Rhapsody – Dawn of Victory: 20 años de la consagración de Rhapsody como abanderados del Metal Neoclásico

Ficha técnica

Publicado el 30 de octubre de 2000
Discográfica: Limb Music
 
Componentes:
Fabio Lione - Voz
Luca Turilli - Guitarra
Alessandro Lotta - Bajo
Alex Staropoli - Teclados
Thunderforce - Batería

Temas

1. Lux Triumphans (2:00)
2. Dawn of Victory (4:47)
3. Triumph for My Magic Steel (5:47)
4. The Village of Dwarves (3:52)
5. Dargor, Shadowlord of the Black Mountain (4:48)
6. The Bloody Rage of the Titans (6:24)
7. Holy Thunderforce (4:21)
8. Trolls in the Dark (2:33)
9. The Last Winged Unicorn (5:43)
10. The Mighty Ride of the Firelord (9:16)

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Antes de afrontar la crítica del disco y para no engañar a nadie, os diré que a mi de Rhapsody me gustan hasta las covers que han hecho. A día de hoy no les encuentro disco malo, ni a los originales, ni en su vertiente “Of fire”, ni a los distintos Rhapsody creados por Turilli, a cual más bueno en mi opinión. No comparto esa idea generalizada sobre un descenso de la calidad, ni que se repitan, ni que estos primeros discos sean insuperables, para mi sí que han sido superados, pero eso os lo explicaré otro día en un artículo más detallado sobre la carrera de una de las bandas que más me han marcado y siguen marcando.

Dicho esto, vamos a por esta obra; Rhapsody viene a ser básicamente la unión de dos auténticos genios, Alex Staropoli y Luca Turilli, que una vez separados, siguen haciendo una música de nivel superlativo, Staropoli sin moverse demasiado de la fórmula, Turilli explorando nuevos terrenos pero sin perder un ápice de calidad ni de su sonido tan reconocible; quizás en su proyecto “Dreamquest” sea el único en que se marcó algo bastante distinto, y aún así seguías escuchando cosas de Rhapsody.

Hace unos días conmemorábamos el aniversario de su debut, Legendary Tales, que los aupó directamente a la élite del power metal europeo; Symphony of enchanted lands no solo los mantenía ahí, se superaban, así que la espectación por ver si serían capaces de mantener ese nivel en el tercer disco estaba ahí. Lejos de suponer algún tipo de presión, Rhapsody rebosaban creatividad y este tercer disco fue otra obra maestra, bien recibida por crítica y público, y convertida en clásico instantáneo gracias a contener alguno de los himnos que les acompañarán a partir de ese momento para siempre.

Se inicia como siempre, con una intro épica, «Lux triumphans», que nos prepara para recibir el golpe, y es que esa intro desemboca en el potente riff de entrada del tema que da título al disco. Os advierto también, ya que estamos, de que no va a ser la primera vez que leáis en este artículo la palabra “épica”, básicamente porque es la palabra que mejor define la música de Rhapsody.

Dawn of victory es sin duda la canción más grande de este disco, y una de las más grandes de Rhapsody, que sigue sonando en sus conciertos, cualquiera que les haya visto en directo ha coreado “Glooooooria, Gloria perpeeeetua”; en mi caso, la he visto cantada por Lione, por Conti y por Voli; si algo caracteriza a Rhapsody también es la calidad excelente de sus vocalistas; fuerzas de la naturaleza con un estilo lírico pero agresivo y capaces todos ellos de alcanzar notas muy altas sin dificultad.

Así que nada más empezar ya encontramos el primer himno. Esto podría hacer palidecer al resto del disco, pero nada de eso, el nivel, como os decía antes, es altísimo. «Triumph for my Magic Steel» es una enorme canción que podría ser canción bandera de muchas bandas y de muchos discos, pero se encuentra aquí a la sombra del tema título, y te das cuenta de lo grande que es tras varias escuchas del disco, porque no llama tanto la atención a la primera escucha, seguramente por la hostia que te llevas con «Dawn of Victory», que asimilas mientras suena este corte.

Tras él, «The Village of dwarves» nos da un respiro, nos traslada a un sonido folkie, a bardos medievales, al poblado de enanos, con un estribillo coreable (¿cual no lo es en este disco?) y festivo, óptimo para frenar durante un momento. Y es que inmediatamente volvemos a la épica con el quinto corte, «Dargor, Shadowlord of the black mountain», el segundo himno de este disco, que también sigue apareciendo frecuentemente en los setlists de la banda. Probablemente uno de los estribillos más redondos de la banda, con todos los ingredientes, arreglos imponentes, escalas clásicas, la banda alcompleto brillando al máximo nivel.

«The Bloody Rage of the Titans» nos abraza con su cadencia pesada, baja de nuevo las revoluciones y abrigada por unos coros gloriosos y una épica insuperable, ejerce de puente hacia la parte final del disco. «Holy Thunderforce» es el tercer himno. Tema rápido, de nuevo con todos los ingredientes, de nuevo apoyado en la música clásica, en un estribillo poderoso y pegadizo, un single claro, un tema definitorio de Rhapsody. Tras él, «Trolls in the dark» es un pequeño interludio musical fantástico, que da paso a «The last winged unicorn», el tema más powermetalero del disco, siempre conservando el sello Rhapsody y la épica, pero más “mundana”, power bastante puro con ese sello de calidad extra que da la marca Rhapsody.

Los fuegos artificiales finales llegan a cargo de «The Mighty Ride of the Firelord», el tema largo del disco, si bien no llega a los 10 minutos, que recupera la esencia de temas como «Legendary Tales» o «The Dark Tower of Abyss», sin llegar a esa grandiosidad en este caso, pero siendo un cierre de disco descomunal, donde se resume todo lo que es y ha sido Rhapsody, épica, clásica, power, coros, estribillos… la mezcla perfecta para cerrar un disco casi perfecto, otro más.

Situado justo enmedio de la saga de las tierras encantadas, Dawn of Victory es un disco que aún hoy, 20 años después, suena fresco, muy disfrutable, ha envejecido muy bien y fue un paso más en la evolución de una banda fundamental para enender el power metal y el metal neoclásico. Espero que estas líneas sirvan para recuperarlo y volver a disfrutar de él, o quién sabe si descubrirlos, en ese caso, enhorabuena, tienes un montón de música increíble por delante