Canciones perfectas: «Tornado of Souls» de Megadeth

Desde que nuestro compañero Jordi Tàrrega se marcara un espectacular reportaje sobre el «Bohemian Rhapsody» de Queen para inaugurar esta sección hace prácticamente dos años, hemos publicado hasta 41 canciones perfectas de todos los estilos y pelajes, pero yo me las he apañado para mantenerme aún virgen en tales lides. Me he visto tentado en más de una ocasión, no lo niego, pero la exigencia temporal que imprime la agenda de novedades, clásicos, entrevistas y conciertos (eso último, por desgracia, más antes que ahora) me impidió acabarme de decidir. Además, y aunque tengo unos cuantos candidatos en espera, ¿qué es una canción perfecta? ¿Debe ser un tema universalmente reconocido? ¿Una canción realmente especial que trascienda la propia música? ¿Una canción que, en lo personal, me ponga los pelos de punta?

A mi ambigüedad natural le cuesta afirmar según qué cosas con tal rotundidad, pero aprovechando que venía embalado tras el homenaje al trigésimo aniversario de la publicación de Rust in Peace que celebramos hoy mismo, he decidido que me voy a animar finalmente a ello. Y la elegida, cómo no, no puede que ser otra que mi canción favorita de la banda de Dave Mustaine: la impresionante «Tornado of Souls». Se trata de un tema que cumple con todas las premisas que me planteo en el primer párrafo y que me debe gustar realmente de verdad, porque a pesar de que Rust in Peace es un disco que me flipa del primer al último minuto (en mi universo personal lo colocaría fácilmente en el top diez de la historia del metal) y que Megadeth una banda que me ha acompañado desde mi tierna adolescencia, «Tornado of Souls» me brilla con especial intensidad en el mar de temazos que han llegado a acumular a lo largo de los años.

Pero la perfección, como ya he apuntado, no es algo totalmente inherente de este tema. Todo el disco que lo contiene roza un nivel espectacular, con una exuberancia compositiva e interpretativa pocas veces vista ya no en el thrash sino también en el metal en general. De principio a fin, Rust in Peace nos muestra una banda en un momento álgido y con una inspiración y una confianza envidiables. Suenan feroces, intrincados, agresivos, compactos, melódicos y accesibles. Virtudes aparentemente dispares que aún así convergen en un solo trabajo y que tienen su particular epítome en una séptima canción verdaderamente maravillosa que vamos a intentar desgranar con detalle en los próximos párrafos.

Para empezar, me ha parecido curioso descubrir que este tema tiene una duración de solamente 5 minutos y 23 segundos. Mi sensación siempre ha sido que se trata de una composición notablemente compleja y, por decirlo así, «larga», pero un vistazo a los fríos números me hace comprobar que dura tan solo ocho segundos más que «Hangar 18», otra canción magnífica pero que asumía como mucho más directa y, en consonancia, «corta». Esto es solo una anécdota, claro, y probablemente dice más aún a nuestro favor, ya que Mustaine y familia son capaces de empaquetar un montón de pasajes y energías distintas en un periodo relativamente breve de tiempo.

Líricamente, la canción habla de la rotura de Dave Mustaine con su pareja del momento, en lo que parece que fue una relación intensa, tóxica y claustrofóbica que se mira con resentimiento y se alegra de haber dejado atrás. Al igual que el resto de Rust in Peace, el sonido de esta pista es comprimido y compacto, con todos los instrumentos en su justo lugar. El abracadabrante trabajo de las guitarras destaca por encima de todo (la pareja Mustaine / Friedman no es moco de pavo), pero tanto la sección rítmica (Nick Menza es un batería maravilloso, y el siempre serio y elegante -¡y guapo!- David Ellefson actúa de pegamento para que todo suene potentísimo) como la voz viperina de Dave y los contundentes coros del otro Dave redondean una canción a la que no se me ocurre ponerle ni un solo pero.

Los primeros veinte segundos son una especie de intro que sirve para ponerte rápidamente a sitio, con un interesante riff a base de harmónicos que se completa con unos marcajes muy directos de bajo y batería para enfatizar las notas finales de cada vuelta y que acaba en un potente redoble 100% made in Nick Menza que sirve para abrir el camino hacia el riff principal. En el contexto del disco en el que nos encontramos, este riff no es particularmente complejo (está construido a base de quintas más o menos sencillas y tampoco es muy rápido), pero sí que resulta muy potente y supone una excelente base para que Dave entre con la melodía vocal de la estrofa, cuyas primeras cuatro líneas sirven para describir el momento en el que el pelirrojo vocalista llama a su ya ex-pareja para decirle que hasta aquí hemos llegado.

«This morning I made the call
The one that ends it all
Hanging up, I wanted to cry
But damm it, this well’s gone dry.»

Esta breve estrofa enlaza directamente con el bridge, cuya melodía vocal me flipa y que musicalmente encaja perfectamente tanto con la sección anterior que acabamos de escuchar como con el estribillo que está por venir. En él, Dave explica que está ya hasta las narices de la muchacha en cuestión.

«Not for the money, not for the fame
Not for the power, just no more games.»

El estribillo es igualmente maravilloso y extremadamente pegadizo, quizás uno de los mejores de la carrera de la banda. Instrumentalmente rebosa groove irresistible por todos sitios, y la línea vocal fluye con una facilidad pasmosa con la ayuda de los potentes coros de David Ellefsonb, que sirven para marcar el final de cada una de las dos primeras líneas antes de cambiar de melodía con total naturalidad en la parte final. Un pasaje insuperable en lo musical y definitivo en lo lírico, con Dave manifestando que la relación con su ex pareja era tóxica y claustrofóbica to the max.

«But now I’m safe in the eye of the tornado
I can’t replace the lies that let a thousand days go
No more living trapped inside
In her way I’ll surely die
In the eye of the tornado, blow me away.»

Una vez aquí se repite de nuevo toda la vuelta de estrofa + bridge + estribillo, en esta ocasión (excepto el estribillo, que sí que es el mismo) con una letra distinta, demostrando ahora cierto resentimiento hacia la chavala de marras.

«You’ll grow to loathe my name
You’ll hate me just the same
You won’t need your breath
And soon you’ll meet your death

Not from the years, not from the use
Not from the tears, just self abuse.»

Aquí se produce un cambio de energía y de dinámica, y en realidad ya no regresaremos más ni a la estrofa ni al estribillo. Ahora el protagonismo es para unos coros muy potentes y afirmativos que vienen enfatizados por unos berridos graves y violentos por parte del bajista David Ellefson. La letra sigue expresando rencor, celebrando el final de la relación y enviando mentalmente a la mierda a la protagonista del tema (menudo honor que te escriban un tema así, ¿verdad? La chica debía estar encantada….)

«Who’s to say what’s for me to say?
Who’s to say what’s for me to be?
Who’s to say what’s for me to do?
‘Cause a big nothing it’ll be for me.»

Tras más de dos minutos transcurridos regresamos de a la instrumentación de la intro, ahora con alguna mínima variación, pero en vez de enlazar con un riff más rápido como sucedía al principio de la canción, ahora las guitarras siguen haciendo lo mismo mientras la sección rítmica se lanza con un medio tiempo instrumental que queda sencillamente espectacular. Después de cuatro vueltas a este patrón, vuelven a dar otra vuelta de tuerca manteniendo el mismo riff a la vez que aceleran el ritmo, introduciendo una nueva sección vocal en la que Dave ve la luz al final del túnel y anhela encontrar la libertad tras esa relación opresiva.

«The land of opportunity
The golden chance for me
My future looks so bright
I think I’ve seen the light.»

Ahora el riff (que ya veis que da mucho juego) se modifica para introducir unas pequeñas variaciones y algunos interesantes y envolventes juegos con ambas guitarras que desembocan en lo que para muchos es el momento álgido de la canción: el espectacular solo de Marty Friedman, considerado unánimemente como el mejor solo de la historia de la banda y uno de los más grandes de todo el metal, así en general. La verdad es que yo no entiendo lo suficiente ni de guitarras ni de solos ni tan siquiera de música como para desgranarlo con el detalle que se merece, pero tanto el feeling como la ejecución y la excitación que genera son una puñetera pasada. Amor, babas y pañuelos al viento en honor del señor Friedman.

Como quien no quiere la cosa, el solo acaba y volvemos a la sección inmediatamente anterior, con otro cacho de letra siguiendo la misma estructura melódica que entonces pero con un ritmo ligeramente inferior (ojillo al señor Nick Menza, que se desboca totalmente en esta parte), y dónde Dave vuelve a quejarse de lo pesada que era la colega.

«Can’t say what’s on my mind
Can’t do what I really feel
In this bed I made for me
Is where I sleep, I really feel.»

Las múltiples secciones con las que cuenta la canción se suceden con pasmosa naturalidad, y una vez en este punto enlazamos ya con la última de todas ellas. Esta vez se trata de un riff muy dinámico que en su parte final cambia de tono en un recurso sencillo pero extremadamente efectivo y que sirve de fondo para una nueva estrofa, en la que Dave suelta todo su odio viperino y resentido y que acaba, casi inesperadamente, en un redoble sencillamente espectacular que pone punto y final a la canción y te deja con cara de tonto y sin ningún otro remedio que levantarte a aplaudir. Por suerte, el siguiente corte de Rust in Peace es el extraño interludio «Dawn Patrol», así que da tiempo para ello.

«I warn you of the fate
Proven true too late
Your tongue twists perverse
Come drink now of this curse
And now I fill your brain
I spin you round again
My poison fills your head
As I tuck you into bed
You feel my fingertips
You won’t forget my lips
You’ll feel my cold breath
It’s the kiss of death.»

Los singles extraídos de Rust in Peace fueron otros dos temazos que podrían perfectamente formar parte de esta sección como son «Holy Wars… The Punishment Due» y «Hangar 18», así que «Tornado of Souls» nunca llegó a tener un tratamiento individual a este nivel. Aún así, la canción ha pasado sobradamente el test del tiempo y ha tenido una presencia habitual en los repertorios de la banda desde ese lejano 1990 hasta ahora. Concretamente, según Setlist.fm, es la décima canción que han tocado más veces en directo (tercera de este disco tras los mencionados singles) con prácticamente mil interpretaciones. Como no puede ser de otra manera, cada vez que suena en directo genera un estallido de emoción entre los fans de la banda, que saben que les esperan cinco minutos y pico de absoluto despiporren.

Por cierto, como curiosidad que quizás no conocéis, el guitarrista Marty Friedman grabó una versión muy personal del tema en 2008 que probablemente hizo que Dave Mustaine se arrancara las orejas. Aunque el tema no está del todo mal y mantiene con bastante fidelidad la melodía vocal y (risas) clava el solo, en lo instrumental y en cuánto a sonido parecen dos temas completamente distintos. No me atrevería a decir que me encanta, pero sin duda merece alguna que otra escucha ni que sea por la curiosidad. Y porque Marty Friedman es uno de los mejores jodidos guitarristas que ha pisado jamás un escenario metálico.

Dicho todo esto, me gustaría complementar este artículo con la espectacular deconstrucción que el también espectacular ShaunTrack (si no lo conocéis o no lo seguís, os aconsejo muy encarecidamente que lo hagáis, ya que el tío es un auténtico monstruo) hizo de este canción, en la que podréis escuchar todos los detalles de cada una de las pistas, instrumentos y arreglos:

Y para terminar, la canción al completo en toda su exuberancia y voluptosidad. ¡Menudo temarrazo, hijos míos!

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Sobre Albert Vila 862 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.