Sodom – Agent Orange: 30 años de uno de los pilares indiscutibles del thrash alemán

Ficha técnica

Publicado el 1 de junio de 1989
Discográfica: SPV GmbH
 
Componentes:
Tom Angelripper - Voz, bajo
Frank Blackfire - Guitarra
Chris Witchhunter - Batería

Temas

1. Agent Orange (6:04)
2. Tired and Red (5:26)
3. Incest (4:40)
4. Remember the Fallen (4:21)
5. Magic Dragon (6:00)
6. Exhibition Bout (3:36)
7. Ausgebombt (3:05)
8. Baptism of Fire (4:04)

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Aunque a esas alturas los alemanes Sodom ya llevaban sus buenos años dando guerra en la escena extrema europea, siendo incluso considerados (¡y con justicia!) como uno de los grandes percursores del black metal gracias a trallazos sucios, brutos y agresivos como In the Sign of Evil u Obsessed by Cruelty, este Agent Orange es, quizás, el disco más conocido de toda su carrera. Y mi sensación es que quizás eso se debe más una cuestión de circunstancias temporales que no de calidad estricta. No digo en absoluto que este álbum no sea bueno, que lo es, y de hecho tiene unos cuantos temas que se cuentan como entre los más brillantes de su catálogo, pero el hecho de coincidir con el primer gran auge de Kreator (ese mismo año se publicó Extreme Aggression, por ejemplo, el disco que los hizo explotar definitivamente y que los llevó incluso a la rotación habitual de la MTV) y, en consecuencia, del thrash metal teutón, me temo que ayudó mucho a su visibilizacíón.

No sé si fue aprovechando eso que Sodom se apartaron un poquito de lo que venían haciendo hasta entonces y se apuntaron con más convencimiento al carro del thrash alemán (en realidad esa mutación empezó a ocurrir en su anterior Persecution Mania). No es que bajen de revoluciones o renuncien a la brutal agresividad que los había acompañado y había su santo y seña desde su formación en 1982, pero es innegable que el sonido aquí es bastante más limpio y cuidado de lo que había sido nunca antes. De ser unos Motörhead embrutecidos que hacían proto-back metal y que no tenían ni un ápice de Bay Area en su sonido se convirtieron una «una banda más» (y no eso no lo digo como algo negativo, ojo) de thrash metal europeo, un estilo con el que los hemos asociado siempre desde entonces a pesar de que ellos han devaneado con varios géneros (empezando por el death) en su vasta producción discográfica posterior.

Ya sé que estais acostumbrados, amados y fieles lectores, a que en este tipo de artículos os meta unas chapas inmensas sobre como tal o cual disco entró en mi vida, qué significó para mi inocente y voluble yo adolescente y todas esas cosas, pero la verdad es que aquí no tengo demasiado que contar: Agent Orange llegó a mí en forma de cinta grabada y no fue nunca disco que escuchara a menudo. Es cierto que éste y Masquerade in Blood (que salió cuando yo estaba más metido en eso del thrash) fueron los que más me trillé, pero nunca tuvieron un lugar especialmente destacado en mi mundo, y no ha sido hasta más adelante que los he redescubierto de verdad (tanto a los discos como a la banda) y he entendido y valorado su relevancia en la evolución de la música extrema en Europa.

Muchos puristas sitúan a Persecution Mania (otro gran trabajo, no lo niego) como la obra cumbre de las huestes del eterno Tom Angelripper, pero a mí, sin ser un experto, este Agent Orange siempre me ha gustado más y me ha parecido más redondo y menos atropellado. Y ojo que también está lejos de ser un disco de diez, eh. Hay temas que molan mucho y que se cuentan entre sus grandes «hits», pero tampoco está exento de relleno o, por decirlo, mejor, de cortes tirando a insulsos. Por ello quizás Sodom nunca han llegado a ser una banda TAN importante en mi vida, porque a pesar de que estan y siempre han estado bien, de que su influencia es mayúscula (incluso más de lo que se les reconoce, probablemente) ninguno de sus discos me parece lo suficientemente espectacular como para ponerlo en un pedestal y escucharlo una vez tras otra.

Pero vamos allá. Así como ya hemos quedado que este disco es el más conocido de su carrera, también podríamos decir que el tema que le dá título es quizás el más conocido de este disco. Y la verdad es que no le faltan motivos para justificar su fama: tanto la intro como el vacilón riff inicial son ya icónicos y tienen mucho gancho, y una vez puestos en situación la canción se torna agresiva y frenética como ninguna, con la voz totalmente amelódica de Tom escupiendo sus alabanzas al letal herbicida usado por las tropas americanas durante la guerra de Vietnam (un tema recurrente en el catálogo lírico de los alemanes). «Tired and Red» también tiene lo suyo, y en realidad es una de mis favoritas, alternando la característica y frenética tralla inicial con un sorprendente interludio acústico que desemboca en un solaco genial y hasta cierto punto inesperado que cabalga encima de una parte con un aire a los Metallica del Master of Puppets (1986) total y absoluto. Temazos los dos y gran principio de disco.

«Incest» es igual de veloz y tampoco deja títere con cabeza en ese sentido, pero a mí personalmente me parece algo más genérica. El punto más pegadizo del disco, y quizás la primera sorpresa de verdad, viene con el medio tiempo «Remember the Fallen», un tema al que le tengo especial cariño porque lo solíamos tocar con una de mis bandas pasadas, de hecho con la más seria y exitosa de todas ellas (lo que tampoco quiere decir mucho). No os penséis que lo hacíamos porque fuera una de nuestros temas favoritos, más bien el motivo es que era una canción bastante facilona y divertida de tocar para gente con un nivel tirando a regulero como nosotros. Pero aunque la realidad es que no nos quedaba del todo mal, el tema tiene gracia y el riff principal mola a saco, incluso yo mismo soy capaz de ver que al final su repetitiva cadencia se acaba haciendo un pelín cansina.

La primera cara ha pasado en un santiamén, y lo ha hecho con dos temas excelentes, uno notable y otro que no pasa del bien largo. La segunda mitad del disco, que es tan buena o mejor, arranca con los aviones que dan lugar a «Magic Dragon», un tema bastante largo, variado, limpio y lleno de groove. Empieza como un medio tiempo con bastante gancho, pero casi sin avisar se convierte en un trallazo veloz y thrashero que se cuenta entre los mejores de todo el disco. Tampoco «Exhibition Bout» da ningun tipo de tregua, y tanto tus riffs más rápidos (la mayoría) como sus momentos más pesados y machaca cabezas (los que menos) son más que perfectamente disfrutables. Quizás no se trate de temas que hayan pasado a la historia de la banda ni del thrash, pero a mí ambos me parecen pepinazos.

Si hasta ahora habíamos disfrutado lo suyo, a partir de ahora ya llega el despiporren. En «Ausgembombt» (el único corte cantado en alemán) les sale por fin la vena Motörhead que siempre han tenido y que en este disco había estado, hasta entonces, totalmente reprimida. La canción es buenísima, fresca, punki, facilorra, fiestera y trallera. Un himno irresistible que me pone a menear el cuello sin remedio y que me da ganas de irme a pillar una cerveza aunque esté sentado en el escritorio de la oficina. Este tipo de temas habían sido siempre habituales en la discografía de los alemanes, pero dentro del contexto de este álbum suena y tiene una actitud tan diferente a todo lo demás que siempre apetece especialmente y entra maravillosamente bien.

Llegamos al final con otra de los grandes cortes de Agent Orange (¡habrá resultado estar bien el disquín!). «Baptism of Fire» es antémica y agresiva, concreta y violenta. Aunque no inventa nada que no hayamos visto ya en los siete cortes anteriores (¿quizás un solo especialmente melódico?), todos los pasajes de este tema me parecen especialmente potentes y memorables, poniendo un final de recopetín (eso diría mi compañero Rubén de Haro) a un discazo que merece toda la fama que tiene y que, quizás inesperadamente, he disfrutado mucho de recuperar. Otro gran éxito personal de esta sección, en el que usando la excusa de informaros de los aniversarios más sonados del universo metálico, aprovechamos para recuperar clásicos semi-abandonados en la memoria que ya me han dado más de una alegría. Y por muchos años.

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Sobre Albert Vila 692 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.