Edguy – Mandrake: 20 años desde que Sammet decidió seguir apretando el acelerador

Ficha técnica

Publicado el 24 de septiembre de 2001
Discográfica: AFM Records
 
Componentes:
Tobias Sammet - Voz, teclado, órgano
Jens Ludwig - Guitarra, coros
Dirk Sauer - Guitarra, coros
Tobias "Eggi" Exxel - Bajo, coros
Felix Bohnke - Batería

Temas

1. Tears of a Mandrake (7:11)
2. Golden Dawn (6:08)
3. Jerusalem (5:27)
4. All the Clowns (4:49)
5. Nailed to the Wheel (5:41)
6. The Pharaoh (10:37)
7. Wash Away the Poison (4:40)
8. Fallen Angels (5:15)
9. Painting on the Wall (4:38)
10. Save Us Now (4:37)
11. The Devil and the Savant (5:26)

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Un imberbe había cogido el testigo de todo un género que le entregaron grupos como Helloween, Gamma Ray o Stratovarius. Sammet venía con un áurea de nuevo tótem del power metal, y es que discazos como Theater of Salvation (1999) o la primera parte de la Metal Opera (2001) de Avantasia eran de lo mejor que el estilo había producido. De hecho, el éxito de este segundo fue tan apabullante que no pocos pusieron interrogantes sobre el futuro, la calidad o ambas de el que por entonces era su proyecto principal, Edguy. Digamos que se adelantaron unos cuantos años. Pero la cosa estaba ahí: tras esos dos discos, inconmensurables ambos, ¿podrían los chavalines mantener el listón así de alto? Antes de responder yo, veamos qué se dice por la red. Rate Your Music le da un 3.6 sobre cinco, Discogs le da un 4,4/5, Amazon le da 4 estrellas y media y la media de Metal Archives ronda el 80 sobre 100. Así que sí, mantenían el nivel.

Mi opinión es que es un pepinazo de disco. No compite con las Metal Operas de Avantasia, ya que estas son top, pero sí con cualquier disco del propio grupo. Por razones más sentimentales que musicales, quizá me quede con Theater of Salvation, pero es evidente que Mandrake tiene más variedad, está mejor producido y empieza, muy lentamente, a dejar el sota-caballo-rey del power más estricto. Quizá, incluso la portada, en tonos azules, fuese una pista.

Nos encontramos con un Sammet en estado de gracia (porque no nos engañemos, digan lo que digan, Edguy es en un 90% el cantante bajito), convirtiendo en oro todo lo que tocase, repleto de creatividad y empezando a explorar con sonidos un poquito más afilados, aunque ya lo había hecho en su lanzamiento anterior. La parte más rockera la dejaría para más adelante, y la implicación con su grupo de amigos, para dentro de dos o tres discos. Líricamente, aquí Sammet era aún el Sammet joven, el que tenía la sangre hirviendo ante un mundo que creía poco justo o en el que no encontraba cabida (“All the Clowns”, “Fallen Angels”). Ese Sammet capaz de leerme la mente y plasmarla en canciones. Si alguna vez tuve ídolos en la música, ese Sammet fue, sin duda, uno de los mayores exponentes.

Pero dejémonos de introducciones y veamos los temas.

Empezamos con uno de sus clásicos, “Tears of a Mandrake”. Siempre dije que si Edguy hacía mejor que los demás grupos de su quinta, eran los medios tiempos, y este es un ejemplo claro. ¿Qué quiero decir? Que canciones rápidas, a doble bombo, hay muchas bandas que las hacen (o hicieron, si hablamos de finales de los 90 y principios de los 2000), pero no logré encontrar ni un solo grupo que tuviese tan buenas canciones de este estilo (“Vain Glory Opera”, “King of Fools”… la lista es larga). El sonido inicial, medio espacial, ya te pone en situación, los teclados acompañan y el estribillo con sus coros es sublime. Si le sumamos el solo de Ludwig, perfecto para el tema, hacen que sea una obligación del grupo ensalzar este tema. Vamos más a barraca con “Golden Dawn”. No es un tema que ha pasado a la historia del grupo, pero sin duda mantiene el nivel en este disco y en el estilo de canción. Obviamente canciones como “Babylon” son más míticas, pero este amanecer dorado (Que repelús, viendo lo que vendría de Grecia unos años más tarde) no desmerece en absoluto. Casi lo mismo podría decirse de “Jerusalem”, aunque aquí se trate de un medio tiempo algo más rápido que la inicial. Tiene cierto exotismo melódico que la hacen muy interesante y, de nuevo, no desentona. El estribillo vuelve a ser matador.

Quizá baja  un poco “All the Clowns”, aunque siempre le tuve un cariño especial, quizá por la temática tratada (ese perder de la inocencia cuando nos hacemos mayores). Recuerdo que un colega nada metido en el metal me dijo de ella que era muy agresiva, y a lo Dr. Slump o cualquier dibujo animado, se me caía una gotita de sudor por la sien. ¿Esto es agresivo? Pero si es lo más moña del disco… Suerte que le puse esa y no la siguiente, “Nailed to the Wheel”, que si gana es garra. Es por temas como este que, al principio, decía que Sammet empezaba a salir del 2+2=4. La intro, suavecita y en acústica da paso al tema más heavy del disco. Diría que menos melódico, pero no es la expresión adecuada. Es mucho más agresiva, con guitarras más afiladas, con más punch y mala leche que cualquiera de sus antecesoras, y el estribillo es totalmente marca de la casa, dejándose el gaznate. Llega “The Pharaoh”, y creo que es inevitable no pensar en el “Powerslave” de Maiden. El tema más largo del disco, con un aroma evidente a Egipto y cierto, solo cierto, toque prog (pensemos de qué estamos hablando). No sobra, ningún tema lo hace, pero nunca fue de mis preferidos, a pesar de la cantidad de detalles que tiene.

Tras la intensidad llega la hora de descansar con “Wash Away the Poison”, la balada del disco. Sin florituras, sin nada especial, pero su suavidad puede llegar a cautivar. No es sus balada que más me han gustado. Sí lo es, en cambio, la siguiente. Por aquellos entonces, un amigo y maestro que tenía, un anciano muy sabio, me dijo que si entendía que “Fallen Angels” hablaba de mí, y sólo pude recalcar lo que dije antes, que Sammet me supo leer como nadie. Musicalmente es un cañonazo, más en la línea (aunque sin llegar) a “Nailed to the Wheel” que a, por ejemplo, “Golden Dawn”. No entiendo como no es una fija en su repertorio, ya que lo tiene todo. Hasta el nombre de una novela que algún día escribiré, “The Ship of the Damned”. ¡Brutal!

Encaramos el final con el primer single, “Painting on the Wall”. Con una estructura y un gusto muy similar al primer tema del disco, vuelve a corroborar lo que dije de sus medios tiempo. Aquí añado, además, que los teclados  le dan una ambientación muy buena. La parte más humorística que caracterizó al grupo sale con “Save Us Now”, una coña que le hicieron a Felix, su batería. De hecho, los teclados iniciales ya dan pista, y todo lo que se respira en el tema, desde el esqueleto a los arreglos, son divertidos. Llegamos al final con el bonus track “The Devil and the Savant”, que podría estar perfectamente entre las escogidas, sin ser cara B. Los teclados sobresalen en otro medio tiempo marca de la casa.

Si tenemos en cuenta que Mandrake sale entre las dos partes de la Metal Opera y que, siguiendo la línea del grupo, va después de Theater of Salvation, tenemos que reconocer que es un auténtico pepinazo de discos, para mucho el mejor de la discografía del grupo. Es un álbum variado, muy bien escrito y con ciertos temas a los que no nos tenían acostumbrados. ¡Felicidades, mandrágora!

Xavi Prat
Sobre Xavi Prat 277 Artículos
Llevo en esto del heavy más de media vida. Helloween y Rhapsody dieron paso a Whitesnake y Eclipse, pero Kiske sigue siendo Dios. Como no sólo de música vive el hombre, la literatura, Juego de Tronos y los tatuajes cierran el círculo. Algunas personas dicen que soy el puto amo, pero habrá que preguntarles por qué.