
Cuatro décadas después de haber ayudado a construir los cimientos del thrash metal alemán, Exumer siguen teniendo algo que demostrar, aunque probablemente ya no tengan nada que demostrarle a nadie. Death Mask Messiah (2026) recupera la agresividad más directa de sus primeros trabajos y la combina con la experiencia acumulada durante todos estos años. El resultado no pretende recuperar el sonido de 1986 ni convertirse en una pieza de museo, sino recordar por qué esta banda sigue teniendo sentido en 2026.
Desde el primer momento se percibe esa intención. Las guitarras de Ray Mensh y Marc B. ocupan el centro de unas canciones construidas alrededor de riffs secos, veloces y con bastante pegada. No hay demasiados rodeos y tampoco los necesitan. Exumer entienden el thrash como una cuestión de actitud y de composición, no simplemente como una competición por ver quién toca más rápido. Los riffs tienen personalidad, los cambios aparecen cuando deben hacerlo y las canciones mantienen una estructura suficientemente clara como para que varios de sus motivos terminen quedándose en la cabeza.
La propia banda reconoce que quería sonar más agresiva y directa que en Hostile Defiance, y esa intención se nota especialmente en la sección rítmica. La incorporación de Alex Voss al bajo y Jerome Reil a la batería aporta una energía nueva, algo especialmente evidente en los temas más rápidos. Reil es todavía joven en comparación con sus compañeros y su presencia parece haber añadido una dosis de dinamismo que beneficia mucho al conjunto. El resultado es una banda que suena compacta, pero no excesivamente pulida. Hay cierta aspereza en la producción que encaja perfectamente con la naturaleza del material.
La labor de Dominic Paraskevopoulos en la grabación y de Arthur Rizk en la mezcla y masterización también merece atención. Las baterías fueron registradas buscando una sensación natural, con muy pocas ediciones, mientras que las guitarras mantienen una separación suficiente para que los riffs puedan distinguirse incluso en los momentos de mayor intensidad. Los solos aportan además un contraste interesante respecto a la contundencia de la sección rítmica, algo que Marc B. comentaba en nuestra conversación con él.
Y después está Mem V. Stein. Su voz ha cambiado inevitablemente con el paso del tiempo, pero no necesita sonar como en los ochenta. De hecho, uno de los aciertos del álbum es precisamente aceptar esa evolución. Su interpretación es áspera, agresiva y reconocible, pero también muestra una madurez que encaja con unas letras bastante más preocupadas por cuestiones sociales y políticas que por los tópicos habituales del thrash.
El concepto de Death Mask Messiah gira alrededor de la manipulación, la desinformación, las guerras culturales y el abuso de poder. Mem utiliza acontecimientos como la pandemia, el movimiento Black Lives Matter, la política estadounidense de la última década o el asedio de Waco para construir canciones que hablan, en última instancia, de la capacidad de determinados líderes para enfrentar a la sociedad y utilizar el miedo como herramienta. El tema que da título al álbum concentra buena parte de estas ideas alrededor de David Koresh y los acontecimientos de Waco. No es un disco político en el sentido convencional, pero sí un trabajo profundamente preocupado por el momento que vivimos.
Musicalmente, mis favoritas son «Blinding Skies», «Death Mask Messiah» y «Fratricide», aunque lo más interesante es comprobar que el álbum mantiene un nivel bastante uniforme. «Blinding Skies» resume especialmente bien la dirección que ha tomado la banda: velocidad, agresividad y melodía conviviendo sin que ninguna de las tres características termine imponiéndose. Y la inclusión de «Unchained Angel», de Nasty Savage, tiene un significado especial: Exumer compartió escenario con ellos durante su primera gira europea en 1988, así que la versión funciona como un pequeño puente entre aquella etapa y el presente. Además, Nasty Ronnie participa en la grabación, cerrando todavía más ese círculo.
Quizá Death Mask Messiah no vaya a cambiar la historia del thrash metal, pero tampoco parece que Exumer estén intentando hacerlo. Han conseguido algo bastante más difícil: publicar un disco que suena actual sin renunciar a aquello que los convirtió en una banda importante hace cuarenta años. Hay energía, buenas canciones, riffs reconocibles y una formación que parece especialmente cómoda en este momento.
No estamos ante una banda intentando demostrar que todavía puede tocar thrash. Exumer simplemente siguen tocándolo porque todavía tienen cosas que decir y, sobre todo, porque siguen disfrutando haciéndolo. Después de tantos años, eso se nota.
Os dejo aquí el enlace a la entrevista reciente que hicmos a Mark B en motivo del nuevo lanzamiento.


Llevo más años de los que me gustaría admitir persiguiendo discos, conciertos e historias que contar. Rock, metal, blues, punk, doom, hardcore o post-rock: las etiquetas cambian, pero la búsqueda sigue siendo la misma. Me interesan tanto los clásicos que marcaron generaciones como las bandas que todavía ensayan en un local soñando con grabar su primer álbum. Entre entrevistas, reseñas y kilómetros de carretera, sigo convencido de que la música siempre tiene algo nuevo que decir.