All That Remains – The Fall of Ideals: 20 años del disco que le puso apellido al metalcore

                       

Ficha técnica

Fecha de publicación: 11 de julio de 2006
Discográfica: Prosthetic Records / Razor & Tie
Componentes:
Phil Labonte – Voz
Oli Herbert – Guitarra
Mike Martin – Guitarra
Jeanne Sagan – Bajo
Shannon Lucas – Batería

Temas

1. This Calling (3:38)
2. Not Alone (3:30)
3. It Dwells in Me (3:14)
4. We Stand (3:47)
5. Whispers (I Hear Your) (3:39)
6. The Weak Willed (4:05)
7. Six (3:22)
8. Become the Catalyst (3:06)
9. The Air That I Breathe (3:34)
10. Empty Inside (3:22)
11. Indictment (3:42)

Multimedia




Un grito de nueve segundos abre este disco y, sin quererlo, funda un subgénero entero. Philip Labonte no estaba pensando en la posteridad cuando desafió a Shannon Lucas a ver cuánto aguantaba tocando doble bombo a toda velocidad: solo quería ver hasta dónde llegaba la banda. Lo que salió de ahí fue «This Calling», el tema que 20 años después sigue siendo la tarjeta de presentación de All That Remains y, de paso, el momento exacto en el que el metalcore melódico dejó de ser una promesa de Massachusetts para convertirse en un idioma que hablaría media escena durante la década siguiente.

El contexto importa. Massachusetts llevaba años cocinando esta fórmula gracias a Killswitch Engage y compañía, y no es casualidad que fuera Adam Dutkiewicz quien se sentara detrás de la mesa de producción en los Zing Studios de Westfield. Con Peter Wichers, de Soilwork, encargado de la ingeniería, el disco tenía todos los ingredientes para sonar como el eslabón que unía el death melódico escandinavo con el hardcore norteamericano. Y sonó exactamente así. Fue además un disco de transiciones internas: la banda dejaba atrás la brutalidad de sus dos primeros álbumes, debutaba con Jeanne Sagan al bajo y grababa el único registro de estudio con Shannon Lucas a la batería, que se marcharía a The Black Dahlia Murder nada más terminar la gira.

Musicalmente, el disco funciona porque entiende que el breakdown no es un recurso, es una puntuación. Oli Herbert, autor de la mayoría del material, construye riffs que beben tanto de Iron Maiden como de la escuela melódica sueca, y Labonte demuestra un registro vocal que va del grito grindcore al canto limpio sin que se note la costura. «This Calling» tuvo, además, una vida propia fuera del disco: encabezó la banda sonora de Saw III (2006), apareció también en Masters of Horror II (2006)y acabó como contenido descargable para Rock Band (2006). Pocas canciones de metalcore han colonizado tantos formatos ajenos a la escena.

El resto de temas sostiene el nivel sin apenas bajones. «Not Alone» y «The Air That I Breathe» funcionan como los otros dos sencillos, con estribillos que Labonte ha reconocido que nacieron de un momento vital optimista, casi ingenuo si se compara con la negrura de discos anteriores. «Six» es el corte donde el melodeath toma el control casi por completo, con un solo que todavía hoy aparece en las listas de mejores solos del género, y que además se coló en Guitar Hero II (2006), otro síntoma de hasta qué punto este disco se filtró en la cultura popular de mediados de los 2000. «The Weak Willed» y «Become the Catalyst» cierran el bloque más agresivo, mientras que «Whispers (I Hear Your)» demuestra que la banda también sabía construir un puente melódico sin sonar a relleno.

Lo que distingue a The Fall of Ideals de la avalancha de discos de Ozzfest de aquella temporada es que no suena a fórmula aplicada, suena a fórmula descubierta en tiempo real. Ahí está su gran mérito y también su techo: cuando la estructura verso-grito-estribillo-solo-breakdown se repite canción tras canción, el oyente exigente empieza a notar las costuras. No es un disco perfecto, es un disco eficaz, y esa eficacia es la que lo convirtió en oro certificado en Estados Unidos y en referencia obligada en cualquier lista de discos esenciales del metalcore, desde Revolver hasta Ultimate Guitar.

Hablar hoy de este disco obliga también a hablar de quien lo canta. Philip Labonte lleva más de una década construyendo un perfil público que poco tiene que ver con la juventud optimista que describía en las entrevistas que concedía ahce ahora dos décadas. Se declara libertario, ha defendido el derecho a portar armas y la legalización del cannabis, ha criticado el intervencionismo militar estadounidense y ha respaldado a candidatos como Ron Paul, Rand Paul y, más recientemente, Donald Trump, llegando a celebrar en redes el intento de asesinato contra el ex presidente con un entusiasmo que generó bastante polémica. Es colaborador habitual del podcast de Tim Pool y ha hecho declaraciones abiertamente antifeministas. Nada de esto cambia una sola nota de The Fall of Ideals, pero sí complica la relación de una parte de su público con la banda, y sería deshonesto ignorarlo en una pieza que celebra su legado 20 años después.

Lo que queda, pasado el ruido de la actualidad, es un disco que enseñó a toda una generación de bandas cómo gritar y cantar en la misma frase sin que sonara a truco de feria. 20 años no han desgastado ese hallazgo. Lo han vuelto canon.

Sobre Rubén de Haro 855 artículos
Antropólogo cultural autoproclamado y operador de campo en las zonas de fricción de la escena sonora. Nací —metafóricamente— en la confluencia de tres vectores: la melancolía pluvial de Seattle, la sobredosis hormonal del Sunset Boulevard y la viscosidad pantanosa de Louisiana. Pasada esa triada por el tamiz cartográfico, el punto de colapso cae en algún lugar absurdo entre Wyoming, Dakota del Sur y Nebraska, territorios que mantengo bajo cuarentena estricta por instinto puro y una superstición perfectamente razonada. Mi método crítico no tiene misterio: la presencia de guitarras, distorsión o una voz que empuje constituyen criterio diagnóstico suficiente. No ofrezco coherencia sentimental ni zonas seguras. Ofrezco honestidad estética, que es lo único que no se puede fingir sin que se note. Evalúo el presente porque el pasado ya tiene quien lo custodie. Me interesa lo que todavía no ha roto nada... y lo que está a punto de hacerlo.