Crónica y fotos del concierto de Guns N' Roses + Volbeat + Nothing More - Estadi Olímpic Lluís Companys (Barcelona), 1 de julio de 2018

Guns N’ Roses: putos amos

Datos del Concierto

Bandas:
Guns N' Roses + Volbeat + Nothing More
 
Fecha: 1 de julio de 2018
Lugar: Estadi Olímpic Lluís Companys (Barcelona)
Promotora: Live Nation
Asistencia aproximada: 50.000 personas

Fotos

Fotos por

Nuestra Previa

Tras los pasos de Axl: todos mis conciertos de Guns N’ Roses

Han pasado casi 25 años de la última vez que los Guns N’ Roses tocaron en Barcelona. Hace 25 años que yo con 15, me fui de mi trabajo, estando pintando un chalet en Torredembarra y me planté sin saber nada en Barcelona a

¡Volbeat llega con su increíble fusión rockabilly, rock & roll y metal!

En Science of Noise contamos los días para poder disfrutar del Download Festival Madrid, especialmente por poder disfrutar de grupos tan increíbles como esta banda danesa. Volbeat actuará el próximo sábado 30 de junio en el Stage 1 a partir

Las 5+1 mejores canciones de Guns N’ Roses según… Science of Noise

En una época en la que el pop estaba dominado por la música dance y el pop-metal, Guns N’ Roses provocó que el crudo y feroz rock ‘n’ roll volviera a las listas de éxitos. No eran buenos chicos… pues

Entre tres y seis millones de dólares se llevan Guns N’ Roses por actuación… y eso no lo gano yo en un año. Esto mismo pensaba cuando, rumbo a Montjuïc, bajaba las escaleras del metro del Clot. O le pido a mi jefe (al de verdad, no al Vila) que me suba el sueldo, o convenzo a Axl para sustituir a Frank Ferrer tras los palos. Lo que esta gente mueve, cuando se mueven, es de traca.

De todo esto y de mucho más es de lo que va este noveno y antepenúltimo round de su Not in This Lifetime… Tour, la que quizá sea la gira más lucrativa de la historia de la música hasta la fecha. Pero, ¿realmente es para tanto? ¿Son esas unas cifras normales solo para ver al 60% de la banda original? Pues, aparentemente, sí, eso es lo que se lleva, más aún cuando hay que tener en cuenta que llegar a ese 100%, que ver a Izzy y a Steven junto a Axl, Slash y Duff encima del mismo escenario, se me antoja harto imposible. Porque, seamos claros. Nadie quiere verles de nuevo junto a Matt y a Gilby. De hecho, yo ya les vi en ese mismo lugar en 1993… y no es lo mismo, aunque mejor ellos que Ashba o Mantia, por ejemplo; con todos mis respetos para el señor de Primus, a los que amo con locura.

En fin, que estaba yo bajando las escaleras del metro y, al subirme al vagón, ya olía a «día especial», y más aún cuando una horda de jebis, camuflados entre guiris y gente de bien, nos bajamos al llegar a Plaça d’Espanya. Nada más salir a la superfície, me puse a hacer cola para pillar un bus que, iluso de mí, pensaba que era gratuito que te llevaba hasta el Estadi Olímpic Lluis Companys. Pero no pasa nada, porque como todavía no habían pasado los setenta y pico minutos de rigor, al picar la T-10 me salió gratis.

Pocos minutos más tarde llegábamos al destino. El corto viaje hacia la cima fue amenizado por los gritos de un niño que seguía por el móvil, gastando datos a mansalva, la tanda de penalties del Rusia Vs. España. La cara de decepción del niño tras caer La Roja eliminada, se convirtió en mi primera alegría de la velada. Vamos bien. Como tenía que pasar por taquilla para recoger mi acreditación, me dio por preguntarle a la señora que parecía dirigir el cotarro dentro del bus en qué parada tenía que bajarme. «En esta primera no, en la segunda», me dijo… y yo le creí. Porque, ¿quién en su sano juicio podía creer que esa señora, que tenía un montón de papeles en la mano y que se mostraba tan receptiva a informar al prójimo, en realidad no tenía ni puta idea de dónde estaba la taquilla? En fin, que mi odisea particular para acceder al recinto no había hecho más que empezar. De segurata en segurata y tiro porque me toca. Allí nadie sabía nada, hasta que di con un señor que llevaba algo más que un simple chaleco reflectante amarillo. Llevaba, además, una radio y una acreditación colgada del cuello. Este señor, cuyo nombre ahora no recuerdo, me supo indicar que la TAQUILLA ESTABA JUSTO AL OTRO LADO DEL ESTADIO. «Tendrás que dar la vuelta a todo el estadio», me dijo el muy cabrón.

Bajo un sol que te cagas, emprendo mi viaje hacia la taquilla de los cojones. Durante este periplo, pude oler a concierto del bueno… y a serveza bier. Olía a historia… y a señores y a señoras de cuarenta y largos, que, habilidosamente, se ocultaban entre pijas y teenagers con camisetas del Bershka. Como yo soy muy de preguntar, y como no tenía muy claro si la acreditación de aquel señor de amarillo le otorgaba el poder de saberlo todo, a medio camino volví a preguntar y cagarme en la puta m… de algunos que insinuaban que tenía que regresar al mismo punto del que había partido hacía ya casi media hora. Total, que unos cuarenta y cinco minutos más tarde creí haber llegado a mi meta pero, horrores, pues para llegar hasta ella… ¿debía mostrar mi entrada? «No, tío, pero si lo que yo quiero es ir allí para pillar el pase», le dije. «Pues lo siento, pero tendrás que dar la vuelta por allí detrás», me responde. Me alejo, con varios improperios ocultos tras mis dientes, y finalmente, tras cuarenta y cinco minutos de reloj, y tras no sé cuántos pasos calculados por el Google Fit, llego a la taquilla, que resultó ser la taquilla de toda la vida, vamos. Me dirijo sonriente a la ventanilla, muestro mi DNI y me dan un sobre con una entrada/invitación dentro… ¡nominal! Esto… ¿que ahora he de volver a dar la vuelta casi por completo one more time? ¡Efectivamente! Porque las palabras de uno de los seguratas de «Entra por ahí, por donde pone ‘pista’ y seguro que te dejan pasar»… ¡y una polla! Total, que me senté en el suelo, cerré fuertemente los ojos y, al abrirlos, ya estaba en la grada, en mi sección 116. Así fue, tal cual.

Tardé tantísmo en poder acceder al Estadi que, para cuando sucedió, no solo se habían descubierto ocho nuevos casos de corrupción dentro del PP, sino que los primero teloneros acababan de empezar su actuación…

Nothing More

Seré sincero. No contaba con tener que ir a cubrir este concierto. Si a eso le añadimos que hasta dos o tres días antes no sabía que, además de Volbeat, habían otros teloneros, la presencia de estos muchachos de Texas me pilló, hablando en plata, con el culo torcío. Bueno, lo de muchachos

Y resulta que no son unos novatos (su primer disco, Shelter, se publicó hace ya catorce años) y que hasta han sido nominados a los Grammy, además de haber girado con bandas como Papa Roach o Five Finger Death Punch. Pero, a pesar de todo esto, no sabría decir el nombre de ninguna de las canciones que allí sonaron, así que me limitaré a expresar con palabras lo poco que me gustaron… o mejor aún: lo poco que me gustaron en un recinto tan enorme como es el Estadi Olímpic Lluis Companys, ya que estoy seguro que en una Razz 3 la cosa cambiaría mucho.

Bajo un sol de justicia (si mis compañeros de prensa escrita no utilizan esta expresión en sus respectivas crónicas, es que no estuvieron allí), Jonny Hawkins y los suyos tomaron una décima parte del enorme escenario allí montado para la ocasión. Vistiendo su atuendo habitual, descalzo y sin camisa, Hawkins no dejó de moverse en ningún momento. La «estaticidad» de sus componentes contrastaba con el nervio del vocalista, en constante movimiento por «todo» el escenario, apenas parando para hablar entre canción y canción y para dejar claro que son de Texas pues, si mal no recuerdo, lo repitió hasta en tres ocasiones a lo largo de los treinta minutos que estuvieron en escena.

Me llamó especialmente la atención una especie de artilugio musical, como una especie de sintetizador infernal que ¿giraba?, que el vocalista (y no solamente él) tocó en un par de temas. Posteriormente me he enterado que es de creación propia, y que no es el único que suele sacar a escena.

Así, a grandes rasgos, metal alternativo y modernillo como el que practican miles de bandas actuales, pero abusando quizá un pelín demasiado de la electrónica.

Volbeat

Palabra de honor. Menos de diez segundos después del final de la actuación de Nothing More, más de veinte «pipas» se apoderaron del escenario, entre señores que desmontaban los amplis, los que tiraban cables y los que salen solo a mandar y a lucir pase de staff colgado del cinturón. Tras el drumset, desmontado a ritmo de «Ain’t Talkin’ ‘bout Love» de Van Halen, ya se intuía la pancarta de los que estaban a punto de saltar a escena: Volbeat.

La banda danesa de metal, no solo se ha convertido en la fuerza dominante de la escena rock danesa, sino que, a pasos agigantados, ya llevan años copando huecos en los festivales veraniegos.

La banda liderada por Michael Poulsen ha sabido unir, con maestría y gran talento, metal de gran calibre con un rock más clásico con aires de rockabilly; no en vano, el vocalista es un gran fanático de Elvis y de Cash, y ahí es donde precisamente radica la originalidad de la propuesta de Volbeat.

Tras unos minutos instrumentales, sobre las 20:20 la banda se dejó ver sobre las tablas. Quien dice tablas, dice ese pedazo de escenario que estaban pisando gracias a Axl & Slash, Inc.. No soy, ni mucho menos un experto, pero me costó reconocer al tipo de la camisa blanca que portaba una guitarra, que recordemos que es, nada más y nada menos, el ex guitarrista de Anthrax Robert Caggiano, quien llegó a la banda hace ahora cinco años con la única intención de co-producir y «ceder» solos de guitarra para el su álbum Outlaw Gentlemen & Shady Ladies (2013), y que terminó por unirse a la banda. Tras la obligada «The Devil’s Bleeding Crown», primer single de su hasta el momento última obra discográfica, Seal the Deal & Let’s Boogie (2016), Poulsen nos preguntó qué cómo estábamos y que si éramos felices. Por todos es sabido que, ante un pregunta así, uno siempre ha de contestar «Bien, gracias», aunque por dentro estés jodidísimo. Pero el caso es que, joder, en unas horas íbamos a presenciar el mayor espectáculo de nuestras vidas, y una de las mejores bandas de rock del Viejo Continente acababa de iniciar su show. ¡Como para no estar bien! Con la famosa bailarina «Lola Montez», la organización empezó a derrochar el dinero tontamente encendiendo tímidamente parte del juego de luces del escenario. Y digo lo de malgastar porque todavía se veía perfectamente, y para encender unas lucecitas blancas y rojas, aquí y allá, mejor te quedas quieto y apartas el dedo del interruptor.

Debido a mi ubicación dentro del Estadi Olímpic, me resultaba muy fácil controlar todo el tinglado. A esas horas, cuando en teoría Guns N’ Roses tenían que tomar el escenario en escasos sesenta minutos, el aspecto del recinto era un poco meh, pues las gradas estaba casi vacías y en la pista había todavía muchas zonas desérticas. Pero bueno, los que allí estábamos, fan portando una bandera danesa incluid@, gritamos y vitoreamos a la banda cuando Poulsen rindió homenaje a Johnny Cash interpretando los primeros pasajes de su celebérrimo «Ring of Fire», que sirvió de preludio para «Sad Man’s Tongue», tema incluido en su segundo disco, Rock the Rebel/Metal the Devil (2007).

La verdad es que el sonido, lejos de ser perfecto, era mucho mejor que el de sus predecesores. La particularidad que tienen los grandes recintos, sore todo si son al aire libre, es que, cuánta más gente haya, mejor se oye. Aún así, «Dead but Rising» y, mi favorita de ellos, «A Warrior’s Call», la cual unieron genialmente con el «I Only Want to Be With You», sonaron atronadoras.

A los daneses se les veía muy a gusto allí arriba, tanto que incluso nos felicitaron por estar escuchándoles y aplaudiéndoles tan bien… de momento. Una melodía acústica que los de allí acompañamos moviendo los brazos de lado a lado, nos trajo «For Evigt», dedicada a su hija y a su esposa. El trío final, que marcaría el punto y final a sus cuarenta y cinco minutos de actuación, se inició con «Black Rose» y, acto seguido, sonó «Seal the Deal», con especial dedicatoria al malogrado batería de Pantera Vinnie Paul. La banda se despidió, no sin antes insistir en el honor que para ellos suponía el estar allí arriba abriendo para los Guns, con «Still Counting», su tema más célebre hasta la fecha.

Setlist Volbeat:

The Devil’s Bleeding Crown
Lola Montez
Ring of Fire (intro) (Johnny Cash cover)
Sad Man’s Tongue
Dead but Rising
A Warrior’s Call
I Only Want to Be With You (Dusty Springfield cover)
For Evigt
Black Rose
Seal the Deal
Still Counting

Guns N’ Roses

Ahora sí que la cosa se ponía calentita. Ahora sí que sí erecciones de todo tipo, indistintamente del sexo de la persona, se intuían en las miradas de los allí congregados. Cada vez aquello estaba más lleno y, a medida que caía la noche, los huecos, aunque menores, que todavía había en pista y gradas, costaban más de intuir.

21:10. Se encienden los tres pantallotes que flanquean el pedazo de escenario y se pasa un video un tanque infernal que recorre un campo minado de cráneos en un claro homenaje a Terminator 2: Judgment Day (1991). En el tanque, que está decorado con pegatinas, entre otros, de los festivales Download y Graspop, se puede leer una frase que reza «I got one chance left» («Me queda solo una oportunidad»), ¿en una clara alusión a que quizá eso de girar más se va a acabar? este vídeo, que si mal no calculé duraba como treinta o cuarenta segundos, se pasó en bucle durante más de quince minutos.

Pasado este tiempo, el tanque se para y se abre una compuerta en la que se ve un esqueleto ondeando una bandera con el logo de la banda, mientras en pantalla puede leerse, en letras bien grandes «Not in this Lifetime». Una media hora larga después del inicio del vídeo, se bajaron las luces y el tanque empezó a disparar y, el mismo esqueleto que anteriormente mostraba la bandera con el logo de la banda, ahora ondeaba una bandera española… en fin. A partir de aquí, el tanque dio paso a toda una serie de animaciones con el «violador» de la portada censurada original del Appetite for Destruction (1987) como protagonista… hasta que la típica locución del «From Hollywood, CA… Guns N’ Roses!» dio paso al bajo de Duff McKagan interpretando «It’s So Easy», seguido de los primeros cohetes de la velada. Os aseguro que allí había invertido en pirotecnia más que en los Piromusicals de la Mercè de los últimos, tranquilamente, diez años. Y sin bajarnos del burro del Appetite, «Mr. Brownstone», dejando claro, de entrada, que aquellos señores habían llegado hasta allí con un único objetivo: el de agradar. Puesta en escena brutal. Sonido acojonante. La cosa promete…

El primer bajón de la noche llegó con «Chinese Democracy», el primero de los tres temas del álbum con ese mismo nombre que sonarían esa noche. La «novedad» vino de la mano de Slash, pues cambió su habitual Gibson Les Paul por un modelo BC Rich de color verde de diez cuerdas tuneada como una guitarra estándar de seis cuerdas. Y como quien no quiere la cosa, después del borrón, la primera gran sorpresa de la noche. Ah, pero ¿ya toca el «Welcome to the Jungle»? Efectivamente y sí. Esa fue la cuarta en caer, no sin antes ronearse un poco el bueno (y cada vez más tocino) de Slash con su tan famoso riff inicial. La parte del bridge, del tan famoso «You know where you are? You’re in the jungle baby. You’re gonna die» también se alargó, en mi opinión, un pelín demasiado.

Con «Double Talkin’ Jive» llegó la primera referencia al los Use Your Illusion (1991), aunque de nuevo alargaron demasiado el inicio. En la pantalla de fondo, una muchachas muy majas insinuaban cosas y, observador yo, justamente en ese momento me fijé que Duff lleva en su famoso bajo blanco una pegatina con el símbolo de Prince.

Una segunda e innecesaria visita a su época más negra llegó de la mano de «Better». Los tímidos gallos de Axl, esta vez luciendo su típica bandana roja y gorra negra con la visera del revés, en lugar de su cada vez más habitual sombrero de ala ancha, fueron tímidamente disimulados por los coros de Duff y de Melissa Reese, segunda teclista de la banda. Tras esta segunda cagada, Slash sacó a relucir por primera vez su Les Paul de color dorado para interpretar «Estranged», que en directo sonó espectacular. Delante de la pantalla posterior, se intuía por primera vez la silueta de Dizzy Reed, entre medusas y fondos marinos. Como todos ya sabéis, este tema cuenta con dos pedazo de solo de guitarra y, no sé porqué, me imaginé a Slash emergiendo de entre la inmensidad del océano en el momento de interpretar el segundo y más espectacular de los solos.

«Live and Let Die», de lo mejorcito de la noche, sonó especialmente potente, dando paso a la primera de las versiones de la noche, «Slither» de Velvet Revolver. Hay que reconocer que Axl le pone ganas… pero él no es Scott Weiland. De nuevo con la mirada puesta en el año 1987, sonó «Rocket Queen», que sirvió para que Axl se cambara de nuevo de atuendo (llámale atuendo, llámale camiseta) y sacara a relucir, de nuevo, su sombrero. Richard Fortus se convirtió en el claro protagonista del tea, hasta que le tocó el tuno a Slash y a su célebre talkbox, que en su día puso de moda Peter Frampton.

No sé porqué, pero me daba a mí en la nariz que «Shadow of Your Love» tenía que caer… y así fue, aunque no sonó todo lo bien que esperaba. De fondo, el vídeo que hace pocas semanas publicaron con imágenes de esta misma gira. Con «You Could Be Mine» llegó otro de los momentos top de la actuación. Me gustó especialmente que Slash sacara a relucir la misma BC Rich Red Stained Mockingbird que sale tocando en el videoclip que grabaron para la banda sonora de Terminator 2: Judgment Day (1991).

Todos sabemos que tras esos casi dos metros de Duff McKagan se oculta, no solo el bálsamo que seguramente hizo posible esta pseudo reunión de los miembros originales de la banda, sino que se oculta una actitud 100% punk, como lleva demostrando desde hace casi treinta años cada vez que interpreta el clásico de los Misfits «Attitude», aunque en esta ocasión no le quedó tan bien como en anteriores ocasiones.

Con «This I Love», tercera y última incursión en el Chinese Democracy (2008) de la velada, empezó la parte más aburrida del espectáculo, la cual se alargó media hora larga. Fue el lapso de tiempo en el que más gallos soltó Rose, sobre todo en esta canción y en «Coma», que sonó tras «Civil War», con homenaje final a Hendrix. A modo de anécdota, decir que justo cuando Axl empezaba a entonar «This I Love», la pareja que tenía justo delante encendió el Shazam… ahí lo dejo.

Un escueto «Buenas noches», primera y casi única vez que Axl se nos dirigió, sonó una versión algo descafeinada de «Yesterdays», uno de los temas que menos me gustaron. Acto seguido, unos latidos de corazón y una proyecciones en la pantalla que eran una mezcla extraña entre un electrocardiógrafo y las bandas rojas que aparecían en el salpicadero de KITT (Knight Rider) cuando hablaba, nos introdujeron de lleno en «Coma», un tema complicado de cojones… y vaya si se notó.

Llegó el momento de presentar a la banda y, obviamente, Slash se llevó la mayor de las ovaciones de la noche. Fue el mejor, con diferencia, y dejó un reguero de sudor por todos y cada uno de los mástiles de las guitarras que tocó.

(INCISO: en este mismo instante, mi Moto Z me dejó tirado. Llevaba con el ahorro de batería encendido desde «You Could Be Mine», pero menos mal que llevaba un bolígrafo y que los de Live Nation me dieron la invitación dentro de un sobre que, habil y origámikamente desdoble para poder seguir tomando notas)

Sigamos. Tras tan atronadora ovación, Slash nos obsequió con uno de sus clásicos, con la versión de «Speak Softly Love» de la banda sonora de The Godfather (1972). Jamás en mi vida vi tantos móviles encendidos a la vez por metro cuadrado. Casi sin dilación, momentazo «Sweet Child O’ Mine», tema que consiguió que todo el estadio se pusiera en pie. Se ve que Axl aprovechó el solo para cambiarse, de nuevo, de camiseta. Ahora me arrepiento de no haberme fijado en los motivos de todas y cada una de ellas, pero eran feas de cojones… todas.

Acto seguido tocaron una canción que yo llamé «¿?¿?»… y resulta que es una versión de Jimmy Webb que se llama «Wichita Lineman». ¿Sabes lo que es ni puta idea…? Pues eso. Lo único que diré es que, tanto Slash como Duff se sentaron en los escalones bajo la batería para tocar (ambos) la guitarra acústica. El final de este tema coincidió con el inicio de éxodo (más o menos controlado) de gente. No creo que fuera tanta gente a la vez a pillar una birra o a mear, pero me da a mí que había gente que no quería perder el último metro. Lástima, porque a partir de ese mismo instante, la cosa se empezó a animar de nuevo.

«Used to Love Her», clásico entre los clásicos, y su célebre balada «Don’t Cry» sonaron a continuación, dando paso a mi momento favorito de la noche. Ambos guitarristas, Slash y Fortus / Fortus y Slash se marcaron una regalada instrumental en forma del clásico de Pink Floyd «Wish You Were Here» que, no sé para el resto, pero a mí me dio para paja. Simplemente increíble.

Cuando sacaron un grand piano a relucir, ya sabíamos todos lo que estaba por llegar: «November Rain», un tema que nunca me ha gustado demasiado, pero que quedó resultón con la lluvia de fuego de fondo. Todo muy bonito, pero desde ese momento, quedó todo el estadio bajo una más o menos intensa neblina. De pianista a teclista, Reed tomó la iniciativa y empezó a tocar un tea que, desde la trágica muerte de Chris Cornell ahora hace algo más de un año, se ha convertido en un fijo en el repertorio de los Guns. Me refiero a «Black Hole Sun», un tema que creo que no está hecho para el timbre de Rose, aunque se les agradece el detalle. Recordemos que giraron junto a Soundgarden y Faith No More hace ya unos cuantos años y que su concierto programado en el Vicente Calderón se suspendió por aluminosis. Los más veteranos del lugar recordarán que ese año (1992) estás tres bandas solo visitaron el Benito Villamarín de Sevilla. ¿Recordáis la famosa lluvia de botellas durante la actuación de los de Patton? Epic!

Con la versión del clásico de Dylan «Knockin’ on Heaven’s Door», de nuevo con Fortus como protagonista, y con una atronadora versión de «Nightrain», que nos dejó entrever el único amago de intento de carrera de Axl de la noche, la banda dio por concluido el show, no sin antes obsequiarnos con algo más de pirotecnia y dedicarnos un escueto pero conciso «Thank you! Good night!» Cuando los diferentes miembros de la banda se disponían a disiparse entre bambalinas, Axl tropezó y estuvo a punto de caerse, momento este que el público acompañó con un «Uuuyyyyyy».

Exacramente cincuenta segundos más tarde, volvieron a escena todos para obsequiarnos con «Patience», de nuevo con Duff tocando la guitarra acústica. Momento este que Axl aprovechó para saludar al respetable y quizá por eso, entró un pelín tarde para interpretar el final del tema. El segundo de los bises fue para el clásico de The Who «The Seeker». ¿Os habéis parado a contar la de versiones que tocaron…? Y por último, «Paradise City» y ese silbato de Rose que sonó un par de segundos fuera de lugar. La edad no perdona. Locura colectiva, carreras, ahora sí, de Rose… aunque ya no es el pura sangre que se recorría el escenario del Tokyo Dome de punta a punta en cero coma… Tracas y confeti final, y fin de fiesta por todo lo alto, donde no faltaron dos de los clásicos de esta gira: Axl lanzando el micrófono al público y Slash haciendo el pino justo antes de abandonar el escenario. Genios y figuras. Sin más. No fue de diez, pero el notable altísimo se lo llevan… dos veces. Los hijos de puta se cascaron un bolaco de tres horas y media… ¡tres horas y media! ¿Qué banda de jovenzuelos hace eso hoy en día?

Setlist Guns N’ Roses:

It’s So Easy
Mr. Brownstone
Chinese Democracy
Welcome to the Jungle
Double Talkin’ Jive
Better
Estranged
Live and Let Die
Slither (Velvet Revolver cover)
Rocket Queen
Shadow of Your Love
You Could Be Mine
You Can’t Put Your Arms Around a Memory (intro)
Attitude (Misfits cover)
This I Love
Civil War
Yesterdays
Coma
Slash guitar solo
Speak Softly Love (Love Theme From The Godfather) (Nino Rota cover)
Sweet Child O’ Mine
Wichita Lineman (Jimmy Webb cover)
Used to Love Her
Don’t Cry
Wish You Were Here (Pink Floyd cover)
Layla (intro)
November Rain
Black Hole Sun (Soundgarden cover)
Only Women bleed (intro)
Knockin’ on Heaven’s Door (Bob Dylan cover)
Nightrain
—–
Patience
The Seeker (The Who cover)
Paradise City

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 346 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.