Crónica y fotos del Ripollet Rock 2019 - Parc del Pietons (Ripollet), 23 de agosto de 2019

Ripollet Rock 2019: el calor lo derrite todo

Datos del Concierto

Ripollet Rock 2019

Bandas:
H.E.A.T + The Unity + Jolly Joker + Siroll! + Dekta
 
Fecha: 23 de agosto de 2019
Lugar: Parc del Pietons (Ripollet)
Promotora: Associació Ripollet Rock
Asistencia aproximada: 5.000 personas

Fotos

Fotos por Xavi Arqués / Manu Damea / Mario Olmos

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Os cuento cómo fue. Unos días antes del Ripollet Rock escribí a los compañeros que asistíamos diciendo que H.E.A.T y The Unity los cubría sin problemas, que aunque me tocaba mucho las narices, por la suma de horario y responsabilidades parentales, no podía quedarme a Jolly Joker y que en Dekta y Siroll! estaría, aunque creía que había compañeros mejor preparados que yo para cubrirlos. Además, como gestionábamos la carpa de firmas, podía ayudar (y de paso hacerme alguna foto con los grupos). La contestación fue “Haz todos los que puedas. Para los dos primeros, crónica improbable”. Para los no habituales en esta, nuestra casa de Science of Noise, lo de improbable empezó con reviews de discos que, en un principio, nada tienen que ver con el redactor y que no escucharía en la vida. La idea, obviamente, es trasladar eso a los conciertos. Y es que para un amante de los sonidos más suaves y melódicos, fan de H.E.A.T, enfrentarse a Dekta y Siroll! era todo un reto.

Pero bueno, antes de empezar con el meollo, hagamos cuatro pinceladas de lo que se vio, más allá de la música. Llegamos pronto, aunque no lo sabíamos. Se suponía que el recinto abría a las 21:00 pero el retraso fue evidente. Tampoco nos quejaremos (ni de esto ni de cualquier cosa que pueda escribir en esta crónica, pues demasiado hace la gente y colaboradores del Ripollet Rock -sin cobrar un duro- como para ponerle alguna pega). A primera vista me dio la impresión que había más gente que el año pasado, lo que creo que demuestra el tirón que están teniendo las cabezas de cartel en particular y las bandas nacionales en general. Los puestecitos seguían igual. Los food trucks eran caros en exceso (5 eurazos por un trozo de pan con una hamburguesa partida por la mitad, sin ni siquiera queso, me parece una burrada). Las bebidas estaban bien.

Rápidamente nos fuimos al punto de encuentro, la carpa de firmas, en la que ya se empezaba a formar una cola considerable. Destacar la mala educación de la gente, en general. Si hay unas normas, son para seguirlas. Si la organización dice que nada de selfies, pues nada de selfies, vayas con un niño o con 50. Ya nos encargábamos nosotros (nuestros fotógrafos profesionales) de hacerlas y subirlas cuando estuvieran. Una cosa es querer, otra es coger más brazo que mano. ¡Aprendamos un poco! Bueno, fuese como fuese y con todo el dolor de mi corazón por no poder hacerme una foto con H.E.A.T, fui a tomar posiciones.

Dekta

Me dio la impresión que, en esa primera actuación, había algo menos de gente que en sus paralelos del año pasado, We Exist Even Dead. Claro que estos jugaban en casa y Dekta, aunque de cerca, eran visitantes. Aún así hubo buena respuesta por parte del público: pogos, walls of death, reencuentros con amigos y buena música.

Buena música, entre comillas. Los Dekta no tienen nada que ver conmigo. Nada es nada, así que, aunque en las crónicas improbables de discos suelo ser un poco mala puta, en un concierto (y más si es de un grupo joven, con poco recorrido) nunca lo seré. Música moderna, apabullante. Ritmos machacones, tralla y un sonido que no sería el óptimo. Como decía al principio, quejarse de algo del Ripollet sería de ser un desagradecido, mucho hacen, pero es evidente que no tienen (no pueden tener) los medios de una sala o de un festival grande y potente.

Algo había escuchado de ellos. De hecho, el primer tema era el único que conocía, “All I Want”, y su simpático vídeo. A pesar de eso, del sonido no-óptimo y de un estilo muy alejado de mis gustos, me lo pasé bien. Les queda aún mucho camino por recorrer. Tengo la impresión que aún no han explotado todo el potencial musical y visual (más allá de las máscaras y la uniformidad en vestimenta). Sonaron temas como “False”, “The Same Lies” o “You Are Gone”. Me pareció que sonaba el “Roots Bloody Roots” de Sepultura, y acabaron con “Spit it Out” de Slipknot, mejorable en lo musical pero muy bien llevada por el público.

Destacar que mantuve una conversación vía Instagram con ellos y me parecieron la mar de majos. Tanto que me llevaron un setlist y una púa a la carpa de firmas que mis compañeros recogieron. ¡Así da gusto! Les auguro un buen futuro.

Siroll!

Les tocaba el turno a los de les muntanyes, como ellos mismos se definen. Si de la música de sus predecesores estoy lejos, del thrash/death de los del Bages ya ni digamos, pero ahí estaba yo, atento a ver lo que hacían. Y lo que hicieron fue, sencillamente, un concierto brutal. No entraré a discutir de la música, pues no la entiendo ni lo pretendo, y dudo muchísimo que alguna vez me ponga algo suyo (o del estilo) en mi reproductor, pero al César lo que es del César. Descarga brutal, sonido mejor que el de Dekta, una entrega asombrosa y una mala leche muy bien plasmada encima del escenario.

Si de los primeros destacábamos el aspecto visual (máscara y ropa), de estos se tiene que destacar todo menos eso, pues unos pantalones cortos, unas camisetas gualtraperas y unas botas de montaña les basta para liarla parda. La respuesta fue tremenda, ahora sí con pogos y walls of death mucho mayores. Como curiosidad, vi el concierto con una chica de 11 años (que me echó 32 años… ¡qué mona!) y una de ocho, que celebraba su cumpleaños a ritmo de “Mitjans de Manipulació” y “Fatxes de Proximitat” (esta es la que más recuerdo) sentada en mis hombros. ¡Y las chicas lo que disfrutaron!

En total sonaron 16 canciones, bis incluido. Más allá de las mencionadas (y aunque tengo el setlist) no sabría decir cuáles fueron, pero para que quede plasmado, diremos que tocaron temas como “Tu Mateix”, “Més Llenya”, “País de Merda” o “Doble o Res”, todo muy reivindicativo.

Quedé gratamente satisfecho, para qué negarlo, y afirmo que si pillo un concierto baratito de ellos, los volveré a ver, aunque musicalmente arrugue un poco la nariz.

H.E.A.T

Mi historia con los suecos es curiosa, o algo así. Los descubrí con su primer y homónimo lanzamiento, y aunque sí, estaba bien, les presté poca atención. A lo largo de los años iba cayendo alguna que otra canción, pero nada del otro mundo. Cuando los anunciaron para el Rock Fest 2018 me entró la curiosidad por verles, curiosidad que se tambaleó al anunciar las horas intempestivas a las que tocarían. Por esas cosas, y porque tanto Judas Priest como Ozzy me parecieron un bluff, decidí quedarme. Y estallaron en mi puta cara, haciendo el mejor concierto del día. Durante el concierto anunciaron gira aquél mismo diciembre, y allí mismo me pedí cubrirlo. Lo vivido a finales de año es fácil de decir: el mejor concierto del año. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que H.E.A.T, en solo dos conciertos, se convirtieron en una de mis bandas preferidas en directo.

Cuando los anunciaron para el Ripollet dije en la redacción, quizá muy animado por el hype, que ya teníamos concierto del año, pues los suecos son y (espero) serán siempre una apuesta segura. El torbellino que son encima del escenario, principalmente personalizado en Erik (aquí, la entrevista que le hicimos) es sinónimo de diversión, más allá de que su música te guste o no. ¿Veredicto? No sé si será el mejor concierto del año, quizá no esté ni en el top 5 final (lo que viene hasta final de año es muy muy grande), pero desde luego fue un concierto digno de ver. Con algún altibajo, pero dando siempre lo que se espera. ¿Las partes negativas? Pues lo que un festival gratuito ofrece: el sonido no fue el mejor del mundo (aunque no sonó mal en absoluto), espectáculo y parafernalia justita y, que competa exclusivamente al grupo, un set list que creo mejorable. Sorpresivo, sí, pero mejorable. Más allá de esto, lo tuvo todo. Un Erik desatado, un beso de amor entre cantante y batería, unos músicos excelentes, lanzamiento de bragas, bromas erótico-festivas (quizá, por la cantidad de niños, sobraban, pero eso también es H.E.A.T) y demasiados escupitajos algo asquerosos.

La cosa empezó con la magnífica “Bastard of Society” (bastard, palabra que, traducida, dirían constantemente), bordada por todos. Sonaron “Breaking the Silence” y “Danger Road”. “Emergency” y “Shit City” son dos de esas sorpresas que, para mi gusto, bajaron el nivel, pero ya se sabe eso de los colores de cada uno. Ese ratito fue el más bajo hasta que llegó “Living on the Run”, punto de inflexión del show. Más allá de que la canción sea un cañonazo, fue ese momento que lo cambió y, a partir del cual, todo fue hacia arriba. Del set list restante destaco la que, quizá, es mi preferida del grupo, “Beg Beg Beg”, con el “Whole Lotta Rosie” de AC/DC entre medias y acabada con “Piece of my Heart”, de la señora Franklin. “Mannequin Show” y una, para mi gusto, sobrevalora y excesivamente repetitiva “A Shot at Redemption”  pusieron  punto y final a un señor concierto, de lo mejor que he visto en las 3 ediciones que he estado en el Ripollet Rock.

Si montas algún concierto y quieres ir a lo seguro: H.E.A.T Nunca defraudarán sobre el escenario y, como se pudo ver en las firmas, arrastran a mucha gente. ¡Gran elección, gente del Ripollet Rock!

The Unity

Tenía curiosidad y cierto miedo por ver a los alemanes. Descubrí su existencia cuando los anunciaron para el festival, así que no tengo nada de experto en el grupo, pero siempre he sido muy fan de Henjo, el gran reclamo de la banda. Un par de escuchas a algunas canciones me divirtieron. Su música va mucho con mi yo de 2019, aunque tampoco me hacían vibrar una barbaridad. Además, tocar después de H.E.A.T tenía riesgos que se cumplieron: el sufflé bajo enormemente, mucha gente ya había desertado y, digamos, pude ir a los baños, pasarme por la carpa de firmas y llegar hasta primera fila sin problema.

Lo vivido me recordó mucho a la edición de 2018: buena música pero todo muy frío, tanto la banda (que no tocó mal, ¿eh?) Eso sí, se demostró que la señoridad y las canas no tienen por qué ser algo malo.

Todos cumplieron perfectamente, aunque quizá el más sorprendente fue el cantante, Jan Mannenti, que clavó todo lo que salió de su garganta. El sonido fue bueno, especialmente el de las dos guitarras (menudos solos los de Henjo), todo compacto, había simpatía por parte de los cinco integrantes de The Unity, pero como digo, lo noté muy frío.

El setlist se centró, como es obvio, en sus dos discos. Sonaron atronadoras canciones como “Welcome to Hell”, “Close to Crazy” o “The Storm”, pero la duda era si sonaría algo de Gamma Ray. Y sí. “Send me a Sign” fue la más coreada de la noche, como no podía ser de otra forma, y es que los rayos gamma son los rayos gamma. Buena forma de acabar un festival.

Conclusiones

Ahí acabó el Ripollet Rock 2019 para mi. Me fastidió mucho no poder ver a Jolly Joker, pues practican el estilo que más me gusta, pero es lo que había y no puedo quejarme.

De las ediciones a las que he asistido, con diferencia, ha sido la mejor. Por grupos, por sonido, por ambiente, por la carpa de firmas, por todo. Quizá, y pensando exclusivamente en mí, habría puesto a The Unity antes de H.E.A.T para mantener la espera y evitar lo que decía del sufflé. Y puestos a pedir, hubiese puesto a Jolly Joker tras Dekta y a Siroll! como fin de fiesta, que no hubiesen permitido que nadie se durmiese.

Solo me queda agradecer, una vez más, toda la labor que hacen la gente del festival, animarles a que sigan con este nivel y decirles que en 2020 volveremos a estar allí.

Xavi Prat
Sobre Xavi Prat 169 Artículos
Llevo en esto del heavy más de media vida. Helloween y Rhapsody dieron paso a Whitesnake y Eclipse, pero Kiske sigue siendo Dios. Como no sólo de música vive el hombre, la literatura, Juego de Tronos y los tatuajes cierran el círculo. Algunas personas dicen que soy el puto amo, pero habrá que preguntarles por qué.