Crónica y fotos del concierto de Steve Vai + Nicolas Meier World Group - Teatre Tívoli (Barcelona), 19 de julio de 2022

Un agradecido Steve Vai nos regala dos horas y cuarto de magia en Barcelona

Datos del Concierto

Bandas:
Steve Vai + Nicolas Meier World Group
 
Fecha: 19 de julio de 2022
Lugar: Teatre Tívoli (Barcelona)
Promotora: The Project / Guitar BCN
Asistencia aproximada: 1.604 (Sold Out) personas

Fotos

Fotos por Manu Damea

Hubo un tiempo en el que aborrecía a los súperguitarristas instrumentales corre-mástiles tipo Malmsteen, Satriani o el propio Vai, pero con la edad, uno va cambiando sus gustos (un poquito) y abarca otros ámbitos musicales. Con Vai sucedió que tuve el inmenso privilegio de poderle entrevistar, y claro, eso también hace mucho para que puedas acercarte al personaje. Por un lado, lo estudias a fondo antes de la entrevista, te empapas del nuevo disco y luego resulta que la intreviu fue una de esas que nunca olvidas. Vai es un todo un caballero, y nos lo demostró con creces.

Steve Vai sabe que el tiempo pasa, que ha estado sin girar seis años y que no ve muy claro eso de volver a girar a nivel mundial otra vez. Pero la vida da muchas vueltas… y ha disfrutado muy especialmente esta gira europea, que se cerraba precisamente en Barcelona. Eso hizo que el concierto fuera realmente especial, desde el precioso emplazamiento del Tívoli barcelonés a un final en el que se prodigó.

Nicolas Meier World Group

Algo falló en la comunicación puesto que en ningún momento llegué a ver que había teloneros. También le sucedió a mis compañeros periodistas y a nuestro bienamado fotógrafo Manu Damea. Resultó ser un trío instrumental étnico-progresivo de raíces orientales llamado Nicolas Meier World Group que dejó patente su inmensa calidad en las dos canciones que pude ver. Agradecieron a Vai y a toda la crew esos 11 conciertos juntos.

Un bajo con infinidad de cuerdas, una guitarra acústica y un percusionista armado con djembé, cajón y campanillas para dar forma a unos temas que crecen de forma orgánica, muy intrincados, complejos, pero con belleza y mucha técnica. Lástima no haberles podido disfrutar desde el inicio.

Steve Vai se muestra “más agradecido que Rosendo” en su fin de gira europea

El Teatre Tívoli estaba lleno hasta casi la bandera. Me hizo especialmente ilusión el poder ver que este gran guitarrista podía llenar un recinto que suele ofrecer grandes obras de teatro. Suena la guitarra y va entrando el grupo, formado por Dave Weiner en guitarra y teclados, Philip Bynoe al bajo y Jeremy Colson a la batería, luego apareció el divo entre aplausos y vítores. Frente a un mar de pedaleras y con un chaleco rojo aportó una intro que se fundió en “Avalancha”, excelente canción que toma nombre de uno de los caballos de su esposa (y no es la única canción que toma nombre de un equino familiar).

Luces azules en los focos a juego con las del mástil de su guitarra para “Giant Balls of Gold” y muchísima clase a la hora de acariciar el instrumento. En primera instancia ves que el tiempo ha pasado y que parece que sus movimientos no sean especialmente ágiles, pero a medida que avanza en concierto, vas viendo que sigue siendo el de siempre. Toca destacar especialmente la enorme pegada y técnica de Colson, tatuado, descamisado y con cresta. Weiner lució sombrero y gafas de sol combinando teclados y guitarras en “Little Pretty” a la vez que de fondo iban apareciendo imágenes para ponernos en situación.

Cada final de canción era recibido con una rotunda ovación y los cambios de guitarra fueron constantes. Luces verdes y Vai hace el primer parlamento recordándonos que era su primer tour en seis años, 34 fechas que empezaron en Glasgow y terminaban en Barcelona, a la vez que presentaba al grupo y lucía su clásica guitarra blanca Ibanez PIA3761 SLW. Nos prometió algo suave y eso era “Tender Surrender”. Es impresionante ver el partido que le saca al instrumento y lo bien que lo acompaña el resto del grupo, que no se corta en los lucimientos técnicos.

En “Lights Are On” hay un tempo mucho más rápido en el que incluye un pique entre él y el bajista Philip Bynoe, con sus rastas. Pero si te fijabas, Colson acompañaba el solo, así que era guitarra contra la base rítmica. La cosa pasó luego a otro duelo entre guitarras y el moreno bajista terminó haciendo un solo de bajo, que a su vez, terminaría empalmado con un solazo doblado de guitarras con Vai y Weiner en primera línea. Espectacular nivel técnico y destreza dactilar de todo el conjunto.

Eché de menos dos temas del nuevo disco: “Knappsack” y “Teeth of the Hydra” así como alguna de sus nuevas guitarras que le ha preparado Ibanez, pero parece que no quiere lucir ni carretear “trastos” de gira. Una de las canciones que más brillan en su nuevo disco es “Candlepower”, y los focos estuvieron a juego de los colores de su guitarra negra, verde y blanca. Luego tiempo para que Weiner tocara su solo de guitarra, ataviado con camisa hawaiana. Los solos del resto de músicos no son muy largos y un poco dan para que veas que tienes que ostentar un alto nivel técnico para estar junto a Vai.

Tras un “Muchas gracias” atacó Vai el tapping de entrada de “Building the Church” con la guitarra de luces e infinitos juegos de pedalera. Momento muy especial en “Greenish Blues” con luces verdes y amarillas. No está mal este blues tan personal nacido de las pruebas de sonido de la anterior gira. Luego se intercalaron en pantalla las imágenes de Steve Vai en la película Crossroads en la que hacía de diablo en el duelo de guitarristas, contra Ralph Macchio. Era momento para el groove caballuno de “Bad Horsie”, siendo de lo más pesado de la velada. Para ese tema eligió la guitarra negra.

“I’m Becoming”, con imágenes de embriones y placentas le dejó solo en el escenario y precedió uno de los grandes momentos de la noche: “Whispering a Prayer”, con ese riff tan reconocible que arrancó aplausos desde el fondo de la platea contagiándolos al resto del teatro. Aquí vimos a ese Vai capaz de jugar como nadie con el sonido, los volúmenes y los ecos. Parece que mande el sonido arriba y abajo, a derecha y a izquierda y… lo mejor de todo: hace que la guitarra ría y que hable. En eso no tiene igual…

En “Dyin’ Day” se acompaña de flores naciendo y creciendo en pantalla. En el fondo, por imágenes, títulos de las canciones y colgantes que lleva, puedes ver que Vai es un ser absolutamente espiritual. Es entonces cuando Jeremy Colson tiene su momento y convierte su kit y el teatro en un jardín de juegos. En su solo de batería se acompaña de las palmas del público y luce músculo y pegada. En el momento de las sirenas de policía los focos azul y rojo aparecen en un solo espectacular, aunque breve. Merecida ovación por parte del respetable.

Seguiría el grupo con “Zeus in Chains”, otra canción con nombre de caballo de su mujer Pia. Aquí ya luce una guitarra con lentejuelas, aunque también Dave Weiner lució hasta tres guitarras (que pude ver, pues el palco es bastante incómodo). “Si conocéis esta canción la podéis cantar”, buena forma de presentarnos la eterna “Liberty”, que dará paso a la mítica “For the Love of God”, sin duda, el gran momentazo de la noche.

Hubo un parlamento anterior y Steve presentó a un miembro de la crew: Dani G., un asturiano que tiene grupo y que cantó a medias con la guitarra de Vai y con voz operística. Quedó muy original y justo en ese momento apareció un hombre de negro para grabar esa especie de fin de fiesta de toda la gira. Después de la barbaridad solista de esta maravillosa composición el público se puso de pie entre aplausos esperando el bis.

Volvió a salir nuestro héroe vistiendo una gorra y visiblemente emocionado. Buenas palabras para el precioso local, para su equipo, para la banda y agradeció a todos y cada uno de los miembros que la formaban. Agradeció a su hijo y asistente personal e incluso a él mismo… De verdad que la gira ha sido un quebradero de cabeza, pero a diferencia de Satriani, Vai la ha hecho, con todos los problemas que eso representaba. La verdad es que estaba exultante… Y entonces dijo: “¡Una más!”: “Fire Garden Suite IV – Taurus Bulba”.

Se regaló en el solo bajando por la platea justo en el momento en el que la gente perdió la vergüenza, hasta punto de que algunos le tocaban la palanca de su preciosa Ibanez blanca. Lo que nadie esperaba es que le diera la guitarra a un muchacho del público y que éste subiese al escenario siguiendo el solazo del tema. Espectacular… Recuperó las seis cuerdas al tiempo que su vástago bajaba y ya tenía toda la gente agolpada en el escenario, nadie estaba sentado a esas alturas. Ese excesivo final tuvo momentos en los que volvió a hacer que su guitarra soltara risas, sonando más como un theremin que como una guitarra.

Aplaudimos a rabiar mientras el Dios nos decía que “Dios nos bendijese” señalando a todos los rincones del teatro para mostrar su inmenso agradecimiento a todos los que allí estábamos. Impresionante… Dos horas y cuarto de espectáculo instrumental de primer nivel. Siempre creí que no aguantaría conciertos de guitarristas tan largos, pero Steve Vai es otro nivel. Era mi primera experiencia con él, y a poco que pueda, repetiré. En un momento de la noche dejó abierta la opción de volver en 2023, así que… podría ser.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 1051 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.