introducción ni florituras ni nada, con un batiburrillo de guitarras distorsionadas a niveles desorbitados y una batería que suena jodidamente atronadora, que se extiende durante 13 segundos, suficientes como para ponerte en situación. De golpe el tema para en seco, y más te vale aprovechar estos segundos de paz y asimilar rápido dónde te has metido porque este disco viene para arrasarlo todo a su paso; no hemos venido a jugar, esto es brutalidad pura y furia desenfrenada.

Después de estos dos segundos de calma antes de la tormenta, empieza la auténtica tralla. Power chords y blast beats por doquier, acompañados de la desgarradora voz de Abbath que recita cual nigromante:

«Come forth demonized
Under the banner of Blashyrkh we ride
In the battle sky we lie estranged
Kings of the raven realm.»

Apenas empezamos y ya se huele la sangre y las antorchas a lo lejos, en los helados páramos de Blashyrkh. Y esa es una de las cosas en las que se va a basar este álbum, en contarnos el concepto de lo que es Blashyrkh, que aparece por primera vez en la discografía de los noruegos. Básicamente este es un reino ficticio en el que se basan la mayoría de letras del grupo ya que como es bien sabido, las canciones de este grupo no están basadas en el satanismo como tal, sino que optan por la representación de los conceptos del mal y la oscuridad en este escenario ficticio.

Abbath afirma que este reino nació a partir de un intento de representar los sentimientos de aislamiento que albergaba en su interior junto a Demonaz cuando vivían en Bergen, basándose en Noruega, incluyendo sus paisajes invernales, los bosques, montañas, la oscuridad y la niebla.

Además, este reino está dominado por un dios cuervo gigante llamado Mighty Ravendark, el cual veremos más adelante. A menudo se representa a este dios a través de varios demonios invernales y otros sirvientes sombríos, incluidos los miembros de la banda, que luchan en su nombre, frecuentemente cabalgando hacia la batalla contra todo aquello que no es oscuro y frío. Vamos, caldo de cultivo para el black metal más helado, épico y cortante que puedas echarte a la cara.
El tema se va abriendo paso a un ritmo vertiginoso y atroz cual vendaval de escarcha para dar paso a la segunda pista del disco; «Grim and Frostbitten kingdoms», una canción totalmente frenética, de (casi) tres minutos de duración en la que nuestro querido dúo nos asedia con blast beats y riffs diatónicos que ponen los pelos de punta, y hacen que puedas sentir esa sensación helada tan vívida, marca de la casa.

Esta es la primera canción del disco en la que se nos presenta un videoclip, en el que podemos ver una producción bastante cruda y rudimentaria, muy acorde con su música sin duda. Además, en este clip, aparece Hellhammer (batería de Mayhem) detrás de la batería, que, aunque no tocara la batería en el disco como tal, si lo hizo en la gira promocional del álbum, y estoy seguro que le dio varias vueltas de tuerca al trabajo de Abbath en la percusión, que como podemos escuchar a veces es un poco… Vamos a decir caótico. Pero no me malinterpretéis, eso es lo que precisamente le da ese plus de crudeza, atrocidad y violencia sin miramientos a este disco.

La canción culmina con un solo con mucho tremolo, afiladísimo y estridente, podemos escuchar claramente el legado de Bathory, y lo mucho que inspira a este grupo. Esta se corta en seco como un puñetazo en la tráquea para seguir sin piedad con el tercer track del LP, «Descent into Eminent Silence», que empieza con unos tripletes machacones que te revientan la cabeza, de los que a mí me gustan, si no te partes el cuello escuchando esto, aunque sea un poquito, es que estás muerto por dentro.

Sin duda los blast beats y la masa de destrucción sónica que forman los riffs de Demonaz y las voces y bajo de Abbath en conjunto no nos abandonan, y, por supuesto, no decepcionan. Pero sin duda, como digo, lo que realmente destaca de esta canción son las baterías a medio tiempo y los tripletes de guitarra que les acompañan.

Immortal avanza sin piedad, dejando tras de sí un rastro de desolación, hielo, sangre y cenizas, y lo que nos queda, que apenas vamos por la mitad de este monstruoso disco.

Seguimos con «Throned by Blackstorms», que se nos introduce con unas guitarras a toda velocidad, Abbath da la señal de preparación y salida con la batería arremetiendo contra nosotros con unas baterías fulminantes, y allá por el minuto 3:00 podemos empezar a disfrutar de los primeros pasajes atmosféricos de la canción, gracias a los arreglos de Abbath al bajo, cargando el ambiente hasta tal punto de poder llegar a sentir la presión de algo observándote a las espaldas, a punto de acometer contra ti con la fuerza de un alud, listo para acabar contigo de un momento a otro… La definición sonora del principio del fin.

Lo que nos encontramos después de tal masacre sonora, es uno de mis temas favoritos del álbum; «Moonrise Fields of Sorrow», que entra en escena sin pensárselo dos veces con unos riffs que suenan helados. Si lo anterior era la definición del fin, esto es, sin duda alguna, la definición del frío, del soplo de escarcha más helada y paralizante que pueda llegar a existir, salido directamente de lo más profundo de estas oscuras almas, riffeo clásico del black metal.

De golpe cesa la batalla, cesan la brutalidad y la violencia (aunque veremos que no por mucho), y nos sorprenden con un sintetizador muy atmosférico, infundiendo el miedo hasta la médula, de golpe no sabes dónde estás, te sientes totalmente desprotegido y descolocado, pero eso está a punto de cambiar… Estamos en los «Cursed Realms of the Winterdemons», y así te lo hace saber la sexta pista del plástico, poniéndote rápido en situación tan pronto como acaban esos sintetizadores.

Este trepidante tema te prepara para lo que se viene, nos acercamos al final del trayecto por las tierras de Blashyrkh, llegamos a las puertas que nos conducirán al clímax del disco, nos encontramos ante «At the Stormy Gates of Mist», una canción que te suelta de golpe ante una intimidante tormenta que cubre unas grandiosas puertas de niebla.

El riff principal ya se encarga de acondicionarte, realmente puedes oler la tormenta que estos maestros del black metal quieren transmitirte, pero lo que realmente te pone la piel de gallina es la voz de ultratumba de Abbath, que en este tema suena como si estuviese resurgiendo de las entrañas de la tierra, saliendo de su propia tumba negándose a morir.

La letra de esta canción también es bastante destacable, ya que tiene algún pasaje más depresivo, que ayuda a llegar a ese sentimiento de melancolía y tristeza que tan fundamental es en este estilo. Nuestro cantante relata:

«On a frosty path to sorrow
Guarded by unearthly beasts
Darkening memories
Claim that winter never dies.

With bad moons enshrined
In the heart
Northern darkness walks
With me hand in hand.»

Finalmente conseguimos pasar las grandes puertas, y no solo llegamos a pasarlas, sino que conseguimos dominar la tormenta para que nos lleve a nuestro antojo a través de los salones de la eternidad en «Through the Hall of Eternity», así nos lo hace saber Demonaz con ese arpegio in crescendo antes de sumirnos en el caos sónico de nuevo, en busca del conocimiento de tiempos pasados.

La canción avanza como ráfagas de hielo punzante disparadas directamente a tu pecho hasta llevarnos a la visión final antes de postrarnos ante el Mighty Ravendark.

«Circling Above in Time Before Time» es el penúltimo tema del disco, y realmente puedes sentir como los riffs de Demonaz te mecen. Entre power chords y arpegios congelados que suenan más afilados que un hacha de batalla, puedes llegar a sentirte realmente en trance.

Llegamos a la épica culminación de esta bestialidad de disco con «Blashyrkh (Mighty Ravendark)», que empieza con unas baterías a medio tiempo al más puro estilo de Bathory, y una vez más, el dúo muestra la mella que ha hecho dicho grupo en su música. De hecho, incluso catalogaría esta canción como un homenaje a los mismos.

La batería suena simplemente atronadora, y la canción se vuelve una demostración insana de power chords, tripletes, y arpegios que lo único que hacen crear el sello de identidad del grupo. Si alguna vez me pidiesen que mostrase un tema que definiese a Immortal, sin duda sería “Blashyrkh (Mighty Ravendark)”. El grupo nos describe con pelos y señales el épico reino de Blashyrkh y al Mighty Ravendark que lo domina, que ahora yace ante ellos, y junto a él, el final de nuestro viaje:

«Far above the ravengate
the spreaded wings of Blashyrkh waits
Above the roaring depths
Sits the oath of frost
On the elder Raventhrone.

Older mountains sleeping in my sight
By chilling woods I stand
A grimly sound of naked winds
Is all that shall ever be heard from here.»

En el apartado multimedia os dejamos la segunda canción del disco para la que se grabó un clip. La producción sigue siendo cavernaria, pero el tono del video es mucho más épico y mucho más serio sin duda:

A partir del tercer minuto el caos cesa por completo y Demonaz nos cautiva a todos de nuevo con esos arpegios tan característicos, tan gélidos, tan sublimes, tan Immortal, que traen ante quien lo escuche el helado viento nórdico, culminando finalmente un disco como un piano con unos solos y unas atmósferas, de nuevo, al más puro estilo Bathory. Menuda forma de terminar una obra maestra.

Un disco que sin duda cautivará a cualquier fanático de la música extrema desde la primera escucha, una jodida obra de culto que no merece ser pasada por alto: fría, punzante, letal y totalmente destructiva, una experiencia que no te dejará indiferente.