Ritchie Blackmore’s Rainbow – Stranger in Us All: 25 años del último disco de rockero de uno de los guitarristas más influyentes del rock y el metal

Ficha técnica

Publicado el 21 de agosto de 1995
Discográfica: RCA Records / Bertelsmann Music Group
 
Componentes:
Doogie White - Voz
Ritchie Blackmore - Guitarra
Greg Smith - Bajo, coros
John O'Reilly - Batería
Paul Morris - Teclados

Temas

1. Wolf to the Moon (4:16)
2. Cold Hearted Woman (4:31)
3. Hunting Humans (Insatiable) (5:45)
4. Stand and Fight (5:22)
5. Ariel (feat. Candice Night) (5:39)
6. Too Late for Tears (4:50)
7. Black Masquerade (5:35)
8. Silence (4:04)
9. Hall of the Mountain King (5:34)
10. Still I'm Sad (5:22)

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Quién nos iba a decir cuando vio la luz este Stranger in Us All (1995) que no volveríamos a escuchar a Ritchie Blackmore en estas tesituras; por lo menos hasta el momento; por lo menos sí que hemos visto como reformaba a Rainbow y podíamos disfrutar de ello en directo. Eso sí, ninguna referencia a este disco.

Y es que este disco nace tras la huída definitiva, esta vez sí, de Deep Purple. Y como sucedió la primera vez, veinte años antes, Ritchie se rodeó de músicos diferentes con los que no había trabajado antes. Lo hizo cuando debutó con Rainbow, lo volvió a hacer para este disco, y lo ha vuelto a hacer en su reciente reunión. No podemos acusarle de conservador en ese aspecto, aunque el disco es otra cosa; ahí sí, encontramos todo lo que podemos esperar de un disco de Blackmore.

Cabe destacar que la intención inicial era editar este disco en solitario, bajo su nombre, pero la discográfica, BMG, con buen criterio en esta ocasión, le “invitó” a llamarlo Ritchie Blackmore’s Rainbow. Sin duda desde que empieza Wolf to the moon, aquí escuchamos a Rainbow, y es que Rainbow es Blackmore, es su sello, su sonido. «Wolf to the Moon», decía… Menudo tema para abrir el disco de regreso 12 años después, un cañonazo. Para este regreso los músicos escogidos son Greg Smith al bajo y John O’Reilly a la batería, quienes forman una base rítmica muy sólida, Paul Morris a los teclados y un aún desconocido cantante escocés llamado Doogie White, que aquí se presentó al mundo y de qué manera. Fue el inicio de una brillante carrera que le ha llevado a cantar con algunos de los mejores guitarristas del estilo como Malmsteen o Schenker.

La banda suena espectacular en ese arranque, que da paso a un típico tema rockero de Blackmore, sin duda este disco debía llevar el nombre de Rainbow en su portada. «Cold Hearted Woman» es un clásico instantáneo que cabría en cualquier disco de los clásicos, aunque me suena más a la época Turner. Cabe destacar en la interpretación de White, que en ningún momento trata de parecerse a sus predecesores, y que su voz se amolda a la perfección a cada tema y las exigencias que le puedan ir acarreando. «Hunting Humans (Insatiable)» es otro de los puntos álgidos de este disco; un tema misterioso que te atrapa y te devuelve un estribillo melódico que podría haber firmado perfectamente Ian Gillan, pero que aquí se convierte en una gran oportunidad para que White muestre su versatilidad. De vuelta a los temas marca de la casa, «Stand and Fight» vuelve a mostrarnos al Blackmore más rockero, contando esta vez como apoyo, con la armónica de Mitch Weiss. Un tema sencillo y efectivo con cierto toque bluesy que da paso a «Ariel». Aquí Blackmore vuelve a explorar esos sonidos orientales, apoyado en un magnífico medio tiempo que cuenta también con la participación de Candice Night a los coros; precisamente ella nos conduce al final de este tema, y volvemos a la época de Difficult to Cure (1981) o Straight Between the Eyes (1982) con el tema «Too Late for Tears», buena canción que no deja de recordarnos demasiado a «Can’t Happen Here». En todo caso, un auto-homenaje se lo puede permitir el maestro Blackmore.

«Black Masquerade» es un tema diferente al resto del disco. Contiene algún guiño a esa música medieval que acabó secuestrándolo poco tiempo después, pero no puedo evitar pensar en Purple cuando escucho este tema, hubiera encajado perfectamente en Slaves and Masters (1990) o en The Battle Rages On… (1993). Muy buen corte en todo caso que da pie a «Silence», otro tema distinto, donde Doogie White luce más que en cualquier otro, y que nos lleva quizás a la época Bonnett con Down to Earth (1979). Como veis, lejos de lanzar un grandes éxitos, Blackmore compuso algo similar, tenemos todas las épocas de la banda reflejadas en algún momento de este disco.

Para el final, dos revisiones; «Hall of the Mountain King», tema que le permite desfogarse en un terreno que siempre ha inspirado a Blackmore, y donde mete con bastante acierto una parte de la famosa melodía de Edward Grieg «La mañana», jugando a ser ese compositor clásico que hubiera querido ser. Tras el juego, una nueva revisión de «Still I’m Sad», el tema de los Yardbirds que ya versionara en su primera entrega con Rainbow, y que también cierra esta última, en esta ocasión con la voz de White acompañando, recordemos que la primera versión fue instrumental.

En resumen, todo lo que le puedes pedir a un disco de Rainbow. Fue recibido con opiniones dispares (¿y a qué disco no le pasa?) pero de nuevo el tiempo lo ha colocado entre los clásicos. Por la época en que se editó siempre va a tener más complicado que los fans de siempre lo coloquen a la altura de discos anteriores, y los músicos quizás no serán tan míticos como los de las primeras entregas, pero para mi gusto este no es el peor disco de Rainbow. Aunque, mirando toda su discografía, lo cierto es que no hay disco malo, y este no es ninguna excepción. Entretanto, seguimos esperando que el maestro se decida a grabar un largo con la formación actual, pero si no llega a suceder, como parece, este es un perfecto epílogo a la carrera de La banda del arco iris.