The Cramps: La banda más cool de la historia

Sobre si nuestras ropas de directo son hechas a medida por sastres o si las encontramos en rastrillos de oferta… te diría que medio y medio. Todo depende de si encontramos algo realmente cool, otras veces nos hacemos cosas a medida. Trabajamos en ambas vertientes…” (Lux Interior)

La historia de The Cramps es una bonita historia de amor entre Lux Interior y Poison Ivy. Se conocieron en 1973 en la Universidad de Sacramento cuando empezaron un curso de “Arte y Chamanismo” y entre ellos surgió un amor que fue más allá del romanticismo y duró hasta que la muerte les separó. Sus gustos musicales eran idénticos, así que pronto hubo la voluntad, por parte de ambos, de crear una banda realmente especial: The Cramps. Un grupo que reactualizó el rock and roll clásicocon un toque garagey a la velocidad del punk. Inventarían un estilo posteriormente llamado psychobilly, pero también el horror rock por sus muchas temáticas oscuras. El grupo pasó por incontables cambios de formación, pero la pareja siempre formó el núcleo duro e indivisible. Nunca vendieron millones de discos ni consiguieron el reconocimiento de la escena más mediática, pero su leyenda y sus hitos hablan por si solos. El binomio siempre guardó celosamente su intimidad y destacaba por un amplio conocimiento cultural pop en lo que se refiere a literatura, cine y televisión. Todas las formas de arte eran tocadas y admiradas por ellos aparte de la música. The Cramps era su proyecto vital y era puro arte. Así que cualquier posible manager que intentase tomar las riendas de la banda… podía olvidarse. Eso era sólo terreno reservado para Lux e Ivy, y así lo fue hasta el final.

Trayectoria

Posiblemente mucho tuvo que ver que la banda empezara su carrera en un pequeño apartamento de Nueva York a finales de los 70, sin apenas luz natural ni ventilación. La luz proyectada por un viejo televisor que emitía viejos programas de la década de los 70 les servía al grupo como motivación y luz necesaria para atacar su particular, enfermizo y visionario rock deudor de las décadas de los 50 y 60. Pop, punk, garage, surf, psicodelia… todo tenía su espacio a la vez que la escena neoyorkina empezaba a dedicarse hacia el punk y el hardcore más visceral. Ellos preferían optar por indagar en las raíces primigenias del rock, iluminados por las cambiantes luces de su televisor. Películas de serie B, cómics de terror, tacones de aguja, fetichismo sexy… todo aquello empezó a formar parte del universo Cramps.

En 1979 aparecen bajo el sello IRS Records sus primeros singles en forma de EP. Su primera obra como tal ve la luz en 1980: Songs that Lord Taught Us. Una excepcional colección de riffs de rockabilly, muy frescos y grabados en el inspirador estudio de Sam Phillips en Memphis, dónde el rock and roll empezó a legarnos sus primeros pasos. Destacan temas como “TV Set” en el que se narra la historia de un psicótico que mata a su novia. Los aullidos de lobo de Lux Interior marcaron una época, unidas a la guitarra punk de Posion Ivy. “I Was a Teenage Werewolf” y “The Mad Daddy” nos muestran la frescura de ese material enfermizo que hizo que la prensa les elogiara. Desgraciadamente las cosas en el seno de la banda no marchaban bien, y en esa misma gira el guitarrista Bryan Gregory huía con la camioneta y todo el equipo. El robo le sirvió para pagarse sus caras adicciones y nunca más se supo de él. Habían reinventado todo el rock primerizo y clásico pese a que rehuían de la etiqueta rockabilly. Los problemas con su antiguo sello hacen que el grupo no pueda sacar su nuevo disco hasta 1983. Al parecer, IRS Records, no les pagaba los royalties de las ventas. Smell of Female es el nombre elegido para ese segundo disco. La banda siguió editando discos como …Off the Bone (1983) y Bad Music for Bad People (1984), labrándose una gran reputación a base de unos conciertos espectaculares en los que destacaba la imagen de Lux e Ivy, así como sus locuras escénicas. En 1986 consiguen contrato con Big Beat, y se hacen con los servicios de la bajista Candy del Mar sacando el genial A Date with Elvis. Del Mar también poseía un look sexy y su postura de desgana mientras tocaba y mascaba chicle cautivaron a sus fans. La espectacular “Can your Pussy Do the Dog” pasa a ser todo un clásico y asoma en las listas inglesas. En 1990 la banda graba el que quizá sea su disco más reconocido: Stay Sick!. El reconocimiento les llega en 1994 cuando la multinacional Warner les ficha para su escudería. Flame Job sería el resultado y las puertas del mainstream les llevaron a aparecer en un capítulo de la conocida serie adolescente Beverly Hills, 90210. Para muchos ese fue un importante paso en falso, pero para otros muchos de sus fans era un querer sorprender a sus seguidores, algo inesperado. Lux padeció en esa época unos importantes problemas de cadera, así que tuvo que rebajar su actividad ciclónica en escena y mostrarse más comedido.

El 2001 amanece con el 25 aniversario desde la formación de los Cramps y en 2003 graban el disco Fiends in Dope Island, su último disco de estudio a pesar de que aparecerían también discos recopilatorios y de rarezas varias. En 2009, para sorpresa de todo el mundo, fallece Lux Interior por complicaciones cardíacas. En más de una ocasión había corrido el rumor de que Lux había fallecido, pero esta vez era todo real. Según rezaba su web, “Lux estuvo peleando por la vida durante cuatro largos días”. Tenía ya 62 años de edad, pero sus descargas en directo seguían siendo espectaculares. La última formación de los Cramps incluía a Sean Yseult al bajo, famosa por formar parte de White Zombie y posteriormente en Rock City Morgue. En el momento de la muerte el grupo planificaba una gira con los habituales Kid Congo y Harry Drumdini en la que sólo tocarían material de sus primeros dos discos.

El día que Popular 1 entró en casa de The Cramps

En 2001 abrieron sus puertas a la prensa hispana y el gran César Martín de Popular 1pudo pasar 24 horas en la vida del grupo en uno de esos números de coleccionista para todo fan de esa revista. Fotos de su intimidad y momentos de relax en los que puedes ver cómo era su día a día. Tenían el local de ensayo en el sótano de su casa y su coleccionismo de todo material freak bordeaba el síndrome de Diógenes pero en objetos cool. Su ropa, sus cosas, sus fetiches, sus coches… todo lo que había en esa casa era asombroso, una especie de parque de atracciones para cualquier rockero. Lux se dedicaba en esos días al hobby de la fotografía en tres dimensiones y había ganado varios concursos de fotografía por todo el mundo. Impresionaba ver los retratos que les regaló John Wayne Gacy, uno de los más tristemente célebres asesinos en serie de Estados Unidos. A pesar de su aura y gusto por lo siniestro ellos nunca fueron unos obsesos del morbo y lo sangriento. Vi siempre en ellos la búsqueda de lo sexy en lo morboso y sangriento y la estética cool del lado oscuro.

Sus directos

Los conciertos de The Cramps eran siempre una fiesta imprevisible. Estéticamente eran impactantes y sus ropajes eran cautivadores. Lux vestía con sus habituales tacones y Poison Ivy con sus ropas sexys. El fondo de armario de Lux Interior era tan profundo y poderoso como el de su amada y su particularísima figura siempre destacaba sonriendo con sus dientes de oro. Era algo desgarbado y muy alto y le gustaban los pantalones de cuero de tiro bajo. Solía tocar con el pecho descubierto, pero también con monos de látex rojo que le estilizaban la figura. Muchas veces se tragaba su propio micro y realizaba posturas y equilibrios imposibles. Lux rompía botellas en escena, bebía vino del zapato de Ivy o se quedaba con su tanga negro. Sus aullidos lobunos siempre serán una de sus señas de identidad del grupo, de un banda realmente especial y querida. Nunca vendieron millones de discos pero el respeto que gozan de toda la industria es unánime. Poco se sabe de Ivy pues dejó el negocio tras el fallecimiento de Lux.

Jordi Tàrrega
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Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.