The Sweet: Piruletas y chupas de cuero

“Creo que en los primeros años éramos un poco como gallinas sin cabeza. No había ningún plan establecido, y teníamos un disco exitoso, a la vez que girábamos sonando un poco como Deep Purple, ¡mientras que nuestro hit sonaba a The Archies!” (Andy Scott)

David Bowie, Jobriath, T. Rex, Gary Glitter, Slade… hay muchas grandes bandas de glam rock; pero si una hay a recuperar y a reivindicar, ésta serían los británicos The Sweet. Estribillos dulces hasta decir basta, edulcorados y azucarados hasta lo empalagoso, pero con una magia y una imagen que son recordadas con cariño y admiración. Los críticos siempre dijeron de ellos que no eran músicos serios y que eran una mera marioneta de sus productores, pero la perspectiva del tiempo ha demostrado que estaban equivocados.

Del pop chicle pasaron al glam, y de éste, al hard rock, facturando auténticas obras maestras. En su periodo glam su bajista se atrevió a aparecer por televisión vestido de nazi con esvástica incluida. Han quedado como unos grandes desconocidos, pero hoy en día son decenas de grandes bandas las que han hecho versiones de sus clásicos. Tampoco hay que olvidar que en los 70 llegaron a encaramarse a lo alto de las listas de Inglaterra y Estados Unidos.

Trayectoria

En una de las formaciones embrionarias de The Sweet de finales de los 60, Wainwright’s Gentlemen, llegamos a encontrar la presencia de todo un Ian Gillan (la gran voz de Deep Purple). Pero finalmente la formación irrumpe a finales de la década de los 60 liderada por un vocalista escocés excepcional llamado Brian Connolly, juntamente con Steve Priest y Mick Tucker.

Primero se harían llamar The Sweet Shop. Tras varios cambios de formación recalaría el guitarrista Andy Scott en sus filas. La cosa empezaba a funcionar y los caramelos que componían por temas empezarían a evolucionar gracias a la intervención de un par de productores muy especiales que, en los 70, firmarían excelentes composiciones y estarían detrás del éxito de muchas bandas. Fueron conocidos por el binomio de ChinnChapman, los auténticos mentores y causantes de que la banda pareciera una tienda de chuches ambulantes.

A ellos hay que sumarle la sabia batuta de Wainman, otro nombre importante del universo Sweet. Si buscamos un referente anterior a su estilo almibarado podríamos trazar una línea de conexión con los Archies, creadores de esa golosina con extra de azúcar llamada “Sugar, Sugar”. Cierto, los inicios de estos ingleses fueron tan engominolados que muchas de sus composiciones directamente son odiosas y hasta incomprensibles a ojos y oídos de muchos críticos. Estribillos como los de “Funny, Funny” (el primero de sus éxitos), “Co, Co” o “Lollypop Man” penetran en el cerebro y se repiten en tu mente hasta el infinito y más allá. “Alexander Graham Bell” es otra exquisita, a pesar de que sorprende que se inspiraran en el creador del teléfono.

La fiesta no decae en “Poppa Joe”, tema que indaga en el calipso y que cuenta con un videoclip con bailadores de limbo jamaicanos. El tiempo ha hecho que lancemos sonoras carcajadas ante las bragas de esparto de la bailarina, pero hay en su visionado un encanto kitsch que te atrapa. Todos esos temas están excelentemente trabajados, contienen unos juegos vocales exquisitos, pero hartan más que un plato de garrapiñadas.

Si alguna vez alguien tiene fiebres altas y se le engancha uno de sus melosos estribillos, cuidado… esas canciones pueden llegar a freírte el cerebelo. Destacaría también la banda por el formidable uso de los agudos, y de hecho, serían una clarísima influencia para los coros de Queen. Son muchos los que piensan, acertadamente, que gran parte de la inspiración de los monumentales Queen de los 70 estaba en The Sweet.

Renegando del chicle

La banda propondría al dueto de productores mezclar esos pomposos estribillos con guitarras más pesadas, al estilo The Who, e incluso yendo algo más allá. The Sweet vivirían entonces su época dorada en la que crearían sus mayores himnos, unos hitos que incomprensiblemente la historia ha ido dejando de lado, a pesar que año tras año, aparecen grandes y exitosas bandas que las mencionan y les versionan.

Pero las tensiones entre Chinn-Chapman y la banda iban en aumento. Los productores solían traer a diferentes músicos de sesión para completar a escondidas los temas, y seguían apostando por el “Bubblegum Pop”. Por su lado, la banda, se creía absolutamente competente de grabar esas composiciones más fuertes, y el lado oscuro del rock endurecido les llamaba. Pasarían pues la curiosa fase de “chicle-clavo”: Cara A del single correspondía a un tema pop para adolescentes, y la B, era un tema de rock endurecido. Difícil coexistencia de ambos mundos e incomprensión generalizada por parte de fans y detractores, pues unos odiaban sus caras A y amaban las B y viceversa.

Rematando esta situación inaguantable, en sus directos se les veía liberados de la sombra alargada de sus productores azucarados, y se centraban en su repertorio B, además de tocar varios clásicos del rock ‘n’ roll. Cuenta la historia que “Wig Wam Bam” (un cuento de amor sobre indios americanos) de 1973, es la primera vez que la banda es capaz de grabar un tema propio, sin Chinn-Chapman y de tocarlo entero, mostrando un sonido más endurecido respecto a lo grabado hasta la fecha.

Pero el tema en mayúsculas es “Ballroom Blitz”, compuesto, curiosamente, por Chinn-Chapman, una oda a la diversión y al baile, con una intro mítica a batería y el cantante preguntando al grupo si están preparados para rockear. El tema es absolutamente imprescindible y muestra perfectamente las características de la banda, pues las abarca todas. Melodías golosas, estribillos perfectos, coros esquizofrénicos, poses amaneradas y ambiguas, guitarras y una contundencia que se avanza a la posterior década del hard rock y el hair metal. El videoclip mostraría a la banda disfrazada con Steve Priest vestido de vampiro a lo “Rocky Horror Picture Show”. En esos tiempos encadenarían varios singles de éxito y su madurez compositiva les llevaría hasta el número uno de las listas británicas con “Block Buster”. Pero hay más, “Teenage Rampage” y “Hell Raiser” demostrarían que son la antesala del hard rock.

Auténticos trallazos melódicos y accesibles con montones de coros sobreproducidos y riffs cortantes que parecen aplastar a la fábrica de chicles y decirle al mundo que, The Sweet, ya no volverá a vestir pantalones cortos, que el fin de su eterna infancia había llegado a su punto y las chupas de cuero cruzadas llamaban a su puerta. No se podía jugar en la liga de Bowie, T-Rex y Gary Glitter con composiciones como “Little Willie”.

Su ruta por las televisiones hizo que la banda explotara su faceta glam hasta la última de las consecuencias. Valía la pena, pues iban a aparecer en programas en franjas de máxima audiencia. Steve Priest provocó a toda la Pérfida Albión apareciendo vestido con un uniforme nazi y con una esvástica en el brazo. Este truco sería apropiado luego por las bandas de punk.

Su travestismo, la sensualidad que desprendían y las reacciones dementes de legiones de adolescentes, les comportó duras críticas, siendo censurados en más de una ocasión. El hecho de que el mundo les vea como una banda de singles para niños adolescentes, y unas marionetas de Chinn y Chapman, hace que no consigan que nadie les tome realmente en serio. Encima, sus discos editados, naufragan en las listas de ventas. Tocaba tomar decisiones drásticas. En 1974 la banda decide que hay que hacer cambios, así que les dan con la puerta en las narices a ChinnChapman, que evidentemente se meterían en otros muchos fregados apasionantes, y decidirían optar por ir abandonando la imagen glamurosa.

Pero la suerte estuvo esquiva en su siguiente disco, pues Connolly padecería una “intrigante” afección de garganta. Posteriormente se supo que el vocalista había estado envuelto en una reyerta en Londres y que su garganta había salido muy mal parada. Su gira por Estados Unidos tras el éxito de “Fox on the Run” quedaba cancelada. Lo que podría haber sido un enorme problema para cualquier otro grupo, no lo fue para los rebautizaos como Sweet (sin el artículo “The”). Todos ellos cantaban de maravilla muy pesar de que Connolly era mucho Connolly.

Le llevaría al rubio cantante más de un año de recuperación, y para muchos, ese incidente marcó un antes y un después en la carrera del músico. Posteriormente la banda volvería a contar con Chinn como productor, pero su endurecido estilo y algunas de sus letras toparían otra vez con la censura. El éxito les volvería a visitar con la mil veces versionada “Action”, otro de sus cortes más emblemáticos.
A partir de 1975 la cosa ya nunca volvería a ser como antes. Visitarían lo alto de las listas en contadas ocasiones y parte de su magia ya se había esfumado para siempre.

Orientarían sus pasos hacia la Electric Light Orchestra y a Led Zeppelin. Algunos de los amantes del pop coinciden en opinar que esa es la gran etapa de la banda, en plena madurez compositiva y marcada especialmente por ese enorme single titulado “Love Is Like Oxygen” (1979), pero nada, las cosas nunca serían como antes. Brian Connolly había decidido abandonar la nave e intentar su carrera en solitario ese mismo 1979.

Los vicios del escocés precipitaron su salida debido a una sucesión de directos lamentables. En 1982 sufriría un ataque cardíaco que le dejaría tocado de por vida. La leyenda dice que The Sweet tentarían nada más y nada menos que a Ronnie James Dio para sustituir a Connolly, pero como la banda (lo que queda), llevaría luego décadas peleada, es casi imposible llegar a saber si fue verdad. Cut Above the Rest sería el disco ya con el grupo en formato trío. Finalmente, la audiencia les dio la espalda y se separaron en 1982. Reuniéndose para shows puntuales.

Lo que queda…

Brian Connolly murió en 1997 de un ataque al corazón provocado por su alcoholismo. Mick Tucker murió en 2002, víctima de la leucemia. Actualmente existen dos versiones de los Sweet. Por un lado, coexistieron los Andy Scott’s Sweet y por el otro la versión de Steve Priest’s Sweet, y ambos parecían enfrentados y difícilmente reconciliables. Steve Priest murió en 2020.

Los primeros giraban por Europa y los otros por Estados Unidos. A pesar de la calidad de todos sus temas la versión de Scott tiraba en sus directos de coros pregrabados, pues es casi imposible conseguirlos en vivo. A finales de los 80 Andy Scott llegó a contar con bailarinas en topless para amenizar sus conciertos. Algo que es a todas luces innecesario para una banda como The Sweet. Bandas como Def Leppard, Girlschool o Bella Bestia han versionado muchos de sus clásicos y como comenta Nikki Sixx en su biografía, Brian Connolly siempre fue uno de sus héroes absolutos. Hasta el punto de perseguirlo infructuosamente para que escuchara sus primeras grabaciones con Mötley Crüe.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 940 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.