Hoy empezaré la reseña con una curiosidad de esta banda. Y es que Mario Conte, el batería de Enox, entró en el grupo después de meses echando partidas online con Michael Guevarez, el cantante. Ninguno de los dos pensaba en formar nada juntos hasta que a Guevarez se le ocurrió preguntarle si le apetecía probar suerte. Y de ahí salió la formación que firma Polarize.
Este quinteto es originario de Jersey City, aunque desde el 2021 viven en Athens, Georgia, ya que se mudaron para poder ensayar tranquilamente, sin depender de vuelos, turnos, ni historias raras. El germen de este proyecto es Enochian, banda anterior de Guevarez, que a día de hoy es el único miembro original que queda. Su sonido queda definido por ellos mismos como «bouncy, heavy, catchy shit«. Imposible traducirlo al castellano. Yo lo resumiría como una mezcla entre metalcore, nu metal y djent, que llevan haciendo ruido desde su debut Euphoria (2022). Tras varios EPs y singles sueltos entre 2023 y 2025, llega finalmente este segundo larga duración.
Tras la mesa tenemos a Ricky Armellino, guitarrista de Ice Nine Kills y voz de Hawk, que produce a esta buena gente incluso desde el principio de Enochian, además de haber participado en otros trabajos de Memphis May Fire o Emmure. La mezcla corre por cuenta de Robin Leijon (Equilibrium), mientras que la masterización fue trabajo de Kris Crummet, responsable de discos de Dance Gavin Dance, Sleeping with Sirens o Issues. Las letras siguen la línea habitual de las bandas de este género (aunque no por ello hay que restarle importancia): temas de salud mental, lucha personal, o cómo los sistemas de creencias acaban uniéndose para controlar y dividir, en vez de dar respuestas.
Arrancamos y lo hacemos con «Polarize», un tema súper trallero, de lo más potente del disco, que tiene mucho más gutural que melodía. Le sigue de cerca «Trauma Room» en la misma línea, aunque aquí se cuelan unas texturas electrónicas, muy sutiles, que se van repitiendo, y un interludio especialmente pesado.
El siguiente corte, «Lifeline», se presenta en un principio como una canción dura; sin embargo, a medida que avanza las voces terminan siendo muy melódicas, aunque con algún gutural aislado hacia el final. En «Aurora», el nivel técnico de las partes instrumentales sube un peldaño (o quizá siempre lo haya estado y aquí destaque), y la voz llega a registros bastante altos, sobre todo en el estribillo.
Seguimos con «Orion», que abre con cierta ambigüedad. Tanta, que en la primera escucha me hizo dudar entre si tiraría hacia lo lento o lo contundente. Finalmente se decanta por lo segundo, y acaba resultando más rápida y dura de lo que prometía en el arranque. Esta dureza sigue en «Sworn To The Swarm», que es la típica canción que te puedes encontrar en un disco de estas características: dura, casi sin melodía, todo gutural, etc. Hacia el final hay un momento en el que el tema se ralentiza lo justo para darle ese punto extra de pesadez.
Poco a poco el disco empieza a aflojar. Lo empezamos a ver en «Forsaken», que pese a mantenerse dentro de lo duro, resulta algo más ligera. Por cierto, habrá quien me corrija, pero el estribillo me ha sonado a nu metal del de toda la vida. La suavidad sigue con «Over My Head», que tira más de melodía que de potencia, aunque en los últimos compases se permite un ritmo bastante contundente.
Seguramente haya sido cosa mía, pero en «Sedative» el bajo me ha sonado con bastante más presencia que el resto del disco. A todo esto, esta canción tiene el estribillo más sencillo y pegadizo de todo el LP. Y en este punto, parece que la tralla vaya a remontar, ya que «The Shape of absence» va de menos a más en cuanto a intensidad. Al principio parece que se va a quedar en balada, pero acaba metiendo la directa en su tramo final.
Vamos cerrando con «Empathy», que se mueve en un tempo más tirando a lento, a medio tiempo. En el estribillo aparecen unos arreglos de cuerda que me hicieron levantar las cejas; detalles como estos siempre le dan un color distinto a un trabajo como este. El álbum acaba con «The Amalgamation», que ahora sí, recupera la velocidad y contundencia del arranque, sin apenas voz melódica (todo gutural).
En mi opinión, este es un disco trabajado dentro del género, que juega a menudo con recursos habituales, pero que tampoco se acaba estableciendo en el A-B-C o en la dichosa “zona de confort”. Seguramente habrá quien eche en falta algo más de riesgo, pero a mí desde luego me ha convencido esa capacidad de ir y venir entre los extremos del metal moderno sin perderse por el camino.

Adicto a la música desde que tengo uso de razón y pateador crónico de salas de concierto.
Músico, cocinero y escritor cuando se tercia.
Siempre con más ganas que tiempo y más tiempo que talento.