Running Wild – The Rivalry: 25 años de… ¿el último gran disco de Rock n’ Rolf?

Ficha técnica

Publicado el 9 de febrero de 1998
Discográfica: GUN Records
 
Componentes:
Rolf Kasparek – Voz, guitarra
Thilo Hermann – Guitarra
Thomas Smuszynski – Bajo
Jörg Michael – Batería

Temas

1. March of the Final Battle (The End of All Evil) (2:00)
2. The Rivalry (5:36)
3. Kiss of Death (3:39)
4. Firebreather (4:04)
5. Return of the Dragon (6:48)
6. Resurrection (4:48)
7. Ballad of William Kidd (8:46)
8. Agents of Black (3:59)
9. Fire and Thunder (7:35)
10. The Poison (4:42)
11. Adventure Galley (4:21)
12. Man on the Moon (4:51)
13. War and Peace (7:45)

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Solemos hablar poco de Running Wild y es una de las bandas fundamentales que sirvió de puente entre el heavy metal de los 80 y el metal tradicional de los 90. Las orillas entre el heavy metal de los 80 y el power metal 90ero alemán quedaban ejemplificadas en el estilo del que Rock n’ Rolf fue padre. Los piratas germanos estaban muy vivos a pesar de no llegar al estrellato. Kasparek siempre fue un francotirador, siempre fue a la suya, siendo esquivo, muy suyo e incluso tirano con sus compañeros. Eso hizo de Running Wild un grupo tremendamente especial y que, si llegabas a verlo, era un digno de botín de corsarios.

A mediados de los 90 las cosas no terminaban de funcionar del todo y Masquerade de 1995 no fue un éxito precisamente, a pesar de que un servidor le tenga mucho cariño. Había empezado Rolf una trilogía sobre el bien y el mal y The Rivalry era la segunda entrega, además, tenía una nueva discográfica llamada GUN, por lo que abandonaba definitivamente Noise Records. Ese bajón de ventas del Masquerade contrastaba con el nivel altísimo que habían supuesto Blazon Stone, Pile of Skulls y Black Hand Inn a principios de la década.

En The Rivalry hay una colección memorable de canciones hímnicas al más puro estilo de Running Wild. Quizá haya un exceso de uso y abuso de la fórmula y que algunos temas sean sorprendentemente largos, pero… es que funcionan tal y como estuvieron concebidos. Y si se repite un poco, tampoco es ningún drama, pues al fin y al cabo él es el padre de la criatura y este disco de los Wild es una maravilla.

El disco

Una intro marca de la casa nos da la bienvenida. Todos esos inicios de disco épicos a más no poder son una gozada y esta vez no podía ser menos, con la batería de Jörg Michael cayendo a plomo y con esos teclados atmosféricos que desembocan en “The Rivalry”, tema para lucir la fórmula del grupo y todas sus virtudes. Riff de base y martilleante golpeteo en las cuerdas de la guitarra de Kasparek y Thilo Hermann. Otro himno más de estribillo de puño en alto.

Otro de los grandes himnos del disco era ese “Kiss of Death” tan potente en el que Rolf llegaba a notas altas. Ese sonido y esa canción es justo lo que los fans de Running Wild esperábamos de ellos. Arrebatos de doble bombo y todo hímnico, como tiene que ser. Ese inicio glorioso continuaba con algo tan potente como “Firebreather” en otra vuelta a la tuerca de la fórmula ganadora. Quizá no enamoraba como antes, pero luego echaríamos de menos que Rolf no fuera capaz de mantener ese nivel que aquí atesoraba. Innegablemente suena a refrito, pero nadie lo hacía como ellos.

Completa el inicio casi perfecto esa “Return of the Dragon” de inspiración totalmente Gary Moore y de componentes folkies además de tener ese patrón de batería célebre del “Over the Hills and Far Away”. Muy buen tema en manos de los piratas que peca de demasiado minutaje, algo de lo que adolece todo el disco… Melodías irlandesas en los tempos de los Wild con guitarras dobladas al estilo “Black Rose” de Thin Lizzy.

De entre las más celebradas está la extensa y trabajada “The Ballad of William Kidd” que poco tiene de balada y en la que Rock n’ Rolf despliega toda su paleta de trucos y esencias. Una de las que son carnaza de directo y que apuntan directamente al power metal es “Adventure Galley”, a pura velocidad y con el sello de esa máquina del doble bombo que es Jörg Michael. Riff festivo y pirata en un corte para enmarcar en el que Thomas Smuszynski deja patente su clase a las cuatro cuerdas.

Redobles de inicio en “Agents of Black”, cargada con todos los elementos clásicos de los Wild, y eso incluye el riff de base y los adornos entrecortados además del doble bombo. Hay un gran estribillo, aunque el tema adolece un poquito de repetición de esquemas. “Fire & Thunder” baja un poco de revoluciones y tira más hacia su onda 80era y más netamente heavy metalera. Tema hímnico con reminiscencias de Kiss, la banda fetiche de Rolf.

“Man on the Moon” es eléctrica y certera, incluso adictiva, a pesar de no ser nada del otro jueves. Realmente Rolf no tenía rival en lo de jugar a combinar puentes y estribillos. Finaliza el disco con la extensa, épica y a veces atmosférica “War and Peace”. Resume aquí un poco lo global del disco y el concepto de la lucha del bien y del mal a la vez que vuelve a cerrar un disco con un tema largo, lo cual fue siempre una de las señas de identidad de Running Wild.

Veredicto

Es un gran disco que comparamos con sus discos gloriosos y que elevaba el listón respecto a su anterior Masquerade. Sería el último disco con Jörg Michael a la batería que abandonaría el grupo para recalar en Stratovarius y hacer de ellos una de las mejores bandas del momento. Kasparek seguía inspirado, le daba vueltas de tuerca a la fórmula y empezaba el grupo a ser un proyecto unipersonal en el que los músicos empezaban a entrar y salir.

Visto con perspectiva The Rivalry es un discazo a pesar de que sus canciones tampoco aparecen mucho en los directos. Tampoco es que Running Wild hagan muchos directos, la verdad, pero lo que está claro es que don Rock n’ Rolf surfeó con clase y a base de buenos discos los 90. Otra cosa fueron los 2000… Estrepitosa década tirada por la borda (y nunca mejor dicho) de la que ya entraremos en detalles cuando toque.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 1370 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.