Anton Maiden

Mártir de la red de redes

Los fans de Iron Maiden creen que mis versiones son una desgracia para Iron Maiden. Pero esa nunca fue mi intención

La posmodernidad y las nuevas tecnologías han hecho que cualquier freak pueda hacerse conocido haciendo sus monerías por la red de redes. Hay muchos, la lista es inacabable y merecería un libro, pero de entre todos ellos hubo alguien que terminó siendo víctima de todo ello. Anton Gustavsson era un quinceañero más en Suecia. Iba al instituto y en verano tenía sus trabajitos temporales para pagarse sus caprichos. Uno de ellos era completar su discografía de Iron Maiden, su banda favorita. Anton estaba en ese momento en el que sentía absoluta devoción por y para la banda de Steve Harris. Todo aquél que termina cantando los temas de sus grupos favoritos en la ducha puede comprender al bueno de Anton, pero él fue un paso más allá. Desde su PC lanzaba samplers de Maiden en versión MIDI, muy cutre, y cantaba los temas cual Bruce Dickinson (el cantante de Iron Maiden). La voz de Anton era una voz normal y corriente, pero las ganas y el ímpetu que le daba eran admirables. Sus amigos disfrutaban con sus intentos hasta el punto de que uno le sugirió de subirlas a Internet. Eso le cambiaría la vida y lo llevaría a la tumba.

LA BOLA DE NIEVE CRECE

Las versiones de los temas eran dantescas. Un auténtico horror, pero eran sumamente divertidas. El boca a oreja empezó a funcionar y en unos meses Anton Maiden era ya todo un fenómeno social. Las reacciones iban de la carcajada al insulto directo, no había término medio. Pero cuando un chaval sensible de 18 años ve que la gente le anima a continuar, y su página web no para de recibir visitas, puede por terminar de creérselo. Ese fue el caso. Incluso llegó a publicar un CD: Anton Gustavsson Tolkar Iron Maiden (1999) de forma artesanal: sólo 1000 copias. El disco es una auténtica fricada y una codiciada pieza de coleccionista. Las descargas del mismo en Internet eran masivas. Siguiendo la línea y nivel de cutrez ya trazada en los inicios, Anton pega el logo de Maiden y sustituye el “Iron” por “Anton” hecho con Times New Roman. El popular Eddie (mascota de Iron Maiden) es sustituida por su careto haciendo una horrible mueca que emerge desde un fondo rojo. Demuestra un nivel de usuario principiante con el Photoshop. El descalabro musical que suponen los temas es espectacular. Las risas y carcajadas son inevitables especialmente cuando llegan los agudos, a los cuales ni llega a acercarse.

Pero ese disco acrecentaría su éxito. Lo realmente curioso es que ninguno de sus amigos llegara a decirle: “Tío, para esto, se están riendo de ti”. Lo peor del caso es que incluso una televisión sueca llegó a hacerle un reportaje como si de una estrella se tratara. Entrevista, gente aplaudiéndole, firmas de discos e incluso al pobre le hicieron hacer una recreación del videoclip de “Run to the Hills” de Iron Maiden en el que le vemos corriendo hacia las colinas, como bien reza el título de la composición. El furor por el bueno de Anton era ya una broma global, pero dentro del heavy metal hay un notable número de gente que ni entiende ni tolera este tipo de intentos o bromas. Pronto las risas y la coña dieron paso al insulto hiriente y su web se convirtió en un espacio abierto en el que le decían de todo. En esa misma página web Anton abría su corazón y mostraba su vida. Fotos que nadie se atrevería a subir estaban allí, a la vista de todo el mundo. Su padre, su hermana, su abuela, él vestido de marinerito, vendiendo fruta en verano, con un traje de Boy Scout, con un caballo… El anonimato que permite Internet hace que cobardes digan y hagan lo que nunca harían en persona y los insultos tuvieron por objetivo a su familia. Anton no lo entendía, pero entonces se dio cuenta. El final sería digno de una tragedia griega, como cuando Édipo se arrancó los ojos. La venda cayó por fin y Gustavsson vio que el mundo se había estado cachondeando de él. La anagnórisis se manifestó.

En esos tiempos (principios del año 2000) contacté con él para hacer una entrevista, pero Anton respondió que accedía siempre y cuando no hablásemos de su personaje Anton Maiden. Algo completamente absurdo pues dudaba mucho que una entrevista a un sueco que vende fresas en verano tuviese algo de interés para los lectores. Le insistí, pero ya nunca volvió a responder. Estaba harto. Cada vez más gente iba accediendo a Internet y cada año que pasaba Anton Maiden era descubierto por nueva gente que continuaba el círculo trazado: unos reían y lo enseñaban a sus amigos y otros accedían a su página web y le insultaban directamente. Gustavsson era un tipo tímido y sensible, y el personaje que creó le perseguía allí donde iba.

Nunca sabremos si había algo más en su vida que iba mal, pero tenemos muy claro que el peso de Anton Maiden era algo que no dejaba avanzar a un chico de 23 años y que en ese momento estaba realizando estudios universitarios. Ese 31 de octubre de 2003 fue visto por última vez. Vestía una chaqueta de goretex, pantalones tejanos y botas. No le dijo a nadie donde iba. Ni una palabra a esos amigos que en su momento no pararon esa bola de nieve que estaba a punto de reventar de una vez por todas. Tras una semana de búsqueda finalmente se halló el cuerpo sin vida del joven Gustavsson. Todo indicaba que se trataba de un suicidio. Es irónico ver que su propio personaje mató a Anton, y que, habiendo mandado a la tumba a su creador, sigue campando por sus anchas en Internet para disfrute y mofa de todos. También es curioso ver que, tras tantos años de reír y reír de su trabajo, ahora que escucho las imposibles versiones de Anton Maiden, veo que no me hacen gracia alguna y sí, me sumen en una tristeza absoluta. Nunca debería haber terminado así esta historia. Anton Gustavsson tenía toda su vida por delante y entre todos le matamos.

Un abrazo y un respeto para Anton Gustavsson Heimsida. Una historia que nos debería hacer reflexionar. Que tu muerte sirva para que muchos aprendan lo que debería ser el respeto y de hacer un buen uso de él en Internet.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 154 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.